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El canciller verde oliva

Emergente del peronismo itinerante, fue de Ruckauf y hasta de Kirchner. Hoy es la sombra más brillante de Macri, un peñista puro que somete a Faurie y el cerebro del decreto que empodera a las FF.AA.
Por 28/07/2018 15:28

Cada vez que Mauricio Macri viaja al exterior, está al lado de él. Son los momentos en que se lo puede ver en acción, pegado al Presidente, como el verdadero canciller de Cambiemos. Fulvio Valerio Pompeo ostenta el pomposo cargo de secretario de Asuntos Estratégicos en un gabinete en el que el 70% de los ministros tiene poca relevancia. Su rol no se limita a la política exterior, el ámbito en el que destacó temprano como hombre del peronismo y funcionario de Carlos Ruckauf. En la Casa Rosada algunos lo admiten: el encargado de las relaciones exteriores, Jorge Faurie, es un subordinado suyo con el mismo origen político que fue encumbrado por Pompeo y Marcos Peña tras la batalla intestina que perdió Susana Malcorra. La supremacía está tan clara que se advierte en reuniones internacionales del Presidente en las que el obediente canciller no está y el imprescindible Pompeo sí. También se aventura desde hace un tiempo a las cuestiones de Defensa.

Como escolta de Macri en la cumbre de los BRICS en Sudáfrica, Pompeo cerró una semana en la que su nombre fue noticia también por otro motivo: el decreto 683, con el que el Gobierno habilitó a las Fuerzas Armadas para asumir funciones en la seguridad interior y borrar las fronteras entre seguridad y defensa. Aunque no tiene conocimientos en la materia, en las filas del macrismo lo señalan como el cerebro de la ofensiva para rescatar a 70 mil militares del rol ocioso en el que los ve el Presidente y asignarlos a la guerra contra las “nuevas amenazas” del terrorismo, el narcotráfico y todo lo que se mueva de manera sospechosa, a ojos de los inquilinos de la Casa Rosada.

 

Alineados. Macri y Pompeo con antichavista ex alcalde de Caracas Antonio Ledesma.

 

En marzo pasado, Macri firmó otro decreto especial -174/2018- para convertir a Pompeo en asesor de Peña en “cuestiones internacionales, de seguridad, defensa e información estratégica” e “intervenir en cuestiones relativas a la estrategia internacional y de seguridad nacional”. Hoy se eleva por encima de Faurie, el subalterno Oscar Aguad y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

Una de las claves del decreto que fue rechazado con una manifestación en la calle y la oposición buscará derogar en el Congreso es casi un homenaje que el secretario de Asuntos Estratégicos se hace a sí mismo: la definición de “objetivos estratégicos” que de ahora en más deberán blindar los militares con su presencia física. Algo similar dice el borrador de la Directiva de Defensa que reveló Letra P y está a la firma de Macri: hay “eventos estratégicos” que las Fuerzas Armadas deben custodiar. Desde la cumbre del G20 al oasis de Vaca Muerta, la profundización de una política peligrosa que inició Macri cuando asumió ya tiene blancos inminentes que pueden convocar a los uniformados para despejar cualquier obstáculo que atente contra la lluvia de inversiones que todavía se anhela.

Con un Presidente que se queja del contraste entre los elogios que recibe en el exterior y las críticas que se incrementan en Argentina, el internacional Pompeo es un nombre en alza. Pero, además, es el único ladero de Peña que salió indemne de la tormenta que devastó al trío de ojos de Macri, con Mario Quintana y Gustavo Lopetegui como blancos recurrentes de la inquina de aliados y opositores. A este Marcos herido, el peronista Fulvio, siempre en las sombras, le rinde más hoy que los CEO, tan expuestos como desautorizados.

 

Peronista de la primera hora, peñista duro de la última.

 

RUCKAUF EN EL ORIGEN. De 50 años, licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano, Pompeo es una de las estrellas del firmamento macrista que no nació con el voluntariado y la meritocracia. Sus antecedentes políticos se remontan a los días previos al estallido de 2001, cuando se incorporó a la política en el proyecto del candidato taquillero que prometía meter bala a los delincuentes. En 1999, el funcionario estratégico de Macri llegó a la provincia de Buenos Aires gracias a la mano derecha de Ruckauf, Fernando Maurette, un virtuoso hombre del PJ que lo había acompañado ya como secretario de Coordinación cuando fue ministro del Interior de Carlos Menem, en el tiempo del atentado a la AMIA.

En tiempos del Ruckauf bonaerense, Faurie era el director de Ceremonial y Diego Guelar, el actual embajador en China, era secretario de Relaciones Internacionales de la provincia. Aquel cargo del actual canciller es el que habilita a que algunos lo consideren hoy un mayordomo asignado a Pompeo. Puro resentimiento para esa cofradía ruckaufiana que acaba de encontrarse en Johannesburgo en estos días. Cada uno en lo suyo y con la máxima dedicación, Pompeo, Faurie y Guelar trabajaron a las órdenes de Presidente en la cumbre de los BRICS.

 

 

La crisis que arrasó con la alianza de Fernando de la Rúa y Carlos Chacho Álvarez obligó también a la fuga del peronista de la sonrisa publicitaria que había sido ministro de Trabajo de Isabel Perón. Ruckauf fue a la cancillería con un equipo de fugaces asesores bonaerenses que no llevaban en la mochila el peso de su pasado. Mientras Faurie primero y -sobre todo- Martín Redrado después ganaban protagonismo hacia afuera en el puesto de vicecanciller, Pompeo acumulaba influencia hacia adentro, durante el interregno de Eduardo Duhalde en el poder.

El jefe de Fulvio, Maurette, pasó entonces de la Fundación Banco Provincia a ocupar la Secretaría de Asuntos Militares del Ministerio de Defensa durante la gestión de Horacio Jaunarena, el radical que fue ministro de Alfonsín, De la Rúa y Duhalde y ahora aparece entre los promotores del giro manodurista de Macri.

 

 

Eran los días en que Ruckauf elogiaba a tres jóvenes de peronismo a los que consideraba llamados a hacer historia: Redrado, Sergio Massa y Horacio Rodríguez Larreta. Eyectado rápido de las ligas mayores, al ex gobernador le reconocían una capacidad indudable para advertir nuevos valores y cambios de tendencias. Algo así le reconocen hoy -en el macrismo- a Pompeo, uno de sus tempranos discípulos que se camufló como novedad dentro de la experiencia del PRO.

En aquel entonces, Pompeo conoció al actual jefe de Gobierno porteño, puntal de la transformación de un sector del peronismo hacia el macrismo. Sin embargo, Fulvio también tejió relaciones que lo depositaron en las adyacencias del actual presidente. 

 

 

PERONISMO EXTERIOR. Hasta que llegó a lo más alto del poder con el experimento de Macri, el actual secretario de Asuntos Estratégicos era considerado sin dudas un hombre del PJ con especialización en temas de política internacional. El viaje del Pompeo peronista no se agotó en la aventura de Ruckauf. Profesor de la Universidad de Belgrano del entusiasta menemista Avelino Porto, comenzó a colaborar en la revista “Archivos de Presente”, dirigida por el rector de la Universidad de Tres de Febrero, Aníbal Jozami, otro surfista destacado en las aguas de la política durante las últimas tres décadas.

Con un postgrado en Relaciones Internacionales y Teoría Política en Westminster entre 1999 y 2000, el funcionario que para algunos hoy más escucha Marcos Peña trabajó entre 2003 y 2007 bajó la órbita del kirchnerismo. Fue jefe de asesores de Jorge Argüello en la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados y su mano derecha en la creación del Observatorio Parlamentario Malvinas. En aquellos años, dicen los que lo conocen, Pompeo era un destacado promotor de la bandera de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, una convicción que parece haber abandonado cuando aterrizó en la cúspide del poder macrista. Eso se desprende del reciente viaje que hicieron Peña y Pompeo a Londres en junio pasado, con homenaje incluido a los soldados británicos que murieron en la guerra.

 

En la marcha del jueves, los ex combatientes de Malvinas.

 

Antes, Pompeo y Peña en Londres: homenaje a caídos "de ambos bandos".

 

Cuando Argüello fue designado por Néstor Kirchner embajador argentino ante las Naciones Unidas, sus caminos se bifurcaron. Pompeo desembarcó rápido como subsecretario de Relaciones Internacionales e Institucionales del Gobierno de la Ciudad, cargo que ocupó entre 2007 y 2015, como canciller del entonces alcalde en todos sus viajes al exterior.

Cómo se transformó del kirchnerismo al macrismo en pocos meses resulta materia de especulación. Pero en el oficialismo reconocen dos nexos. El primero es aquel viejo compañero del proyecto de Ruckauf, Rodríguez Larreta, que lanzó temprano el taquillero Grupo Sophia con respaldo del ex vicepresidente de Menem. El segundo es el de Mora Jozami, la hija del rector de Tres de Febrero con la que Pompeo se casó y fue siempre una convencida del proyecto amarillo. Los dos a las órdenes de Peña, Fulvio y Mora fueron noticia hace unos meses cuando Macri desató el operativo propagandístico de purgar parientes para salvar a Jorge Triaca y a su frondosa familia. Jozami está a cargo de la ¿estratégica? “Unidad Ejecutora Especial Temporaria de la Opinión Pública” y fue cuestionada por ser la esposa de Pompeo. Le tocó a Fernando De Andreis entonces salir a explicar en público que los dos funcionarios de la jefatura de Gabinete están separados.

 

 

 

 

Pompeo es hoy el verdadero canciller de Macri. Tanto es así, que designó a uno de sus hombres, Hernán Bielus, como jefe de Gabinete de la Cancillería. Bielus comparte el pasado ruckaufista con Pompeo y Faurie, pero dio el salto hace más de una década junto con Fulvio. El actual ministro de Relaciones Exteriores se sumó después, en 2017, con otro giro difícil de distinguir hacia adentro pero que en la diplomacia ven con nitidez: la confrontación cada vez más dura con Venezuela, que Malcorra se negaba a encarnar y que Faurie actúa con histrionismo, como quedó escenificado en su discusión pública con el canciller de Nicolás Maduro durante la Asamblea de la OEA en Washington, en junio pasado.

La legión de peronistas del mismo origen es más extensa y se expande a lo largo de embajadas, gracias a la influencia de Pompeo.

 

 

POR QUÉ LO ESCUCHAN. Aunque le gustaba presentarse como un especialista con “vasta experiencia académica”, en el mundillo de la diplomacia ubican a Pompeo como un funcionario que se dedicó siempre a la política internacional, pero su fuerte son los contactos y no los pergaminos. Su perfil bajo parece confirmarlo. No se le conocen opiniones públicas ni tampoco publicaciones. Mucho menos, capacidad en materia de Defensa, salvo aquellos vínculos con Maurette y Jaunarena a los que -dicen- ahora se suma la expertise de Miguel Ángel Toma, otro inoxidable que atravesó la cortina de los tiempos pero, a diferencia de Pompeo, nunca se asomó al kirchnerismo.

Consultados en la Casa Rosada, todas son loas para el estratégico consiglieri del macrismo. Le atribuyen una afinada capacidad de análisis y lo definen como un asesor destacado, la misma categoría en la que se destacó dentro del peronismo, donde nunca se perfiló como dirigente. “Tiene el consejo adecuado en el momento justo”, le dijo a Letra P uno de sus promotores. Su fortaleza está en la capacidad de adaptarse a los ciclos desde las sombras, con particular habilidad. Estar al lado de Peña, la pieza clave del andamiaje de Macri, guste a quien le guste. Ser el más escuchado por el jefe de Gabinete, dentro de un gobierno que se cierra sobre sí mismo y profundiza un camino riesgoso en lo económico y en lo político, con un rol para las Fuerzas Armadas que oscila entre el protagonismo y el ajuste en toda la línea.