16|10|2021

La liga federal del Presidente: gestión sí, albertismo no

25 de abril de 2021

25 de abril de 2021

La gobernadora y los gobernadores del FDT encontraron en Fernández un socio para manejar sus distritos, pero el afán por un armado político propio no floreció.

Elegido como candidato por Cristina Fernández de Kirchner, aupado por todos los caciques provinciales peronistas que desconfiaban de la vicepresidenta, Alberto Fernández prometió durante la campaña 2019 ser “el más federal de los porteños”, un presidente que gestionaría codo a codo con los 24 gobernadores. Un año y medio después los mandatarios y la mandataria que integran el Frente de Todos coinciden en que, pandemia mediante, logró cumplir la promesa, de manera intermitente, aunque les bloqueó de forma tajante el armado del espacio propio que imaginaron como contrapeso al cristinismo que sienten amenazante.

 

“Aunque sean virtuales y estén siempre vinculadas a la pandemia, esto de las reuniones con todos los gobernadores como instancia de debate y decisión es algo que no se hizo nunca. Eso se valora mucho”, le dice a Letra P un funcionario que tiene un pie en la Casa Rosada y el oído puesto en las provincias.

 

La pandemia fue, a la vez, un obstáculo y un catalizador para el gobierno conjunto que el Presidente planteó cuando caminaba el país como candidato. A tres meses de asumir, el coronavirus lo obligó a quedarse en el área que va desde Olivos a la Casa Rosada, con contadas excursiones a territorio bonaerense y unas pocas visitas a las provincias, que dependieron casi exclusivamente de la situación epidemiológica.

 

Fue un encierro geográfico, pero también de atención, por el que algunas provincias levantaron quejas. La recurrencia de las conferencias de prensa de Fernández junto al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, lo ubicó como un solucionador de problemas del área metropolitana de Buenos Aires.

 

“Se entiende que el AMBA requirió atención por la pandemia pero lo que pasa en Capital, que es la ciudad de Alberto, y lo que dice el ‘amigo’ Horacio adquirió demasiada preponderancia”, se queja un diputado de una provincia del extremo norte del país. El componente “muy bonaerense” de gran parte del gabinete también tiene su peso, sumado a que la Provincia es el principal bastión electoral del kirchnerismo y, por ende, del Frente de Todos.  

 

A su vez, la necesidad de tomar decisiones de forma permanente, llevó a una gimnasia de reuniones virtuales frecuentes entre el Presidente y las autoridades provinciales. En público, Fernández escuchó y atendió demandas, discutió y se permitió retos.

 

“Tanto el Presidente como el gabinete están siempre disponibles para recibirte. Los gobernadores tienen línea directa, Alberto está siempre en línea con todos por Whatsapp. Nadie se puede quejar de eso”, dicen en el entorno de uno de los mandatarios que más habla con el jefe de Estado. “La cercanía con el Presidente es real”, apunta otro dirigente provincial. Aunque el contacto no pudo ser tan fluido como el Frente de Todos esperaba durante la campaña, debido a la pandemia.

 

Decepciones y sorpresas

En la gestión, el balance también es positivo, con algunas quejas en particular. En las provincias afirman que tienen contacto permanente tanto con el jefe de Gabinete y mano derecha del Presidente, Santiago Cafiero, como con el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, que hace equilibrio entre Fernández y su clara pertenencia al riñón de CFK. Para el resto del gabinete, hay diferentes consideraciones. Los ministros del Obras Públicas, Gabriel Katopodis, y de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, son los preferidos de las provincias por su capacidad política, despliegue y, obviamente, porque bajan recursos concretos al territorio. En tanto, en algunas gobernaciones señalan “problemas de gestión” en otras áreas. “Hay algunos ministerios en los que es muy difícil lograr que suceda algo. Falta agilidad”, protestan.

 

En obras, destacan, la promesa del federalismo se cumple. “Hay una idea de desarrollo federal que antes no existía. Hoy tenemos, por ejemplo, siete mil millones de pesos del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento. Durante el gobierno de Mauricio Macri tuvimos cero, no recibimos un peso”, apunta el diputado por Tucumán Pablo Yedlin. Desde Formosa, en la mesa del gobernador Gildo Insfrán aseguran que, para las provincias comandadas por el peronismo, hubo un antes y un después de 2019. “Rogelio Frigerio tenía buena predisposición pero después no podía cumplir nada”.

 

En De Pedro, la mayoría de los gobernadores encontraron una sorpresa, aunque no en el caso de Alicia Kirchner, la mandataria santacruceña. Integrante de la mesa chica de CFK, el ministro del Interior forma parte del kirchnerismo que los mandatarios provinciales pensaron que debían contrapesar con el armado de un albertismo que nunca nació. A contramano de lo previsto, se convirtió en su principal interlocutor en la Casa Rosada, quien los contiene y quien alienta el armado de agrupamientos regionales, como el del Norte Grande y la Patagonia, además de propuestas con sentido federal, como la de Capitales Alternas.

 

El armado del albertismo está entre los temas pendientes. Aunque varios gobernadores y dirigentes con lugares en el gabinete nacional lo intentaron, el Presidente vetó una y otra vez la iniciativa y apostó siempre al “todismo”. En el primer piso de la Casa Rosada, los mandatarios provinciales no encontraron recepción a sus demandas para avanzar en el armado de espacios que pudieran, eventualmente, disputarle lugares al cristinismo, que avanza a pasos agigantados con la construcción nacional de La Cámpora en las provincias.

 

“Alberto no quiso. Rebotó todo”, apunta un dirigente de primera línea del Gabinete. El Presidente se limitó a cobijar dirigentes afines en la lista del Consejo Nacional del Partido Justicialista. Su rol al frente del partido también fue impulsada por los gobernadores para que Fernández tomara las riendas del peronismo. Entendieron, finalmente, que esa jefatura protagónica “no va con su estilo”, más colegiado y de consenso.

 

Ya acostumbrados a los modos presidenciales, sin el volumen político que habían soñado en la campaña pero con diálogo fluido con el Ejecutivo, en las provincias están ahora a la expectativa de cómo será el armado de las listas nacionales. Esperan un esquema parecido al de 2019, con un reparto “razonable” entre el cristinismo, la Casa Rosada, el massismo y los distritos, sin que la lapicera de CFK vuelva a tener la preponderancia que tuvo en otros tiempos, cuando sienten que perdieron protagonismo.