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Entre la deuda y la peste

Pateó la deuda y entró en período de gracia. Cansado pero más fuerte, atiende 24 horas y recluta aliados. Oposición cómoda y balas certeras de los miserables. Salud o muerte.

Por 18/04/2020 16:08

Puertas adentro, Alberto Fernández acaba de superar los límites más estrechos que lo tenían condicionado. Hace casi un mes, el Presidente encontró en el drama de la pandemia el puente que lo llevó hasta la reestructuración de la deuda montado en una legitimidad política que, hasta entonces, sumaba en cuentagotas. Paradójicamente, ahora, cuando todos los frentes están abiertos, a la autoridad que ganó en plena crisis le suma el inicio de una nueva etapa, sin la guillotina de los vencimientos de deuda de cortísimo plazo por delante. 

Ni el tendal de heridos de la parálisis en una economía que viene de años de recesión ni la posibilidad del default generan alarma en las cercanías de la residencia de Olivos. Fernández transmite otra sensación. Por un lado, está convencido de que el encierro es el mal menor y que el aplanamiento de la curva es el mejor punto de partida para una recuperación económica. Por el otro, el largo desierto de cuatro meses en el que condicionó toda su estrategia al pago de intereses a los bonistas llegó a su fin y ahora la pelota está en cancha de los grandes fondos de inversión. Fernández tiene las manos libres y sin necesidad de cumplir con obligaciones externas que lo estaban asfixiando.

 

 

Nadie podrá decir, según creen a su lado, que no se hizo todo lo posible para evitar el default. La oferta fue bastante menos agresiva de lo que se esperaba, concentrada en los intereses y muy leve en el capital, lo que explica en parte el rebote de los bonos. Además, Fernández y Martín Guzmán aceptaron un pedido de los acreedores y anticiparon el primer pago de vencimientos para 2022, dos años antes de lo previsto. 

Si la pandemia había habilitado la emisión y había hecho volar por los aires el programa de austeridad peronista que apuntaba a cumplir con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la propuesta que presentó Guzmán ante la SEC inicia un período de gracia en el que -con o sin default- la deuda ya no será un problema. Habrá otros.

 

 

MAPA INTELIGENTE. El lunes, el Gobierno comenzará a flexibilizar la cuarentena en las provincias a partir de los datos de un mapa inteligente que muestra las zonas donde no se registran casos y el riesgo es menor. Según dicen en el gabinete, la zonificación indica lugares de mayor o menor traslado de personas y el nivel de desarrollo comunitario del virus. A partir de esas variables, se piensa administrar el aislamiento extremo. Preocupa, sobre todo, la aglomeración en los centros urbanos: no sólo el territorio bonaerense -794 casos y 52 muertos-, también el Gran Córdoba -247 casos y 7 muertos-, el Gran Rosario y el Gran Tucumán o situaciones como las de Chaco -224 casos y diez muertos-, donde el virus se dispersó desde la periferia hacia el centro. 

El lunes 27 de abril continuaría el relajamiento por goteo con nuevas actividades que se sumen a las exceptuadas. El regreso de las clases va a demorar y las restricciones en el transporte público van a continuar. En el oficialismo admiten que el deseo de volver a la normalidad absoluta deberá esperar hasta septiembre u octubre. “Alberto está muy plantado en que todo esté muy sujeto a que no se ponga en riesgo la cuarentena y lo que se consiguió”, le dijo a Letra P uno de sus ministros. Cada día, cuando mira cómo les va a Donald Trump y a Jair Bolsonaro con sus recetas, Fernández reafirma su convicción.

 

 

LA CABECERA. Ministros y colaboradores de Fernández reconocen que al Presidente se lo ve cansado, pero al mando y encima de casi todo. En el terreno de la política, logró en los días de cuarentena lo que no había podido en los tres meses previos de gobierno y en varios frentes a la vez. 

Al operativo conjunto contra la pandemia, se agrega ahora el apoyo para la pulseada por la deuda de gobernadores opositores como Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales y el pronunciamiento claro de socios de Mauricio Macri como Juan Schiaretti. Son gestos muy valorados en Olivos. Con el virus, Fernández trasladó a la residencia presidencial el centro de las decisiones y amplió su radio de influencia. Sus colaboradores más estrechos lo ven sentado a una cabecera de una mesa mucho más grande. 

 

 

Nutrida de diferencias, la relación con Cristina Fernández de Kirchner ya no es su única fortaleza. A eso le suma el vínculo con los gobernadores, la línea directa con los intendentes de la provincia de Buenos Aires y el contacto frecuente con jefes de la oposición. A todos los escucha, pero el que finalmente decide es él. Esa dinámica en la que el Presidente conduce se potenció como nunca en el último mes. “Impuso un método, que antes no había”, afirma un funcionario nacional. “En la primera etapa, él sentía que le medían un poco el aceite y crecía el comentario de que era un gobierno light. Lo de negociar la deuda y después charlar todo lo demás estaba generando tensión. Ahora está en la cabecera”, agrega uno des sus amigos.  

Ministros y colaboradores de Fernández reconocen que al Presidente se lo ve cansado, pero al mando y encima de casi todo. Escucha a todos, pero el que finalmente decide es él.

LA COMODIDAD. La peste le permitió a Fernández activar dos relaciones fundamentales. Primero, armó una mesa con los gobernadores que no existía. Si en los primeros tres meses la relación pasaba por el ministro Eduardo De Pedro y los contactos con el Presidente eran contados, ahora el dueño del vinculo directo es él:  se reunió con los mandatarios provinciales tres o cuatro veces en apenas un mes. Lo mismo pasa con los intendentes del GBA, de todos los partidos. El operativo de contención en los barrios donde nada sobra y la puesta a punto del sistema sanitario abrió un nuevo canal de comunicación y extendió la influencia de Fernández. Los intendentes lo llaman por teléfono directamente: aunque no lo digan en público, encuentran en él una respuesta inmediata que supera en mucho a la del gobernador Axel Kicillof. Por los recursos con los que cuenta o por la vocación de construcción, la propia realidad impuso una dinámica fluida Nación-municipios. 

Cuando Fernández se relaciona con Larreta y Morales o con intendentes como Jorge Macri, Néstor Grindetti y Diego Valenzuela, está eligiendo la oposición que tiene, con la que se quiere relacionar. Lo mismo con reuniones como las del viernes con jefes parlamentarios, donde Sergio Massa y Máximo Kirchner funcionan como primer mostrador. 

 

 

Un dato más destacan cerca del Presidente. En ese contacto operativo no sólo él se siente cómodo, sino también los dirigentes de la oposición, algo ni sencillo ni común. “A veces el oficialismo está muy arriba y la oposición está muy abajo o viceversa. Acá todos ven que les va muy bien con la convivencia”, dicen. Sucede al nivel de la clase política y se traslada a una parte de la sociedad. No penetra en sectores rabiosamente opositores ni en los que no reciben la ayuda que necesitan para salir de la asfixia económica. Entre el optimismo y la gimnasia de la crisis, cerca del Presidente sostienen que en situaciones como estas se terminan configurando, a gran velocidad, escenarios que después se cristalizan hacia adelante. Eso es lo que, aseguran, ganó Fernández. 

Los intendentes lo llaman por teléfono directamente: aunque no lo digan en público, encuentran en él una respuesta inmediata que supera en mucho a la de Kicillof. En ese contacto operativo con el Presidente también se sienten cómodos los dirigentes de la oposición.

LA DIFICULTAD. Así como el sistema político se muestra dócil y dispuesto a colaborar, Fernández enfrenta a un poder económico desafiante en varios sectores. Después de los 1.450 despidos autorizados en el Ministerio de Trabajo, Techint sigue gobernando la realidad con suspensiones y recortes de sueldo en sus plantas de Ternium y Siderar.

No es una excepción. La CTA Autónoma registró que en el último mes hubo, como mínimo, 118 conflictos en distintas empresas por despidos, suspensiones e incumplimientos salariales y 22 reclamos de violación de las licencias por cuarentena a personas de más de 65 años o con enfermedades crónicas. Son sólo los casos que alcanzan a visibilizarse en el aislamiento extremo y con la protesta pública vedada.

A eso se suman los aumentos de precios que llevaron la inflación de marzo al 3,3,% y la negativa de los bancos a financiar a las pymes, lo que obligó al Gobierno a anunciar el pago directo de una parte de los sueldos de las empresas. 

Ese frente es el que genera los mayores perjuicios a la estrategia oficial, pero el Presidente parece reticente a fijar límites. Acompaña el impuesto a las grandes fortunas, aunque prefiere destacar la colaboración de los sectores empresarios, como hizo el domingo último en la entrevista con Perfil. Cerca suyo dicen que apuesta a que el país salga “medianamente entero” de la pandemia para después reconstruir la economía. Tendrá entonces, según cree, mayor poder político y más autoridad para tomar decisiones.