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Alicia en su país sin maravillas

Mientras el kirchnerismo denuncia el ajuste macrista, en la provincia K la cuñada de Cristina y La Cámpora gobiernan un polvorín a fuerza de ortodoxia feroz y auxilio financiero de la Casa Amarilla.
Por 20/09/2018 19:51

Cuenta la leyenda que la provincia era superavitaria. Tenía las regalías petroleras y poquísimos habitantes. Contaba también con la partida millonaria que Néstor Kirchner percibió por la privatización de YPF y quedó en la historia como los fondos de Santa Cruz. Pasaron cosas, todo cambió y hoy el territorio que vio nacer al Frente para la Victoria figura entre los más deficitarios de la Argentina de Cambiemos.

Ajuste en obra pública, salarios públicos atrasados a niveles inconcebibles, paritarias arrumbadas, conflictos gremiales, meses sin clases y un signo de interrogación que gobierna.

Condicionada y acaso incapacitada, Alicia Kirchner transita ausente el debate nacional por el ajuste que Mauricio Macri quiere dejar plasmado en el Presupuesto 2019 como garantía para Christine Lagarde.

La gobernadora aparece en el pelotón de los mandatarios que están más lejos de la Casa Rosada, pero no por su papel público, en las antípodas del que supo ocupar su hermano en el final de la década del noventa.

Por pedido de Rogelio Frigerio, Alicia estuvo en la reunión del Consejo Federal de Inversiones la semana pasada y volvió a pasar inadvertida. Quedó desdibujada en el grupo de los gobernadores más duros que encabezan inoxidables como Carlos Verna, Alberto Rodríguez Saá, Gildo Insfrán y hasta Juan Manzur. Cualquiera de ellos le trajo a Macri más dolores de cabeza que la hermana del ex presidente.

No es lo único. Cuando participa de las tertulias del CFI, la cuñada de Cristina Kirchner aparece casi siempre desorientada en busca de precisiones sobre lo que se discute con la Nación. En eso por lo menos coinciden en retratarla, cargados de malicia, los peronistas y el gobierno nacional.

 

 

DEUDA Y DÉFICIT. Obligada por la crisis, sin posibilidad de endeudarse, Santa Cruz se destaca como la provincia que hizo el recorte de gastos más furioso desde que el macrismo llegó al poder. No deja ser paradójico: mientras su cuñada denuncia el rumbo de un gobierno atado al Fondo, ella luce como ejemplo de ortodoxia.

Tenía un déficit de 17% en el primer semestre de 2017 y pasó a un superávit de 1,2% un año después. ¿Cómo fue posible? Es materia de discusión, pero pesan de manera decisiva la parálisis en la obra pública y los salarios que aumentaron el año pasado un promedio de 8%. Con una inflación proyectada en torno al 45%, para 2018 las perspectivas son todavía peores.

La altísima conflictividad gremial, que incluyó en 2017 una demostración de furia de los manifestantes frente al domicilio en el que estaban Alicia y Cristina, llevó a 86 días de paro docente. Desde el gremio Adosac denuncian el ajuste permanente y la demora en el pago de los sueldos de agosto. Lo mismo el resto de los estatales, los judiciales y los trabajadores de la Salud, que cuestionan los recortes en el sector.

 

 

En la Casa Rosada, la mirada es opuesta a la que predomina en el sur. Los funcionarios de Nicolás Dujovne y Frigerio dejaron de criticarla y ahora dicen que está ordenando la provincia con ayuda de la Nación. “Está más equilibrada. Principalmente, por el ajuste salarial y jubilatorio. Nosotros la financiamos con préstamos. Hasta llegar al equilibrio en 2020/2021”, dicen.

A tono con el perfil de la gobernadora, sus funcionarios prefieren no hablar. Sin embargo, dejan trascender que el nivel salarial que encontraron era demasiado elevado y se quejan de un déficit previsional “exacerbado”, con jubilaciones para los hombres a los 54 años y para las mujeres, a los 50. En eso, obviamente, coinciden en el gobierno nacional y en la contradictoria alianza Cambiemos, que cruje a nivel provincial.

La etapa del desarrollo productivo a la que se debía pasar -según afirmaba Néstor Kirchner- nunca llegó. Hoy, la población se divide entre los que piensan que la prioridad del kirchnerismo fue enriquecerse con la corrupción y los que advierten que el rumbo del macrismo a nivel nacional es un regreso al mundo que recuerda las peores épocas.

 

 

ALICIA EN EL PAÍS. Ganó con apenas el 22 por ciento de los votos gracias a la Ley de Lemas y sin haber gobernado nunca de manera autónoma. Su tarea fue siempre la de la asistencia social, con buen vínculo con la Iglesia. Era una especialista en la rueda de auxilio del asistencialismo, aunque le disguste reconocerlo, pero no estaba adiestrada para un escenario de opositora al poder central.

La gobernadora quiso endeudarse como hizo el macrismo a nivel nacional -de manera temeraria- y lo hicieron también la mayoría de las provincias a partir del 10 de diciembre de 2015. Pero no tuvo permiso de la Nación y ahora, piensan algunos, eso es algo de lo que la beneficia.

Con la derrota del kirchnerismo nacional y la primavera de Cambiemos, Alicia quedó sola como exponente residual de una fuerza que parecía condenada a la extinción. Atravesó la experiencia del ajuste en Santa Cruz con un pequeño grupo de colaboradores en los que no sobran los kirchneristas puros. El vicegobernador Pablo González -un líbero que le respira en la nuca-, su agrupación Kolina y La Cámpora se repartieron el equilibrio interno en un gabinete de emergencia.

 

 

LOS PIBES PARA EL AJUSTE. Pese a la crisis, la agrupación de Máximo Kirchner conserva cuatro ministerios y concentra los cuestionamientos de la oposición. Fernando Basanta, ministro de Gobierno; Ignacio Perincioli, como ministro de Economía e Infraestructura; Leonardo Álvarez, como ministro de Producción, y Rocío García -la ex esposa de Máximo-, como ministra de Salud.

El contador Perincioli asumió en abril pasado en busca de darle aire a un gobierno desbordado por la crisis. Amigo de Máximo, había debutado en la empresa provincial Fomicruz y reemplazó a Juan Donnini, otro integrante de la agrupación juvenil.

Otra pieza clave del kirchnerismo en la provincia es Romina Mercado, hija de Alicia, designada en el cuerpo de abogados de la Fiscalía de Estado.

Cautiva del ajuste como el resto de los mandatarios provinciales, AK y su equipo están lejos del país de maravillas con el que hubieran deseado convivir. No sólo eso: tampoco tienen elementos para mostrar desde Santa Cruz una alternativa al sendero ortodoxo del macrismo. Al contrario: parecen ser el testimonio vivo de que no existe otra alternativa.

 

 

Desde ATE, denuncian que el Presupuesto que Dujovne llevó al Congreso representa un 19% menos de ingresos para la provincia que lo percibido durante este 2018, en el que hubo despidos y retiros voluntarios en el Yacimiento Carbonífero de Río Turbio y se paralizó la inversión en la megausina.

Según el sindicato, el proyecto sufrirá recortes por 2.500 millones de pesos más. “Esto pone en jaque la continuidad de la megausina y perfila un dramático achicamiento de los puestos de trabajo. Abandona la ansiada generación de energía cuando apenas falta un 15% para culminar la obra que generaría 240 megas y podría transportar energía y permitir la radicación de empresas y la generación de mano de obra genuina”, afirmaron en un comunicado en el que cuestionaron “el castigo y el saqueo del macrismo a Santa Cruz”, con el desmantelamiento de la salud pública. 

 

 

FUTURO INCIERTO. A Cambiemos no le va mejor. Gobierna las cuatro ciudades más importantes, con escasos resultados y conflictos con los trabajadores municipales: Río Gallegos, Caleta Olivia, Las Heras y Pico Truncado.

El intendente de Caleta Olivia, Facundo Prades, está peleado a muerte con Eduardo Costa y la confrontación pública entre ellos es el deleite del oficialismo provincial. Según publicó Opi Santa Cruz, la Secretaría de Vivienda y Hábitat del Ministerio de Interior acaba de rescindirle obras por una serie de irregularidades detectadas en los plazos y la ejecución. Con la firma de la funcionaria Marina Klemensiewicz, decidió frenar los desembolsos.

De cara a las elecciones del año próximo, no está claro quién puede capitalizar el descontento con la administración Kirchner. Tampoco, quién intentará competir.

Por parte del oficialismo se anotan el vicegobernador González, el intendente de El Calafate, Javier Belloni, y algunos no descartan que la propia Alicia Kirchner intente presentarse.

Del lado de Cambiemos, figura Costa, con elocuentes problemas de liderazgo. Dueño del supermercado Hipertehuelche, con una fortuna que en 2015 lo ubicó como el política más rico de la Argentina, Costa es, además, el esposo de la ascendente Mariana Zuvic, aliada estrecha de Elisa Carrió. Más allá de que en los estudios de televisión de Buenos Aires le rindan homenajes cada vez que denuncia la corrupción kirchnerista, en su provincia ni siquiera sus aliados están convencidos de que pueda convertirse en la mejor alternativa.

Hay algo más que genera incertidumbre. La Ley de Lemas que rige en la provincia y que le permitió a Alicia ser gobernadora en 2015, como antes a Daniel Peralta. Está pendiente la definición de un reclamo que Zuvic y la UCR santacruceña hicieron ante la Corte Suprema de Justicia para que se elimine la norma. La salida de Ricardo Lorenzetti, archienemigo de Carrió, de la presidencia del máximo tribunal entusiasmó a los aliados de Lilita, también en Santa Cruz. El 11 de setiembre pasado, unos días antes de la renovación de autoridades que sentó a Carlos Rosenkrantz en el sillón de presidente, la Corte le había dado vista a la Procuración y debe ser el interino Eduardo Casal -alineado en forma permanente con los deseos de la Casa Rosada- el que emita opinión. Después, vendrá la definición de la cabeza del Poder Judicial que puede cambiar la historia.

 

Alicia en su país sin maravillas

Mientras el kirchnerismo denuncia el ajuste macrista, en la provincia K la cuñada de Cristina y La Cámpora gobiernan un polvorín a fuerza de ortodoxia feroz y auxilio financiero de la Casa Amarilla.

Cuenta la leyenda que la provincia era superavitaria. Tenía las regalías petroleras y poquísimos habitantes. Contaba también con la partida millonaria que Néstor Kirchner percibió por la privatización de YPF y quedó en la historia como los fondos de Santa Cruz. Pasaron cosas, todo cambió y hoy el territorio que vio nacer al Frente para la Victoria figura entre los más deficitarios de la Argentina de Cambiemos.

Ajuste en obra pública, salarios públicos atrasados a niveles inconcebibles, paritarias arrumbadas, conflictos gremiales, meses sin clases y un signo de interrogación que gobierna.

Condicionada y acaso incapacitada, Alicia Kirchner transita ausente el debate nacional por el ajuste que Mauricio Macri quiere dejar plasmado en el Presupuesto 2019 como garantía para Christine Lagarde.

La gobernadora aparece en el pelotón de los mandatarios que están más lejos de la Casa Rosada, pero no por su papel público, en las antípodas del que supo ocupar su hermano en el final de la década del noventa.

Por pedido de Rogelio Frigerio, Alicia estuvo en la reunión del Consejo Federal de Inversiones la semana pasada y volvió a pasar inadvertida. Quedó desdibujada en el grupo de los gobernadores más duros que encabezan inoxidables como Carlos Verna, Alberto Rodríguez Saá, Gildo Insfrán y hasta Juan Manzur. Cualquiera de ellos le trajo a Macri más dolores de cabeza que la hermana del ex presidente.

No es lo único. Cuando participa de las tertulias del CFI, la cuñada de Cristina Kirchner aparece casi siempre desorientada en busca de precisiones sobre lo que se discute con la Nación. En eso por lo menos coinciden en retratarla, cargados de malicia, los peronistas y el gobierno nacional.

 

 

DEUDA Y DÉFICIT. Obligada por la crisis, sin posibilidad de endeudarse, Santa Cruz se destaca como la provincia que hizo el recorte de gastos más furioso desde que el macrismo llegó al poder. No deja ser paradójico: mientras su cuñada denuncia el rumbo de un gobierno atado al Fondo, ella luce como ejemplo de ortodoxia.

Tenía un déficit de 17% en el primer semestre de 2017 y pasó a un superávit de 1,2% un año después. ¿Cómo fue posible? Es materia de discusión, pero pesan de manera decisiva la parálisis en la obra pública y los salarios que aumentaron el año pasado un promedio de 8%. Con una inflación proyectada en torno al 45%, para 2018 las perspectivas son todavía peores.

La altísima conflictividad gremial, que incluyó en 2017 una demostración de furia de los manifestantes frente al domicilio en el que estaban Alicia y Cristina, llevó a 86 días de paro docente. Desde el gremio Adosac denuncian el ajuste permanente y la demora en el pago de los sueldos de agosto. Lo mismo el resto de los estatales, los judiciales y los trabajadores de la Salud, que cuestionan los recortes en el sector.

 

 

En la Casa Rosada, la mirada es opuesta a la que predomina en el sur. Los funcionarios de Nicolás Dujovne y Frigerio dejaron de criticarla y ahora dicen que está ordenando la provincia con ayuda de la Nación. “Está más equilibrada. Principalmente, por el ajuste salarial y jubilatorio. Nosotros la financiamos con préstamos. Hasta llegar al equilibrio en 2020/2021”, dicen.

A tono con el perfil de la gobernadora, sus funcionarios prefieren no hablar. Sin embargo, dejan trascender que el nivel salarial que encontraron era demasiado elevado y se quejan de un déficit previsional “exacerbado”, con jubilaciones para los hombres a los 54 años y para las mujeres, a los 50. En eso, obviamente, coinciden en el gobierno nacional y en la contradictoria alianza Cambiemos, que cruje a nivel provincial.

La etapa del desarrollo productivo a la que se debía pasar -según afirmaba Néstor Kirchner- nunca llegó. Hoy, la población se divide entre los que piensan que la prioridad del kirchnerismo fue enriquecerse con la corrupción y los que advierten que el rumbo del macrismo a nivel nacional es un regreso al mundo que recuerda las peores épocas.

 

 

ALICIA EN EL PAÍS. Ganó con apenas el 22 por ciento de los votos gracias a la Ley de Lemas y sin haber gobernado nunca de manera autónoma. Su tarea fue siempre la de la asistencia social, con buen vínculo con la Iglesia. Era una especialista en la rueda de auxilio del asistencialismo, aunque le disguste reconocerlo, pero no estaba adiestrada para un escenario de opositora al poder central.

La gobernadora quiso endeudarse como hizo el macrismo a nivel nacional -de manera temeraria- y lo hicieron también la mayoría de las provincias a partir del 10 de diciembre de 2015. Pero no tuvo permiso de la Nación y ahora, piensan algunos, eso es algo de lo que la beneficia.

Con la derrota del kirchnerismo nacional y la primavera de Cambiemos, Alicia quedó sola como exponente residual de una fuerza que parecía condenada a la extinción. Atravesó la experiencia del ajuste en Santa Cruz con un pequeño grupo de colaboradores en los que no sobran los kirchneristas puros. El vicegobernador Pablo González -un líbero que le respira en la nuca-, su agrupación Kolina y La Cámpora se repartieron el equilibrio interno en un gabinete de emergencia.

 

 

LOS PIBES PARA EL AJUSTE. Pese a la crisis, la agrupación de Máximo Kirchner conserva cuatro ministerios y concentra los cuestionamientos de la oposición. Fernando Basanta, ministro de Gobierno; Ignacio Perincioli, como ministro de Economía e Infraestructura; Leonardo Álvarez, como ministro de Producción, y Rocío García -la ex esposa de Máximo-, como ministra de Salud.

El contador Perincioli asumió en abril pasado en busca de darle aire a un gobierno desbordado por la crisis. Amigo de Máximo, había debutado en la empresa provincial Fomicruz y reemplazó a Juan Donnini, otro integrante de la agrupación juvenil.

Otra pieza clave del kirchnerismo en la provincia es Romina Mercado, hija de Alicia, designada en el cuerpo de abogados de la Fiscalía de Estado.

Cautiva del ajuste como el resto de los mandatarios provinciales, AK y su equipo están lejos del país de maravillas con el que hubieran deseado convivir. No sólo eso: tampoco tienen elementos para mostrar desde Santa Cruz una alternativa al sendero ortodoxo del macrismo. Al contrario: parecen ser el testimonio vivo de que no existe otra alternativa.

 

 

Desde ATE, denuncian que el Presupuesto que Dujovne llevó al Congreso representa un 19% menos de ingresos para la provincia que lo percibido durante este 2018, en el que hubo despidos y retiros voluntarios en el Yacimiento Carbonífero de Río Turbio y se paralizó la inversión en la megausina.

Según el sindicato, el proyecto sufrirá recortes por 2.500 millones de pesos más. “Esto pone en jaque la continuidad de la megausina y perfila un dramático achicamiento de los puestos de trabajo. Abandona la ansiada generación de energía cuando apenas falta un 15% para culminar la obra que generaría 240 megas y podría transportar energía y permitir la radicación de empresas y la generación de mano de obra genuina”, afirmaron en un comunicado en el que cuestionaron “el castigo y el saqueo del macrismo a Santa Cruz”, con el desmantelamiento de la salud pública. 

 

 

FUTURO INCIERTO. A Cambiemos no le va mejor. Gobierna las cuatro ciudades más importantes, con escasos resultados y conflictos con los trabajadores municipales: Río Gallegos, Caleta Olivia, Las Heras y Pico Truncado.

El intendente de Caleta Olivia, Facundo Prades, está peleado a muerte con Eduardo Costa y la confrontación pública entre ellos es el deleite del oficialismo provincial. Según publicó Opi Santa Cruz, la Secretaría de Vivienda y Hábitat del Ministerio de Interior acaba de rescindirle obras por una serie de irregularidades detectadas en los plazos y la ejecución. Con la firma de la funcionaria Marina Klemensiewicz, decidió frenar los desembolsos.

De cara a las elecciones del año próximo, no está claro quién puede capitalizar el descontento con la administración Kirchner. Tampoco, quién intentará competir.

Por parte del oficialismo se anotan el vicegobernador González, el intendente de El Calafate, Javier Belloni, y algunos no descartan que la propia Alicia Kirchner intente presentarse.

Del lado de Cambiemos, figura Costa, con elocuentes problemas de liderazgo. Dueño del supermercado Hipertehuelche, con una fortuna que en 2015 lo ubicó como el política más rico de la Argentina, Costa es, además, el esposo de la ascendente Mariana Zuvic, aliada estrecha de Elisa Carrió. Más allá de que en los estudios de televisión de Buenos Aires le rindan homenajes cada vez que denuncia la corrupción kirchnerista, en su provincia ni siquiera sus aliados están convencidos de que pueda convertirse en la mejor alternativa.

Hay algo más que genera incertidumbre. La Ley de Lemas que rige en la provincia y que le permitió a Alicia ser gobernadora en 2015, como antes a Daniel Peralta. Está pendiente la definición de un reclamo que Zuvic y la UCR santacruceña hicieron ante la Corte Suprema de Justicia para que se elimine la norma. La salida de Ricardo Lorenzetti, archienemigo de Carrió, de la presidencia del máximo tribunal entusiasmó a los aliados de Lilita, también en Santa Cruz. El 11 de setiembre pasado, unos días antes de la renovación de autoridades que sentó a Carlos Rosenkrantz en el sillón de presidente, la Corte le había dado vista a la Procuración y debe ser el interino Eduardo Casal -alineado en forma permanente con los deseos de la Casa Rosada- el que emita opinión. Después, vendrá la definición de la cabeza del Poder Judicial que puede cambiar la historia.