12|10|2021

Todos, el sprint final: la nafta justa, economía y un pleno a noviembre

02 de septiembre de 2021

02 de septiembre de 2021

El oficialismo espera un triunfo apretado el 12S. Confía en crecer en las generales en base a un rebote que alivie los bolsillos. Ahora, Ganancias. AF cambia.

Ganar por un voto es ganar. Lo dicen las principales figuras del Frente de Todos (FdT) en la recta final de la campaña, cuando faltan menos de dos semanas para las primarias y el oficialismo busca recuperarse de los tropezones que armaron un escenario más complejo que el que la Casa Rosada había imaginado para la previa electoral.

 

“A septiembre llegamos con la reserva. A noviembre, con medio tanque. Pero vamos a ganar”, dice un referente importante del FdT que mira encuestas de todos los distritos del país de manera obsesiva y vaticina una mejora en el ánimo del electorado para las elecciones generales respecto de septiembre. Será "una embestida" que llegará de la mano de la recuperación económica.   

 

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, lo puso en palabras, de manera explícita. “En elecciones se gana por un voto”, dijo esta semana, en diálogo con Infobae. Resumió, así, el espíritu que tiñe al FdT, desinflado por los errores propios y por la demora en la recuperación económica, que empezó a verse en números ya casi a las puertas de la elección.

 

Las proyecciones de la Casa Rosada habían sido otras a principios de año, cuando creía que la segunda ola de coronavirus no sería tan dura ni tan extensa y que la economía empezaría a moverse mucho antes, a mitad de año. “La extensión de la segunda ola nos complicó mucho”, admite una voz autorizada del oficialismo.

 

El contexto, sin embargo, ayuda. Y la oposición, también. Los números de la elección no serán los de 2019, pero el peronismo tiene otras varas para mostrar. La primera es que la pandemia arrasó con todos los oficialismos del mundo e hizo perder, incluso, a los menos pensados. El ejemplo de Donald Trump, en las elecciones de Estados Unidos, es el más rimbombante. La suerte del resto de los gobiernos de América Latina no es mucho mejor. Basta con mirar lo que sucede en Brasil, Colombia, Chile o Perú.

 

La segunda vara es doméstica e indica que el peronismo, estando a cargo de Balcarce 50, no gana una elección legislativa en la provincia de Buenos Aires desde 2005, cuando Cristina Fernández de Kirchner derrotó como candidata a senadora a Hilda “Chiche” Duhalde y se terminó de consolidar el divorcio entre el kirchnerismo y el padrino de Néstor Kirchner, el expresidente Eduardo Duhalde. En 2009 y 2013 cosechó derrotas siendo oficialismo. En 2017, desde la oposición.

 

El FdT cree que esta vez romperá al maleficio, a pesar de las dificultades. El “recuerdo fresco” del macrismo también colabora. Aunque ya casi no quedan voces en el oficialismo que no expresen su descontento con la gestión de Alberto Fernández, entre propios y asociados, persiste la convicción de que lo que hay del otro lado “es mucho peor” y que el Gobierno tiene todo para mejorar, si el Presidente se decide a “ordenar lo que tenga que ordenar”, en palabras de Cristina.  

 

Para retomar la centralidad, después de varios errores no forzados, y ponerse al frente de la campaña, Fernández convocó el martes a un acto con gobernadores, candidatos y candidatas del FdT de todo el país, que él encabezó, como único orador, desde Tecnópolis. Fue un acto diseñado para darle centralidad al mensaje de futuro y la recuperación económica. Pero, aunque el equipo de comunicación le había preparado un discurso, el Presidente decidió improvisar frases como “no voy a traicionar a Cristina, a Máximo (Kirchner) ni a (Sergio) Massa”, que terminaron en la tapa de Clarín.

 

En el centro de campaña instalado en el C Complejo Art Media, donde trabajaron para seleccionar los datos económicos que aparecieron en las pantallas que rodearon el escenario, se agarraron la cabeza. Más tarde, a la mesa chica del FdT llegó la confirmación de que, después de las PASO, el Presidente finalmente implementará los cambios en la comunicación que le reclaman sus socios. La palabra clave será “profesionalización” y requiere de la disciplina del propio Fernández, que dijo hasta el cansancio que descree que las estrategias de comunicación, a las que asocia con el coaching y las recetas duranbarbistas que aplicó Cambiemos.

 

Esta vez es en serio, prometió un dirigente de primera línea de la coalición, que afirma que el mayor desafío que enfrenta ahora el Presidente es administrar “la devaluación de su palabra”. Con la intención de “fortalecerlo”, algunos ministros del Gabinete salieron a instalar la idea de que Fernández va por la reelección en 2023. En otros sectores, la elección del momento para la propuesta pareció “desafortunada”. “La gente está preocupada y con problemas. No es momento para esto. Más adelante va a estar bien que Alberto se suba a la reelección, lo vamos a apoyar todos. Va a estar bien que sea él, que gestionó la pandemia, que sea quien conduzca la reconstrucción”, le dijo a Letra P una dirigente de diálogo fluido con Cristina.   

 

Por lo pronto, el oficialismo se concentra en el armado del cierre de campaña, que programó para el miércoles 8 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, ya que el jueves 9 juega la selección argentina de fútbol frente a Bolivia por las eliminatorias para el Mundial.  

 

Del acto de cierre, que promete ser “novedoso”, y del último tramo de la campaña, hablaron el martes el Presidente y Sergio Massa, que compartieron un almuerzo privado que se extendió hasta las 16.30 en la Casa Rosada. El líder del Frente Renovador no había podido participar del acto de Tecnópolis, donde sí estuvo su esposa, Malena Galmarini, presidenta de AySA. La reunión sirvió para acordar, entre otras cosas, la fecha del anuncio del aumento del mínimo no imponible de Ganancias -que saldrá antes de las PASO-, y los acuerdos que impulsará con la oposición para aprobar la ley agroindustrial y el proyecto de Promoción de Inversiones en la Industria Automotriz.