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Súper bombera

De cuna banquera y fervor católico, sintoniza con Grabois y los curas villeros. Es la cara amable del gobierno que agitó con pobreza cero y hoy contiene el estallido. Ganó poder cuando no hay 2019.
Por 08/09/2018 13:25

Gana poder en la emergencia, forzada a evitar el estallido y en alianza con movimientos sociales que contradicen la imagen que Mauricio Macri quiso vender al mundo. Carolina Stanley está entre las ganadoras internas de una escena general en la que casi todos pierden. La ministra de Desarrollo Social quedó a cargo de un área postergada por la alianza Cambiemos, la cartera de Salud, y por encima de Trabajo, que quedó como secretaría en Producción. Pero, además, extendió su influencia sobre la masa de recursos de la ANSES, tan vital para apagar el incendio de la crisis como bastardeada por los fanáticos del déficit cero.

Abogada de 43 años recibida en la UBA, hija de un banquero estelar de los años noventa, dueña de un inmejorable vínculo con la Iglesia de Francisco, Stanley es la cara amable del macrismo que fulmina el poder adquisitivo de los que viven de ingresos en pesos. Su trabajo, su discurso y sus movimientos convergen en la negociación con las organizaciones sociales más dispuestas al diálogo para frustrar el desborde social y contener la reacción de los desesperados.

 

 

 

Con más achique que cambio en el gabinete y con Marcos Peña horadado por las críticas, la ministra se destaca entre las elegidas del núcleo de acero del Presidente para salir a enfrentar la tormenta y el ajuste de cuentas del mercado. Su mensaje público y privado es antagónico -pero a la vez complementario- al de Patricia Bullrich, la otra mujer que expresa la más firme convicción de Macri y que busca traducir la crisis en clave policial. Mientras Stanley habla de la necesidad de “contener la angustia y la incertidumbre” y destaca que “la gente se viene bancando una situación difícil”, la jefa de Seguridad sale a alertar sobre guerrillas de pobres y kirchneristas que quieren voltear al gobierno

La ministra de Desarrollo es reconocida en el oficialismo, entre los curas villeros y entre la CTEP, la CCC y Barrios de Pie por el compromiso y la disposición a la tarea que le toca. No niega la emergencia ni el impacto de la inflación ni la pérdida de empleo. Con índices de pobreza e indigencia en crecimiento indiscutible, su misión ahora es impedir que la tormenta que incubó Cambiemos deje en el hambre y el desamparo al tercio de la población que vive en los umbrales de la dignidad. No será fácil, como lo muestra la muerte de Ismael Ramírez, de 13 años, en un intento de saqueo en Chaco.

 

 

El ascenso de Stanley coincide y explica una tendencia de fondo, con rasgos de irreversible: el pasaje del macrismo que prometía trabajo de calidad al de un gobierno que sólo apunta a gestionar el descarte social, con subsidios a los pobres que se caen del mapa.

Queda claro en la deriva de Jorge Triaca, uno de los que retrocedió como en el juego de la oca, de ministro a secretario, un escalón por debajo de Carolina en el escalafón macrista. Es el mismo ministro que avanzó con la flexibilización hasta donde pudo y el que más despotricaba contra los movimientos sociales en las reuniones donde se discutían el Salario Social Complementario, la Ley de Emergencia Social y otras mejoras que no llegaron.

 

Sermoneadas. En junio, en Mar del Plata, Stanley y Vidal la pasaron.

 

ENTRE HORACIO Y MARÍA EUGENIA. La ministra es hija de Guillermo Stanley, un banquero de larga trayectoria. Hoy asociado a Jorge Brito en el Banco Macro, fue vicepresidente del Citibank en la década del noventa y hasta junio pasado integró el directorio de la administradora de archivos Adea junto a Héctor Colella, el “heredero” de Alfredo Yabrán. Además, es uno de los dueños de Havanna y Fenoglio junto a Carlos Giovanelli, Delfin Carballo, el ex jefe de Gabinete de Fernando De la Rua Chrystian Colombo y el ex jefe de la SIDE aliancista Fernando De Santibañes.

A finales de los noventa, el presidente del Citi y fundador del CEI Richard Handley y su socio Stanley intentaron con crear un holding mediático alineado a los deseos de Carlos Menem, en abierto y tardío desafío al Grupo Clarín. El tiempo pasó y no quedaron resquemores, como se pudo ver en las sonrisas que compartieron Brito y Stanley con Héctor Magnetto el 4 de julio pasado en la embajada de Estados Unidos.

 

 

Fue en los años previos al estallido de 2001, que Carolina cursó Responsabilidad Penal Juvenil en la Facultad de Derecho y se interesó por el tema mientras trabajaba en la cancillería de Guido Di Tella. Su padre se la presentó a María Laura Leguizamón, la entonces titular del Consejo del Menor de Carlos Ruckauf en la provincia de Buenos Aires que llegaría después a la Legislatura porteña dentro de la alianza de Gustavo Beliz y Domingo Cavallo.

Interesada desde entonces por lo social y con un perfil técnico más que político, la actual ministra comenzó a trabajar como asesora en temas de niñez y adolescencia en la Legislatura, donde conoció a Federico Salvai, el actual jefe de Gabinete de María Eugenia Vidal, que venía de ser jefe de prensa del Consejo del Menor.

En 2003, cuando Leguizamón se sumó al espacio del candidato Néstor Kirchner, Stanley inició un camino propio y recaló en las filas del naciente PRO, de la mano de Vidal y de Horacio Rodríguez Larreta, otro peronista con cuna en los años noventa, adiestrado por Ruckauf y con proyectos ambiciosos.

 

 

Como voluntaria de la campaña de Macri en 2003 en la Ciudad, conoció a la actual gobernadora, que la reclutó junto a Larreta para la Fundación Sophia como directora ejecutiva. Cuatro años más tarde, debutaba en la Ciudad como directora de Fortalecimiento de la Sociedad Civil del ministerio que tenía a su cargo la actual gobernadora. En 2009, fue electa legisladora y finalmente en 2011 fue designada ministra de Desarrollo Social. En las filas de un oficialismo que se astilla con la crisis, afirman que María Eugenia fue clave en 2011 para impedir que Soledad Acuña -su entonces viceministra- se hiciera cargo del área que dejaba para convertirse en vicejefa de gobierno de Macri. Historia antigua de una fuerza que parecía arrolladora.

La relación con Larreta tampoco se perdió. Entre las predilectas de Jaime Durán Barba para cualquier estrategia proselitista, Stanley formó parte de la campaña de 2017 en la Ciudad. Como a Vidal, el gurú ecuatoriano la considera oro en polvo dentro de los marcos de un oficialismo al que no le sobran caras bonitas en lo social. Hasta hace poco, el consultor la recomendaba como la mejor compañera de fórmula de un Macri que caminaba sin escollos hacia la reelección.

 

 

ALIADA DE LA IGLESIA. Desde la Ciudad, Stanley comenzó a tejer un vínculo estrecho con organizaciones comunitarias en las zonas vulnerables, donde el poder de base del cardenal Jorge Bergoglio era extendido. Parroquias, iglesias, comedores, curas villeros que hoy son obispos, como Gustavo Carrara, iniciaron con ella una relación de trabajo y objetivos en común.

Stanley tenía a cargo el puente con los comedores comunitarios y se ocupaba de temas de pobreza y adicciones en los “Hogares de Cristo”. Desde entonces, tomó como referencia al trabajo de la Iglesia y empezó a destacar su respeto por la tarea social del actual papa. “Yo creo en la tarea social de la Iglesia. Es algo que miro, admiro y me gusta hacer también. Desde ese lugar es que nos encontramos”, suele decir.

Casada con Salvai, el ministro clave y mano derecha de Vidal, los tres conforman hoy una célula de afinidad política y confianza plena. Se pudo ver, en junio pasado, cuando participaron de una audiencia privada con Francisco en el Vaticano, de la que no se conocieron detalles. Pese al hermetismo, en el Gobierno y en la Iglesia coinciden: las caras a la salida de la residencia de Santa Marta no eran las más entusiastas.

 

Bergoglista. Con su marido, Federico Salvai, y el papa.

 

Junto con Vidal, es hoy la mejor carta de presentación del Gobierno ante un Episcopado que no digiere a Macri y señala al jefe de Gabinete como el responsable de las campañas contra Francisco. Las dos estuvieron, junto a Esteban Bullrich, en nombre de Cambiemos en la semana de la Pastoral Social en Mar del Plata, donde monseñor Lugones flageló a la gobernadora en público por la insensibilidad del oficialismo.

Su crecimiento puede ser leído como uno de los que confirman el repliegue de Peña en las entrañas del PRO. No sólo por su historia vinculada a Larreta y a Vidal. También, porque en el gabinete comprimido salió de escena Mario Quintana, el Ceo y dueño de Farmacity que el mercado convirtió en sinónimo de todo lo malo.

Como puntal del llamado gabinete social, Quintana tenía buena relación con la CTEP, la CCC y Barrios de Pie y se paraba entre la postura dura de Triaca y la conciliadora de Stanley. No sólo eso. También designaba funcionarios de su agrado en el Ministerio de Desarrollo Social, como parte de una pretendida intervención. Es el caso de Matías Kelly, secretario de Economía Social, criado en el mundo de las ONGs y considerado un “banquero ético” por la revista Ohlalá.

Kelly llegó a intervenir en el vínculo con los movimientos sociales hasta que -dicen- fue desplazado con malas artes. Sin embargo, cerca de la ministra afirman que la tarea de Quintana fue un aporte valioso y que los funcionarios que llegaron con él seguirán en sus cargos en la nueva etapa.

 

 

APAGAR EL INCENDIO. De su gestión depende el aumento que recibirán por única vez los beneficiarios de la Asignación Universal en setiembre y diciembre, los refuerzos en los programas alimentarios, los créditos de la ANSES y las partidas para tratar de conjurar el efecto de la inflación con programas como Precios Cuidados, la criatura kirchnerista que el actual oficialismo vapuleaba y ahora le resulta esencial.

 

 

Desde el Ministerio de Desarrollo difunden por estas horas los datos de la asistencia que, según la apuesta oficial, previene cualquier estallido. Hoy, el 87.4% de los niños y niñas de Argentina recibe alguna cobertura por parte del Estado y la AUH de 1.684 pesos -que llega a 3.900.000 chicos- recibirá por única vez dos adicionales de 1.200 pesos este mes y 1.500 en diciembre.

La relación de Stanley con ese grupo de organizaciones sociales tiene la venia de Francisco. Su cara más destacada fue Juan Grabois hasta que se convirtió en una persona de confianza de Cristina Kirchner y forzó un reacomodamiento que todavía se está dando. El líder del Movimiento de Trabajadores Excluidos suele mencionar a la ministra como “una buena persona”, “que no está haciendo carrerismo” y “tiene compromiso” en resolver los problemas. La ley de Integración Urbana que tiene media sanción de Diputados fue trabajada con Quintana y tuvo también su aval.

En la intimidad del Gobierno y en las reuniones con las organizaciones, la ministra suele repetir que existe entre la CTEP, la CCC y Barrios de Pie una actitud muy responsable y un acuerdo principal: “Buscamos lo mismo, que las personas que más sufren en Argentina no sigan sufriendo”

Stanley entiende que el cambio que le otorga más atribuciones en un contexto más difícil responde a un esquema de mayor cohesión y menos interlocutores. Bajo su órbita quedan Seguridad social y Salud y ella asegura que no habrá más ajuste y que Alfredo Rubinstein no sufrirá recortes ni será sofocado su criterio sobre la despenalización del aborto. Son debates de importancia que quedarán para más adelante, cuando la Argentina de Cambiemos logre salir del cuadro de emergencia que componen la devaluación, la inflación, la recesión y la pérdida de empleo.