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El titular de la Cámara de la Construcción dijo que “toda la inversión está en un momento de esperar y ver”. Negó que el Gobierno haya incidido en su designación y aseguró que apuestan al “rebote”.
Por 25/12/2018 12:00

Asumió hace unas horas y, aunque lo niegue, es una rareza. Julio Crivelli es abogado, especialista en arte y escritor y fue elegido para reemplazar a Gustavo Weiss al frente de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO). En diálogo con Letra P, el flamante empresario negó que el Gobierno haya influido en la elección, pero el trasfondo político de las modificaciones en la entidad existe. Crivelli es el “no histórico” de la entidad que gobernará la época más dura: la salida del escándalo de las coimas y los cuadernos en la era K.

A lo largo de la entrevista, Crivelli hará gala de un perfil bajo extremo. “No quiero opinar nada de la política”, avisará y adelantará con sus declaraciones el tono que tendrá el nuevo esquema de conducción de los ladrilleros. Silencio, cautela y manifestaciones políticas que irán por otros carriles.

“Es un momento tremendamente delicado”, evaluará y hará notar que tiene claro que los ejes son la reforma laboral, la crítica a las tasas de interés y una defensa cerrada al sistema de Participación Público Privada (PPP). “El problema no son los PPP, son las condiciones de la macroeconomía argentina”, señalará.

 

BIO. Según reza su blog (vr juliocrivelli.com.ar), es abogado, escritor y coleccionista de arte. Como abogado es especialista en temas de obra pública e infraestructura. En este orden, se desempeña como titular del estudio jurídico Julio César Crivelli – Asesores Jurídicos. Su extensa carrera lo llevó a publicar numerosos trabajos en revistas especializadas sobre infraestructura, temas económicos de actualidad y varios libros. El último: “Inversión privada en el sector público” (2017). Es, además, Arbitro Honorario en el Tribunal Arbitral de las Ingenierías y Secretario-Consejero en la Cámara Argentina de la Construcción. También integra del Consejo Consultivo de COAS y es profesor titular del Posgrado de la Procuración del Tesoro de la Nación, así como profesor de Posgrado de la Universidad Austral. En paralelo, fue presidente de la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes. Es autor de dos libros literarios "La Huida", de Ediciones del Dock (2008), con el cual se hizo un cortometraje, e "Inexorable", de editorial Biblos (2015). En 2017, la Legislatura porteña lo declaró Personalidad Destacada de la Cultura.

 

 

-Usted es abogado y comanda la CAMARCO en un momento de extrema complejidad. ¿Cómo lo vive?

-Como algo normal, porque me familia está en la industria de la construcción desde hace dos generaciones. La compañía de ingeniería de mi familia, que ya hace muchos años no existe, fue la constructora del Banco de Londres, del Sheraton, del edificio de Somisa, donde hoy está la Jefatura de Gabinete, y de montones de obras. Yo me involucré en el negocio de la construcción desde muy chico. También trabajé muchos años en CAMARCO, desde los 24 años hasta hoy.

-Se mencionó fuerte que usted es una elección del Gobierno. Un abogado para surfear un cambio y retirar a los históricos de la obra de la mesa chica.

-No conozco que el Gobierno haya tenido esa intención. Tengo mucha gente del Gobierno con la cual simpatizo, igual que muchos otros miembros de la cámara. Pero no ha habido una pulsión del Gobierno para que yo sea el presidente.

-¿Cuáles son los vínculos que tiene con Cambiemos?

-Tengo con la Ciudad, tengo con la Nación... son gente conocida en la política y naturalmente uno, desde las distintas posiciones que ha tenido en la cámara, ha estado vinculado con la política.

"Tengo mucha gente del Gobierno con la cual simpatizo, igual que muchos otros miembros de la cámara. Pero no ha habido una pulsión del Gobierno para que yo sea el presidente."

-Mencionó que está en CAMARCO desde muy joven. A través de los años, ¿vio cambios que llevaron a la entidad a tener críticas y calificaciones como la del Club de la Obra Pública?

-De eso prefiero no hablar. Hay un proceso, hay gente involucrada en ese proceso. Prefiero abstenerme, porque lo único que puedo tener son conjeturas, cosas de esa naturaleza, y no es bueno en este momento. Es un momento de una tremenda delicadeza para ese proceso y para los que están involucrados.

-Si uno habla con constructoras privadas, escucha que la cartelización es algo habitual. De hecho, hay casos de intentos de empresas de Buenos Aires que no pueden concursar en el interior. ¿Sigue habiendo carteles?

-Le repito: no quiero involucrarme en este proceso. Si fuera en otro contexto, a lo mejor le contestaría. Hoy, es muy delicado todo y prefiero no hablar.

-Pongámoslo de otra manera: en este escenario, ¿con qué perfil asume usted en la cámara?

-Asumo con la idea de modernizar la cámara. Argentina está muy atrasada en los procesos de integridad y compliance. Empezaron en Estados Unidos hace 30 o 35 años con el proceso de Enron, en Argentina no sucedió nada durante décadas. En rigor de verdad, no sucedió nada en toda Latinoamérica hasta el episodio en Brasil. Y ahora ha habido todo un proceso de normalización legislativa, la Ley Penal Empresaria, etcétera, que obliga y determina que las empresas y las cámaras entren en este tipo de procesos. La primera misión es ingresar a la CAMARCO en la modernidad.

-Deduzco de lo que dice que si, hubiera habido compliance, lo de los cuadernos podría no haber ocurrido.

-Es probable. Siempre las reglas de compliance aparecen con problemas de esta naturaleza. La cámara va a aggiornarse como todo el empresariado argentino. Lo vamos a hacer con mucha profundidad. Los otros objetivos son modernizar también el sistema de administración de contratos, que es muy antiguo. A los argentinos nos gustan los estados todopoderosos, pero la tendencia en el mundo es otra, la contraria. Los contratos que duran mucho tiempo atraviesan avatares como los de la economía argentina, con shocks muy prolongados, y se necesitan herramientas para que funcionen mucho mejor.

"Asumo con la idea de modernizar la cámara. Argentina está muy atrasada en los procesos de integridad y compliance."

-¿También se trabaja en demoras de pagos por parte del Estado?

-No hay tanta demora hoy en día, estamos en 30 o 60 días, pero con las tasas altas que hay, hoy se complica. En otras épocas ha habido demoras mucho más amplias con tasas de interés más bajas y al final el resultado era el mismo.

Respecto a los pagos, vamos a proponer es un instrumento de carácter ejecutivo que tiene vencimiento en el ejercicio fiscal siguiente y que incorpora los intereses de financiación a la tasa del Banco Nación, para que no haya dudas de que son tasas normales. Y si el organismo tiene dificultades financieras, tiene que entregar este instrumento “Boleta de Deuda”, para que se descuente en bancos o mercados de capitales. Con eso usted se hace de los fondos y no hay este daño tremendo por la falta de pago.

-En este contexto, ha hablado usted de los PPP. ¿Por qué fracasaron?

-Yo no diría que fracasaron. Escribí un libro sobre PPP, soy un entusiasta.

-A la luz de los hechos, parece haber fracasado el sistema en Argentina.

-Yo diría que el problema es la macroeconomía argentina, tiene poco que ver con los PPP en sí. Los PPP son un instrumento que permite que un Estado se haga de mucha más infraestructura de la que tiene en relación a su capacidad presupuestaria. Los PPP también se llaman concesiones, porque la gente cree que son algo muy raro. Un PPP es una versión moderna de una concesión. De la misma forma se hizo la Panamericana o los 44 mil kilómetros de vías férreas que se hicieron en el siglo pasado. Evidentemente, son muy dependientes de la tasa de interés del país. Si por razones económicas eso sube a setecientos y pico de puntos (se refiere al Riesgo País), los PPP tienen dificultades. Pero el contrato sigue siendo virtuoso como instrumento.

-El gobierno dice que hay factores externos que lo hacen fallar. Usted menciona que también hubo errores internos, de política.

-Yo no digo errores macroeconómicos, sino condiciones macroeconómicas. No quiero excederme en lo que puedo decir como presidente de una cámara. Eso hace que en este momento los PPP no sean viables.

 

 

-¿El crédito y el riesgo país no afectan también a la inversión privada?

-La inversión que está actualmente en ejecución sigue en ejecución, porque lo más caro que les puede pasar es que la obra se interrumpa. Ahora, la cartera de proyectos para el futuro sí se resiente. Con estas condiciones macro, toda la inversión está en un momento de esperar y ver. Y eso pasa también en la inversión privada, nuevos proyectos están en un estado de cautela hasta ver cómo se desarrolla el año que viene.

-¿Lo que ocurra el año que viene está atado a las posibilidades electorales del oficialismo?

-No sé, yo creo que las condiciones macroeconómicas del ajuste ya están planteadas y económicamente hay demostración empírica de que cuando uno llega a cierto punto de recesión, la economía tiene un rebote. Y eso es lo que espera el Gobierno, no creo que haya mucha política en esa cuestión.

-Como sector, ¿qué esperan para el 2019?

-Esperamos que se produzca el rebote y la economía empiece a moverse. Tenemos el problema de que el presupuesto de obra pública de 2019 es muy acotado, o sea, vamos a tener menos obra pública de la que hemos tenido.

El presupuesto de obra pública de 2019 es muy acotado. Vamos a tener menos obra pública de la que hemos tenido.

-En el proceso interno de renovación de CAMARCO cambiaron la comisión. Pero en segundo lugar aparece Argerich, hombre de Caputo, el amigo de la vida de Mauricio Macri. ¿Le parece normal?

-Caputo es una empresa que tiene casi 100 años. Fue precursora en la industria. Luego fue vendida a un grupo más grande, que es TGLT. Y este hombre pasó a TGLT a manejar la parte construcciones de ese grupo, es funcionario, no es accionista ni dueño ni nada.

-Pero tiene un vínculo con Nicolás Caputo.

-Toda la construcción tiene vínculo con Nicolás Caputo porque es una empresa que existe hace 100 años. Es lo mismo que el vínculo con Roggio, etcétera.

-Precisamente le pregunto por eso, porque ustedes corrieron del directorio a los nombres más pesados.

-Y en este caso también lo hemos corrido. Si hubiera sido un funcionario tan del riñón de Caputo se hubiera quedado con Caputo. Emigró arriba del tren con todos los demás.

-¿Tuvo resistencia interna este cambio?

-No, los 1.600 socios de la cámara son conscientes de que se requiere una modernización de la entidad. Había que hacer este esfuerzo, que empieza por reemplazar al liderazgo anterior.

-¿Se planteó internamente desplazar a los CEOs?

-Eso es un tema de cada empresa, creo que muchas lo han hecho. Me parece razonable porque las empresas tienen que seguir funcionando.

-¿Les afectó el pase del manejo de las obras de Frigerio a Marcos Peña?

-Todavía no está hecho, está en proceso. A nosotros no nos afecta en términos estructurales. Sí nos afectaría porque es un pasaje de un altísimo grado de complejidad. Hay que hacerlo de manera paulatina, con procesos de prueba, porque la industria depende de esta estructura. Si uno se equivoca, paraliza la industria. Una cosa es pasarlo en cuatro meses y otra, hacerlo en un plazo prudencial.

-Está debutando como titular de la CAMARCO. ¿Qué visión política tiene? ¿Le ve posibilidades a Macri en 2019?

-No voy a entrar en ese tema. No quiero opinar nada de la política.