22|10|2021

Vidal, sueño de presidenta con escala porteña o regreso sin gloria

10 de septiembre de 2021

10 de septiembre de 2021

La exgobernadora se juega a todo o nada. Resistió a Macri, se mudó, le pasaron facturas, mutó a modo halcón y es soldada de Larreta con opción al premio mayor.

María Eugenia Vidal escanea los discursos. Los lee y los memoriza al mismo tiempo. El enamoramiento de algunas personas de su entorno es evidente. Así la ven y la definen quienes la sienten líder y el miércoles pasado renovaron la ilusión con su puesta en escena en el cierre porteño de campaña de Juntos por el Cambio (JxC) en La Rural. Recién esa tarde se la sintió con el tono y las palabras que mejor la representan.

 

A la exgobernadora no le cantaron como a Diego Santilli el jingle peronista "vamos a volver". Sin embargo, en su entorno percibieron que ahora sí está de regreso en la arena de batalla. Las urnas dirán si ese romance traspasa la burbuja que impuso la pandemia o marcarán cuánto perdió de la Leona que fue. "Me voy a juntar votos", le dijo a su tropa al terminar el acto de la Rural, que coincidió con el día de su cumpleaños. La frase, aseguran, la repitió el último mes, cuando iba de un lado a otro. Las últimas dos semanas fueron las más intensas: tuvo tres o cuatro entrevistas y entre tres y cinco actividades por día.

 

No compartió la agenda completa de campaña y, en general, difundió la información a los medios después de que tuvieran lugar las distintas reuniones. Nadie termina de dar las razones, pero una explicación posible es común al universo político actual: la mayoría de los precandidatos y las precandidatas prefirió el contacto directo y controlar eventuales daños evitando la presencia de curiosos o periodistas. Algo así como una campaña limpia en términos mediáticos, con los segundos afuera del ring.

 

La otra explicación probablemente haya sido el camino que recorrió la precandidata. Arrancó, incómoda, dando explicaciones por su vuelta a la Ciudad. Muchos la notaron "culposa". Sin embargo, lo que más tuvo que probar no fue su mudanza sino el silencio que guardó durante más de un año. La justifican: ella quería reaparecer en diciembre, después de 12 meses de tregua con el gobernador que la derrotó en las urnas. Su reaparición estaba pautada con el lanzamiento de su libro, pero hubo un retraso editorial al que se le sumó su viaje como veedora de la OEA. Cuando volvió, tuvo que ceder el protagonismo a su mentor, Mauricio Macri, que también presentaba un libro.

 

Una anécdota pinta lo que le costó la salida del silencio. Una tarde llegó a un encuentro con jóvenes. Nadie la aplaudió. "Díganme lo que tengan que decirme", pidió. "¿Dónde estuviste? ¿Por qué te borraste", le reprocharon. En lugar de una hora, se quedó casi dos. La pregunta se repitió muchas veces en el primer tramo de campaña. A todo el mundo le explicaba que no se mostraba en los medios, pero estaba.

 

El plan de Vidal era retomar su proyecto para ser precandidata presidencial en 2023, con las explicaciones de su gestión bonaerense y de su derrota a través de "Mi Vida". Hay quienes consideran que, en cambio, podría hacer el camino que recorrió Macri y que Horacio Rodríguez Larreta está intentando que haga: buscar la Casa Rosada con escala previa en la Ciudad. Esa posibilidad choca con el aliado Martín Lousteau, que impuso al número dos de la lista, el economista Martín Tetaz, y abriga ambiciones similares.

 

Vidal, como quienes la acompañaron en su gabinete, prefiere no volver a la provincia que gobernó y de la que la sacó Axel Kicillof con un triunfo contundente. Hay dos excepciones: su exsecretario general Fabián Perechodnik, que debuta como precandidato a diputado provincial de la mano del intendente platense, Julio Garro, y su exministro de Gobierno Joaquín de la Torre, que enfrenta a Santilli acompañando a Facundo Manes. A Perechodnik lo persigue su pasado de consultor y en campaña todavía le piden pronósticos y análisis de encuestador.

 

Con su libro, la exgobernadora blanqueó sus intenciones. También, apuntó a reforzar el perfil de estadista y a tomar distancia del fracaso económico de Cambiemos. De puño y letra escribió la promesa de definir con un café quién iría por 2023, si ella o Rodríguez Larreta. La lealtad mutua quedó plasmada en la campaña, que tuvo como centro la sede de gobierno de la calle Uspallata. El primer paso fue resistir la presión del expresidente Macri, que insistió en que ella debía presentarse en Buenos Aires. El momento cumbre será este domingo, cuando el enroque con Santilli ponga a prueba en las urnas el plan canje de Rodríguez Larreta, que se juega a todo o nada sobre las espaldas de sus alter egos

 

En las urnas y después en la Cámara baja, Vidal tendrá que revalidar títulos. El triunfo cómodo que esperaba puede aguarse con el aleteo halcón de Ricardo López Murphy, que vuela por derecha. El voto duro frustrado tiene, además, opciones outsiders que le pelean votos entre los desencantados y le roban más a ella que al Frente de Todos.

 

A ese electorado exaltado, Vidal le habló alzando el tono de voz cuando pasó de culposa a enojada, lo que la mostró sobreactuada. El miércoles, en cambio, se la vio firme pero no agresiva y más cuidada estética y gestualmente. Para su equipo, recuperó el rol de "guardiana" que "le pone el pecho" a la pelea con el kirchnerismo.

 

El problema de Vidal es que pesan sobre ella altas expectativas, un riesgo en elecciones legislativas donde hay mayor dispersión de votos. Recuerdan quienes tienen buena memoria que, en las primarias de 2015, Larreta se impuso por 28,43% de los votos sobre Gabriela Michetti, que logró 18,93%. La suma da 47,3%. Si Vidal supera aquellos 28 puntos, sentirá que ganó. El temor es que el 14 de noviembre se escurran votos de López Murphy hacia Javier Milei.

 

Camino a 2023, compite con Patricia Bullrich, que el miércoles llegó tarde al acto de cierre porteño, lo que demoró el inicio. Ambas serán figuras importantes en Juntos por el Cambio. Salvo Elisa Carrió, por ahora no hay mujeres que las emparden.

 

Con una banca en el Congreso, Vidal aspira a posicionarse a futuro. Viajará por todo el país como lo hicieron Bullrich y Lousteau y como lo harán Macri y Rodríguez Larreta. Promete salir de la burbuja y, camino a las generales de noviembre, aceptaría el desafío que lanzó Cristina Fernández de Kirchner y daría entrevistas a los medios donde podrían incomodarla.