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El antídoto perfecto

Tiempista quirúrgico, Bonadio, el mago de Comodoro Py, detonó la bomba con Macri en el tobogán, Vidal infectada por virus impropios y el peronismo, nostálgico, volviendo a Cristina.
Por 01/08/2018 17:47

El contexto era inmejorable. Un presidente que se queda sin nafta, con un pedido de auxilio al Fondo que no alcanza, con un calendario de aumentos que golpea sin piedad los bolsillos de las mayorías, recesión admitida por el Gobierno, una caída en las encuestas que potencia un repunte de Cristina Kirchner, con María Eugenia Vidal golpeada por la causa de los aportes truchos y con una apuesta a la polarización que ahora mete miedo entre los aliados de Mauricio Macri.

 

 

La investigación de los periodistas Diego Cabot, Candela Ini y Santiago Nasra en La Nación fue transformada en impacto en el momento exacto por el juez federal Claudio Bonadio, un cirujano criado en la servilleta de Carlos Corach que opera al milímetro de la política. Justo cuando la división del peronismo resulta cada vez más asimétrica. De un lado, Miguel Ángel Pichetto decidido a batallar desde el ras del piso electoral, con un correlato distante de Juan Schiaretti, Sergio Massa agazapado y Juan Manuel Urtubey como el más macrista de los pejotistas. Del otro lado, la ex presidenta en ascenso gracias a la obra de Macri, que convierte en nostálgicos a desahuciados e indecisos.

Con la ventaja del silencio que la galvaniza, la Cristina que ahora vuelve a indagatoria con Bonadio provoca un persistente drenaje de no kirchneristas que se disponen a la unidad que promociona el kirchnerismo. Primero Alberto Rodríguez Saá, después Felipe Solá y ahora nada menos que José Manuel De la Sota, aquel que enfrentó a Néstor Kirchner desde el mismo día en que asumió.

Fueron 12 años de dardos cruzados y broncas ideológicas que le costaron a Córdoba en el financiamiento y al kirchnerismo en lo electoral. Vindicador de José Ignacio Rucci el mismo día que el progresismo se apoderaba de la ESMA, De la Sota acaba de confirmar, a través de la ex senadora Haide Giri, que tuvo una reunión de tres horas con Máximo Kirchner con vistas a 2019. Es un movimiento que puede ser decisivo para conformar un frente electoral de la mayor parte del peronismo y que para el pankirchnerismo resulta vital porque facilita el ingreso a un territorio inexpugnable que nunca se rindió al soberbio Frente para la Victoria y fue decisivo para Macri en 2015 y 2017.

 

 

Cerca del ex gobernador, que fue aliado de Massa en las últimas dos elecciones, le dijeron a Letra P que hace falta una “interna de resurrección” para todo el peronismo. Como Solá y como Rodríguez Saá, De la Sota se ilusiona con la idea de que CFK no sea candidata y designe un delfín con el que resulte más amable competir.

El sobreviviente de la primera renovación visitó hace unos meses a Pichetto en busca de un entendimiento que, al parecer, no llegó. Por eso hoy, rabiosos antikirchneristas de ayer que le juran lealtad en Córdoba se preguntan: para quién juega Pichetto.

Al lado del señor gobernabilidad, responden a grabador apagado con la misma beligerancia: niegan que De la Sota tenga un razonamiento genuino con su repentina disposición al diálogo y lo mencionan involucrado y complicado en la causa Odebrecht. Está por verse cuál es el juego de Schiaretti y si las diferencias de superficie con “El Gallego” son de fondo o apenas una estrategia doble para preservar la provincia más importante que queda en manos justicialistas.

 

 

En contraste con el empeño de un Pichetto que toca el piso en las encuestas y no logra convencer al resto del PJ a la velocidad que quisiera, Cristina aparecía hasta el 1 de agosto como el centro de gravedad mudo de la oposición y el peronismo de cara a las elecciones. Con peso en la provincia de Buenos Aires, con una mejora en la Santa Fe que tiene al PJ con un candidato competitivo -Omar Perotti, que quiere juntar a todas las tribus- y con alta intención de voto en el Norte del país.

El jefe del bloque de senadores propone un centro nacional pero no termina de sumar a Roberto Lavagna, a Massa y a Urtubey, cada uno en lo suyo por ahora. El golpe de Bonadio, de histórica relación con Pichetto, también beneficia a ese peronismo “moderado y racional” que el Círculo Rojo promociona como alternativa a una polarización a todo o nada, como la que plantea Macri. La función de un Bonadio que prometía jubilarse hace sistema con esos intereses. Como viene narrando Letra P, los factores de poder que acompañaron al Presidente ven que su aventura en la administración pública entra en zona de riesgo y buscan un Plan B contrarreloj. No les hace gracia arriesgar todo detrás del fuego polarizador de Marcos Peña y Jaime Durán Barba.

Reponer en escena la extensa saga de la corrupción kirchnerista es la mejor manera -al menos, la única conocida- de golpear al pasado que nunca se fue. El mani pulite selectivo, siempre en auxilio del vencedor, tuvo probada eficacia en más de una oportunidad. Para el gobierno de Cambiemos, el retorno de los bolsos y las coimas es una forma de oxígeno que ayuda a desviar la atención en una temporada larga que sólo trae malas noticias para el electorado y proyecta una luz al final del túnel que sólo ven en la Casa Rosada. Se abre una página mediática que puede correr paralela al ajuste por los próximos seis meses y tiene su contraindicación -muy menor ante la guillotina tendenciosa de Comodoro Py- en una trama de la obra pública que llega hasta las costas de Angelo Calcaterra.

 

 

El chofer Oscar Centeno exhibe un compromiso cívico envidiable: diez años anotando en cuadernos lo que hacían sus jefes todopoderosos, sin renunciar asqueado a semejante desfalco. Exponerse de esa manera a la maquinaria despótica del kirchnerismo sólo es posible a fuerza de convicciones inalterables -que hasta merecerían un reconocimiento de Macri en la Casa Rosada- o de un poder todavía mayor, que no va a elecciones y es capaz de invertir a contramano de la década ganada. Como ayuda memoria vital, los cuadernos de Centeno vuelven a narrar los 12 años que muchos dicen extrañar en los focus y las encuestas que encargan el Gobierno y la oposición.

El caso que arrastró a Roberto Baratta, Gerardo Ferreyra y Javier Sánchez Caballero a la prisión tiene otro componente que cierra perfecto en la trama de la corrupción kirchnerista: los bolsos, el físico, los circuitos, las evidencias, un retrato de una época que ¿no puede volver? Antídoto perfecto y puro contraste con la ingeniería offshore y el conflicto de intereses que es la marca del macrismo, naturaleza pura para el mundo empresario.

 

 

Llega justo esta nueva serie de cuadernos para sofocar la ola de transparencia ciudadana que nació de la investigación del periodista Juan Amorín en El Destape y puso en aprietos a Vidal, la inmaculada estrella de Cambiemos. Eran tantos los tropiezos que acumulaba el macrismo que hasta podía ser perforado incluso en el terreno donde se decía imbatible, la republiquita. Se ve que están en Comodoro Py los que juzgan esa forma de equiparar al macrismo y al kirchnerismo con preocupación. Con un voltaje incomparable que opaca con cárcel la renuncia secundaria de María Fernanda Inza, responde Bonadio con una pregunta retórica: ¿en serio, quieren competir en esta materia?

Más allá de las preferencias, los intereses que defiende y los modos que asume el robo, para ese sector en disputa que navega por fuera de la polarización -y vive de su trabajo-, la nueva oleada de la corrupción kirchnerista los deja a todos, otra vez, manoseados en el mismo lodo. Ése es el problema menor que se incuba con la crisis, el descrédito de la política, cualquiera sea su nombre y su propósito.