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El caudillo responsable

Juan Manuel Urtubey ya se mueve como candidato a presidente y apuesta a la construcción política del interior hacia el centro. El dilema de ser el más dialoguista y querer ser referente opositor.
Por 01/06/2018 14:32
Portador sano

Desde la periferia hacia el centro. Desde el interior hacia Buenos Aires, a la caza del apoyo del heterogéneo grupo de mandatarios provinciales, bajo la bandera y el discurso del federalismo. En la búsqueda de la construcción de un perfil opositor con diálogo estrecho y permanente con Mauricio Macri. Casi lanzado como candidato a presidente, Juan Manuel Urtubey ya juega sus fichas para 2019, intentando recostarse en un peronismo federal que aún no termina de darle su bendición, ampliar hacia los sectores no pejotistas y mostrarse como la renovación que le pondrá fin a la etapa kirchnerista y al gobierno de Cambiemos.

"Estoy ayudando al Gobierno, a pesar de ser opositor, y voy a seguir ayudando hasta el último día”, suele decir el salteño. Una definición clara del perfil que intenta resaltar desde que Macri desembarcó en la Casa Rosada, y que pasó por distintas etapas, desde la ruptura con el kirchnerismo, la salida de sus referentes en el Congreso del bloque del Frente para la Victoria, las duras críticas a Cristina Fernández de Kirchner y la construcción de fluidos canales de diálogo con Cambiemos, hasta el desafío a los propios legisladores del peronismo por el proyecto de tarifas.

 

 

Urtubey está convencido de que la sociedad argentina no soporta más "la grieta" macrismo-kirchnerismo y que apostaría, sin dudas, por un referente que garantizara razonabilidad, estabilidad, normalidad. En el entorno del salteño creen que, aunque aparece como el gobernador peronista más cercano al Gobierno nacional, es, paradójicamente, el que dedica más críticas a la Rosada, sobre todo en el terreno económico. "Lo hace a su manera, con sus formas, pero las críticas al modelo son muy claras", dicen en Salta. 

 

Urtubey aspira a ser el candidato de los gobernadores del peronismo federal.

 

Para muestra, citan las declaraciones en torno al acuerdo con el Fondo y a los posteriores pedidos de Macri a los gobernadores. "Yo no hubiera ido a pedirle plata al FMI", dijo el salteño. Luego agregó críticas al sistema financiero por "ahogar la actividad productiva" y afirmó, entre otras cosas, que "plantear que el problema del país se resuelve solo bajando el déficit fiscal y con un Estado más chico es un error conceptual; hay que crecer y, para lograrlo, no podés tener tasas del 40%". El gobernador tuvo que aclarar que no piensa "acompañar electoralmente" a Cambiemos en 2019.

En la mesa chica del salteño, explican su posicionamiento de manera simple: Urtubey piensa que lo peor que le puede pasar al peronismo, en caso de ganar la próxima elección, es hacerse cargo de un gobierno explotado. “Si se cae todo a pedazos, se convierte en inviable para todos”, dice a sus dirigentes de confianza. Con esa lógica, construye su política.  

 

 

Aunque su candidatura es casi un hecho, Urtubey esperará hasta fin de año para avanzar con un lanzamiento formal. En esa dirección, en las últimas semanas apuntó a ampliar su exposición pública y decidió “sistematizar” mucho más sus salidas mediáticas.

El salteño cree que, antes del anuncio, debe terminar de consolidar el apoyo del peronismo federal - que se insinúa en algunos sectores pero no es en absoluto total-  y de la periferia no peronista que busca conquistar. Aunque ningún otro gobernador da señales de querer competir por la presidencia, algunos mandatarios provinciales miran las jugadas solitarias de Urtubey con desconfianza y no terminan de simpatizar con su candidatura. Por ahora, solo la fueguina Rosana Bertone lo apoyó de manera explícita. Entre los acontecimientos que obstaculizan ese entendimiento estuvo, en los últimos días, la jugada del salteño por el tema tarifas, que puso en jaque la unidad del bloque pichettista y, según creen algunos legisladores, los expuso frente a Macri.

 

 

Eso quebró la confianza de algunos miembros de los bloques que en el Congreso conducen Miguel Ángel Pichetto, en el Senado, y Pablo Kosiner, en Diputados, que hicieron su presentación en sociedad junto al massismo en la cumbre de Gualeguaychú. Kosiner es, junto al senador Rodolfo Urtubey, hermano del gobernador, y Dalmacio Mera, su primo, parte de la mesa chica del salteño que cranea el plan 2019. Todos apuestan a que el desacuerdo por las tarifas quede rápidamente atrás.   

Mientras, Urtubey cree y repite que “con el peronismo no alcanza” y piensa la forma de ampliar el espectro. Por eso, tiende puentes con gobernadores que no pertenecen al PJ, como el santafesino Miguel Lifschitz, o no tienen detrás un partido con alcance nacional, como el misionero Hugo Passalacqua, el santiagueño Gerardo Zamora, el rionegrino Alberto Weretilneck y el chubutense Mariano Arcioni.

El puente a los gobernadores ya se comenzó a ver. El 25 de mayo, Urtubey encabezó junto a Passalacqua los festejos de la fecha patria en la localidad de Leandro Alem, Misiones. Ahora, la recorrida seguirá en otras provincias.

 

 

Urtubey compartirá en Rosario un actividad con Lifschitz, con quien forjó una buena relación personal en su cohabitación como mandatarios opositores. Será el 6 de junio y tendrá como eje nada menos que la reforma constitucional que impulsa el socialista y a la que el salteño dará su apoyo. Los votos del peronismo serán clave para destrabar el proceso, que Lifschitz quiere despejar en la Legislatura provincial antes del receso de invierno. Si la reforma fracasa o no incluye la reelección, el socialista intentará ser candidato a presidente de una opción progresista. Mientras, le abrirá las puertas de la provincia al salteño. Al mismo evento está invitado el radical Ricardo Gil Lavedra.

 

 

En Río Negro, el peronismo se encolumna detrás de Martín Soria, a quien Urtubey encuentra “demasiado jugado” con el kirchnerismo pese a que, en lo local, el PJ contiene también al núcleo que responde a Miguel Ángel Pichetto. Será Weretilneck, entonces, el encargado de recibirlo en su gira nacional.

Por fuera de los gobernadores, Urtubey apunta a sumar actores de la sociedad con ganas de involucrarse en la política. En la Ciudad mira al presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, quien desde hace tiempo amaga con meterse en la competencia electoral. Lammens y Urtubey ya tuvieron un acercamiento público en 2016, cuando el presidente de San Lorenzo y el gobernador firmaron un convenio para aplicar la boleta única electrónica en las elecciones del club.

El ex vice "cuervo" Marcelo Tinelli también figura en la lista del salteño. Pese al cruce que tuvo en los últimos días con el conductor por el tema tarifas, Urtubey asegura que tienen buena sintonía. Lo mismo ocurre con el neurólogo Facundo Manes, que estuvo a punto de integrar las listas de Cambiemos en 2017, empujado por la UCR. El gobernador se mostró el martes con el neurólogo en un acto en la inauguración del Instituto de Neurociencias y Políticas Públicas en la Bolsa de Comercio.

 

En diciembre, el salteño fue parte del grupo de gobernadores que respaldaron la reforma previsional. 

 

La relación con los otros posibles candidatos del peronismo es dispar. Imagina una PASO con Sergio Massa, con quien habla en forma personal y a través de terceros, con la relación que forjaron en el Congreso los bloques de Argentina Federal y del Frente Renovador.

Con Florencio Randazzo, en cambio, no cruza palabra desde hace dos años y medio, sobre el final del gobierno kirchnerista. La relación entre Urtubey y Randazzo, que había sido estrecha durante el gobierno de Cristina, quedó dañada en 2015, cuando el salteño se pronunció en favor de la candidatura presidencial de Daniel Scioli. El ex ministro del Interior dice que, en privado, habían acordado que el salteño se mantendría, cuanto menos, equidistante. Pero fue el primer gobernador en darle su apoyo al ex motonauta. La relación entre ambos hoy transita vía el interbloque Argentina Federal, que conduce Kosiner y al que pertenece Eduardo "Bali" Bucca, referente de Randazzo y armador, junto al massismo, de la pata bonaerense del peronismo federal.

 

Urtubey recorre las provincias en busca de apoyo. Quiere formalizar su candidatura a fin de año.

 

Pese a la buena sintonía, una línea divide al salteño del espacio bonaerense: tanto Randazzo como - ahora-  Massa creen que el peronismo debe llegar a las elecciones 2019 en un gran frente en cuya interna compitan todos los sectores, incluido el kirchnerismo. Para Urtubey, esa opción está descartada. En el entorno del salteño, explican que eso podría terminar en una hipotética situación indeseada y difícil de explicar ante la sociedad, como sería que un candidato del peronismo federal ganara eventualmente la primaria en la categoría presidencial y debiera llevar en su boleta referentes del camporismo en otra de las categorías. "¿Cómo se le explica después al electorado que no sos lo mismo?", razonan en Salta, donde sueñan con el ballotage.

Como otros seis dirigentes que entonces formaban parte del kirchnerismo, Urtubey tuvo en 2015 un sueño presidencial del que Cristina se encargó de bajar a todos los aspirantes, a excepción de Scioli. Ahora, con apenas 48 años y tres mandatos provinciales a cuestas, el salteño decidió lanzarse solo a la carrera presidencial con el desafío de mostrar que puede traspasar los límites de una provincia que reconoce tradicional y conservadora, el objetivo de conquistar al kirchnerismo desencantado y al macrismo desilusionado y de conducir el desembarco en la Rosada de la renovación peronista.

El caudillo responsable

Juan Manuel Urtubey ya se mueve como candidato a presidente y apuesta a la construcción política del interior hacia el centro. El dilema de ser el más dialoguista y querer ser referente opositor.

Desde la periferia hacia el centro. Desde el interior hacia Buenos Aires, a la caza del apoyo del heterogéneo grupo de mandatarios provinciales, bajo la bandera y el discurso del federalismo. En la búsqueda de la construcción de un perfil opositor con diálogo estrecho y permanente con Mauricio Macri. Casi lanzado como candidato a presidente, Juan Manuel Urtubey ya juega sus fichas para 2019, intentando recostarse en un peronismo federal que aún no termina de darle su bendición, ampliar hacia los sectores no pejotistas y mostrarse como la renovación que le pondrá fin a la etapa kirchnerista y al gobierno de Cambiemos.

"Estoy ayudando al Gobierno, a pesar de ser opositor, y voy a seguir ayudando hasta el último día”, suele decir el salteño. Una definición clara del perfil que intenta resaltar desde que Macri desembarcó en la Casa Rosada, y que pasó por distintas etapas, desde la ruptura con el kirchnerismo, la salida de sus referentes en el Congreso del bloque del Frente para la Victoria, las duras críticas a Cristina Fernández de Kirchner y la construcción de fluidos canales de diálogo con Cambiemos, hasta el desafío a los propios legisladores del peronismo por el proyecto de tarifas.

 

 

Urtubey está convencido de que la sociedad argentina no soporta más "la grieta" macrismo-kirchnerismo y que apostaría, sin dudas, por un referente que garantizara razonabilidad, estabilidad, normalidad. En el entorno del salteño creen que, aunque aparece como el gobernador peronista más cercano al Gobierno nacional, es, paradójicamente, el que dedica más críticas a la Rosada, sobre todo en el terreno económico. "Lo hace a su manera, con sus formas, pero las críticas al modelo son muy claras", dicen en Salta. 

 

Urtubey aspira a ser el candidato de los gobernadores del peronismo federal.

 

Para muestra, citan las declaraciones en torno al acuerdo con el Fondo y a los posteriores pedidos de Macri a los gobernadores. "Yo no hubiera ido a pedirle plata al FMI", dijo el salteño. Luego agregó críticas al sistema financiero por "ahogar la actividad productiva" y afirmó, entre otras cosas, que "plantear que el problema del país se resuelve solo bajando el déficit fiscal y con un Estado más chico es un error conceptual; hay que crecer y, para lograrlo, no podés tener tasas del 40%". El gobernador tuvo que aclarar que no piensa "acompañar electoralmente" a Cambiemos en 2019.

En la mesa chica del salteño, explican su posicionamiento de manera simple: Urtubey piensa que lo peor que le puede pasar al peronismo, en caso de ganar la próxima elección, es hacerse cargo de un gobierno explotado. “Si se cae todo a pedazos, se convierte en inviable para todos”, dice a sus dirigentes de confianza. Con esa lógica, construye su política.  

 

 

Aunque su candidatura es casi un hecho, Urtubey esperará hasta fin de año para avanzar con un lanzamiento formal. En esa dirección, en las últimas semanas apuntó a ampliar su exposición pública y decidió “sistematizar” mucho más sus salidas mediáticas.

El salteño cree que, antes del anuncio, debe terminar de consolidar el apoyo del peronismo federal - que se insinúa en algunos sectores pero no es en absoluto total-  y de la periferia no peronista que busca conquistar. Aunque ningún otro gobernador da señales de querer competir por la presidencia, algunos mandatarios provinciales miran las jugadas solitarias de Urtubey con desconfianza y no terminan de simpatizar con su candidatura. Por ahora, solo la fueguina Rosana Bertone lo apoyó de manera explícita. Entre los acontecimientos que obstaculizan ese entendimiento estuvo, en los últimos días, la jugada del salteño por el tema tarifas, que puso en jaque la unidad del bloque pichettista y, según creen algunos legisladores, los expuso frente a Macri.

 

 

Eso quebró la confianza de algunos miembros de los bloques que en el Congreso conducen Miguel Ángel Pichetto, en el Senado, y Pablo Kosiner, en Diputados, que hicieron su presentación en sociedad junto al massismo en la cumbre de Gualeguaychú. Kosiner es, junto al senador Rodolfo Urtubey, hermano del gobernador, y Dalmacio Mera, su primo, parte de la mesa chica del salteño que cranea el plan 2019. Todos apuestan a que el desacuerdo por las tarifas quede rápidamente atrás.   

Mientras, Urtubey cree y repite que “con el peronismo no alcanza” y piensa la forma de ampliar el espectro. Por eso, tiende puentes con gobernadores que no pertenecen al PJ, como el santafesino Miguel Lifschitz, o no tienen detrás un partido con alcance nacional, como el misionero Hugo Passalacqua, el santiagueño Gerardo Zamora, el rionegrino Alberto Weretilneck y el chubutense Mariano Arcioni.

El puente a los gobernadores ya se comenzó a ver. El 25 de mayo, Urtubey encabezó junto a Passalacqua los festejos de la fecha patria en la localidad de Leandro Alem, Misiones. Ahora, la recorrida seguirá en otras provincias.

 

 

Urtubey compartirá en Rosario un actividad con Lifschitz, con quien forjó una buena relación personal en su cohabitación como mandatarios opositores. Será el 6 de junio y tendrá como eje nada menos que la reforma constitucional que impulsa el socialista y a la que el salteño dará su apoyo. Los votos del peronismo serán clave para destrabar el proceso, que Lifschitz quiere despejar en la Legislatura provincial antes del receso de invierno. Si la reforma fracasa o no incluye la reelección, el socialista intentará ser candidato a presidente de una opción progresista. Mientras, le abrirá las puertas de la provincia al salteño. Al mismo evento está invitado el radical Ricardo Gil Lavedra.

 

 

En Río Negro, el peronismo se encolumna detrás de Martín Soria, a quien Urtubey encuentra “demasiado jugado” con el kirchnerismo pese a que, en lo local, el PJ contiene también al núcleo que responde a Miguel Ángel Pichetto. Será Weretilneck, entonces, el encargado de recibirlo en su gira nacional.

Por fuera de los gobernadores, Urtubey apunta a sumar actores de la sociedad con ganas de involucrarse en la política. En la Ciudad mira al presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, quien desde hace tiempo amaga con meterse en la competencia electoral. Lammens y Urtubey ya tuvieron un acercamiento público en 2016, cuando el presidente de San Lorenzo y el gobernador firmaron un convenio para aplicar la boleta única electrónica en las elecciones del club.

El ex vice "cuervo" Marcelo Tinelli también figura en la lista del salteño. Pese al cruce que tuvo en los últimos días con el conductor por el tema tarifas, Urtubey asegura que tienen buena sintonía. Lo mismo ocurre con el neurólogo Facundo Manes, que estuvo a punto de integrar las listas de Cambiemos en 2017, empujado por la UCR. El gobernador se mostró el martes con el neurólogo en un acto en la inauguración del Instituto de Neurociencias y Políticas Públicas en la Bolsa de Comercio.

 

En diciembre, el salteño fue parte del grupo de gobernadores que respaldaron la reforma previsional. 

 

La relación con los otros posibles candidatos del peronismo es dispar. Imagina una PASO con Sergio Massa, con quien habla en forma personal y a través de terceros, con la relación que forjaron en el Congreso los bloques de Argentina Federal y del Frente Renovador.

Con Florencio Randazzo, en cambio, no cruza palabra desde hace dos años y medio, sobre el final del gobierno kirchnerista. La relación entre Urtubey y Randazzo, que había sido estrecha durante el gobierno de Cristina, quedó dañada en 2015, cuando el salteño se pronunció en favor de la candidatura presidencial de Daniel Scioli. El ex ministro del Interior dice que, en privado, habían acordado que el salteño se mantendría, cuanto menos, equidistante. Pero fue el primer gobernador en darle su apoyo al ex motonauta. La relación entre ambos hoy transita vía el interbloque Argentina Federal, que conduce Kosiner y al que pertenece Eduardo "Bali" Bucca, referente de Randazzo y armador, junto al massismo, de la pata bonaerense del peronismo federal.

 

Urtubey recorre las provincias en busca de apoyo. Quiere formalizar su candidatura a fin de año.

 

Pese a la buena sintonía, una línea divide al salteño del espacio bonaerense: tanto Randazzo como - ahora-  Massa creen que el peronismo debe llegar a las elecciones 2019 en un gran frente en cuya interna compitan todos los sectores, incluido el kirchnerismo. Para Urtubey, esa opción está descartada. En el entorno del salteño, explican que eso podría terminar en una hipotética situación indeseada y difícil de explicar ante la sociedad, como sería que un candidato del peronismo federal ganara eventualmente la primaria en la categoría presidencial y debiera llevar en su boleta referentes del camporismo en otra de las categorías. "¿Cómo se le explica después al electorado que no sos lo mismo?", razonan en Salta, donde sueñan con el ballotage.

Como otros seis dirigentes que entonces formaban parte del kirchnerismo, Urtubey tuvo en 2015 un sueño presidencial del que Cristina se encargó de bajar a todos los aspirantes, a excepción de Scioli. Ahora, con apenas 48 años y tres mandatos provinciales a cuestas, el salteño decidió lanzarse solo a la carrera presidencial con el desafío de mostrar que puede traspasar los límites de una provincia que reconoce tradicional y conservadora, el objetivo de conquistar al kirchnerismo desencantado y al macrismo desilusionado y de conducir el desembarco en la Rosada de la renovación peronista.