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Corre, Miguel, corre

Pichetto anota su nombre para 2019. Prefiere trabajar para él en vez de para otros que tampoco miden. Su alianza para un peronismo confiable: CGT-gobernadores-Partido Judicial-Círculo Rojo.
Por 18/06/2018 15:50

No lo puede decir. Porque es demasiado prematuro, porque nunca ganó una elección en su provincia, porque arranca del fondo de la tabla y porque tiene todas las de perder. Pero Miguel Ángel Pichetto empezó a trabajar en un proyecto nacional propio hacia 2019. Después de dos años largos en los que fue la llave que le abrió a Mauricio Macri el camino a las leyes que necesitaba, el jefe del bloque de Senadores del PJ experimentó en mayo pasado un doble quiebre. Por un lado, advirtió lo mismo que todo el peronismo no kirchnerista: la corrida al dólar, el llamado apurado al Fondo, la pérdida de confianza y la caída de las expectativas en el gobierno de los CEOs acorta los tiempos para la oposición. Por el otro, se enfureció cuando vio que Macri le fracturaba el bloque de senadores de la mano del que era, hasta ese momento, su principal aliado, Juan Manuel Urtubey.

El 22 de mayo pasado, Pichetto estaba a punto de ir a la reunión que organizaba la revista Movimiento 21 cuando se enteró de que el gobernador de Salta conspiraba en su contra y mandaba a su hermano senador a votar un proyecto sobre tarifas acordado con Macri. Tanto se enfureció, que estuvo a punto de no ir a la presentación y dejar a todos plantados.

Cinco días antes, Carlos Menem lo había lanzado como candidato a presidente, en un intercambio tan generoso como estudiado de favores en el que Pichetto definió al riojano como “el inventor de todo”. Junto con la turbulencia que comenzaba a afectar a Macri y los movimientos oficialistas de Urtubey, el señor gobernabilidad empezó a pensar en dar vuelta la página y prestarle atención a su grupo de colaboradores más íntimos. Los que le dicen que, si él quiere, puede. Lo tientan para que se lance como hacen en el PJ -entre los eufemismos y la ambición desmedida- desde Urtubey hasta Sergio Massa, desde Agustín Rossi a Jorge Capitanich, desde gobernadores como Alberto Rodríguez Saá y Juan Manzur hasta Felipe Solá y Alberto Fernández. En ese pelotón interminable de los que quisieran ser cabeza, o por lo menos parte esencial de un proyecto ganador, ahora también está Pichetto. 

 

Pichetto con Urtubey en un encuentro organizado por una revista. Fue el 22 de mayo. Ya estaba todo mal.

 

MÁS QUE SAADI. El senador ya tiene jefe de campaña. Es el abogado Jorge Franco, hijo de un ex gobernador del peronismo en Río Negro con el que comparte una larga historia de coincidencias y diferencias en su provincia. Pichetto y Franco -que conoció bien a Néstor Kirchner- se enfrentaron muchas veces políticamente hasta que en 2015 el primero llamó al segundo para convertirlo en su jefe de campaña. Desde entonces, es su mano derecha. Como reveló Letra P, Franco acompañó a Pichetto y a Miguel Peirano en la reunión que tuvieron con María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta en busca de acercar posiciones entre oficialismo y oposición después de la ley antitarifazo y el veto de Macri. 

A principios de 2016, Franco fue uno de los consejeros que le recomendó a un Pichetto que venía muy golpeado por la derrota electoral de 2016 en Río Negro que se convierta en el pilar de la gobernabilidad desde el Senado. “Vos podés ser lo que fue Vicente Saadi para (Raúl) Alfonsín”, le dijo. Esa es la etapa que acaba de quedar atrás: ahora el rionegrino va por más. 

La semana pasada, el dúo volvió a mostrarse junto en una reunión con 70 gremios de la energía en la que el sindicalismo volvió a coincidir con el jefe de los Senadores del PJ. Fue un día después de que Pichetto presentara un proyecto para eximir el aguinaldo de Ganancias, a tono con las demandas de la CGT. En ese encuentro, en el que coincidieron en un panorama sombrío hacia adelante, se habló con preocupación del crecimiento de la izquierda trotskista en los sindicatos que conduce el peronismo ortodoxo como uno de los factores que obliga al colaboracionismo a ser parte del tercer paro nacional contra Macri.

 

 

EL PREFERIDO. Aunque su fortaleza principal es el poder que emana de los gobernadores del PJ en todo el país, Pichetto está en línea con la CGT desde hace tiempo. El año pasado le dijo NO al proyecto de flexibilización laboral que amagaba presentar el Gobierno. Hace diez días, el bloque de senadores del PJ visitó la sede de Azopardo para darle aval al paro nacional. En el medio, el triunvirato de Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña se había reunido con él en el Congreso el dia del veto presidencial que refrendó el tarifazo. En esa oportunidad, según dicen, le transmitieron el acompañamiento hacia 2019. Con los cambios en el escenario y la turbulencia, los triunviros del sindicalismo dan muestras de unidad. No sólo piensan que no hay que dividirse y convocan juntos al paro nacional del 25 de junio. Además, promueven la idea de avanzar en un gran acuerdo como el que promueven ahora sin éxito Macri, Peña y Frigerio. Pero para el ancho río del peronismo. De cara a las presidenciales y en la previa de las PASO. Para los triunviros de la CGT, los candidatos del peronismo son apenas cuatro: Rossi, Solá, Manzur y Pichetto.

 

 

Con un cuarto de siglo en el Congreso y 17 años en el Senado, el peronista que nació en Banfield y llegó a Río Negro a fines de los años ‘70 no tiene sólo vínculos con el sindicalismo y con los gobernadores del PJ a los que, dice ante su entorno, les falta una mirada nacional, preocupados como están por sobrevivir al gobierno de Cambiemos. El año pasado, el senador fue una de las estrellas del Coloquio de IDEA que debatió ante los dueños de las empresas más importantes del país sobre un país pleno de acuerdos y moderación. No fue un contacto esporádico. Al lado del senador afirman que tiene relación con influyentes hombres de negocios como Alejandro Bulgheroni, Eduardo Eurnekian y Héctor Magnetto. Con el Grupo Clarín, a decir verdad, la nómina incluye a más de un interlocutor. El presidente del holding, Jorge Rendo; el gerente de Relaciones Institucionales -y sobrino de Magnetto- Pablo Casey; el gerente de Asuntos Regulatorios, Hernán Verdaguer, están en su agenda. Todos se vieron en marzo pasado, cuando Pichetto participó del Foro que analizaba la oportunidad de ingresar a la OCDE que tenía ¿y tiene? Argentina. Ninguno desconoce el proyecto del peronismo moderado hacia 2019 ni la vocación que nace en Pichetto. Al contrario, le dan impulso y lo tienen como preferido.

 

 

PARTIDO JUDICIAL. Un peronismo del orden, entre moderado y prolijo, que proyecte un país con coordenadas similares a las que prometió Macri pero con menos turbulencia, mayor aprecio por la política y el arte de la negociación. A Pichetto le sobran condiciones para eso, pero le faltan votos. Las encuestas que maneja lo dan bien abajo, pero no tanto más abajo que a Urtubey, otro de los candidatos que se vende con entrevistas en televisión y visitas a Salta pero no teje relaciones con nadie.

Para los triunviros de la CGT, los candidatos del peronismo son apenas cuatro: Rossi, Solá, Manzur y Pichetto.

El jefe de los senadores del PJ exhibe nexos con el Poder Judicial. Desde Ricardo Lorenzetti, a quien buscó auxiliar ante las dificultades que tiene el supremo en el manejo de las escuchas, hasta el juez federal Claudio Bonadío, el sobreviviente destacado de la servilleta de Corach. Pichetto y Bonadio son amigos y se mueven como dos piezas del mismo mecanismo de relojería. El año pasado, el juez pidió el desafuero de Cristina Kirchner, después de dos años de que la ex presidenta estuviera a la intemperie. Fue casi un centro al área para que Pichetto cabeceara enseguida con una declaración en defensa de la política: “No veo que la voluntad popular pueda ser vulnerada si no hay sentencia firme”.

Las relaciones del señor gobernabilidad lo habilitan a pensar que sería un buen candidato para el Círculo Rojo. Claro, le falta el respaldo popular que tiene todavía Cristina Kirchner, con eje en el conurbano bonaerense. O el que tuvo Massa cuando arrasó en la provincia de Buenos Aires. Hoy, el ex intendente de Tigre y Pichetto también están en sintonía. Son dos de los vértices del peronismo moderado que cada vez se torna más crítico de Macri en el Congreso. Massa está fuera de escena, pero mide mucho más que Pichetto y mucho menos que CFK. Como sea, el ex jefe de Gabinete y el senador forman parte de un mismo espacio junto con Florencio Randazzo y Diego Bossio.

 

 

LOS VOTOS DE LOS GOBERNADORES. De trato cotidiano con Rogelio Frigerio y Emilio Monzó, el respaldo más importante de Pichetto son los gobernadores del PJ. Se entiende bien desde siempre con inoxidables como Gildo Insfrán y tiene una sintonía especial con Juan Manzur, Domingo Peppo y Rosana Bertone. Pero su principal fortaleza está en el lazo con Juan Schiaretti, el único mandatario peronista que hoy gobierna un distrito decisivo. El Gringo, que fue hasta hace poco otro de los aliados dilectos de Macri, también comenzó a tomar distancia. Recibió a la escuadra de Pichetto hace dos meses en Córdoba y tuvo que ser llamado de urgencia por Macri la semana pasada. Está entre los que dicen que el peronismo del interior no puede seguir financiando las obras de Vidal y Larreta en Capital y Gran Buenos Aires. “Hacen obras en Morón con lo que me sacan en Salsipuedes”, repite. Si Pichetto y Schiaretti siguen moviéndose en sintonía y logran sumar a José Manuel De la Sota -otro que visitó el Senado hace unos meses pero no termina de blanquear su juego- comenzarán a delinear un polo de poder de dimensiones considerables para la oposición moderada. Mientras repite que ningún gobernador tiene mirada nacional por la dependencia que los condiciona, Pichetto busca ser el delegado del PJ que gobierna hacia 2019 y después también. “¿Dónde van a poner los votos los gobernadores?”, preguntan al lado del rionegrino.

Como si la respuesta fuera una sola y lo beneficiara, comenzó a recorrer la Argentina.

“Vos podés ser lo que fue Vicente Saadi para (Raúl) Alfonsín”, le dijo un asesor a principios de 2016. Esa es la etapa que acaba de quedar atrás: ahora el rionegrino va por más. 

Tiene un año largo de campaña, avalado por su jefatura en el Senado. A sus entendimientos con el sindicalismo y el Círculo Rojo, le agrega un equipo económico que dialoga y se confunde con el que armó Massa. A Marco Lavagna y Bossio, Pichetto le suma nombres que lo asesoran de manera personal. Primero Peirano, el ex ministro de Economía que había imaginado Kirchner para Cristina y ya acompañó a Massa y a Daniel Scioli. Junto a él, Javier Alvaredo, el jefe de asesores de Peirano en 2007 y director de la consultora ACM, y Guillermo Michel, ex titular de la Aduana y mano derecha de Ricardo Echegaray. La intención, confesa o no, es reconstruir también un programa similar al que llevó adelante Eduardo Duhalde en su última etapa como presidente interino y Kirchner después, ya con Roberto Lavagna como ministro fuerte.

A ese esquema de empresarios, sindicatos, justicia y equipo económico, Pichetto busca sumarle, incluso, algunos gestos contra natura, como su estudiado apoyo al proyecto de despenalización del aborto que consideró una ola imparable. Su venia para la iniciativa que demostró un respaldo popular impactante llegó antes que la de Urtubey y de su ahora enemiga íntima en el Senado, Cristina Kirchner. Eso festeja en la intimidad, como parte de un plan ambicioso que sus adversarios minimizan pero que tiene un objetivo central: dejar de trabajar para otros que no llegan o no se animan y lanzarse en busca de un poder político propio, que pueda capitalizar su lugar de hoy y dejar de depender de las dudas de los otros. Más aún, cuando los tiempos se aceleran de una forma impensada, no hay tiempo para perder y -como dice Pichetto- “el país no aguanta más un esquema amateur”.

Corre, Miguel, corre

Pichetto anota su nombre para 2019. Prefiere trabajar para él en vez de para otros que tampoco miden. Su alianza para un peronismo confiable: CGT-gobernadores-Partido Judicial-Círculo Rojo.

No lo puede decir. Porque es demasiado prematuro, porque nunca ganó una elección en su provincia, porque arranca del fondo de la tabla y porque tiene todas las de perder. Pero Miguel Ángel Pichetto empezó a trabajar en un proyecto nacional propio hacia 2019. Después de dos años largos en los que fue la llave que le abrió a Mauricio Macri el camino a las leyes que necesitaba, el jefe del bloque de Senadores del PJ experimentó en mayo pasado un doble quiebre. Por un lado, advirtió lo mismo que todo el peronismo no kirchnerista: la corrida al dólar, el llamado apurado al Fondo, la pérdida de confianza y la caída de las expectativas en el gobierno de los CEOs acorta los tiempos para la oposición. Por el otro, se enfureció cuando vio que Macri le fracturaba el bloque de senadores de la mano del que era, hasta ese momento, su principal aliado, Juan Manuel Urtubey.

El 22 de mayo pasado, Pichetto estaba a punto de ir a la reunión que organizaba la revista Movimiento 21 cuando se enteró de que el gobernador de Salta conspiraba en su contra y mandaba a su hermano senador a votar un proyecto sobre tarifas acordado con Macri. Tanto se enfureció, que estuvo a punto de no ir a la presentación y dejar a todos plantados.

Cinco días antes, Carlos Menem lo había lanzado como candidato a presidente, en un intercambio tan generoso como estudiado de favores en el que Pichetto definió al riojano como “el inventor de todo”. Junto con la turbulencia que comenzaba a afectar a Macri y los movimientos oficialistas de Urtubey, el señor gobernabilidad empezó a pensar en dar vuelta la página y prestarle atención a su grupo de colaboradores más íntimos. Los que le dicen que, si él quiere, puede. Lo tientan para que se lance como hacen en el PJ -entre los eufemismos y la ambición desmedida- desde Urtubey hasta Sergio Massa, desde Agustín Rossi a Jorge Capitanich, desde gobernadores como Alberto Rodríguez Saá y Juan Manzur hasta Felipe Solá y Alberto Fernández. En ese pelotón interminable de los que quisieran ser cabeza, o por lo menos parte esencial de un proyecto ganador, ahora también está Pichetto. 

 

Pichetto con Urtubey en un encuentro organizado por una revista. Fue el 22 de mayo. Ya estaba todo mal.

 

MÁS QUE SAADI. El senador ya tiene jefe de campaña. Es el abogado Jorge Franco, hijo de un ex gobernador del peronismo en Río Negro con el que comparte una larga historia de coincidencias y diferencias en su provincia. Pichetto y Franco -que conoció bien a Néstor Kirchner- se enfrentaron muchas veces políticamente hasta que en 2015 el primero llamó al segundo para convertirlo en su jefe de campaña. Desde entonces, es su mano derecha. Como reveló Letra P, Franco acompañó a Pichetto y a Miguel Peirano en la reunión que tuvieron con María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta en busca de acercar posiciones entre oficialismo y oposición después de la ley antitarifazo y el veto de Macri. 

A principios de 2016, Franco fue uno de los consejeros que le recomendó a un Pichetto que venía muy golpeado por la derrota electoral de 2016 en Río Negro que se convierta en el pilar de la gobernabilidad desde el Senado. “Vos podés ser lo que fue Vicente Saadi para (Raúl) Alfonsín”, le dijo. Esa es la etapa que acaba de quedar atrás: ahora el rionegrino va por más. 

La semana pasada, el dúo volvió a mostrarse junto en una reunión con 70 gremios de la energía en la que el sindicalismo volvió a coincidir con el jefe de los Senadores del PJ. Fue un día después de que Pichetto presentara un proyecto para eximir el aguinaldo de Ganancias, a tono con las demandas de la CGT. En ese encuentro, en el que coincidieron en un panorama sombrío hacia adelante, se habló con preocupación del crecimiento de la izquierda trotskista en los sindicatos que conduce el peronismo ortodoxo como uno de los factores que obliga al colaboracionismo a ser parte del tercer paro nacional contra Macri.

 

 

EL PREFERIDO. Aunque su fortaleza principal es el poder que emana de los gobernadores del PJ en todo el país, Pichetto está en línea con la CGT desde hace tiempo. El año pasado le dijo NO al proyecto de flexibilización laboral que amagaba presentar el Gobierno. Hace diez días, el bloque de senadores del PJ visitó la sede de Azopardo para darle aval al paro nacional. En el medio, el triunvirato de Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña se había reunido con él en el Congreso el dia del veto presidencial que refrendó el tarifazo. En esa oportunidad, según dicen, le transmitieron el acompañamiento hacia 2019. Con los cambios en el escenario y la turbulencia, los triunviros del sindicalismo dan muestras de unidad. No sólo piensan que no hay que dividirse y convocan juntos al paro nacional del 25 de junio. Además, promueven la idea de avanzar en un gran acuerdo como el que promueven ahora sin éxito Macri, Peña y Frigerio. Pero para el ancho río del peronismo. De cara a las presidenciales y en la previa de las PASO. Para los triunviros de la CGT, los candidatos del peronismo son apenas cuatro: Rossi, Solá, Manzur y Pichetto.

 

 

Con un cuarto de siglo en el Congreso y 17 años en el Senado, el peronista que nació en Banfield y llegó a Río Negro a fines de los años ‘70 no tiene sólo vínculos con el sindicalismo y con los gobernadores del PJ a los que, dice ante su entorno, les falta una mirada nacional, preocupados como están por sobrevivir al gobierno de Cambiemos. El año pasado, el senador fue una de las estrellas del Coloquio de IDEA que debatió ante los dueños de las empresas más importantes del país sobre un país pleno de acuerdos y moderación. No fue un contacto esporádico. Al lado del senador afirman que tiene relación con influyentes hombres de negocios como Alejandro Bulgheroni, Eduardo Eurnekian y Héctor Magnetto. Con el Grupo Clarín, a decir verdad, la nómina incluye a más de un interlocutor. El presidente del holding, Jorge Rendo; el gerente de Relaciones Institucionales -y sobrino de Magnetto- Pablo Casey; el gerente de Asuntos Regulatorios, Hernán Verdaguer, están en su agenda. Todos se vieron en marzo pasado, cuando Pichetto participó del Foro que analizaba la oportunidad de ingresar a la OCDE que tenía ¿y tiene? Argentina. Ninguno desconoce el proyecto del peronismo moderado hacia 2019 ni la vocación que nace en Pichetto. Al contrario, le dan impulso y lo tienen como preferido.

 

 

PARTIDO JUDICIAL. Un peronismo del orden, entre moderado y prolijo, que proyecte un país con coordenadas similares a las que prometió Macri pero con menos turbulencia, mayor aprecio por la política y el arte de la negociación. A Pichetto le sobran condiciones para eso, pero le faltan votos. Las encuestas que maneja lo dan bien abajo, pero no tanto más abajo que a Urtubey, otro de los candidatos que se vende con entrevistas en televisión y visitas a Salta pero no teje relaciones con nadie.

Para los triunviros de la CGT, los candidatos del peronismo son apenas cuatro: Rossi, Solá, Manzur y Pichetto.

El jefe de los senadores del PJ exhibe nexos con el Poder Judicial. Desde Ricardo Lorenzetti, a quien buscó auxiliar ante las dificultades que tiene el supremo en el manejo de las escuchas, hasta el juez federal Claudio Bonadío, el sobreviviente destacado de la servilleta de Corach. Pichetto y Bonadio son amigos y se mueven como dos piezas del mismo mecanismo de relojería. El año pasado, el juez pidió el desafuero de Cristina Kirchner, después de dos años de que la ex presidenta estuviera a la intemperie. Fue casi un centro al área para que Pichetto cabeceara enseguida con una declaración en defensa de la política: “No veo que la voluntad popular pueda ser vulnerada si no hay sentencia firme”.

Las relaciones del señor gobernabilidad lo habilitan a pensar que sería un buen candidato para el Círculo Rojo. Claro, le falta el respaldo popular que tiene todavía Cristina Kirchner, con eje en el conurbano bonaerense. O el que tuvo Massa cuando arrasó en la provincia de Buenos Aires. Hoy, el ex intendente de Tigre y Pichetto también están en sintonía. Son dos de los vértices del peronismo moderado que cada vez se torna más crítico de Macri en el Congreso. Massa está fuera de escena, pero mide mucho más que Pichetto y mucho menos que CFK. Como sea, el ex jefe de Gabinete y el senador forman parte de un mismo espacio junto con Florencio Randazzo y Diego Bossio.

 

 

LOS VOTOS DE LOS GOBERNADORES. De trato cotidiano con Rogelio Frigerio y Emilio Monzó, el respaldo más importante de Pichetto son los gobernadores del PJ. Se entiende bien desde siempre con inoxidables como Gildo Insfrán y tiene una sintonía especial con Juan Manzur, Domingo Peppo y Rosana Bertone. Pero su principal fortaleza está en el lazo con Juan Schiaretti, el único mandatario peronista que hoy gobierna un distrito decisivo. El Gringo, que fue hasta hace poco otro de los aliados dilectos de Macri, también comenzó a tomar distancia. Recibió a la escuadra de Pichetto hace dos meses en Córdoba y tuvo que ser llamado de urgencia por Macri la semana pasada. Está entre los que dicen que el peronismo del interior no puede seguir financiando las obras de Vidal y Larreta en Capital y Gran Buenos Aires. “Hacen obras en Morón con lo que me sacan en Salsipuedes”, repite. Si Pichetto y Schiaretti siguen moviéndose en sintonía y logran sumar a José Manuel De la Sota -otro que visitó el Senado hace unos meses pero no termina de blanquear su juego- comenzarán a delinear un polo de poder de dimensiones considerables para la oposición moderada. Mientras repite que ningún gobernador tiene mirada nacional por la dependencia que los condiciona, Pichetto busca ser el delegado del PJ que gobierna hacia 2019 y después también. “¿Dónde van a poner los votos los gobernadores?”, preguntan al lado del rionegrino.

Como si la respuesta fuera una sola y lo beneficiara, comenzó a recorrer la Argentina.

“Vos podés ser lo que fue Vicente Saadi para (Raúl) Alfonsín”, le dijo un asesor a principios de 2016. Esa es la etapa que acaba de quedar atrás: ahora el rionegrino va por más. 

Tiene un año largo de campaña, avalado por su jefatura en el Senado. A sus entendimientos con el sindicalismo y el Círculo Rojo, le agrega un equipo económico que dialoga y se confunde con el que armó Massa. A Marco Lavagna y Bossio, Pichetto le suma nombres que lo asesoran de manera personal. Primero Peirano, el ex ministro de Economía que había imaginado Kirchner para Cristina y ya acompañó a Massa y a Daniel Scioli. Junto a él, Javier Alvaredo, el jefe de asesores de Peirano en 2007 y director de la consultora ACM, y Guillermo Michel, ex titular de la Aduana y mano derecha de Ricardo Echegaray. La intención, confesa o no, es reconstruir también un programa similar al que llevó adelante Eduardo Duhalde en su última etapa como presidente interino y Kirchner después, ya con Roberto Lavagna como ministro fuerte.

A ese esquema de empresarios, sindicatos, justicia y equipo económico, Pichetto busca sumarle, incluso, algunos gestos contra natura, como su estudiado apoyo al proyecto de despenalización del aborto que consideró una ola imparable. Su venia para la iniciativa que demostró un respaldo popular impactante llegó antes que la de Urtubey y de su ahora enemiga íntima en el Senado, Cristina Kirchner. Eso festeja en la intimidad, como parte de un plan ambicioso que sus adversarios minimizan pero que tiene un objetivo central: dejar de trabajar para otros que no llegan o no se animan y lanzarse en busca de un poder político propio, que pueda capitalizar su lugar de hoy y dejar de depender de las dudas de los otros. Más aún, cuando los tiempos se aceleran de una forma impensada, no hay tiempo para perder y -como dice Pichetto- “el país no aguanta más un esquema amateur”.