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Triste, solitaria y final

De la construcción política sin fronteras al purismo sectario. La grieta y el enemigo permanente. Represión, conflicto de intereses, endeudamiento feroz, muertes evitables y un futuro incierto.

Por 11/12/2019 7:05

Imagen positiva merodeando el 60%, encuestas que marcaban una confianza en su gestión cercana al 70%, un incremento del 13% en la ya numerosa tropa propia de intendentes y vaticinios promisorios de todo tipo y color. En diciembre de 2016, María Eugenia Vidal era lisa y llanamente la sensación política nacional del momento.

En solo un año de gestión, logró cerrar sin sobresaltos la picante paritaria docente, acordó un doble comando con el massismo para tener luz verde en sus proyectos de interés dentro de la Legislatura, salió airosa de la triple fuga -la de los hermanos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci-, acalló y transformó en elogios voces quejumbrosas de radicales que reclamaban más lugares en el gabinete –gracias a un vice híper alineado que promovió para el Comité provincial-, impulsó a su secretario de Legal y Técnica como jefe de los fiscales bonaerenses y hasta se animó a encabezar un acto en el corazón del conurbano con una añeja línea de cuatro del peronismo ortodoxo (Jesús Cariglino, Humberto Zúccaro, Alejandro Granados y Mario Ishii) con la bendición de Eduardo e Hilda “Chiche” Duhalde y la presencia en Aldo Rico en el escenario.

 

 

Mientras tanto, bajaba recursos a los distritos vía Fondo de Infraestructura Municipal (FIM), apelaba a la épica de la reivindicación bonaerense vía Fondo del Conurbano, auguraba el final de inundaciones a través del Plan de Infraestructura Hídrica y planteaba la eficacia en la urgencia por el SAME. Hasta en la gestión, el magnetismo de Vidal –alimentado y blindado por los medios de comunicación hegemónicos– parecía no tener límites. Tres años después, sufrió una derrota categórica por 14 puntos de diferencia. Pero, ¿cómo se precipitó el fin de ciclo?

Por fuera de las variables macroeconómicas que apuntan a la Casa Rosada, puertas adentro de la Gobernación asoman múltiples fundamentos de un final que expone a la otrora figura más taquillera del país al llano de la oposición, donde tendrá que medir su capacidad de construcción sin los fierros del poder, lidiando con aspiraciones desafiantes que se encuentran más en dirigentes de su propio partido que en el (aún en la derrota) alineado radicalismo salvadorista, herbívoro a la hora de pensar en la confección de un liderazgo propio con vuelo bonaerense.

 


Ya en ese 2016 de mieles había otra cara: cerró Ferrobaires, abrió fuerte la canilla del endeudamiento, la desocupación superó la barrera de los dos dígitos, buscó congelar la ley de paritarias municipales; los médicos, judiciales, estatales y docentes comenzaron a denunciar las primeras señales de ajuste y quedaron en el freezer reglamentaciones de leyes como el financiamiento de Bomberos Voluntarios y el cupo trans -implementaciones que recién habilitó el jueves pasado, cinco días antes de irse.

Con un sostenido ritmo de ajuste en el presupuesto de áreas sensibles y sin políticas estructurales de auxilio e impulso al sector productivo (escasos instrumentos financieros por fuera del descuento de cheques desde el Bapro, por ejemplo) se dispararon en la Provincia números que hablan por sí solos al cierre de la gestión V: un 12,7% de desocupados en el conurbano, una tasa de desempleo femenino que alcanza el 13,2%, una caída interanual del 2,7% en la cantidad de asalariados registrados en el sector privado solo en el último año (que representa más de 50 mil puestos de trabajo menos), un 38,4% de bonaerenses en la pobreza, una caída de casi 6% en las exportaciones industriales en 2019 y y tarifazos que en cuatro años registraron subas exhorbitantes (más de 1.200% en gas, más de 450% en agua y hasta 2.900%, según un reciente informe de la CTA).
 

 

En lo político, ya en 2017 cerró el libro de pases que mantuvo abierto durante su primer año de gobierno y apostó a la construcción de brotes amarillos puros en diversos distritos de la provincia de Buenos Aires. Desde el núcleo del poder bonaerense deslizaban con autosuficiencia que ya no se aceptaban más fichajes de intendentes y que el armado hacia las elecciones de medio término comenzaba a gestar dirigentes PRO que –no dudaban– iban a obtener triunfos en rincones del conurbano históricamente gobernados por el peronismo. Ese fue el primer error no forzado del vidalismo.

El impulsado packaging de la nueva forma de hacer política mediante voluntariados, facilitadores, timbreos, redes sociales y otras hierbas subestimó al punto del descarte a las viejas estructuras de militancia territorial de base, tan arraigadas en un bastión electoral clave como el conurbano bonaerense. Con esa actitud, también relegaron en el olvido a viejos armadores peronistas que en una primera instancia habían sido recibidos con los brazos abiertos en distritos populosos del GBA. Y la subestimación es el peor error que se puede cometer. Sobre todo, en política.
 


La fuerte apuesta a la grieta y el triunfo sobre CFK -post procesión proselitista y road show mediático de Vidal para bendecir a Esteban Bullrich- pecó de la carencia crítica del resultadista. En esa elección de 2017 Cambiemos perdió en todos los distritos grandes de la Tercera sección electoral administrados por el peronismo -en algunos por 20 puntos de diferencia- y en la Primera sección solo obtuvo triunfos en aquellos distritos donde el frustrado experimento del randazzismo había causado estragos en sus intendentes adeptos.

Pero el vidalismo tampoco aprovechó esa sangría con visión de largo plazo. Un caso paradigmático fue San Martín, donde la gobernadora apostó con vehemencia a la figura de Santiago López Medrano. Sin un armado a cuestas y con nula vocación constructora, el ministro de Desarrollo Social nunca dejó de ser visto como un extraño dentro de los propios en esa tierra, cuestionado por el ala radical, reprochado por concejales a los que se les vedó la competencia interna y sin diálogo con dirigentes peronistas de trayectoria. El resultado quedó a la vista: derrota por más de 13 puntos.

 


El libreto de purismo sectario sobre el que se recostó el vidalismo con el viento a favor fue difícil de reescribir en busca de patas peronistas que ya estaban pensando en otros armados con la crisis inflacionaria y cambiaria desbocada en 2018. Tampoco se exploró abrir casilleros de gobierno para dirigentes con ascendencia territorial, como sucedió en la primera mitad de gestión con casos como los de Joaquín de la Torre (aún dentro) o Francisco Echarren (hoy reelecto intendente de Castelli y armador del Frente de Todos en la Quinta sección).

Como atenuante, la sintonía fina que Vidal logró con el radicalismo es algo que no se observó en Cambiemos en el orden nacional o en otras provincias. Aquí, el rol contenedor de la tropa boina blanca de Daniel Salvador y su carencia absoluta de cuestionamientos hacia cualquier medida del Gobierno lo convirtió en un aliado que incluso alimentó ese purismo amarillo, al no oponer resistencia alguna (fundamentalmente en el GBA).
 

 

Mientras en el orden nacional se abría un clamor por el Plan V, Vidal demostró no tener Plan B en la provincia. Además de no desdoblar el calendario electoral –algo que le reprochan aún intendentes leales que lograron la reelección–, se enfocó en cultivar candidatos propios como Guillermo Montenegro en Mar del Plata –un triunfo en el que, sin dudas, la gobernadora tuvo su mérito–, pero descuidó la construcción en fisonomías electorales menos receptivas a la retórica meritocrática PRO y más afectadas por los coletazos de la aguda crisis.

Puso a jóvenes dirigentes desguarnecidos de armados a jugar en territorios que mueven la aguja, como Berazategui, Esteban Echeverría, Moreno o Merlo. Para la Legislatura, se aseguró un séquito de leales ultra puros, aunque la mayoría de ellos tendrá su primera experiencia legislativa, por lo que su capacidad de imponer la voluntad vidalista en un revuelto río cambiemista al menos es dudoso. Ya la decisión de cuatro diputados de romper con el bloque Cambiemos en Diputados da la pauta de las convulsiones sobre las que tendrá que surfear el neo-vidalismo.

Echando un vistazo a los últimos cuatro años, la mandataria saliente ratificó en actos de gobierno que, en términos políticos, Vidal es Macri.
 


GESTIÓN PRO. Grieta, represión, ajuste, endeudamiento y conflicto de intereses. Esas cinco características de la gestión M también fueron huellas indelebles de la administración V.

La búsqueda de un enemigo a quien combatir la llevó a la archiconocida lucha contra las mafias. Bajo esa liturgia, se embanderó la difusión de la prisión de sindicalistas que supieron reunirse con ella, como el Pata Medina, o titulares de gremios afines en una primera hora, como SOEME, de Marcelo Balcedo.

Pero como si se siguiera el lema de una mítica distopía orweliana en la que se desliza que la guerra más exitosa no es la que se gana sino la que perdura, el vidalismo construyó un enemigo continuo: Roberto Baradel.

 

 

Aunque la excavación en la grieta con el sindicalismo docente, simbolizada en el rostro del titular del Suteba, recaló no solo una fuerte unidad de todo el arco gremial sino que, hacia 2018, terminó encontrando al Ejecutivo en la intemperie de su propia desinversión educativa, en un contexto donde el titular de la cartera educativa, Gabriel Sánchez Zinny, impulsó el desembarco de una gruesa telaraña de fundaciones y empresas multinacionales con injerencia en los procesos formativos de los alumnos bonaerenses.

Más allá de la fuerte disputa salarial, a lo largo de la gestión V los docentes denunciaron el desmantelamiento de programas educativos, vaciamiento de Centros de Formación Profesional (que pasaron a la órbita de la cartera laboral), el mal funcionamiento del sistema de licencias, la desafectación de docentes sin título y las escasas partidas destinadas a comedores escolares. En cuanto a esto último, además de retacearse la asignación de cupos, el monto otorgado por el vidalismo por alumno para el almuerzo nunca estuvo por encima del proceso devaluatorio: Scioli dejó el poder otorgando poco más de 0,50 centavos de dólar por cupo –algo que ya era denunciado como insuficiente. Vidal se va con el mismo monto.

 


REPRESIÓN Y MUERTE. Un punto central del paquete de demandas del Frente de Unidad Docente era infraestructura escolar. Meses después de que los gremios presentasen una carpeta detallando los numerosos establecimientos con falencias en materia edilicia, se produjo la fatal explosión en la Escuela N° 49 de Moreno que ocasionó las muertes de Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, hecho que desnudó el grave cuadro de situación no solo en ese distrito con el Consejo Escolar intervenido por la Provincia sino en numerosas escuelas de todo la geografía bonaerense.

No fueron las únicas muertes evitables. Ya en lo que refiere a las políticas que atañan al saliente ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, se acentuaron las graves condiciones de detención en cárceles y comisarías bonaerenses, algo que derivó en marzo de 2017 en la masacre de Pergamino –siete muertos tras el incendio de la comisaría Primera de esa ciudad– y la masacre de Esteban Echeverría de noviembre de 2018 –diez muertos tras el incendio de un calabozo de la comisaría 3º, inhabilitada para alojar detenidos.

En total, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) contabilizó 65 muertos en dependencias policiales en la era Ritondo. Según el último “informe de la crueldad” realizado por este organismo, en las comisarías bonaerenses hay una superpoblación de 310% que lleva a que tres de cada cuatro detenidos duerman en el piso.
 


Además de esto, la provisión de alimentos también es delicada. Tanto en sus informes anuales como en una reciente denuncia, la CPM alertó sobre la faltante de comida en unidades penitenciarias, algo que, según consignaron a Letra P dirigentes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), desembocó en huelgas de hambre en pabellones de la Unidad Nº 9 de La Plata y también de los penales de Olmos, Campana y Varela.

Por la suspensión en la provisión de alimentos, en el MTE responsabilizaron a la empresa a cargo, Cook Master, la cual, según contó este medio, fue una de las firmas favoritas del vidalismo en esta área, adjudicándole servicios alimentarios en solo un año por más de $1.700 millones, además de ser elegida en varios distritos administrados por el PRO.

Pero la violencia policial y las muertes no solo se registraron puertas adentro de comisarías y cárceles. La represión fue un símbolo desde el minuto uno. El 8 de enero de 2016, la Bonaerense de Ritondo tuvo su bautismo represivo en la capital provincial, cuando disparó balas de goma y lanzó gases a despedidos del municipio platense. Luego, protagonizó operativos feroces para repeler protestas de trabajadores, como en Pepsico, Cresta Roja y, la semana pasada, a punta de pistola en Kimberly Clark.
 


En el medio, la muerte también se hizo presente. Primero en La Matanza, donde un militante de la Ctep fue asesinado de un balazo de plomo en medio de un operativo policial. Luego, en mayo de este año, ocurrió la síntesis más dramática de la persistencia del gatillo fácil: la masacre de San Miguel del Monte, donde los disparos de uniformados de la comisaría de esa localidad provocaron el descontrol del Fiat 147 en el que se trasladaban cinco jóvenes, cuatro de los cuales murieron tras impactar el auto contra el acoplado de un camión. Vidal siempre buscó esquivar ese tema que caló hondo en una porción de su electorado. Incluso omitió referencia pública en su desembarco de campaña al distrito.

AJUSTE. También la represión la sufrieron trabajadores estatales. Un emblema de ello fue el violento operativo policial aplicado en pleno centro de La Plata contra los trabajadores del Astillero Río Santiago, naviera que estuvo semiparalizada durante los últimos años.

Más de 11 trabajadores contratados con futuro incierto post 31 D, jubilaciones compulsivas, retiros voluntarios y un 37% de pérdida del poder adquisitivo en cuatro años. Así resumen en ATE el paso de Vidal por la gestión pública.

 


En materia de Salud, los médicos enrolados en el gremio Cicop denunciaron “el presupuesto más bajo de la historia” para el área este año. En efecto, no se registran precedentes recientes de tan baja asignación. En 2019, lo destinado a Salud por Vidal estuvo por debajo de la barrera de los seis puntos y pasó de ocupar el 6,3% del total del presupuesto en 2018 al 5,5% este año. De esta forma, el foco central estuvo en guardias y SAME, pero varios hospitales tuvieron falencias y ausencias en la cobertura de especialidades, además de graves problemas edilicios, apagones, falta de insumos y medicamentos.

En obras públicas, uno de los puntos donde el vidalismo buscó mostrar mayor actividad, el ajuste también llegó para hacer incumplidas varias de sus promesas más ambiciosas, como fue, por ejemplo, el acueducto Río Colorado-Bahía Blanca, el cual contaba con financiamiento de un organismo internacional de crédito pero que finalmente Vidal declaró “fracasada”. La subejecución en agua y cloacas ya se dejaba entrever en el último presupuesto y quedó en evidencia con la seguidilla de obras por más de $500 millones que Vidal desactivó en los meses previos a abandonar el poder.

 


La merma en la obra pública fue incluso consignada por la delegación bonaerense de la Cámara Argentina de la Construcción (CACBA), que en los últimos días alertó que el sector en la región se encuentra en “situación de emergencia”. “Hay más de 100 mil puestos de trabajo en riesgo, ya que el gobierno provincial adeuda $3.000 millones, de los cuales $1.000 millones se encuentran aprobados para el pago”, recalcaron en la entidad para enfatizar: “La industria de la construcción no requiere de dólares para su funcionamiento, ya que el 90% de la actividad se moviliza en pesos”.

ENDEUDAMIENTO. Aunque para los constructores de la CACBA la actividad se mueve en pesos, Vidal subraya que su endeudamiento “se ve en obras”. Lo curioso es que si hay un rasgo que identifica la deuda vidalista es su denominación en moneda extranjera, mayoritariamente en dólares. En solo cuatro años, tomó más de 5.000 millones de dólares a través de cinco emisiones bajo legislación extranjera entre marzo de 2016 y julio de 2017.

Ya sin acceso a los mercados internaciones, en 2018 también se endeudó en dólares pero vía ANSES, por USD 744 millones. Eso, sin contar la deuda con proveedores, como los $3.000 millones de las constructoras o los $2.936 millones que debe el IOMA a los laboratorios.
 


Solo la deuda nominada en moneda extranjera se disparó del 57,8% en 2015 al 82,1% en 2019. Semejante composición del stock de deuda hizo que la agencia de evaluación crediticia Moody’s hablara de “riesgo de default” ante un perfil de vencimientos de deuda en dólares que rotuló como “desafiante” y ante “una base económica debilitada”. Sobre esa base tendrá que hacer equilibrio el próximo gobierno de Axel Kicillof que, ya en enero, tendrá compromisos de deuda por casi 600 millones de dólares.

TRANSPARENCIA OPACA. La transparencia es la bandera que Vidal nunca resignó a la hora de construir su imagen hacia el electorado. Sin embargo, aquí también la gestión V tuvo sus rincones opacos. Sin dudas, el caso paradigmático fue el de los aportantes truchos. A pesar de la gravedad de la maniobra de hacer figurar a cientos de personas en situación de vulnerabilidad social como afiliados al PRO y aportantes a la campaña de Cambiemos, Vidal se limitó a definir el caso como “errores administrativos, no delitos”.

Nunca ahondó en especificaciones y siempre aclaró que no está involucrada judicialmente, a pesar de haber sido la titular del partido amarillo en la esfera bonaerense al momento de realizarse estas maniobras. Este fue el escándalo que más sacudió a la gobernadora, que no dudó en utilizar como fusible el desplazamiento de la contadora General bonaerense, María Fernanda Inza, por entonces tesorera del PRO.

 

 

Más allá de este caso, en la administración vidalista se registraron episodios que bien pueden encuadrarse en la figura de conflictos de intereses. Por fuera del pasado de funcionarios del Ministerio de Infraestructura en empresas que ganaron licitaciones a lo largo de la saliente gestión, es de destacar el caso del director de Servicios Públicos bonaerense, Edgardo Volosín, quien supo compartir varios años directorio con Rogelio Pagano, cara visible del Grupo DESA que maneja las cuatro distribuidoras de energía más importantes de la provincia (Edelap, EDEA, EDEN y EDES). La falta de inversión a pesar de los recurrentes tarifazos se evidenció con el fuerte apagón que este año sufrió la capital provincial. Con esto, también quedó a la luz la ausencia de control de la Dirección de Volosín al Grupo comandado por su ex compañero de directorio en Edenor, donde también se desempeñó por más de dos décadas el director de Energía del gobierno de Vidal, Alberto Rica.

Los nombramientos de funcionarios con intereses o pasado en el otro lado del mostrador también se reflejaron en casos de menor magnitud al anterior pero no por ello menos llamativo. Por ejemplo, en abril de este año, se designó como Director Provincial de Planes Hídricos, Monitoreo y Alerta de la Autoridad del Agua bonaerense (ADA) a Nicolás García Romero, socio gerente con licencia -según su declaración jurada- de Ambiente y Territorio, firma que figura como desarrolladora del proyecto de barrio cerrado “La Mansa”, ubicado en General Rodríguez, frente al acceso a Pinamar y que tiene como atracción central una gigante laguna cristalina rechazada por ambientalistas por posibles perjuicios en lo que refiere a los recursos hídricos de la región. Para avanzar en emprendimientos de esa magnitud, entre los vistos buenos que se requieren, figura el del ADA.

Los intereses de figuras cercanas a la estructura amarilla también se deslizaron en torno al frustrado intento de Vidal por avanzar en el juego online en la provincia. Ese punto, como el incierto resultado de su combate al juego, son focos nebulosos y contradictorios de su paso por la gestión pública bonaerense.