X

Los cuatro ases en las mangas del PJ soft

Magnetto, Seita, Bonadio y Tinelli son las patas en las que se apoya la mesa del peronismo alternativo. La apuesta: asociar a Macri y a CFK en el fracaso. Marcelo Gobernador: soñando con el milagro.
Por 06/10/2018 17:05

La apuesta por un peronismo moderado y vigoroso que ofrezca garantías al Círculo Rojo tiene, por lo menos, la edad del conflicto con el campo. O más. Tal vez nació con el estallido que dio muerte al plan de convertibilidad y la salida en helicóptero de Fernando De la Rúa. Carlos Reutemann y José Manuel De la Sota primero, Felipe Solá en aquel 2008, Francisco De Narváez en 2009, Sergio Massa en 2013 y un Daniel Scioli que terminó más kirchnerista de lo que se le reclamaba. También el primer Mauricio Macri que entró a la política de la mano de Ramón Puerta. Todos ellos recibieron fichas de los factores de poder que no pueden pero quieren moldear un presidente propio, amable y certero.

La mesa de los cuatro peronistas que se reunieron a sonreír en las oficinas de Guillermo Seita forma parte del ambicioso intento por suturar la grieta desde un PJ que ya no es kirchnerista y tampoco puede ser macrista, si pretende vestirse de alternativa. Pero también se inscribe entre las apuestas de un círculo rojo que no para de acumular frustraciones. Ahora, con el fracaso de Macri en la economía y en la política.

 

 

Massa, Miguel Angel Pichetto, Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey no son lo mismo pero caminan por el mismo andarivel. Lo que ayer fue la avenida del medio y hoy parece una calle poceada será mañana el peronismo alternativo, el eslogan de unidad nacional que también Macri prometió en vano en su lenguaje.

La foto y el documento intentaron dar muestras de horizontalidad y movimiento hacia una amplitud mayor. Por eso, nadie se sentó en la cabecera de la mesa. La presentación en sociedad tuvo una buena acogida en los medios antikirchneristas y en el establishment. Pero generó reacciones de rechazo inmediatas y previsibles en el campo del kirchnerismo y también del macrismo. Asentados en su su piso alto de adhesiones, los dos contrincantes principales de la política insisten, con la experiencia reciente como aval: no hay espacio para nadie más. 

Según pudo saber Letra P, el grupo de los cuatro pretende ampliarse. En primer lugar, sumar a los gobernadores del PJ, esa gran promesa que guía los pasos de Pichetto y que hasta ahora se materializó solo con la incorporación de la fueguina Rosana Bertone.

La intención es encolumnar a la mayor parte de los catorce gobernadores que no estuvieron, a excepción de Alicia Kirchner y Alberto Rodríguez Saá. También al inquieto Juan Manzur, que puso a rodar su propio proyecto y compite con Urtubey y Schiaretti, los dos que lo vetaron para la primera foto. El tucumano tiene una serie de componentes que lo habilitan para presentarse como un candidato de unidad, con llegada al poder económico. Por lo menos, eso consideran sus promotores, entre los que aparece, desde el perfil más bajo, el mismísimo Carlos Corach. El peronismo de los cuatro (ahora son cinco) le baja el precio a Manzur y lo considera bastante menos presentable que el peronista rubio de San Juan, Sergio Uñac. Pero pueden llegar a confluir.

El PJ colaboracionista se aleja de la Casa Rosada, con Massa como el más opositor y Urtubey casi como un gobernador amarillo. La intención es sumar a sectores que excedan al peronismo en un frente mayor. La tarea de tentar a Miguel Lifschitz está en manos de Schiaretti y la de incorporar a Margarita Stolbizer es potestad de Massa. 

 

Jugador de todas las sombras. Guillermo Sita, de M&F

 

¿Cuál es el activo principal del pejotismo alternativo? El contexto, según difunde Seita, el operador y consultor que llegó al poder con Domingo Cavallo y Carlos Menem y en 2015 llegó a asesorar a Macri, a Scioli y a Massa al mismo tiempo.

Especialista en vender espejitos de colores, el dueño de la consultora Managment & Fit exhibe, además, una influencia tan negada como elocuente en el Grupo Clarín. El ex vocero de Menem afirma que 2015 no era el momento del ex intendente de Tigre ni del peronismo del medio: hoy, sí. En ese entonces, las chances eran del ex motonauta que perdió por dejarse fagocitar por una Cristina voraz y mezquina, mientras Macri se puso el traje de Scioli y prometió no tocar nada de lo que ahora destruye sin piedad.

 

 

BONADIO, AMÉRICA Y CLARÍN. El Grupo de los Cuatro (ahora son cinco) apuesta a que tanto el Presidente como su antecesora sufran un desgaste creciente en el camino hacia 2019 y queden, a ojos de la mayoría social, como los socios responsables de llevar al país a la decadencia.

Macri, con una economía que hace agua por todos lados y solo incluye en el menú pechuguita con calabaza: ajuste, devaluación, inflación, tasas voladoras, derrumbe del poder adquisitivo, pérdida de empleo, aumento de la pobreza y una serie de calamidades que parecen únicamente encontrar su límite en el colchón de asistencia social que Cambiemos sostiene aunque erosiona.

CFK, con su derrotero por tribunales en el año electoral para el que le auguran nada menos que cinco juicios orales en los que ella no corre peligro de ir a la cárcel, pero nada garantiza que Máximo Kirchner y Florencia Kirchner queden a salvo de la guillotina tendenciosa de Comodoro Py.


 

En eso parecieran coincidir este PJ con el macrismo: a CFK la quieren débil, pero en la cancha.

Por eso, están los que dicen con malicia que, en la mesa de los cuatro (ahora cinco), la cabecera está reservada para Claudio Bonadio, el inoxidable magistrado de la servilleta que terminó mal con Corach, pero hace un aporte inestimable al peronismo del medio. Con su solo pedido de desafuero, eleva las endorfinas de Pichetto, que queda como el dueño de la llave de la libertad para la doctora.

Es una sociedad de socorros mutuos: ya en 2005, el senador fue el encargado de salvar al ex Guardia de Hierro del juicio político en el Consejo de la Magistratura. El kirchnerismo volvió a hacerlo en 2011 por la vía del consejero Hernán Ordiales y finalmente Bonadio se alejó del Frente para la Victoria, justo cuando Massa surgió como alternativa. En 2015, en medio de la batalla entre Scioli y Macri, el ex intendente de Tigre contó en TN que se había cruzado a Bonadio en una estación de servicios y le había comentado que iba a comer a la casa de Scioli. Confianza siempre hubo, según parece.

En la mesa de los cuatro galanes del PJ tampoco estaba, por supuesto, Héctor Magnetto. Su Majestad está más allá de las elecciones, pero también acumula motivos para alejarse de Macri. Pese a que Cambiemos le ofrendó la megafusión de Cablevisión-Telecom, el holding padece la caída de sus activos con la economía macrista y teme por una gobernabilidad que el ex presidente de Boca no asegura. Magnetto no sólo tiene algunos emprendimientos en común con Seita. Además, cultiva el vínculo con los peronistas del medio. Según pudo saber Letra P, el enemigo más tenaz del kirchnerismo se reunió en los últimos tiempos con los cuatro jinetes, a los que, por supuesto, conoce hace mucho.

En la mesa de los galanes del PJ no estaba Héctor Magnetto. Su Majestad está más allá de las elecciones, pero también acumula motivos para alejarse de Macri.

Escoltado por el Grupo Vila-Manzano y el cablero Alberto Pierri, Massa había perdido el favor del Grupo en algún momento y había sido superado por las garantías que daban Macri y el propio Scioli. Es pasado, como puede vislumbrarse por la pax que habilita hoy a figuras de Clarín a calentar la pantalla de América, una zona de comunión impensada en tiempos del kirchnerismo. En 2011, la Gendarmería llegó hasta las puertas del holding por una demanda de los dueños de Supercanal que ejecutó un juez mendocino, Walter Bento. El tiempo cura casi todo.

En el Gobierno, están los que admiten haber tenido la discusión directamente con el CEO que se afinca en la calle Tacuarí. Se sigue librando hoy la disputa que se dio en 2015. En esa instancia, Macri afirmó con razón que el “Círculo Rojo no entiende nada de política”: fue sin Massa a las elecciones y ganó. Lo que cambia es el contexto: abrazado al Fondo y a puro fracaso en la economía, el Presidente perdió el vestido de lo nuevo que le había confeccionado Durán Barba con gran esmero.

Como adelantó Letra P, el Círculo Rojo choca con la visión del PRO duro. Cuestiona al Presidente por decir que la crisis y el sacrificio son la única alternativa y observa la polarización del peor Macri con Cristina como un juego de lo más riesgoso. En lo económico, el plan B que Macri y Marcos Peña negaban tiene nombre y apellido: FMI.

En lo político, les advierten los grupos empresarios, no se puede ajustar hasta el hueso y ganar después las elecciones: debería ser María Eugenia Vidal o algún tipo de alquimia que trascienda al Presidente que se inmola en el ajuste. Como la consigna oficial, es morir con el hijo de Franco al frente, el plan B de los factores de poder es el peronismo alternativo que empezó a precalentar. El macrismo responde desde la soberbia de los votos que tuvo hace un año y en 2015: no hay nada que pueda romper la polarización, mientras CFK esté en la cancha.

 

 

TERRITORIO TINELLI. La foto de los cuatro mereció enseguida críticas como una postal de dirigentes sin votos, con escaso peso territorial. Pichetto nunca lo tuvo, Urtubey casi lo pierde en 2015, a Massa se lo arrebató la polarización y sólo Schiaretti está parado en el bastión más importante del PJ, donde Macri fue plebiscitado en dos oportunidades. Sin embargo, la crisis ilusiona al peronismo que se aleja como puede del Gobierno.

En el PJ del medio, ven al animador estrella de El Trece como potencial candidato en la provincia de Buenos Aires.

Las mediciones de Seita en la Córdoba de su amigo Schiaretti -difundidas por Clarín- muestran que Macri cae a sus niveles de aprobación más bajos en la provincia que le dio la victoria en 2015 y 2017. No sólo eso. El impacto de la muerte trágica de De la Sota también fue medido y entusiasmó la valoración que registraron los focus ante la vida de un político que marcó a la provincia y murió haciendo política hasta el final. Claro, no registran que el ex gobernador estaba militando para la unidad con el kirchnerismo, en diálogo con Máximo Kirchner y en contra de cualquier intento de peronismo rubio.

El déficit principal y notorio del PJ no kirchnerista está, sin embargo, en la provincia de Buenos Aires, donde dos mujeres gobiernan al peronismo de los machos alfa.

Massa, que llegó a tener el 44% de los votos en 2013, viene de perder feo en 2017 y no quiere rebajarse a gobernador, pese a que algunos mandatarios provinciales peronistas ¿y la CGT? quisieran verlo pelear ahí.

 

 

En ese contexto, ubican hoy al inquieto Marcelo Tinelli, que busca instalar su candidatura desde afuera de la política, para un contexto de crisis. Aunque el conductor de Showmatch tiene contacto con Horacio Rodríguez Larreta, Vidal y el propio Macri, su discurso y sus gestos son más opositores que oficialistas.

En el PJ del medio, ven al animador estrella de El Trece como potencial candidato en la provincia de Buenos Aires. Más allá de que cada vez que se asomó salieron a destriparlo con encuestas -para Tinelli, operaciones de Peña-, el peronismo lo sueña como la puerta de ingreso al voto en el conurbano. Su perfil condice con el sueño del PJ no K. Puede ser vendido como lo que consideran es: ni cristinista ni macrista, con raíces peronistas y como demostración de lo que alguna vez fue la movilidad social en Argentina, de Bolívar hacia lo más alto.

Dicen desde la mesa de los cuatro que no hay que prestar tanta atención el mensaje que detona la Salsa de Tres del Bailando, ni a Jimena Barón ni a Esmeralda Mitre. Lo que hay que observar, afirman, es el trabajo persistente de la Fundación de Tinelli, que se concentra en la provincia.

De buena relación con Massa, Pichetto y Schiaretti, el vicepresidente de San Lorenzo sólo se lleva mal con Urtubey. Sería una alternativa a lo Trump, en sociedad con el peronismo a escala bonaerense, el territorio blindado que se reparten hasta hoy Cristina y María Eugenia.

Los cuatro del PJ se quieren juntar nuevamente en noviembre (serán cinco), después del Presupuesto en el que tomarán caminos separados. Mientras Pichetto camina -otra vez- hacia la tarea ingrata de votar el ajuste que exige el Fondo, Massa tiene la potestad de abstenerse porque sus votos no son imprescindibles para el Gobierno. Alcanzan con los de Cambiemos y el PJ Federal de Pablo Kosiner y Diego Bossio. Después de eso, volverán a rosquear por el sueño de un peronismo alternativo, con envión del Círculo Rojo y necesidad de apoyo popular.