07|10|2021

Mi camino de espinas

28 de agosto de 2021

28 de agosto de 2021

Transita su peor momento y se le nota. Halconismo, Salvai a medias y la espada de Patricia. ¿Serán rosas tras las PASO? Mi amigo Horacio y el Plan V 2023. 

Se nota: María Eugenia Vidal pelea como puede por su sobrevida en la política y atraviesa un trance complicado. Después de los cuatro años traumáticos de Mauricio Macri en la presidencia y de su amplia derrota frente a Axel Kicillof, la exgobernadora bonaerense ya no tiene la frescura de aquella chica de Flores que asomó a la campaña como novedad en la provincia de Buenos Aires. 

 

Alineada en el bloque de las palomas que lidera su jefe histórico Horacio Rodríguez Larreta, la precandidata a diputada nacional por Juntos en la Ciudad de Buenos Aires presentó en los últimos días sus propuestas para la cuna del macrismo y mostró que no tiene inconveniente en adaptarse a las necesidades para asumir como propias las consignas de la derecha más dura. Tampoco, en dejar a un lado el rencor con Macri y sumarlo a las recorridas de campaña, algo que el expresidente tenía prohibido cuando Vidal gobernaba la provincia. 

 

Todo está estudiado por los comandos del PRO, que miden de forma permanente el humor social con infinidad de encuestadoras. El trámite que representó para el ala moderada de Juntos correr a la tropa dura de la mesa de decisiones redundó en el riesgo de fuga de votos hacia la opción de Javier Milei. Eso explica el tono indignado de Vidal, el miércoles último, cuando advirtió: "Se metieron en nuestras casas, en nuestras vidas, con nuestras familias, con nuestros hijos. Decidieron si podíamos ir a trabajar, si podíamos ir a la escuela, si podíamos hacernos los chequeos médicos. Es momento de que digamos basta (…). Ya no nos van a llevar puestos”. Más importante, la declaración de que tiene puntos de coincidencia con el economista ultraliberal, una confesión que no debe haber caído bien en las alturas vaticanas en las que Vidal gustaba encontrar consuelo.

 

En el entorno de la candidata, sostienen que no existe viraje alguno y que la participación de Macri y Patricia Bullrich en la campaña porteña estaba prevista desde el minuto uno. Si el expresidente no lo hizo antes, juran, era porque estaba en su faceta de turista europeo y el gobierno nacional lo había dejado varado. De la ex ministra, incluso anuncian un spot con apoyo a Vidal para los próximos días.

 

En las charlas privadas con el establishment, la exgobernadora sorprende cuando dice que ahora hay más espacio para girar a la derecha y se respira un clima opuesto al que vivió en sus días de gobierno, cuando hablar de una reforma laboral podía desatar un huracán de críticas. El fracaso del macrismo y el gobierno de los Fernández, en esa hipótesis, explican la derechización creciente del debate político.

 

Cambio de entorno

Por más de una razón, la candidata ingresó incomoda a la campaña de la Ciudad que marcó su retorno a la política. No solo cruzó la General Paz, de regreso a su pasado, sino que cambió de entorno. Primero, no pudo contar con Federico Salvai, su mano derecha y exjefe de Gabinete bonaerense. María Eugenia le ofreció ser su jefe de campaña, pero el esposo de Carolina Stanley declinó el ofrecimiento: está concentrado en asuntos empresariales de su familia y no quiere volver a ocupar un puesto en política, por lo menos por ahora.

 

Así fue que Vidal debió adaptarse al diseño electoral que surge de la sede de Uspallata, el cuartel general de Larreta para el AMBA. Como jefe de campaña, oficia Fernando Straface, alguien con quien Vidal no había trabajado nunca y con quien no le resulta tan sencillo entenderse.

 

La exgobernadora tampoco cuenta con los oficios múltiples que ensayaba Jaime Durán Barba, el asesor estrella al que visitaba en su casa y que llegó a subirse al escenario la noche del triunfo de 2017 en la provincia de Buenos Aires. El ecuatoriano no sólo encargaba encuestas, sino que tallaba en la estrategia de campaña. Sin un reemplazante para él, Vidal también cedió a Larreta el manejo de las mediciones permanentes que encarga otro de sus hombres, el secretario de Comunicación, Contenidos y Participación Ciudadana, Federico Di Benedetto

 

De todas maneras, Vidal tiene a Salvai on line en forma cotidiana y está rodeada por dos de sus exministros, Gustavo Ferrari y Cristian Ritondo. A ellos se suma el oficio de dos históricos consultores que trabajan en comunicación: Hernán Stella y Néstor Landoni, que se incorporó al operativo a pedido de Larreta. Y también aparece Emmanuel Ferrario, el exsecretario de Asuntos Estratégicos bonaerense, que era número 2 de Salvai y será primer candidato a legislador porteño en la Ciudad. Sin Santilli como vicejefe, hasta 2023 Ferrario será vicepresidente primero de la Legislatura y quedará primero en la línea de sucesión. Si Larreta viaja, quedará a cargo del gobierno.

 

Aguantar

A Vidal se lo dicen sus colaboradores de mayor confianza, entre ellos Salvai: este es el peor momento. El camino hacia las PASO, con una oposición que dirime liderazgos y entra en un pase de facturas interno, le pega directo en la cara. La noche del 12 de septiembre, si lo que marcan las encuestas se cumple, la candidata comenzará otro camino, bastante más amable y con el respaldo de todo el bloque antikirchnerista. Hasta entonces, a Vidal le sirve recibir críticas del Frente de Todos, pero la complican los dardos que provienen de Milei o la propia Bullrich, esa socia incómoda del PRO con la que hizo algunas apariciones conjuntas en televisión.

 

La discusión con el exministro de Economía de Fernando De la Rúa estaba contemplada en el esquema que craneraron las usinas de Larreta. Los misiles del economista ultraliberal y las declaraciones de la jefa de los halcones del PRO, en cambio, impactan en el intento de Vidal de reinsertarse en política de este lado de la General Paz. Bullrich afirmó el jueves último en TN que, si hubiera sido candidata en la Ciudad, hubiera conseguido más votos que la exgobernadora. El puente entre Salvai y el bullrichista Juan Pablo Arenaza ayuda a disipar tensiones, pero no puede impedir que la exministra siga siendo quién es.

 

Bastante peor, Vidal es blanco de la furia del macrismo rabioso cada vez que comparte un mensaje en las redes sociales. En menor medida, les pasa también a Larreta y a Santilli. Los colaboradores de la exgobernadora afirman, a grabador apagado, que se trata de una campaña de trolls de entre 10 mil y 15 mil cuentas digitadas en su contra. De todas maneras, el enojo de las segundas líneas del macrismo duro con la candidata activó una respuesta por parte del vidalismo: reuniones periódicas con grupos de entre 20 y 30 militantes del PRO que se identifican con Macri y tienen críticas hacia Vidal. Ya hubo unos cinco encuentros con la misma dinámica. La exgobernadora escucha los cuestionamientos -muchos aluden a su vieja alianza con Sergio Massa en la provincia- y después responde.  

 

Es una situación imprevista para alguien que nunca había tenido competencia interna y fue mencionada durante todo 2019 como el Plan V para reemplazar a Macri en las presidenciales. Sin embargo, en el entorno de la exgobernadora repiten que la pirueta de su retorno a la Ciudad después de haberse declarado orgullosamente bonaerense no genera rechazo en el electorado porteño según los focus group y solo indigna al Círculo Rojo. Habrá que verlo. Aun con el costo que representa, Salvai dice estar convencido de que lo peor hubiera sido que María Eugenia no compitiera en este turno electoral. Después, asegura, le hubiera costado mucho más el regreso. Ucronías.

 

Segunda vuelta

En el equipo de Larreta, comparan la primaria entre Vidal y López Murphy con la que protagonizaron en 2015 el actual jefe de Gobierno porteño y su rival de entonces, Gabriela Michetti. En esa oportunidad, Larreta se impuso por nueve puntos -28 a 29- y entre los dos obtuvieron el 47% de los votos. El objetivo ahora es algo más modesto: superar el 40% y llegar en lo posible al 45% en la cuenta final en la que queda de lado el voto en blanco. Después, vendrá la campaña en la que Vidal espera sentirse más a gusto, con el kirchnerismo porteño como rival principal, la polarización en ascenso y la artillería mediática de Milei más desgastada. 

 

Una vez electa diputada nacional, la exgobernadora no tiene pensado recluirse en la ciudad de Buenos Aires, sino que se imagina recorriendo el país camino a 2023 y aliada con Larreta. El vidalismo residual aún sueña con un proyecto presidencial de María Eugenia en el caso hipotético de que algo imprevisto frenara el ritmo de Larreta hacia la Casa Rosada, pero el proyecto es el mismo y las consignas también: las palomas repiten que hay que ir a un gran acuerdo político y ya ensayan ejercicios para resucitar al peronismo del medio que Macri se llevó puesto. Esta vez, insisten, no será para que convalide lo ya escrito por el PRO, sino para cogobernar la Argentina.