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El salto definitivo del heredero de Macri

El jefe de Gobierno porteño busca acercarse al 50% de los votos para ganar en primera vuelta en octubre. Táctica y estrategia de un todo terreno PRO que ya piensa en 2023.
Por 10/08/2019 15:58

Julio de 2015. Costa Salguero, sede insignia del PRO para esperar resultados electorales. Afuera, el frío invernal que caracteriza a la Ciudad de Buenos Aires. Adentro, un infierno. Toda la plana mayor del partido que fundó Mauricio Macri, recluida en el salón VIP del complejo ferial, sigue minuto a minuto los resultados del ballotage entre Horacio Rodríguez Larreta y Martín Lousteau. De un lado, el partido amarillo. Del otro, el economista, la Unión Cívica Radical (UCR), Elisa Carrió y Graciela Ocaña. Los resultados no son los que se esperaban y la carga de votos del sistema de Boleta Única Electrónica (BUE) muestra una paridad insospechada.

Todo era expectativa y sensación de preocupación hasta que, pasadas las 21, se confirmó el triunfo de Larreta por tan solo tres puntos (51% vs 48%). Las principales espadas del PRO se secaron la transpiración, subieron al escenario y festejaron la victoria con la tranquilidad de haber mantenido la Ciudad pintada de amarillo. Una derrota en el pago chico, a un mes de las PASO nacionales, hubiera golpeado la candidatura presidencial de Macri. Cuatro años después, el escenario es completamente distinto: Cambiemos se constituyó en la Ciudad, Larreta unificó su reelección a la de Macri y absorbió de a uno a los espacios y dirigentes que en 2015 estuvieron a tres unidades de privarlo de la Jefatura de Gobierno.

 

 

Con cuatro años como alcalde más ocho como jefe de Gabinete de Macri, Rodríguez Larreta se hace fuerte desde la gestión. Hace gala de su inversión en obra pública y su amplitud política: Lousteau es su primer candidato a senador, el lilito Maximiliano Ferraro encabeza la boleta a Diputados, el socialista Roy Cortina firmó la alianza con Cambiemos y el referente de máxima confianza de Ocaña, Diego García Vilas, encabeza su lista de diputados porteños.

Lo niega en público. En privado, lo habla con pocos. Pero en su GPS electoral tiene trazada la ruta en dirección al sillón de Bernardino Rivadavia. Rodríguez Larreta sabe que su suerte depende del devenir del Presidente, mientras mantiene y defiende su sueño presidencial impulsado desde el pago chico PRO. No obstante, abanderado de la perseverancia, esperará su tiempo. Quiere y trabajará para la reelección de Macri, aunque la imagen de su gestión y la intención sean las más altas dentro de la coalición Juntos por el Cambio, según las encuestas propias que lee junto a Jaime Duran Barba Santiago Nieto. En confianza, recuerda su primer dibujo en épocas de jardín de infantes. La maestra les pidió a los alumnos que dibujasen cómo se imaginaban años después o que expresaran alguno de sus más profundos deseos: Rodríguez Larreta se dibujó vistiendo la banda presidencial.

 

 

Pero primero lo primero: asegurar la Ciudad y triunfar en octubre, evitando la segunda vuelta, resultado que ningún jefe de Gobierno consiguió hasta ahora. En lo inmediato, el panorama político es alentador para el jefe de Gobierno: pese a la polarización, lidera las encuestas y podría ganar en primera vuelta. Enfrente, tiene a Matías Lammens, la apuesta del Frente de Todos por ofrecer una candidatura outsider que seduzca al progresismo y rompa el techo K en la Ciudad, al tiempo que logre insertarse en el ballotage y quebrar la posibilidad de Rodríguez Larreta de ganar en primera vuelta.

EL MÉTODO. A pesar de ser una pieza clave de la mesa chica del PRO y frecuentar la Casa Rosada, Rodríguez Larreta hizo un culto de la gestión local y municipalizó toda su agenda. Su campaña, recitan sus colaboradores, no difiere de lo que hace día a día: recorrer barrios, hablar con vecinos y comerciantes, atajar quejas y seguir caminando. El jefe de campaña, Eduardo Macchiavelli, aún recuerda cuando el alcalde hacía los primeros encuentros de cercanía en los vagones del subte B, cuando el PRO era Compromiso para el Cambio y faltaba para su llegada a Bolívar 1.

Ahora, esos encuentros se hacen en clubes de barrios, bares y casas particulares. Larreta no está solo. En los últimos años, sumó a Carrió, Ocaña y hasta Lousteau, adversarios íntimos allá por 2015. 

 

 

 

EL MAPA. La foto de Larreta ganador en 2015 mutó a la imagen del alcade, Carrió y Ocaña festejando en el búnker de Costa Salguero dos años después. En 2019, camina la ciudad junto a Lousteau, que lo enfrentó en las dos últimas elecciones. Al igual que Lammens, que unificó al peronismo y al kirchnerismo, el jefe de Gobierno aglutinó a todos los espacios que integran Cambiemos. Bajo esa lógica, en la Ciudad se enfrentan dos grandes coaliciones, también emparentadas con la discusión nacional entre Mauricio Macri y Alberto Fernández.

 

 

EL OBJETIVO. Los cerebros electorales de Rodríguez Larreta trazaron dos objetivos para la campaña porteña. Según las mediciones que analizan en Uspallata 3160, el 60% de los porteños valora positivamente su gestión, pero más del 40 (y menos del 50) quiere votarlo. "¿A dónde se escapan esos puntos?", analizan en la gobernación capitalina. El resultado de las PASO evidenciaría si la amplitud y la generosidad en el cierre de listas, que posibilitó el acuerdo con Lousteau y el radicalismo, colaboraron para que Larreta recupere esa porción de votos que aprueba su gobierno pero no comulga con el PRO.

En paralelo, hay una meta a largo plazo: alzar los brazos en Costa Salguero en primera vuelta, una epopeya que no logró Macri y que catapultaría a Rodríguez Larreta a un sitial  histórico para la historia de las elecciones porteñas. Para eso, necesita que el 50% de los habitantes de la ciudad capital ponga su boleta en las urnas de octubre.