06|11|2021

02 de septiembre de 2020

02 de septiembre de 2020

Hay funcionarios que pasaron meses sin verlo: solo hablan por chat. Otros piden sacarlo más a la calle. Su entorno lo niega y promete acción en la nueva etapa.

La decisión de Alberto Fernández de romper la burbuja de Olivos y volver a recorrer el país no sólo se celebró en las provincias que compondrán su itinerario de cabotaje, aún por definirse. Sobre el gabinete o, al menos, sobre una buena parte de los 20 ministerios que lo componen, empezaba a crecer el temor al otro aislamiento: no el sanitario, sino el político; un encierro que, a vistas de un número importante de figuras del Gobierno, incluso algunas con despacho propio en la Casa Rosada, alejaba al Presidente del trato cotidiano con sus funcionarios y funcionarias pero, también, del día a día del termómetro social.

 

Hay ministros y ministras que pasaron tres meses o más sin ver al Presidente. Alguien con rango de alta jerarquía en el gabinete debió insistirle al mismo Fernández en más de una oportunidad, vía WhatsApp, que le urgía verlo para poder activar un programa importante en la cartera a su cargo. Recién ahí, logró que le levantaran la barrera de la residencia presidencial para tener su café mano a mano con el jefe de Estado.

 

Incluso personas que transitan o transitaron la burbuja sanitaria de Olivos admiten que no es ese un ámbito ideal para hacer funcionar la maquinaria de la gestión. Hablan de un espacio frío, caótico y con gente permanentemente de paso. Lo comparan con un aeropuerto.

 

 

Hay un grupo de funcionarios, en su amplia mayoría varones, que sí entran sin golpear a la quinta presidencial. Son los que administran las carteras más calientes en el marco de la pandemia. Esos mismos hombres admiten que quienes dominan áreas menos “calientes” quedaron rezagados en la agenda que transita por el escritorio de Fernández. En muchos de esos casos, hay proyectos, ideas, programas e iniciativas que requieren un visto bueno que no se da por válido con un emoji de pulgar hacia arriba en un chat. Requieren una vista de otro calibre. Requieren vista, literalmente. Al menos, eso sostienen quienes así lo reclaman.

 

“Alberto lo ve siempre a (Martín) Guzmán. A Ginés (González García), ni te cuento. En los últimos días pasaron por acá (Juan) Cabandié, (María Eugenia) Bielsa, Sabina (Frederic), (Luis) Basterra. Por ahí hay funcionarios más inexpertos que creen que el Presidente tiene que atenderlos todos los días”, atienden la llamada desde el entorno presidencial.

 

LA AUTOPISTA CAFIERO. El lanzamiento de los gabinetes temáticos, que funcionan de lunes a viernes en el Salón de los Científicos del primer piso de la Casa Rosada, sirvió para achicar las distancias reales pero también gestuales con Olivos. Así lo admiten funcionarios y funcionarias que pasan por esa extensa y vidriada mesa, rodeada con los retratos de los hombres y las mujeres más trascendentes de la ciencia nacional; distancias que, hasta la creación de estos comités de carteras del gabinete para coordinar políticas, era posible recorrer sólo a través de una autopista llamada Santiago Cafiero.

 

 

 

El problema es que en las espaldas del jefe de Gabinete, además de la coordinación interministeral, pesan también todas y cada una de las medidas de la gestión de la emergencia. Basta con revisar el Boletín Oficial para ver que cada movimiento en la pandemia, sea del gobierno nacional o de las provincias en Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO), depende de su firma. Despacho colapsado. Así y todo, encabeza las reuniones de estos gabinetes, salvo que lo urgencia lo arrastre a Olivos.

 

Al Presidente lo rodea en la quinta su círculo más íntimo. Además de Cafiero, pasan sus días allí el secretario general, Julio Vitobello, partenaire de Fernández en todas las reuniones; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz; el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, y la secretaria de Legal y Técnica, Vilma Ibarra. Es gente de la máxima confianza de Fernández, pero no tiene la botonera económica y productiva en su menú de opciones. Un funcionario de jerarquía en el organigrama del Poder Ejecutivo subraya, con algo de sorna, que de ese grupo sale la reforma judicial, una ley prioritaria para el Presidente pero, para algunos funcionarios, no tanto.

 

 

"Si el Presidente no te atiende, te plantás en la puerta de Olivos", dicen el Casa Rosada.

 

 

En la Casa Rosada reconocen que la mejor decisión para la salud del Presidente fue encerrarlo en Olivos y que esa misma es, a su vez, la peor decisión para el día a día de la gestión. El aislamiento físico termina transformándose en un aislamiento un poco más extenso. Igualmente, relativizan las quejas de algunas carteras sobre el acceso a Fernández. “Si sos ministro y Alberto te quiere resolver algo por WhatsApp, lo llamás; y si no te atiende, te plantás en la puerta de Olivos hasta que te abran”, explicó la fuente. “También depende de cuánto te movés. Yo no lo vi mucho, pero lo vi hace poco. Y también hablo muy seguido”, agregó un ministro nacional que, es importante, tiene una relación personal con Fernández que antecede su aterrizaje en el gabinete. En síntesis: reconocen la distancia, fruto del aislamiento sanitario lógico sobre la figura presidencial, pero también adjudican una parte de responsabilidad al apego a sus propios escritorios de quienes se quejan del efecto de ese aislamiento.

 

Otra fuente que atiende en Balcarce 50 ofrece una mirada alternativa. Sostiene con cierto pesar que Fernández está aislado en Olivos, pero ese aislamiento no lo identifica con respecto a su gabinete, sino con la calle. “Estaría bueno que saliera, pero no para ver a ministros y secretarios, sino para ver un poco más de cerca lo que está pasando”, resume el dirigente. El Presidente tiene invitaciones de dos gobernadores de Juntos por el Cambio, el mendocino Rodolfo Suárez y el jujeño Gerardo Morales, para visitar sus provincias la semana que viene. La voluntad presidencial es aceptarlas y solo resta ordenar su agenda: se habla del lunes.

 

Las fuentes consultadas, eso sí, le bajan radicalmente el tono a la idea de un presidente ofuscado o irritable. “Está tranquilo, como siempre”, compartió un ministro que estuvo con él la semana pasada. Sí admiten que para el mandatario arranca otra etapa, tal como lo dejó claro en la conferencia de este lunes. “Por ahí ahora, con el Presupuesto y la proa puesta en la reactivación, haya más atención a esos ministerios rezagados”, cerró con un halo de optimismo.