24|10|2021

Genealogía del caos del gobierno opositor

31 de agosto de 2021

31 de agosto de 2021

Cumpleaños en off-side, debate "formidable", aburrimiento suizo y "garche peronista": curiosa apelación al voto de confianza. El goce de dispararse en el pie.

Muchas de las gaffes de Alberto Fernández son atribuidas en su entorno a la tendencia del Presidente a cortarse solo, a hablar mucho y con casi todos y a no apegarse a ningún guion de comunicación elaborado en base a criterios profesionales. El asunto se hace más complejo cuando la raqueta le entra tarde a la pelota y esta termina del otro lado de la medianera en plena campaña. Más todavía, cuando a los excesos discursivos del jefe de Estado se suman los de otros, miembros prominentes de la administración o de las listas del Frente de Todos. El problema, que tiene su genealogía, es propio de un gobierno que parece su propia oposición. Para peor, en estos días clave, amenaza con dejar en el electorado una sensación de cierta liviandad por parte de quienes se vuelven a ofrecer para conducir en una coyuntura que oscila entre el drama de la economía y la tragedia de una pandemia que dejó a decenas de familias sufriendo cada noche el puñal del lugar vacío en la mesa.

 

A días nomás de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), la lista de los errores no forzados se hace cada vez más larga.

 

Por no ir más atrás, viene a la memoria primero la saga del Cumple-gate, esto es la celebración del cumpleaños 39 de Fabiola Yáñez en plena cuarentena dura, algo que contravino los decretos y la palabra del propio Presidente, así como sus desmentidas iniciales. Sus explicaciones posteriores, cuando –foto mediante– el asunto ya era indisimulable, también dejaron el regusto amargo de la mala mezcla de disculpas y reproches.

 

Sobre llovido, mojado. Ni bien el ministro de Educación, Nicolás Trotta, hubo criticado el modo en que una docente de Ciudad Evita "condujo" un debate político en clase, filmado por un alumno y que disparó exageradas denuncias de "adoctrinamiento" en las escuelas públicas, el Presidente concurrió a Radio 10 y desautorizó implícitamente al funcionario, al defender a aquella y calificar lo ocurrido como "formidable".

 

A propósito, Trotta, negado ya solo una vez menos que Jesús, parece tener una paciencia infinita con su jefe.

 

La oposición, sin que le quepa a eso reproche alguno, explota los tiros que el gobierno metralleta se da en el pie. Porque, al final, no todo pasa por la lengua de Fernández, aunque acaso sea, por reiteración y por filo, la más dañina –ni olvido ni perdón para la fábula albertista de los barcos, los indios y la selva–.

 

Dispuesta, en saludable plan de campaña, a dar la pelea en territorio comanche, la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, le dio el domingo una entrevista a radio Mitre en la que se prestó a una larga charla sobre su área de incumbencia. Lo hizo en su tono mesurado conocido, pero, ante la insistencia de los conductores acerca de que la única solución para evitar el delito era "irse a vivir a Suiza", la funcionaria soltó: "No, Suiza es más tranquilo, pero también más aburrido".

 

Fue una humorada que claramente se sacó de contexto. La referencia no buscó minimizar la inseguridad o vincularla con un divertimento, sino salir del paso ante periodistas que solo veían una salida en Ezeiza. Sin embargo, la selva es lo que es y hasta el embajador del país europeo se subió a la cuestión para promocionar el turismo en su país.

 

Frederic podría haber pensado en la inconveniencia de mezclar un tema pesado como el de la seguridad con un chiste, pero la metralla provino, más que de su frase, del contexto que le puso el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, quien, entre otras cosas, le atribuyó "falta de comprensión y empatía con los bonaerenses". "Tengo muchísimas diferencias con el Presidente", añadió. No algunas, no muchas: muchísimas. Todo muy "oportuno" cuando se está por votar y ese territorio guarda la llave principal del futuro de Todos. Siempre se dice que Berni es un francotirador que habla por sí mismo, pero la pregunta que jamás se responde es por qué sus referencias políticas no le dicen que se calle. Acaso no haga falta.

 

Por si todavía faltaba algo, llegó la intervención de Victoria Tolosa Paz, cabeza de la lista bonaerense para la Cámara de Diputados, en una entrevista dirigida al electorado joven. "Están desesperados, hartos de los aforos; los pibes quieren bailar (…). En el peronismo siempre se garchó, es así. Nosotros vinimos para hacer posible la felicidad de un pueblo y la grandeza de una patria y no hay felicidad de un pueblo sin garchar. Perdón, nosotros somos así", soltó.

 

Todos, incluso los jóvenes a los que se dirigió, somos gente grande y escandalizarse por el término es hipocresía. Además, como contó Letra P, la idea, lejos de apartarse de los lineamientos del Frente de Todos, se apegó a la consigna de #LaVidaQueQueremos que, en medio de tantas estrecheces, se intenta vender en las piezas de campaña. Sí, en cambio, es pertinente preguntarse qué provoca la frase, en medio de tanta frustración, en quienes escuchan, jóvenes que, acaso, no solo quieren divertirse y otros segmentos más solemnes o preocupados. Mala praxis en materia de discurso segmentado: este vale en tanto solo lo escuche o lo lea el público objetivo. Por otra parte, lo dicho es un tanto raro… la derecha conservadora es de engendrar muchos hijos –aunque dentro de la familia… ¿será eso "garche"?– y la izquierda tiene una mala fama abusiva al respecto, según surge de las métricas de Tinder en Puan. Como sea, no aclares, que oscurece.

 

A Cristina Kirchner le sube la temperatura. Tal vez siguiendo por fin su imperativo consejo de poner orden, Fernández salió este martes a alinear a la tropa. ¿Lo logrará? La limitación es triple: el clima social está enrarecido, falta muy poco para que se abran las urnas y las metidas de pata parecen, a esta altura, una marca registrada en la comunicación de un gobierno en el que ni su cabeza ni quienes responden a ella terminan de ajustarse al momento de crisis grave y cronificada.

 

Parecerse a los estereotipos que los rivales hacen de uno es un pecado grande en política. Así, predicar el "digo, pero no hago"; validar las denuncias interesadas sobre adoctrinamientos y autoritarismos frente a un sector de la opinión pública que –una vez sí, una vez no– se muestra sensible a ello; hacer chistes mientras se habla de inseguridad y, todavía más, poner el dedo sobre eso, así como terminar hablando del "garche peronista" después de todo lo que se dijo en la previa del Cumple-gate no parecen ideas iluminadas. Claro, esa voz no es una sino múltiple y está formada por la del Presidente, funcionarios sin rol electoral, candidatos y hasta fans del fuego amigo. Para quien observa y vota, sin embargo, todas ellas son "la voz" oficial y la composición general resulta algo caótica.

 

Ya sea por la herencia maldita, la pandemia paralizante o los errores propios –o todo ello junto–, el Gobierno no tiene mucho para mostrar y termina atado al pedido de un "voto de confianza" para mantener el bote a flote en las próximas elecciones. El problema es que lo hace de un modo curioso, como si gozara en el dolor.