Inflación: Javier Milei promete, Toto Caputo no dignifica
El ministro de Economía no cumple la promesa presidencial de llevar el IPC a menos de 1%. INDEC, nuevo método y tendencia que preocupa. El mercado duda.
El anuncio del INDEC vino con tres agravantes: la tendencia alcista se repitió en seis de los últimos siete meses, el sensible rubro Alimentos y bebidas superó otra vez el promedio con un incremento de 3,1% y la inflación núcleo –que anticipa tendencia por excluir precios regulados y estacionales– también lo hizo con un 3%.
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El oficialismo festejó que el guarismo de 2025 fue el menor en ocho años, pero hay que señalar que el de diciembre superó levemente el registrado un igual mes de 2024 –2,7%–.
El panorama no es favorable. Desde este mes el organismo estadístico comenzará a medir su índice de precios al consumidor (IPC) –y los indicadores derivados de ella, como la pobreza y la indigencia– en base a la canasta de consumo de 2017-2018 –ya no la de 2004-2005 como hasta ahora–, lo que reflejará mejor el peso de los servicios públicos, ítem otra vez en alza tras la tregua establecida por el Gobierno para el proceso electoral.
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Ese cambio metodológico debería constituir un elemento más de dificultad para Milei, quien acaso se juegue en el cumplimiento de la inflación cero su propia fe en el dogma monetarista. De hecho, los rubros que más aportaron a la inflación del mes pasado fueron Transporte –4%–, Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles –3,4%– y Comunicación –3,3%–.
Un problema económico y político para Javier Milei
El IPC del dos y pico, que sólo bajó fugazmente entre mayo y agosto últimos, constituye un problema político de primer orden, toda vez que la consigna "la plata no me alcanza" salta de nuevo al tope de las principales preocupaciones ciudadanas medidas en las encuestas. En ese sentido, Management & Fit registró en diciembre un salto importante de la inquietud por los aumentos de tarifas y precios en general.
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Para peor, eso es así en el contexto de paritarias pisadas, parte sustancial de un modelo de bajo consumo y crecimiento lento o nulo, que deprime los ingresos tributarios y, en su lógica, eterniza un ajuste que se muerde la cola. Otro problema: esa austeridad toca fibras sensibles, como la reducción a la mitad el año pasado del presupuesto destinado a los bomberos voluntarios, asunto que arde en estos días junto a los bosques de Chubut.
Según la consultora Ad Hoc, entre el jueves 8 y el viernes 9, "ocho delos diez conceptos más relacionados con Milei se refirieron a los incendios, lo que indica una relación directa del tema con su figura". Mala noticia.
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Encima, como se observa en la imagen precedente, se trató de menciones con un sesgo negativo en lugar de exculpatorio para la extrema derecha gobernante. Aparte, hay que advertirlo, en muchos casos con un sesgo judeofóbico inquietante.
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Un fenómeno ciego a los manuales
La persistencia de la inflación, que finalizó 2025 en 31,5% –¡horror: un guarismo kirchnerista!–, ridiculiza el 10,1% previsto en el Presupuesto para este año y complica más un escenario de por sí desafiante para el Presidente en su tercer año de gestión. Sobre todo porque el avance de sus políticas y reformas propuestas, como la decimonónica laboral, enfrentan probables límites en el humor social.
Debería sorprender al Presidente, quien cree que el problema sólo se resuelve ajustando, retirando pesos del mercado y esperando. Sobre todo porque, en su intento de domar el potro –uno pírrico por destruir empleo registrado y pymes industriales, sobre todo–, el ministro de Economía no ahorra artificios que no pueden durar para siempre.
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Uno es la mencionada ancla salarial, un lastre económico y social que en algún momento también será político. Otro es el dólar.
El dólar, la piedra de siempre
El anuncio reciente de una nueva política de acumulación de reservas por parte del Banco Central enfrentó de entrada dudas respecto de su cumplimiento. De hecho, el Gobierno –que tiene la virtud de no fingir el más mínimo interés por la autonomía de la autoridad monetaria– se entregó en el inicio del año a una política abstrusa por la que el BCRA compraba divisas, mientras que el Tesoro las vendía para mantener a raya la cotización y con eso, se suponía, la inflación.
Más recientemente, el concepto se mantiene, aunque con una alquimia financiera diferente. Claro, las arcas de la autoridad monetaria no dan para otra cosa.
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Según un ilustrativo artículo de Ignacio Olivera Doll en Bloomberg, el Central sigue comprando, pero satura el mercado con "ventas récord" de letras dollar-linked –pagaderas en moneda nacional a la cotización vigente a su vencimiento– y con operaciones de dólar futuro.
"Incluso después de relajar el estricto control de Argentina sobre su moneda, el presidente Javier Milei se mantiene firme en su enfoque central: intervenir, administrar y apuntalar el peso con el objetivo de mantener a raya la inflación", analiza la nota. El libre mercado te lo debo.
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Las mencionadas letras suponen, completa el colega, "retornos implícitos de alrededor del 18% anual en dólares". Toto Caputo sigue asumiendo, a cuenta y cargo de la sociedad, costos escandalosos para pagar los alfileres con los que sostiene el modelo.
Así, además de absorber pesos, el jefe del Palacio de Hacienda le pone techo en lo inmediato al tipo de cambio mayorista, pero a riesgo de que un eventual paso de los inversores al billete verde –no insista, Presidente: pesos siempre hay– obligue a volcar al mercado una gran cantidad de pesos.
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Fuente: Rava Bursátil.
El dato de la inflación de diciembre elevará en 2,8% el tope de la cotización del dólar en el inicio de febrero. El potro tiene más bríos que nunca y las expectativas no tienden precisamente a amainar.
A sincerar el debate
La irreductibilidad de la inflación no responde, como dice Milei, a "rezagos de la política monetaria" que, como la realidad lo refuta, no hace más que prolongar en el tiempo. De modo heterodoxo, hay que sincerar el debate y hablar de multicausalidad y de inercia.
Dicha inercia se alimenta del comportamiento de agentes económicos largamente acostumbrados a la remarcación precoz y a mirar las tensiones cambiarias.
También de la propia política oficial de indexar las tarifas de servicios públicos y de permitir que otros precios –combustibles, prepagas, Internet y cable– también sigan –y a veces superen– al IPC. Raro: Milei, el Capitán Ancap, deplora la regulación estatal, pero al mismo tiempo admira a Donald Trump, quien en estos días presiona a los bancos privados de Estados Unidos para que limiten las tasas de interés que aplican a las tarjetas de crédito.
Asimismo, sólo la era de hielo del consumo y el empleo contiene una puja distributiva latente, toda vez que los argentinos no deberían tener ganas de adaptarse a un empobrecimiento planificado.
Por último, la inercia también acecha en la voluntad de las empresas formadoras de precios de recomponer márgenes de ganancia afectados por la caída del consumo.
Dicho eso, queda claro que la solución real del problema, más allá de mejoras temporarias, debería involucrar un amplio acuerdo en el que los diferentes sectores de la producción y del poder territorial presenten sus necesidades y realicen concesiones en beneficio de la sociedad en general. ¿Una utopía, sobre todo bajo este gobierno? Tal vez el drama argentino pasee por el hecho de que debe hacer lo imposible para salir adelante
Futuro imperfecto
El contexto y el esperado cambio de metodología del INDEC –cuya nueva canasta igualmente nace vieja, aunque al menos no precámbrica como la que se abandona– obligan a los analistas a rehacer sus cuentas.
Analytica, una consultora de referencia, registró en la primera semana del mes "una variación de 0,6% de los precios de alimentos y bebidas de Gran Buenos Aires. De esta forma, el promedio de cuatro semanas es de 2,7%", dijo.
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"Para el nivel general de precios proyectamos una suba mensual del 2,4% en enero", siguió.
Por su parte, LCG señaló: "Seguimos pensando que es difícil que el nivel de inflación converja rápidamente a tasas por debajo del 1% en el corto plazo. La inercia sigue siendo relevante y un mayor dinamismo podría alentar pujas distributivas ausentes hasta el momento (…). Por otro lado, volverán a impactar los ajustes de las tarifas de servicios públicos, frenados en los meses previos a las elecciones y una nueva cuota de desarme de subsidios prevista en el presupuesto 2026".
El potro sigue galopando, sólo que en una dirección opuesta a la prevista por Milei como punto de llegada de mitad de año.
La edición de diciembre del Relevamiento de expectativas de mercado (REM) –la encuesta mensual que realiza al Banco Central entre consultoras de referencia– avizoraba un sendero decreciente de la inflación, que en junio debía llegar a 1,6%… lejos del "cero coma…" anunciado por Milei.
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Aun así, ese camino preveía para diciembre un IPC de 2,3% –fue 2,8%– y para este mes, 2%, lo que no se verifica.