X

Subcomandante Marcos

Controla el relato, la recaudación y Cancillería. Monitorea la obra pública y sumó YPF/Vaca Muerta con Lopetegui. Lo dieron por muerto, pero conduce la Revolución de la Alegría en la selva macrista.
Por 29/12/2018 12:45

Tiene derecho a sentirse victorioso en pleno derrumbe. Fue el gran bocado que quisieron tragarse los mercados en su ofensiva de dos tiempos, abril y agosto, después de forzar una devaluación del 100 por ciento. La cabeza principal que debía rodar para que Mauricio Macri se abriera al acuerdo por el ajuste con un peronismo disecado y abandonara la aventura de avanzar solo, abrazado al Fondo, en el vía crucis por el déficit cero. La licuación de salarios, la toma de ganancias para los especuladores y el ajuste vinieron, pero Marcos Peña nunca se fue y hoy, más que nunca, lidera la Revolución de la Alegría camuflado en la espesa selva del macrismo imposible: por encima de él -sostenida por él-, sólo aparece la figura del Soberano.

En sus horas aciagas, el Subcomandante apenas eligió resguardarse en público, dosificar al máximo sus apariciones en los medios, rechazar las invitaciones para hablar en nombre del Presidente y designar en su lugar a una cuadrilla de ministros para que hablasen por turnos en nombre del Gobierno. El tiempo que se ahorró en esas apariciones lo volcó a concentrarse en su tarea como mano derecha de Macri. Lo mismo que el recorte en la lista de los periodistas que acceden al off the record en el que suele transmitir su convicción inalterable en el futuro.

 

Ojos de halcón. El tridente está de vuelta.

 

El jefe de Gabinete perdió a Mario Quintana, el más expuesto de sus colaboradores, el que más ambición había demostrado y el que más había chocado -tal vez innecesariamente- con el resto del equipo de funcionarios. Para algunos actores externos, el ex dueño de Farmacity había cometido dos errores que pueden costar caro: entablar un diálogo personal con el Presidente y fracasar. Para otros, ligados al corazón del macrismo, Peña debió resignar a Quintana porque era el más vapuleado entre sus CEOs, pero lo quiere de regreso, en algo más que la contención diaria de Elisa Carrió.

Apenas cuatro meses después de haber quedado en el ojo de la tormenta, con intentos de extirparlo del centro neurálgico del Ejecutivo, Peña acaba de dar una demostración externa de que su sistema sigue funcionando, igual que siempre: el nombramiento de Gustavo Lopetegui, sin antecedente conocido en la materia, como secretario de Energía en reemplazo del pretencioso Javier Iguacel.   

 

 

EL RENACIDO. Con perfil bajo, ganancias considerables en el sector privado y una experiencia previa en la gestión pública, hasta hace algunos meses, Lopetegui se dedicaba a mostrar gráficos que dibujaban una fabulosa curva en ascenso para la obra pública, con el impulso de las famosas PPP. La gran apuesta oficial, el Programa de Participación Público Privada, acaba de caer en el basurero de la historia, víctima del riesgo país.

Peña acaba de dar una demostración externa de que su sistema sigue funcionando: el nombramiento de Gustavo Lopetegui en Energía.

Ahora, el CEO de Lan tendrá una nueva ocupación, con Vaca Muerta como norte principal y el anhelo de exportar gas no sólo en el verano. Lopetegui deberá ocuparse también de una YPF que no hace exploración y cae en su cotización, manejada por Miguel Ángel Gutierrez, el financista amigo de Nicolás Caputo que se enfrentó mucho y mal con Quintana, su socio y alma gemela.

El dueño de las planillas Excell que podían desquiciar a los ministros con sus modos empresarios y sus reuniones de seguimientos quedó devaluado a asesor durante los peores meses de Peña. Pero acaba de renacer de la mano del jefe de Gabinete, en una doble demostración de la lógica que rige al gobierno: Marcos manda con su gente de confianza y no sobran los valientes -ni en la política ni en las empresas- que estén dispuestos a sumarse a la picadora de carne de Cambiemos, en su peor momento. 

PRESIDENTE A CARGO. Los que conocen el corazón del esquema oficial nunca tuvieron dudas de que Peña iba a seguir al lado de Macri, pese a todo. No sólo porque nadie puede reemplazarlo, salvo un Horacio Rodríguez Larreta que está concentrado en la vidriera de la Ciudad. Sobre todo, porque el Presidente no se concibe sin Peña, su verdugo y disco rígido.

El nuevo acuerdo con el Fondo y el respaldo extraordinario de Christine Lagarde le permitieron a Macri preservar a una mano derecha que es más que eso. Como indicio de estos días, en el propio gobierno anotan con sorpresa la atribución de un jefe de Gabinete que organiza reuniones en la residencia presidencial, con Macri de vacaciones.


 

 

La imagen extendida de que el presidente a cargo es Peña terminó inquietando puertas adentro de la Casa Rosada. Por lo menos, es lo que se desprende de la foto que Gabriela Michetti subió a su cuenta de Instagram en las últimas horas junto al ministro coordinador. Fue una manera de confirmar que los dos estaban en el primer piso de Balcarce 50 y la banda y el bastón quedaban, formalmente, en manos de la vicepresidenta.

Peña es lo único que Macri no puede ceder frente a los grupos de poder: su sostén esencial.

En un esquema cerrado, Peña gana atribuciones, pese a la artillería intermitente que recibe por parte del Círculo Rojo. Es lo único que Macri no puede ceder frente a los grupos de poder: su sostén esencial.

PULPO AMARILLO. Peña tiene a cargo la política exterior desde que Susana Malcorra se fue a su casa y fue reemplazada por Jorge Faurie, el canciller que potencia a nivel global el rol de jefe de ceremonial que tenía con Carlos Ruckauf en el tiempo en que la Argentina voló por los aires. Como contó Letra P, Faurie es un subordinado de Fulvio Pompeo, el secretario de Asuntos Estratégicos que asiste a Peña y logró el curioso beneficio de acompañar a Macri a todos lados.

Peña gana influencia, además, en ámbitos insospechados, como el de la tirante relación con la Iglesia de Francisco.

En julio pasado, el jefe de Gabinete designó a uno de sus hombres, Alfredo Abriani, como secretario de Culto en reemplazo del veterano Santiago De Estrada. Abogado y católico, el ex subsecretario del área ya había viajado en enero a Chile en representación del gobierno argentino para saludar al papa del otro lado de la cordillera. Con paciencia y oraciones, el encargado de llevar adelante la relación con la Iglesia avanza en la tarea para limitar los fondos que el Estado entrega a los obispos y, sobre todo, acotar las críticas que el Episcopado designado por Francisco suele lanzar por la pobreza y el rumbo económico que elige Macri, atado al Fondo. El hermano de “Frechu” Abriani, Arturo, también es abogado y revista en el área de la Jefatura de Gabinete como director de Asuntos Jurídicos.

Peña conduce, como quedó demostrado en la última reunión del Presidente con la cúpula del Episcopado, hace diez días en la Casa Rosada. Según pudo saber Letra P, allí el jefe de Gabinete se impuso con sus respuestas ante los cuestionamientos de los obispos, por encima de Abriani y de Carolina Stanley, la cara amable que muestra el Gobierno a la Iglesia en el día a día. 

 

 

La semana última, el Gobierno publicó en el Boletín Oficial el pase a la órbita de la Jefatura de Gabinete del Registro Nacional de Constructores, que dependía del Ministerio de Interior. En la Casa Rosada, niegan que se trate de una tajada que Peña le arrebate a Rogelio Frigerio y remarcan que el registro tiene como única función calificar los antecedentes de las empresas contratistas de obra pública del Estado. No define licitaciones ni adjudicaciones ni tampoco la planificación, administración o ejecución de las obras públicas.

En el Gobierno lo reconocen: Peña y Frigerio no son amigos, pero se acostumbraron a trabajar juntos, el jefe de Gabinete lo consulta en forma habitual y las diferencias que tienen no pasan a mayores, porque los dos tributan a Macri. Las versiones intensas de que Rogelio podía reemplazar a Marcos, en los días de la última corrida de agosto, nunca fueron tomadas en serio por el círculo de acero del Presidente.

 

 

El organigrama de funcionarios está plagado de soldados que reportan a Peña. Desde las encuestas que controla Mora Jozami bajo siete llaves y la pauta publicitaria que el gobierno reparte con el mismo criterio antojadizo que exhibió el kirchnerismo en el poder, aunque con muchas menos críticas por parte de los medios y formadores de opinión beneficiados.

También en la AFIP el jefe de Gabinete ganó influencia con la partida de Alberto Abad, el recaudador que se había iniciado en tiempos de Eduardo Duhalde y continuó después con Néstor Kirchner. Con una relación de más de 20 años, Macri lo convocó en el inicio de su gestión y se fue finalmente en marzo pasado, en medio de rumores de tensión con el hombre clave del Presidente.

 

Zona de confort. Peña conducirá otra vez la campaña: ya hay libreto para la reelección. 

 

CAMPAÑA 2019. El rol de Peña se verá potenciado como nunca en el año que ya empieza, otra vez como jefe de la campaña del oficialismo y en busca de la reelección de Macri. Junto a los insumos que aporta Jaime Durán Barba y con el manual de la polarización, en el oficialismo aseguran que Marcos volverá a lo que mejor sabe hacer. Un rol que nadie le cuestiona, a diferencia de lo que pasa en el día a día de la gestión.

Para los próximos días, se anuncia la reunión postergada con una Elisa Carrió que volvió a refugiarse en el silencio y a mostrarse más dócil, pese a la descarga amarilla de fin de año, a puro tarifazo.

Por arte de Quintana, de su subordinado Fernando Sánchez o del jefe de asesores José Torello, Peña es uno de los pocos que no aparece fulminado en los tuits que escribe la jefa de la Coalición Cívica. La lista de miembros destacados del elenco oficial que fueron incendiados por la ira de Lilita llegó hasta el Presidente, pero no tocó a Marcos, a quien incluso -dicen- Carrió bautizó “El mártir”, porque debe soportar a Macri día y noche.

 

Desdoblar o no desdoblar. La última visita de Peña a La Plata, con Vidal tirando de la cuerda.

 

Contra el cristinismo y contra toda variante del peronismo, el macrismo puro se hace fuerte en tiempos de elecciones. Eso fue lo que pasó en 2015 y 2017, antes de una crisis de dimensiones inéditas que liquidó las expectativas en un futuro mejor de la mano del ingeniero.

Peña no sólo estará al mando de la campaña. Además, tiene la llave para una definición central que todavía falta tomar en la mesa chica del PRO: el adelantamiento de las elecciones en la provincia de Buenos Aires. La iniciativa que surgió de María Eugenia Vidal y su mano derecha, Federico Salvai, tiene el aval de Rodríguez Larreta, Frigerio y Emilio Monzó. Los promotores de la movida dicen que sería una forma de descolocar a los intendentes del peronismo bonaerense y cortar, con un golpe de efecto contundente, un clima de derrotas previsibles en provincias donde gobierna el PJ. Tiene una contraindicación: admitir que Macri es una mochila de plomo en el conurbano y hunde las chances del oficialismo. Eso es lo que lleva a dudar al jefe de Gabinete. Al lado de Vidal, lo reconocen: de Peña y del Presidente depende, también, la jugada más audaz que puede hacer el Gobierno en el año electoral.

Subcomandante Marcos

Controla el relato, la recaudación y Cancillería. Monitorea la obra pública y sumó YPF/Vaca Muerta con Lopetegui. Lo dieron por muerto, pero conduce la Revolución de la Alegría en la selva macrista.

Tiene derecho a sentirse victorioso en pleno derrumbe. Fue el gran bocado que quisieron tragarse los mercados en su ofensiva de dos tiempos, abril y agosto, después de forzar una devaluación del 100 por ciento. La cabeza principal que debía rodar para que Mauricio Macri se abriera al acuerdo por el ajuste con un peronismo disecado y abandonara la aventura de avanzar solo, abrazado al Fondo, en el vía crucis por el déficit cero. La licuación de salarios, la toma de ganancias para los especuladores y el ajuste vinieron, pero Marcos Peña nunca se fue y hoy, más que nunca, lidera la Revolución de la Alegría camuflado en la espesa selva del macrismo imposible: por encima de él -sostenida por él-, sólo aparece la figura del Soberano.

En sus horas aciagas, el Subcomandante apenas eligió resguardarse en público, dosificar al máximo sus apariciones en los medios, rechazar las invitaciones para hablar en nombre del Presidente y designar en su lugar a una cuadrilla de ministros para que hablasen por turnos en nombre del Gobierno. El tiempo que se ahorró en esas apariciones lo volcó a concentrarse en su tarea como mano derecha de Macri. Lo mismo que el recorte en la lista de los periodistas que acceden al off the record en el que suele transmitir su convicción inalterable en el futuro.

 

Ojos de halcón. El tridente está de vuelta.

 

El jefe de Gabinete perdió a Mario Quintana, el más expuesto de sus colaboradores, el que más ambición había demostrado y el que más había chocado -tal vez innecesariamente- con el resto del equipo de funcionarios. Para algunos actores externos, el ex dueño de Farmacity había cometido dos errores que pueden costar caro: entablar un diálogo personal con el Presidente y fracasar. Para otros, ligados al corazón del macrismo, Peña debió resignar a Quintana porque era el más vapuleado entre sus CEOs, pero lo quiere de regreso, en algo más que la contención diaria de Elisa Carrió.

Apenas cuatro meses después de haber quedado en el ojo de la tormenta, con intentos de extirparlo del centro neurálgico del Ejecutivo, Peña acaba de dar una demostración externa de que su sistema sigue funcionando, igual que siempre: el nombramiento de Gustavo Lopetegui, sin antecedente conocido en la materia, como secretario de Energía en reemplazo del pretencioso Javier Iguacel.   

 

 

EL RENACIDO. Con perfil bajo, ganancias considerables en el sector privado y una experiencia previa en la gestión pública, hasta hace algunos meses, Lopetegui se dedicaba a mostrar gráficos que dibujaban una fabulosa curva en ascenso para la obra pública, con el impulso de las famosas PPP. La gran apuesta oficial, el Programa de Participación Público Privada, acaba de caer en el basurero de la historia, víctima del riesgo país.

Peña acaba de dar una demostración externa de que su sistema sigue funcionando: el nombramiento de Gustavo Lopetegui en Energía.

Ahora, el CEO de Lan tendrá una nueva ocupación, con Vaca Muerta como norte principal y el anhelo de exportar gas no sólo en el verano. Lopetegui deberá ocuparse también de una YPF que no hace exploración y cae en su cotización, manejada por Miguel Ángel Gutierrez, el financista amigo de Nicolás Caputo que se enfrentó mucho y mal con Quintana, su socio y alma gemela.

El dueño de las planillas Excell que podían desquiciar a los ministros con sus modos empresarios y sus reuniones de seguimientos quedó devaluado a asesor durante los peores meses de Peña. Pero acaba de renacer de la mano del jefe de Gabinete, en una doble demostración de la lógica que rige al gobierno: Marcos manda con su gente de confianza y no sobran los valientes -ni en la política ni en las empresas- que estén dispuestos a sumarse a la picadora de carne de Cambiemos, en su peor momento. 

PRESIDENTE A CARGO. Los que conocen el corazón del esquema oficial nunca tuvieron dudas de que Peña iba a seguir al lado de Macri, pese a todo. No sólo porque nadie puede reemplazarlo, salvo un Horacio Rodríguez Larreta que está concentrado en la vidriera de la Ciudad. Sobre todo, porque el Presidente no se concibe sin Peña, su verdugo y disco rígido.

El nuevo acuerdo con el Fondo y el respaldo extraordinario de Christine Lagarde le permitieron a Macri preservar a una mano derecha que es más que eso. Como indicio de estos días, en el propio gobierno anotan con sorpresa la atribución de un jefe de Gabinete que organiza reuniones en la residencia presidencial, con Macri de vacaciones.


 

 

La imagen extendida de que el presidente a cargo es Peña terminó inquietando puertas adentro de la Casa Rosada. Por lo menos, es lo que se desprende de la foto que Gabriela Michetti subió a su cuenta de Instagram en las últimas horas junto al ministro coordinador. Fue una manera de confirmar que los dos estaban en el primer piso de Balcarce 50 y la banda y el bastón quedaban, formalmente, en manos de la vicepresidenta.

Peña es lo único que Macri no puede ceder frente a los grupos de poder: su sostén esencial.

En un esquema cerrado, Peña gana atribuciones, pese a la artillería intermitente que recibe por parte del Círculo Rojo. Es lo único que Macri no puede ceder frente a los grupos de poder: su sostén esencial.

PULPO AMARILLO. Peña tiene a cargo la política exterior desde que Susana Malcorra se fue a su casa y fue reemplazada por Jorge Faurie, el canciller que potencia a nivel global el rol de jefe de ceremonial que tenía con Carlos Ruckauf en el tiempo en que la Argentina voló por los aires. Como contó Letra P, Faurie es un subordinado de Fulvio Pompeo, el secretario de Asuntos Estratégicos que asiste a Peña y logró el curioso beneficio de acompañar a Macri a todos lados.

Peña gana influencia, además, en ámbitos insospechados, como el de la tirante relación con la Iglesia de Francisco.

En julio pasado, el jefe de Gabinete designó a uno de sus hombres, Alfredo Abriani, como secretario de Culto en reemplazo del veterano Santiago De Estrada. Abogado y católico, el ex subsecretario del área ya había viajado en enero a Chile en representación del gobierno argentino para saludar al papa del otro lado de la cordillera. Con paciencia y oraciones, el encargado de llevar adelante la relación con la Iglesia avanza en la tarea para limitar los fondos que el Estado entrega a los obispos y, sobre todo, acotar las críticas que el Episcopado designado por Francisco suele lanzar por la pobreza y el rumbo económico que elige Macri, atado al Fondo. El hermano de “Frechu” Abriani, Arturo, también es abogado y revista en el área de la Jefatura de Gabinete como director de Asuntos Jurídicos.

Peña conduce, como quedó demostrado en la última reunión del Presidente con la cúpula del Episcopado, hace diez días en la Casa Rosada. Según pudo saber Letra P, allí el jefe de Gabinete se impuso con sus respuestas ante los cuestionamientos de los obispos, por encima de Abriani y de Carolina Stanley, la cara amable que muestra el Gobierno a la Iglesia en el día a día. 

 

 

La semana última, el Gobierno publicó en el Boletín Oficial el pase a la órbita de la Jefatura de Gabinete del Registro Nacional de Constructores, que dependía del Ministerio de Interior. En la Casa Rosada, niegan que se trate de una tajada que Peña le arrebate a Rogelio Frigerio y remarcan que el registro tiene como única función calificar los antecedentes de las empresas contratistas de obra pública del Estado. No define licitaciones ni adjudicaciones ni tampoco la planificación, administración o ejecución de las obras públicas.

En el Gobierno lo reconocen: Peña y Frigerio no son amigos, pero se acostumbraron a trabajar juntos, el jefe de Gabinete lo consulta en forma habitual y las diferencias que tienen no pasan a mayores, porque los dos tributan a Macri. Las versiones intensas de que Rogelio podía reemplazar a Marcos, en los días de la última corrida de agosto, nunca fueron tomadas en serio por el círculo de acero del Presidente.

 

 

El organigrama de funcionarios está plagado de soldados que reportan a Peña. Desde las encuestas que controla Mora Jozami bajo siete llaves y la pauta publicitaria que el gobierno reparte con el mismo criterio antojadizo que exhibió el kirchnerismo en el poder, aunque con muchas menos críticas por parte de los medios y formadores de opinión beneficiados.

También en la AFIP el jefe de Gabinete ganó influencia con la partida de Alberto Abad, el recaudador que se había iniciado en tiempos de Eduardo Duhalde y continuó después con Néstor Kirchner. Con una relación de más de 20 años, Macri lo convocó en el inicio de su gestión y se fue finalmente en marzo pasado, en medio de rumores de tensión con el hombre clave del Presidente.

 

Zona de confort. Peña conducirá otra vez la campaña: ya hay libreto para la reelección. 

 

CAMPAÑA 2019. El rol de Peña se verá potenciado como nunca en el año que ya empieza, otra vez como jefe de la campaña del oficialismo y en busca de la reelección de Macri. Junto a los insumos que aporta Jaime Durán Barba y con el manual de la polarización, en el oficialismo aseguran que Marcos volverá a lo que mejor sabe hacer. Un rol que nadie le cuestiona, a diferencia de lo que pasa en el día a día de la gestión.

Para los próximos días, se anuncia la reunión postergada con una Elisa Carrió que volvió a refugiarse en el silencio y a mostrarse más dócil, pese a la descarga amarilla de fin de año, a puro tarifazo.

Por arte de Quintana, de su subordinado Fernando Sánchez o del jefe de asesores José Torello, Peña es uno de los pocos que no aparece fulminado en los tuits que escribe la jefa de la Coalición Cívica. La lista de miembros destacados del elenco oficial que fueron incendiados por la ira de Lilita llegó hasta el Presidente, pero no tocó a Marcos, a quien incluso -dicen- Carrió bautizó “El mártir”, porque debe soportar a Macri día y noche.

 

Desdoblar o no desdoblar. La última visita de Peña a La Plata, con Vidal tirando de la cuerda.

 

Contra el cristinismo y contra toda variante del peronismo, el macrismo puro se hace fuerte en tiempos de elecciones. Eso fue lo que pasó en 2015 y 2017, antes de una crisis de dimensiones inéditas que liquidó las expectativas en un futuro mejor de la mano del ingeniero.

Peña no sólo estará al mando de la campaña. Además, tiene la llave para una definición central que todavía falta tomar en la mesa chica del PRO: el adelantamiento de las elecciones en la provincia de Buenos Aires. La iniciativa que surgió de María Eugenia Vidal y su mano derecha, Federico Salvai, tiene el aval de Rodríguez Larreta, Frigerio y Emilio Monzó. Los promotores de la movida dicen que sería una forma de descolocar a los intendentes del peronismo bonaerense y cortar, con un golpe de efecto contundente, un clima de derrotas previsibles en provincias donde gobierna el PJ. Tiene una contraindicación: admitir que Macri es una mochila de plomo en el conurbano y hunde las chances del oficialismo. Eso es lo que lleva a dudar al jefe de Gabinete. Al lado de Vidal, lo reconocen: de Peña y del Presidente depende, también, la jugada más audaz que puede hacer el Gobierno en el año electoral.