10|8|2022

Campaña enlatada: la burbuja de la comunicación hipercontrolada

11 de agosto de 2021

11 de agosto de 2021

La pandemia y el afán por cuidar a las estrellas electorales genera una realidad paralela. Caravanas y barro vs. filtros y redes sociales, un choque de épocas.

Mil novecientos noventa y cinco fue el año de la reelección de Carlos Menem. Por el radicalismo lo enfrentó Horacio Massaccesi, entonces gobernador de Río Negro e impulsor de la reforma constitucional del '94. Para diferenciarse, el retador hizo campaña recorriendo algunas provincias en tren, con la promesa de reabrir ramales cerrados en el ajuste y la privatización menemistas. El primer viaje fue el trayecto más largo: en casi cuatro días, unió Bariloche con Constitución. Los actos de campaña pueblo por pueblo y el deterioro de las vías obligaron a un paso lento. Fue la primera elección presidencial que cubrí, una aventura para una cronista de 25 años.

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En Viedma hubo que dejar el convoy y hacer trasbordo a un micro para llegar a Bahía Blanca, a 70 kilómetros de distancia. Solo por eso dormimos en un hotel. En Ingeniero Jacobacci, en la fría Línea Sur, nos habíamos bañado en las duchas de una escuela hogar. El agua no alcanzaba a escurrir y se acumulaba y se enfriaba debajo de nuestros pies.

 

Entre la decena de periodistas de diarios, radios y revistas, había quienes habían cubierto la primera campaña de Menem y quienes lo siguieron después de que el riojano se afeitara las patillas. Cuatro años más tarde, nos montamos en la camioneta de Eduardo Duhalde en sus caravanas por el conurbano y en el micro triunfante de Fernando de la Rúa y Chacho Alvarez. Eran tiempos sin internet ni redes sociales, con notas dictadas por teléfono o transmitidas por fax desde algún locutorio o alguna oficina improvisada.

 

En aquel debut del rionegrino hubo charlas on y off the record sobre el vagón asignado a la prensa. En el primer encuentro, Massaccesi me señaló y me dijo: "Vos no podés preguntar". Estaba molesto porque en el diario La Prensa había escrito que, como gobernador, hacía cuatro meses que no pagaba los sueldos. En su entorno creían que lo mío era manifiesta enemistad. Nacida en Río Negro y en ese momento todavía empadronada allí, no solo conocía la realidad sino que me sentía obligada a transmitirla. De todos modos, pude preguntar y cubrí la campaña, entrevisté a los padres del candidato y hasta fui testigo de algún viaje frustrado.

 

En Río Cuarto, por ejemplo, Massaccesi se bajó a último momento y tuve que hacer sola una caravana con Ramón Mestre, candidato a gobernador en Córdoba. Sin agenda, los periodistas no nos enteraríamos de una cancelación.

 

Campañas de diseño

Con el cambio de siglo las computadoras no colapsaron, pero cambió la comunicación política. Y en 2021, la pandemia que aisló a gobernantes y gobernados, aumenta la distancia y blinda en un mundo ideal, casi sin periodistas, a una parte de la política. En las redes sociales se construye una verdad paralela y, así como Cristina Fernández de Kirchner se encerró en sus patios militantes con la sensación de que no había inseguridad ni inflación, en estas elecciones, covid-19 mediante, la campaña corre el riesgo de alejar aún más al periodismo de lo que podría parecerse a la verdad. Y a las principales figuras de la contienda, de "la gente".

 

En la provincia de Buenos Aires, solo dos precandidatos anticipan su agenda al periodismo para facilitar la cobertura de sus actividades. Son Diego Santilli  y Facundo Manes. El primero recorre el conurbano durante los días hábiles y se traslada al interior los fines de semana. El neurólogo, en cambio, solo tiene un patrón: arranca su faena electoral cerca del mediodía y solo para los domingos. En los equipos de ambos envían por mail y por WhatsApp sus itinerarios con una noche de antelación, aunque no estimulan la participación periodística en el lugar. Es más seguro y más fácil enviar el material elegido y seleccionado a los medios. El saber popular ya lo ha dicho: nadie es tan feo como se ve en la fotografía del DNI ni tan lindo como en Instagram o en Facebook. Por eso, todos queremos vernos como en Instagram o Facebook, no hay dudas. Lo sufre la vicepresidenta, siempre radiante en las fotos que distribuye su equipo y enojada en las que se publican en las notas que la critican.

 

Las dos mujeres fuertes de la campaña en el AMBA son quienes toman más recaudos. Atada hasta el 18 de agosto a la agenda de anuncios y actos del Presidente y del gobernador Axel Kicillof y sus gabinetes, Victoria Tolosa Paz no anticipa a dónde va. La primera precandidata a diputada nacional por el Frente de Todos tiene un equipo que comparte las desgrabaciones de sus entrevistas diarias y las fotos de sus recorridas.

 

En la Ciudad, la mudada María Eugenia Vidal prefiere el efecto sorpresa y, así como Mauricio Macri cuando era Presidente, tampoco ella informa con anticipación sus actividades. En su caso, el patrón se repite con cierto aroma a usado: recorrida por comercios, charla con equipos de trabajo (principalmente en los vacunatorios) y actitud de escucha. La propia Vidal anticipó que por ahora tampoco quiere debatir, porque hasta las PASO su prioridad es tener "una actitud de escucha". En la última campaña se viralizó una foto de la por entonces todavía bonaerense caminando sobre un charco, pero una imagen más amplia reveló que a ambos lados había tierra seca. Lo mismo ocurrió con el (falso) paseo en colectivo de Macri, un montaje en un descampado.

 

Tampoco Florencio Randazzo adelanta agenda. Antes de las PASO, tiene previsto ir a 50 distritos en los que se concentra el 90% del padrón bonaerense. Cuando comparte actividad con la segunda precandidata, Carolina Castro, se traslada en la camioneta de la empresaria, aunque se alternan para manejar. En su equipo creen que "la gente no quiere ver políticos en campaña" y que la demanda es una mayor austeridad. Fundamentan, de esa manera, la decisión de no convocar a cámaras ni a periodistas que, dicen, incomodarían o interrumpirían el contacto con "la gente". Después, comparten en las redes las imágenes "limpias" que dejan liberadas para uso de los medios.

 

El método encuentra unánime preferencia, por costo y efectividad, en toda la grilla de postulantes, que por ahora se garantizan el control de las declaraciones y evitan imágenes inconvenientes tomadas por medios o por personas de a pie celular en mano. No hay errores no forzados ni sorpresas. Política estricta de control de daños.