14|10|2021

El impenetrable formoseño: por qué nadie puede con Insfrán

14 de marzo de 2021

14 de marzo de 2021

Blindado por el respeto de sus pares y el orden de las cuentas provinciales, gobierna el confín del país desde 1995 y resiste el sitio opositor y mediático.

En pocos días, Alberto Fernández se convertirá en el nuevo presidente del Partido Justicialista. Encabezadas por el primer mandatario, llegarán las nuevas autoridades. Habrá renovación, exclusiones, ingresos, pero algo se mantendrá inalterable: la silla principal del organismo supremo del partido, el Congreso Nacional, seguirá ocupada por Gildo Insfrán.

 

Gobernador de una provincia que aporta apenas el 1,31% de los votos del padrón nacional, Insfrán construyó su liderazgo interno desde un confín extremo y poco favorecido del país. Con banderas de la ortodoxia peronista, se ganó el respaldo de todo el PJ, aun cuando su eternización en el poder, sus formas de gobierno y las denuncias que llueven sobre Formosa, que incluyen violaciones a los derechos humanos, le generen un dolor de cabeza a la Casa Rosada y a los nuevos dirigentes que ya no se sienten cómodos con la figura de un caudillo.

 

“En el peronismo, los liderazgos se respetan”, resumen en la Casa Rosada para explicar por qué todo el sistema oficialista se activa en defensa de Insfrán, pese a los señalamientos internos y a los pedidos de colaboración para que la oposición y los medios nacionales “aflojen la presión” sobre Formosa, siempre en el ojo de la tormenta, pero mucho más desde que comenzó la pandemia y la administración provincial implementó durísimas restricciones a la circulación.

 

El Presidente se lo pidió directamente, cuando se vieron en la Casa Rosada, con motivo del acto por el Día de la Mujer, tres días después de la manifestación que dejó decenas de heridos y 92 detenidos en la provincia. En la escalera, ya casi de salida, mantuvieron una conversación aparte en la que Insfrán le explicó que su mayor preocupación era que el paso de ciudadanos desde “la frontera porosa” con Paraguay, donde la pandemia está descontrolada, provocara una disparada de contagios en la provincia. Fernández tomó nota pero le hizo saber que el Gobierno no avala la represión y le pidió que el conflicto no escalara.

 

“Los tengo sumariados”, dijo Insfrán sobre los policías que participaron de la represión. En la Casa Rosada le preguntaron por qué no lo comunicaba. El formoseño les recordó que no le interesa el diálogo con los medios de comunicación, tampoco para aclaraciones o desmentidas. Insfrán, que gobierna la provincia con mano de hierro desde 1995, no da entrevistas ni tiene contacto con la prensa. 

 

En el Gobierno destacan que cumplió con el pedido. Las protestas siguieron, pero la policía bajó los decibeles. Algo similar había sucedido a principios de febrero con los centros de aislamiento, cuando el Ejecutivo intervino para desactivar la bomba que generaba la acumulación de denuncias. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, se reunió entonces con Amnistía Internacional y citó al gobierno formoseño. Vía el ministro Gobierno, Jorge González, le hizo llegar a Insfrán el pedido de que flexibilizara las restricciones, una sugerencia que le hicieron a la provincia varios aliados que chocaron con la misma respuesta, que cerró todas las discusiones: “Prefiero perder elecciones a que se desborde todo y se muera la gente de Covid”.

 

Igual, anunció una flexibilización. La situación se distendió pero la atención pública siguió puesta en la provincia, donde el Grupo Clarín tiene un equipo periodístico apostado y donde desembarcó el ala más dura de la oposición, encabezada por la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, y el diputado Waldo Wolff. Las denuncias sumaron más capítulos, hasta llegar a testimonio de mujeres embarazadas de la comunidad wichi que afirman que se esconden en el monte por miedo a ser trasladadas a centros de aislamiento y separadas de sus bebés. La provincia afirma que son “operaciones mediáticas”. La presión aumenta y cada denuncia impacta directamente sobre la Casa Rosada, donde se repite como un mantra que Insfrán gobierna desde 1995 "porque los formoseños lo eligen" y que su administración tiene varios logros para mostrar, como el mejor sistema sanitario de la región y las estadísticas favorables de la pandemia.

 

“Le pegan a Formosa porque es pegarle al peronismo. Gildo es el más peronista de los gobernadores. Le hablan al electorado porteño, a las grandes ciudades y les dicen ´miren lo que les va a pasar si sigue ganando el peronismo, van a ser como Formosa. Es una mirada muy centrista”, razonan cerca del gobernador. En el PJ coinciden. “Gildo hizo de la escasez y la falta de apoyo nacional, una bandera y un modelo organizado interno. Reivindica la justicia social, la producción formoseña, el compre local. Hace campaña permanentemente en el territorio. Tiene una concepción política del peronismo clásico y administra una provincia pobre”, dice un hombre de larga trayectoria en el partido.

 

En la escasez y el orden fiscal, Insfrán forjó una fortaleza que se convirtió en resistencia. “A mí que no me vengan a apretar”, le hizo saber al gobierno de Mauricio Macri, que negoció rápido con los gobernadores peronistas en apuros financieros. La relación con Formosa, una provincia sin déficit, fue más compleja. Insfrán cerró la puerta el primer día. “El problema que tengo con este gobierno es ideológico. No creo en el neoliberalismo, el Estado tiene que estar”, dijo.

 

En el Congreso, movió a sus legisladores según el tiempo político y puso huevos en las dos canastas: sus diputados nunca se despegaron del kirchnerismo mientras que sus senadores siguieron a Miguel Pichetto. Sin embargo, Insfrán nunca se sumó a la aventura de los gobernadores que intentaron una vía sin Cristina Fernández de Kirchner en Argentina Federal, y esperó la oportunidad para “reorganizar el movimiento” y expulsar Macri. Les hizo saber: “No vienen por Cristina, vienen por todos”. Esperó, igual, que la expresidenta no jugara su propia ficha y nombrara a otro candidato. Apostaba, por ejemplo, por Felipe Solá.

 

Insfrán siempre se sintió más cerca de Néstor Kirchner que de Cristina. Tiene registrado que, mientras fue presidenta, CFK visitó solo dos veces Formosa y estuvo en siete oportunidades en Salta, cómoda con la figura más moderna de Juan Manuel Urtubey. Cree que, en el fondo, la vicepresidenta y La Cámpora miran con cierto desprecio progresista su estilo caudillesco. Kirchner, en cambio, viajó a Formosa tres días después de su asunción, en mayo de 2003, para firmar el acta de Reparación Histórica de la provincia, eternamente postergada.

 

Con todo, en el PJ nadie discute a Insfrán, aunque algunos dirigentes se preguntan si su tiempo habrá comenzado a agotarse. “Le respetan que siempre mantuvo una posición coherente, siempre fue leal. Eso vale mucho”, dice un dirigente que lo conoce desde hace décadas. Bombardeado desde afuera, Insfrán resiste en Formosa. El peronismo se abroquela para protegerlo.