23|10|2021

Guía práctica para analizar las PASO el 12/9 a las 18:01

05 de septiembre de 2021

05 de septiembre de 2021

No es una obviedad: ¿cómo se define quién gana y quién es derrotado? Perder con mucho o vencer con poco y el sueño de las terceras fuerzas. Tocata, fuga y 2023.

Si a usted le interesa saber cómo planean sacar del subsuelo a la Argentina el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, los precandidatos de esas alianzas a la Cámara de Diputados y al Senado en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del domingo que viene le responderán discutiendo con qué ideología se goza más del sexo o a qué barrio conviene mudarse para ser merecedor de fumar marihuana. Entre ambas, alguno hablará por teléfono con su mamá y otro gritará "viva la libertad, carajo" mientras explica que ese valor no necesariamente se vincula con la democracia. Si a pesar de todo eso mantiene la intriga sobre lo que puede ocurrir, esta columna imitará a la dirigencia que supimos conseguir: no le dará nada de lo que usted necesita. Con todo, mejorará aquel desempeño ofreciendo una guía rápida de criterios para analizar los resultados ni bien se vayan conociendo. ¡Suerte!

 

Las últimas encuestas arrojan un predominio leve del oficialismo nacional o directamente un empate técnico entre este y la principal oposición tanto a nivel país como en la provincia de Buenos Aires. Esos estudios son bastante menos numerosos que en otras ocasiones, lo que da cuenta –más que de la falta de dinero para encargarlos– de la inseguridad de sus responsables acerca de su fiabilidad. Esos profesionales se quejan off the record de lo difícil que resulta hacer un sondeo telefónico cuando la mayoría de las personas contactadas corta sin decir una palabra. A esa contaminación de las muestras se suma un nivel de indecisión que, a apenas una semana de la votación, se sostiene en el orden del 25%, mientras que mucha gente aún no definió siquiera si irá a votar.

 

En tanto primaria de una elección de mitad de mandato, lo que viene es terreno fértil para un voto menos agrietado. El sueño húmedo de las terceras fuerzas se agranda en la medida en que cunde el desencanto con la dirigencia que ha regido al país en tiempos recientes. Es posible que el 12/9 a la noche se comience a hablar más que lo esperado de Florencio Randazzo en la provincia de Buenos Aires, de los libertarios de ese distrito y, más aun, de la Ciudad de Buenos Aires y –¿por qué no?– hasta de la izquierda impenitente. Todos y Juntos, por su parte, se arriesgan a encallar cerca de sus respectivos núcleos duros, lo que, de darse, solo las haría merecedoras de una discusión sobre a cuál le habrá ido peor.

 

«En la Argentina mandan los grandes números y lo primero que habrá que determinar es qué alianza termina en primer lugar en la sumatoria nacional, con qué porcentaje y con qué luz de ventaja sobre su competidora. Sin embargo, el verdadero poder se mide en bancas y el hecho de que en noviembre se renovarán las ocupadas en 2017 es un beneficio relativo para el peronismo.»

Interpretar el desempeño de alguna tercera fuerza exitosa podría ser, entonces, el tema del momento. Si así fuera, ¿se tratará del reinicio de sus conocidos y efímeros ciclos bienales de auge y decadencia o, como parece ocurrir en España, el comienzo del fin de un bipartidismo que con los años se recicló, por el peso de la decepción recurrente, en un bicoalicionismo que ni así terminó de dar la talla?

 

En tal contexto, ¿cómo se define quién gana y quién pierde?

 

A diferencia de lo que ocurre en los países con sistemas parlamentarios, en la Argentina mandan los grandes números y lo primero que habrá que determinar es qué alianza termina en primer lugar en la sumatoria nacional, con qué porcentaje y con qué luz de ventaja sobre su competidora.

 

Sin embargo, el verdadero poder se mide en bancas y el hecho de que en noviembre se renovarán las ocupadas en 2017 es un beneficio relativo para el peronismo. Entonces, se recuerda, Juntos por el Cambio obtuvo un triunfo nacional geográficamente amplio y el peronismo quedó tan frustrado que pasó a descontar la reelección de Mauricio Macri. Eso era, al menos, lo que afirmaban muchos hasta que el dólar metió la cola en abril del año siguiente, el asustadizo presidente acudió al Fondo Monetario Internacional (FMI) y la crisis revolucionó el escenario.

 

Una hipótesis a considerar es que, pasadas las primarias, las terceras posiciones enfrenten el riesgo de diluirse antes del 14 de noviembre, cuando podría pesar más el voto útil "para que no gane Fulano" y, acaso, la economía recupere más notoriamente el color perdido.

Dado que el predominio oficialista en la Cámara alta no se modificará esta vez, hay que centrarse en lo que puede ocurrir en la baja. Allí se renovarán 127 escaños: Todos pondrá en juego 51 y JxC, 60. Para el oficialismo, sumar diez más implicaría alcanzar cuórum propio; de acuerdo con la oposición, eso encaminaría al país definitivamente rumbo a Venezuela. "Esta vez juro que es cierto", dice el Pastorcito Mentiroso mientras se besa dos veces el índice derecho en cruz, aunque para que el disparate se ponga a prueba, el panperonismo debería repetir, en una elección de mitad de mandato, el desempeño de la presidencial de 2019.

 

Parece difícil. El fracaso fresco del macrismo y el renacimiento del peronismo en 2019, sumados al control de Todos de los principales resortes de poder, harían suponer que esta alianza se sube al ring como favorita. Aparte, la crisis fue heredada y su resolución, demorada más por la pandemia que por culpas propias comprobables. ¿O no? Sin embargo, las apelaciones a un "voto de confianza" –contracara de lo poco que hay para mostrar– se hacen cada vez más comunes, los viejos pronósticos de triunfo por unos siete puntos en la crucial provincia de Buenos Aires devienen hoy advertencias de que "ganar por un voto también es ganar" y los candidatos que deberían hacer la plancha sobre su supuesta ventaja chicanean a los opositores para animarlos a debatir. La preocupación se saca la ropa.

 

Una hipótesis a considerar es que, pasadas las primarias, las terceras posiciones enfrenten el riesgo de diluirse antes del 14 de noviembre, cuando realmente se contarán los porotos, podría pesar más el voto útil "para que no gane Fulano" y, acaso, la economía recupere más notoriamente el color perdido.

 

Entretanto, como en 2017, Randazzo se quedaría con un trozo del peronismo bonaerense, uno menor seguramente, pero suficiente como para que pese en la aritmética final. En tanto, las listas libertarias de José Luis Espert y de Javier Milei –en aquel distrito y en la Ciudad de Buenos Aires, respectivamente– se quedarán con electorado desencantado de JxC en una proporción capaz de infligir un daño similar.

 

Cuando se habla de esas opciones, el análisis enfatiza su carácter volátil y tendiente a la desaparición en los comicios presidenciales, más polarizados. Sin embargo, si un porcentaje menor de sufragios fugados es capaz de hacer la diferencia para un sector afín entre ganar y perder, puede terminar cotizando en el mercado político por encima de su valor nominal. Que Sergio Massa diga si eso no es cierto. Atención, entonces, a los arrumacos que se vienen.

 

Otra pregunta que se hará acuciante ni bien terminen de contarse los votos es en qué medida las listas vencedoras retendrán en noviembre los sufragios de las derrotadas en la interna. Quienes deberán responder esa pregunta son, sobre todo, el hasta hace poco vicejefe de Gobierno porteño y futuro diputado bonaerense Diego Santilli y la exgobernadora de la provincia y próxima legisladora por la Ciudad María Eugenia Vidal. Acaso el primero tenga menos dificultades para incorporar el voto radical de Facundo Manes; de hecho, uno y otro no muestran mayores diferencias programáticas –en verdad hecho, no exhiben programa alguno–. Vidal, en cambio, debería esforzarse más para hacerse con la totalidad del voto de una de las listas que la enfrentarán en las PASO: la del ultraliberal Ricardo López Murphy. En noviembre, algo de ese sector podría emigrar –en teoría– hacia Milei, pero eso dependerá, a su vez, de cuán intensa se ponga la grieta y de si este último logrará no sufrir, él mismo, una fuga de lo que el próximo domingo festejará creyendo conquistado. Por lo pronto, cabe esperar que Vidal pase a valorar más abiertamente la libertad –la económica– y que pierda algo de su encantadora ambigüedad.

 

El desempeño de la exgobernadora será clave para sus aspiraciones presidenciales. Sin embargo, como parece condenada a ser el plan B de alguien, ayer de Macri, hoy de Horacio Rodríguez Larreta, su desempeño también será fundamental para este último.

 

El desafío del jefe de Gobierno será, como para Vidal, recuperar al electorado más gorila, ese que le reprocha su colaboración pandémica con Alberto Fernández y su moderación intermitente. Para no ser picoteado por los halcones –los que competirán en las urnas y alguna otra que espera en su nido–, él también deberá dejar de flotar y asumirse como un presidenciable de derecha.

 

Si 2021 no trae respuestas a los grandes problemas sino que simplemente funge como previa etílica de 2023, un resultado más negativo que el deseado por el Frente de Todos le complicaría la vida al Presidente. ¿Cuánto tiempo pasaría, en efecto, para que Cristina Kirchner se hiciera cargo de la campaña hacia noviembre, impusiera aun más rotundamente su modo de entender cómo debe gobernarse el país y fuera ella misma la que "ordenara todo lo que hubiera que ordenar”?

 

Vamos, cámbiese, póngase el barbijo y no olvide el DNI. Ya llega la hora de la verdad.