Ante el vacío del peronismo, el Presidente se prepara para competir consigo mismo. Inflación: pato o gallareta. Las pruebas inmediatas y calientes del Congreso.
El Gobierno reconoce que, además de gestionar, ya trabaja para que Javier Milei triunfe en las eleccionesde 2027. Su política económica muestra, finalmente, que lo que presentaba como contratiempos devenidos de la maldita herencia del peronismo son, a esta altura, diseño y modelo. Sin embargo, el vacío persistente de la oposición impone la pregunta: ¿en 2027 será Milei o Milei?
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Frente a él reina el vacío. Esa es la conclusión que se desprende de la lectura de la serie de notas que realizó Letra P bajo la consigna Discusión 2027.
Desde que Cristina Fernández de Kirchner dejó el poder en 2015, ni Mauricio Macri ni Alberto Fernández lograron ser reelectos. En ambos casos, la razón fue el descalabro de las variables económicas, con el tándem del dólar y la inflación a la cabeza. ¿Serán esas las claves del partido que ya se juega y que terminará, probablemente en los penales de un ballottage, en octubre-noviembre del 27?
Es la economía, Javier Milei
Puede intuirse que si el extremista de derecha que gobierna el país lograra superar el fantasma del tercer año y llegar a esa instancia con la macro domada, la inflación en un dígito, el billete verde bajo control y una expectativa defendible de crecimiento, el premio le quedaría al alcance de la mano. De hecho, desde su mera designación en 2023 quedó claro que una mayoría de la sociedad desesperada de este tiempo estaría dispuesta a tolerar más dolores y abusos que los esperables si alguien, quien sea, le asegurara, al menos, una austera paz en el día a día.
Para eso, el ministro de Economía trata de congeniar la expectativa del mercado y la insistencia ya ofuscada del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la acumulación de reservas y su necesidad de seguir usando el tipo de cambio como un ancla para los precios, cada vez menos efectiva, pero una de las pocas posibles junto a la salarial. Esta es la disyuntiva de la hora.
Esto por ahora asegura la mejora de la posición de la autoridad monetaria y reactiva la posibilidad de que el riesgo país se instale en algún momento por debajo de los 500 puntos básicos imprescindibles para que el país pueda regresar al mercado voluntario y refinanciar vencimientos de deuda desafiantes este año y el que viene. Sin embargo, en tanto la moneda estadounidense permanece pisada, eso no resuelve el déficit de cuenta corriente y la principal fragilidad de la mileinomía.
Javier Milei, Donald Trump y el diploma del mejor alumno.
Con la salvedad de los cisnes negros que pueda deparar un contexto internacional desquiciado por Donald Trump, controlar la inflación y algo más podría resultarle suficiente al proyecto Milei 2027; lo contrario, acaso su condena.
En este segundo escenario, el de una estabilización no completada o directamente fallida, el Presidente empezaría a competir consigo mismo y con las secuelas de un modelo alérgico al crecimiento inclusivo, la producción industrial, el consumo y la recuperación de los salarios y las jubilaciones. En otras palabras, ante una falta de cumplimiento de la misión histórica que Milei recibió en 2023 –que no son sus avances autoritarios ni la zoncera de la "batalla cultural"–, comenzaría a pesar el tendal social que deja el modelo tallado a imagen y semejanza del Perú económicamente estable y políticamente inviable.
En tal caso, ¿quién lo enfrentaría? La impenitente y siempre fracasada "avenida del medio" –compuesta por gobernadores opoficialistas derrotados en las legislativas, radicales sin electorado, macristas desaparecidos en acción, peronistas "federales" y "republicanoflexibles"– podría aspirar a encarnar un mileísmo sin Milei. Manaos vs. Coca-Cola.
CFK, Axel Kicillof y el impasse del peronismo
Enfrente, el kirchnerismo sigue en estado vegetativo. Con CFK presa e inhabilitada, niveles de ponderación social insuficientes para encarar 2027 con pureza doctrinaria y con tantos fracasos frescos sobre sus espaldas, el sector no parece rival.
Mientras, el pretendido poskirchnerismo –Axel Kicillof, momentánea némesis del Presidente, para ponerle nombre y apellido– trata de sobrevivir a una gestión compleja en la era del ajuste perpetuo y, colmo total, a una interna fratricida que no cesa. No se escucha, por ahora, ningún estribillo o tarareo de la "nueva canción" prometida, aunque, según dicen en La Plata con lógica atendible, este no es todavía el momento para blanquear esa aventura.
Si el kirchnerismo se hace post y si consigue empujar sus límites ideológicos –o, más bien dogmáticos– para sumar a sectores sociales que esperan, el espantajo del "comunismo kuka" perdería buena parte de su efectividad reciente.
El escollo para el peronismo es que el silencio, el statu quo y la queja testimonial ante los efectos de las políticas oficiales resultan funcionales a disimular su callejón sin salida, cuyas únicas vías de escape son una negociación honesta y desprendida, o, mejor aun, el voto de las bases.
Ese silencio le resulta todavía más funcional a Milei.
Oposición en pausa
Si la oposición está realmente en construcción, si su oferta futura incluirá al electorado centrista y si el puñado de republicanos realmente existentes se toma en serio esa bandera, el cortísimo plazo ofrecerá oportunidades de oro.
Se gane o se pierda esas pujas, serán clave las actitudes que tomen los distintos referentes legislativos ante atropellos como la reforma laboral que promete liquidar el impulso igualitario del país y devolverlo a las inequidades del siglo XIX y la reforma de la inteligencia para erigir un verdadero Estado policial. En esas pujas –y en las posturas que exhiban quienes pasado mañana volverán a pedir el voto– se juegan nada menos que condiciones básicas de vida, principios de convivencia social y apego a la democracia.
Por ahora, prima el vacío y, como dicen las encuestas, "si se votara mañana", sería Milei versus Milei. En otras palabras, un éxito desinflacionario a lo Pirro versus la destrucción de la industria, el atentado alevoso contra los ingresos populares, los servicios deteniendo gente por la calle sin orden judicial y el vasallaje vergonzante a los Estados Unidos.
El vacío, sin embargo, tiene vida breve en política. De quién se ofrezca para ocuparlo dependerán las formas de futuro. La verdadera oposición, por ahora, no se anima a dar el paso al frente.