DETRÁS DE ESCENA. Vacaciones PRO

El hijo de franco

El Presidente descansa del peor año de su vida. Se llevó al sur el ansiolítico de la paciencia social. El desafío 2019: reelección en recesión. El Riesgo Durán Barba y -otra vez- la esperanza CFK.

El anuario de Mauricio Macri está colmado de imágenes ingratas. El Presidente arrancó en abril a vivir de pésima manera la desconfianza que genera su gestión y la escasez de herramientas que tiene para enfrentar el autogobierno de los mercados. Desde entonces, no hizo más que acumular frustraciones que ni la tutela del Fondo ni el respaldo de Donald Trump pudieron evitar. La corrida al dólar, la megadevaluación, la recesión, la caída de consumo, el aumento de la pobreza y, lo que más duele en el corazón del oficialismo, el indicador récord del riesgo país. Demasiado para un político que había atravesado pocas frustraciones desde la vidriera de la ciudad de Buenos Aires.

 

Macri quiere dejar atrás el peor año de su gestión, pero no le sobran novedades para torcer el destino.

Quedó rápido atrás -como una ventana de aplausos- el éxito de la cumbre del G20, que lo cargó de optimismo y lo dejó extenuado, pero no le sirvió para el minuto a minuto de la batalla doméstica. No le alcanzó su descanso en Chapelco, hace 20 días, con la familia. Con este inicio temprano de vacaciones en Villa La Angostura, Macri quiere dejar atrás el peor año de su gestión. Pero no le sobran novedades para torcer el destino, salvo ese optimismo a prueba de fracasos, que se mantiene irreductible en el ala dura del macrismo. Es una fe en el futuro que no entra en el túnel de la economía real y es hija de la convicción de que el camino es el correcto, aunque vaya bordeando el precipicio.

 

Se pudo advertir en la reunión con la Iglesia en la Casa Rosada, en la que Marcos Peña no se cansó de encontrarle respuesta a cada una de las críticas por la situación social que hacía la cúpula del Episcopado moldeado por Francisco. Como parte de su mensaje autoexculpatorio y como si no hubiera un plan económico acordado con Christine Lagarde, el jefe de Gabinete aludió a dificultades que tienen más que ver con la responsabilidad de los gobernadores y las gobernadoras que con la administración nacional.

 

 

PACIENCIA SOCIAL. Aunque tal vez no lo vea, Macri tiene una razón principal para brindar: el tránsito liviano por el peor diciembre desde 2001/2002. Por una serie de motivos que no termina de decantar en consenso, los sectores de menores ingresos aguantan un combo de ajuste y recesión prolongado, que además carece de un horizonte visible de recuperación.

 

Para el Gobierno, se explica porque la crisis no es tan grave, porque es pasajera y por el despliegue de recursos para blindar la paz social que ejecuta Carolina Stanley en el Gran Buenos Aires, refuerzo adicional a las partidas que el macrismo no dio de baja, pese al clamor de la ortodoxia y de gran parte de sus votantes.

 

Para las organizaciones sociales nucleadas en la CTEP, la razón de la paciencia popular está en la sabiduría del que entiende que la crisis la pagan los que menos tienen. Tal vez incida también una resignación nueva, hija del colchón de la AUH, de la espera de un cambio por la vía de las elecciones y de la intuición extendida de que con Cambiemos se inició un tiempo largo de sacrificio, difícil de revertir en el corto plazo.

 

 

 

Lo concreto es que Macri y su gobierno atraviesan el peor diciembre con indicadores de actividad económica que están en rojo, salvo por el déficit comercial, que se achica después de la megadevaluación, con el despegue de las exportaciones y el derrumbe de las importaciones. Aunque todavía será alto en el año que termina (entre 4.500 y 5.000 millones de dólares), la consultora Ecolatina estima que en 2019 habrá superávit de 6.000 millones, un dato -quizás el único- para alimentar el optimismo amarillo. 

 

 

 

RIESGO DURÁN BARBA. Las vacaciones de tres semanas que arranca Macri en Villa La Angostura tienen el objetivo de recuperar el ánimo antes de comenzar un año electoral en el que irá, con lo puesto y sin garantías, en busca de ser reelecto.

 

La factoría de Cambiemos está convencida de que puede llevar a CFK a una contienda en la que la ex presidenta volverá a perder.

El Presidente volverá a descansar en el Sur y a charlar con su amigo Nicolás Caputo. Pero su experimento entró en una zona de incertidumbre que nadie imaginaba un año atrás, cuando el oficialismo, los analistas y gran parte de la oposición veían a 2019 como un trámite para el gradualismo. Con la economía en recesión prolongada y la corrupción que pega en las costas de la familia Macri, sólo el rencor y la mano dura de Patricia Bullrich puede figurar como activo de campaña.

 

Como desde que nació, el oficialismo de turno considera que su mejor activo está en las carencias y la división de los opositores. La factoría de Cambiemos está convencida de que puede llevar a Cristina Kirchner a una contienda en la que la ex presidenta volverá a perder. Si no encontrara rápidamente algún conejo en la galera, el Presidente llegaría sin fuerza a las elecciones en las que se jugará la supervivencia, con el discurso aspiracional devastado, nulas expectativas de mejora en la economía y la fuerza única del antikirchnerismo que lo sostiene. Con eso, le alcanza hoy para acceder al ballotage y desplegar en esa instancia el juego de pinzas que exhiba, una vez más, la corrupción k con el aditamento de algún tipo de campaña sucia. Para eso, falta.

 

 

 

La contracara de la fórmula polarizadora que explotó Jaime Durán Barba cuando Macri era un embrión opositor está ahora mismo en el riesgo país, que su núcleo de acero prefiere travestir en riesgo Cristina.

 

Peña y Durán Barba sienten el orgullo de ser imbatibles a la hora de ganar elecciones, pero sacrifican el corto plazo del hijo de Franco, hoy en campaña desde la Casa Rosada. Como le dijo a Letra P un economista ligado al Gobierno: “Lo que es bueno para Durán Barba no es bueno para el país y podría no ser bueno tampoco para el Gobierno, si calculase mal”. En su favor, el autor de “El Arte de ganar” puede argumentar que se concentra en las elecciones: no le pueden pedir, además, que se haga cargo del desastre de la economía macrista.

 

 

Perfil de gurú. Durán Barba niega la paternidad de la grieta en una charla con alumnos de Fontevecchia (Foto: Perfil)

 

 

El gurú ecuatoriano reapareció el miércoles pasado en una charla con estudiantes de Perfil para decir que “Cristina está con muchísima fuerza” y negar su paternidad sobre la grieta. “Se ha creado la leyenda de que algún sector del Gobierno, en el que me ponen a mí, ha hecho algo para que Cristina Fernández siga existiendo y eso es absurdo. Ella representa una forma de ser y de ver el mundo numerosa e importante”.

 

El riesgo país récord del hijo de Franco confirma no sólo que los fondos de inversión desconfían de que el gobierno del ajuste y la recesión llegue a buen puerto. Además, deja ver -junto con el temor al regreso de CFK- el anhelo sostenido de que un peronismo moderado o de centroderecha llegue al poder para ofrecer las certezas que el macrismo puro hizo volar por los aires.

 

Al Gobierno le preocupa mucho más el juicio de Wall Street que las quejas de la Iglesia o la UIA. Los indicadores negativos que se acumulan en la economía real tienen un impacto acotado: los padecen los millones de habitantes de la Argentina de Macri. El riesgo país, en cambio, trasciende las fronteras y pega en el mismo mundo que el oficialismo designa como vara y como Norte. Por eso, no deja de sorprender la paradoja del macrismo, que quiere agradar a inversores y especuladores, pero no hace más que generar preocupación. Sobre todo, cuando el hijo de Franco y su jefe de Gabinete repiten, una y otra vez, que el camino -que lleva al default- es el correcto.

 

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