26|9|2021

27 de marzo de 2021

27 de marzo de 2021

Cree que el centro de la escena le pertenece. Que el decorado se calle. Dividir y reinar el PRO, ésa es la cuestión. 2021 no. Si hay 2023, de 1 o nada.

Con poco, volvió a lo que más le gusta, el centro de la escena. La presentación de “Primer tiempo” le sirvió a Mauricio Macri para aparecer en pantalla, reencontrarse con la militancia de los formadores de opinión amigos y deslizar alguna, tibia, autocrítica por el fracaso del experimento de gobierno que pretendía desplazar al peronismo del poder y terminó legando una pesadísima herencia de endeudamiento, inflación récord y recesión. Hombre de fortuna, al expresidente le tocó ocupar un lugar en un determinado momento de la Argentina y sabe que tiene asegurado su piso de adhesiones en base a la rabia antikirchnerista. Esa es su fuerza. 

 

Las famosas cien horas de conversación con Pablo Avelluto y Hernán Iglesias Illa le sirvieron para replicar el regreso político-editorial que diseñó Cristina Fernández de Kirchner en 2019. La polarización manda y, más allá de las diferencias de piel y perspectiva, el juego especular es alimentado por los asesores de Macri que sueñan con renacer de las cenizas y emular el sendero de Cristina para volver mejores. El egresado del Cardenal Newman tuvo que imprimir antes y su libro, a dos años de las próximas presidenciales, parece más una rendición de cuentas que un proyecto de futuro si se lo mira desde afuera. Desde adentro, claro, la mirada es otra. 

 

En un proceso que le demandó todo el primer año fuera del poder, el ingeniero aceptó el pedido de quienes le plantearon que no podía retornar a la escena política como si nada hubiera pasado y le hicieron entender que algo había salido mal, algo que era de la esfera de su responsabilidad, no transferible ni delegable. Fue duro, porque quienes lo conocen en la intimidad dicen que no le gusta perder “ni a la bolita” y que reconocer errores le cuesta horrores. “Lo hace para volver, pero no es su verdadero yo”, deslizan en el PRO quienes le reconocen su rol de padre fundador, pero aspiran a que deje espacio a la renovación

 

El regreso del gerente

Se juzgue como se juzgue, en el reducido circuito del macrismo con Macri domina la satisfacción. No sólo recuperó una centralidad que piensa estirar, de recorrida por las provincias, sino que encontró la forma de surfear el año electoral sin ser candidato ni estar ausente por completo. Aunque las charlas con periodistas aliados no alcanzan para sumarle un solo voto, Macri vive su regreso como una victoria sobre el grupo de resentidos que se apuró a tramitarle la jubilación sin su consentimiento, algo que en su momento lo enfureció como pocas cosas. No lo dice porque no puede, pero vuelve a sentirse en el lugar del jefe. 

 

Macri ya no puede ser el líder que fue. Dejó un tendal de heridos dentro de sus propias filas. Sin embargo, la presentación del libro lo reubicó como eje de una convocatoria. Desde que abandonó la presidencia, rearmó su estructura de poder con lo que tenía a mano. Al entorno que heredó de Marcos Peña, visto como obsecuente por todos los que están afuera, Macri le sumó el intercambio frecuente con Miguel Ángel Pichetto y Patricia Bullrich, dos históricos del viejo peronismo que cambiaron de piel para afianzar su identidad muy cerca del histórico líder del PRO. El exsenador y excandidato a vicepresidente sostiene que, con su libro, Macri demostró que sigue comprometido con la política, no la abandona y no piensa ni puede irse a ningún lado. Lo ve como un posicionamiento que apunta a la reconstrucción de su liderazgo. “A Macri y a Cristina los iguala que los dos fueron presidentes, que tienen una centralidad y que están vigentes. Más allá de la imagen negativa de la que tanto se habla, en todo el país hay un conocimiento profundo de quién es Macri”, le dijo Pichetto a Letra P

 

Las dificultades que enfrentó en su primer año de gobierno el Frente de Todos también le sirvieron a Macri para salir del aislamiento en el que había quedado hace un año, cuando era la mancha venenosa y sus exsocios hacían cola para irse lo más lejos posible. Hoy no es aclamado ni mucho menos. De hecho, María Eugenia Vidal es apenas la muestra más elocuente de la distancia que muchos buscan mantener con respecto a su figura. Sin embargo, Macri no ejerce sólo su padrinazgo sobre Bullrich, la jefa formal del PRO, sino que se muestra con Horacio Rodríguez Larreta y Soledad Acuña, como lo hizo el jueves último durante una charla con estudiantes en el Centro Metropolitano de Diseño. 

 

La deuda de los otros

El expresidente quiere posicionarse en el centro de su propio espacio. Con una estima elevada por su propia empresa de vida, Macri no lo dice abiertamente, pero cree que los dos candidateables que asoman con pretensiones de sucederlo son productos suyos. Tanto Larreta como Bullrich ocupan los lugares que hoy tienen por decisiones que tomó o avaló el expresidente. Los dos, piensa, están en deuda con él. Por eso, busca pivotear entre uno y otro con el objetivo de ejercer la que, según dicen quienes lo conocen, es una de sus especialidades: dividir y reinar por encima de las diferencias. Más allá de que Bullrich expresa a los halcones y Larreta se viste de paloma, Macri conserva con ambos un buen vínculo que en ninguno de los dos casos está exento de contradicciones. La exministra de Seguridad sostiene en privado que Macri se fortaleció con su rol como jefa del PRO y hasta aprendió a defender posiciones con mejores argumentos. Larreta está parado en el centro, pero también depende del núcleo duro que responde a Macri para avanzar hacia la candidatura presidencial. Con ellos, Macri alterna caricias y reproches.

 

El libro le permite también al ingeniero ser noticia lejos de la esfera del delito y los tribunales federales. Es uno de los grandes temores que lo acecha, más todavía después de que durante su gobierno se desatara un huracán de causas judiciales que terminó con una cifra inédita de funcionarios y empresarios en la cárcel. La situación es paradójica. Salir del aislamiento le permite a Macri transitar con más liviandad la coyuntura política y lo libera de la obligación de competir en las legislativas que vivió CFK en 2017, cuando Comodoro Py la acechaba y el peronismo se apuraba a jubilar. Sin embargo, el fundador del PRO le da a sus interlocutores habituales indicios de que quiere ir por la revancha. El segundo tiempo.

 

¿Quiere revancha?

Parado en un metro cuadrado que cotiza bien en la oposición más dura, los macristas que imaginan un futuro con Macri en segundo plano se apropian de la consigna que hizo famosa el actual Presidente cuando era operador de Cristina. “Sin él no se puede y con él no alcanza”, dicen, pero enseguida remarcan: “Él no quiere ese lugar. Él quiere ser el 1. Él dice ‘yo soy el que reúno todo’”. La frase tiene traducción: entre los que lo acompañaron desde sus inicios en política, son muchos los que piensan que, si el expresidente pudiera elegir, volvería a competir por el premio mayor. 

 

Las encuestas a las que accedió Letra P y circulan entre la dirigencia del PRO confirman que Macri tiene un altísimo rechazo y que casi el 70% de los consultados declara que no lo votaría jamás. Sin embargo, conserva su núcleo duro de adhesiones en torno al 30% e incluso un 24% se manifiesta dispuesto a votarlo si volviera a presentarse como candidato a presidente. Es el número maldito que le impidió a Carlos Menem, después de una década de gobierno, cumplir con su sueño de volver al poder en 2003. Sin embargo, el contexto es otro: Macri forma parte de una alianza y no hay enfrente, por lo menos hoy, una figura como Néstor Kirchner, que era prácticamente desconocido entonces a nivel nacional.

 

Por supuesto, la sola posibilidad de que el ingeniero conciba la peregrina idea de regresar es considerada disparatada entre la enorme mayoría de la dirigencia que forma parte de Juntos por el Cambio, pero, se sabe, producto de su historia y de su suerte, Macri no piensa como la media y quedó demostrado durante sus años de gobierno. 

 

Reinsertado en la oposición, con libro nuevo y con relación con Larreta y Bullrich, puede dejarse llevar por su autoestima y soñar, algo que cuesta nada, más si se lo compara con lo que le costó a la Argentina su aventura de gobierno. ¿Puede querer ser otra vez? Responde Pichetto: “Yo no sé si no puede ser. Falta mucho. Lo que sé es que, en la oposición, Macri es más que cualquiera”.