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¿Puede Soledad ser María Eugenia?

Los caminos de la ministra porteña y la gobernadora reconocen simetrías. Surgida, como Vidal, del riñón larretista, Acuña saltó al primer plano por las tomas de escuelas y suena para la fórmula 2019.
Por 28/09/2017 14:21

Corrían los primeros días de abril de 2013 y en la provincia y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires azotaba un duro temporal que, producto de las intensas lluvias, dejó zonas seriamente anegadas, destrozó inmuebles y ocasionó un tendal de muertos, en especial en la ciudad de La Plata. En territorio porteño, las inundaciones se sintieron fuerte en la zona norte y en las villas.

Al momento de brindar una explicación política, el Gobierno porteño confió la situación a María Eugenia Vidal. La vicejefa de Mauricio Macri había dado probadas muestras de que podía encargarse de ser la voz oficial ante temas sensibles con una soltura de la que, por ese entonces, el jefe de Gobierno y su ministro coordinador, Horacio Rodríguez Larreta, escaseaban. Pocos días después, volvió a enfrentar a los medios de comunicación y la opinión pública por la represión en el Hospital Borda, que el macrismo justificó con explicaciones acerca de que los efectivos de la Policía Metropolitana fueron atacados por los trabajadores del nosocomio ubicado en el barrio de Barracas. Anteriormente, su rol fue vital en el drama de la toma del Parque Indoamericano y le valió una consideración interna que, de a poco, la fue posicionando como una figura en ascenso dentro del espacio.

En poco tiempo, Vidal se transformó en la referente del PRO ante los problemas que salpicaban la gestión y nadie se animaba a defender puertas adentro de Bolívar 1. Años después, una ministra porteña debe cumplir la misma función. Ante la escasez de voceros de la gestión -sólo Larreta y Diego Santilli ostentan ese privilegio- y con una administración que navega en la tranquilidad, son pocas las voces elegidas para defender al Gobierno porteño cuando acechan los problemas.

 

 

Con 42 años, la ministra de Educación de la Ciudad, María Soledad Acuña, asume ese rol por pedido del Gobierno y lo hace con un tema caliente: la educación, que incluye históricamente la lucha con los 16 gremios docentes y ahora está atravesada por las diatribas con alumnos de escuelas públicas por las modificaciones a la Escuela Secundaria.

No es esta misión -la de asumir ante las cámaras la voz oficial en temas en calientes- el único punto de contacto entre Acuña y Vidal. Comparten el origen en el larretista Grupo Sophia, el salto del think tank a la gestión porteño, el crecimiento escalón por escalón en el escalafón público hasta quedar al mando de carteras sociales y de contacto directo con sectores vulnerables de la sociedad, el perfil de mujer formada y dura y las aspiraciones de seguir subiendo en ese pedestal: Acuña ya suena como posible compañera de fórmula si Larreta confirma, como se especula, sus intenciones de buscar otro mandato al frente del Ejecutivo porteño.

ENTRE TOMAS. La crisis que disparó la reforma educativa denominada “Secundaria del Futuro”, que acabó con una múltiple toma de colegios en toda la ciudad, es una bala que no le entra a Horacio Rodríguez Larreta. El jefe de Gobierno avala cada paso de su ministra de Educación y hasta se inmiscuyó en la disputa para ponderar las modificaciones a la escuela media que comenzarían a regir en 17 escuelas durante 2018 y que tienen como punto polémico la obligatoriedad de pasantías laborales en el último año de cursada.

 

 

Cuando el tema empezó a tomar calor mediático y los sindicatos –acusados de filtrar la información sobre la reforma antes de que el GCBA diseñe su propio plan de comunicación- y los estudiantes se plantaron ante el avance del Ejecutivo porteño, la estrategia comunicacional fue la misma que ensaya el macrismo ante cada conflicto político. Se decidió que hablaran los subsecretarios que se encuentran por debajo de Acuña en el organigrama de la cartera educativa. Así fue como Andrea Bruzos (subsecretaria Coordinación Pedagógica) y Javier Tarulla (subsecretaria Carrera Docente) protagonizaron la riña con docentes y alumnos. En primer término, “Sole” se mantuvo detrás de escena, aunque pidió que quienes defendieran Secundaria del Futuro insistieran en que “no es una reforma” sino “una profundización de lo que ya existe”, en relación a Ley Nacional de Educación y la Resolución N°93 del Consejo Federal de Educación (gestión Alberto Sileoni).

En paralelo, un grupo de estudiantes tomó colegios en repudio a la reforma y el tema escaló aún más en la arena mediática. Tuvo que interceder la Defensoría del Pueblo para mediar entre las partes y el gobierno de Larreta dejó en claro que “no negociaría” con los jóvenes que utilizaran ese método de protesta. En la Jefatura de Gobierno prefieren evitar palabras como “blindaje” y apuntan a que se decidió “preservar” la figura de la ministra. No es una novedad política, ya que toda administración busca que la máxima autoridad del tema se expida sobre la cuestión cuando el caso alcanza el punto máximo de hervor.

 

 

Sin embargo, esta vez los planes se modificaron un poco. El propio Rodríguez Larreta habló sobre las tomas y defendió el plan Secundaria del Futuro. Tras ese respaldo público, el Gobierno aumentó la exposición y sacó a la cancha a Acuña, ministra de perfil bajo (como todos, o casi todos, en la Ciudad) pero con cintura y muñeca política para manejar la situación. Acuña pasó del silencio total a visitar el piso del show "Intratables", hacer móviles de televisión y sentarse en la mesa de Mirtha Legrand el sábado por la noche, desde donde acusó al kirchnerismo de fomentar la toma de escuelas públicas. Pasó de las sombras al mainstream de un día para el otro aunque, dentro del edificio de Paseo Colón al 200, todos saben que seguía minuto a minuto el tema y las declaraciones de su equipo.

Son pocos los ministros porteños con exposición pública. Ante escenarios de conflictos de gestión, en Uspallata 3160 se ha buscado preservar a los funcionarios de máximo nivel, pero el raid mediático de Acuña llamó la atención, incluso puertas afuera. Desde el 10 de diciembre de 2015, los conflictos fuertes se los dividen entre Santilli y el propio Larreta. Nadie más.

 

 

DAMA DE HIERRO. En la oposición le reconocen fogueo político, una tenacidad en la negociación, pero también un bajo perfil, alejado de las entrevistas y los flashes. Habría que revisar los últimos focus group y encuestas que circulan por Parque Patricios para comprender la decisión de “hacer jugar” a Acuña. “En esto el Gobierno tiene mucho para ganar, porque nadie está a favor de las tomas. Es una estrategia. Sólo da ganancia hablar del tema y Soledad da bien en cámara y es sólida con sus argumentos”, evaluó un vocero gubernamental.

Algún ansioso ya pensó en ella y su “potencial político” y, aunque Jaime Durán Barba siempre aconsejó encontrar figuras femeninas para las fórmulas de gobierno, para 2019 falta mucho. Primero, el oficialismo debe revalidar el 50,13% de las PASO en octubre y parece que el debate educativo volverá a colarse en la campaña, aunque la estrategia sea nacionalizar el discurso. Los adláteres de Larreta saben que, probablemente, el “flagelo” de las tomas de colegios vuelva a escena a pocos días de las elecciones generales del 22 de octubre.

Quienes frecuentan a la ministra reconocen su carácter y su tozudez. Esas características, sumadas a años de trabajo en conjunto, logran una empatía y una sinergia con Rodríguez Larreta, que la defiende en público y en privado. Según voceros de la gobernación, su gestión se encuentra entre los tres ministerios mejores conceptuados por el ex jefe de Gabinete porteño.

 

 

Su dureza e intransigencia son bien valoradas puertas adentro del PRO, pero rechazadas en las negociaciones con sindicatos y estudiantes. Una prueba de esto vivieron quienes participaron la semana pasada de la reunión de mediación que organizó la Defensoría porteña. Los alumnos exigieron que no se aplique la reforma y la ministra explicaba que “no había margen” para ese pedido. Tras brindar los primeros argumentos, una joven ubicada en el extremo de la mesa, según pudo saber Letra P, hizo un ademán que todos percibieron como un rechazo a los dichos de la funcionaria porteña. Su reacción fue digna de quienes contienen pocas pulgas: “A mí no me hagas así con la manito”, retrucó la ministra mientras brindaba información sobre los cambios resistidos por los estudiantes.

Sin embargo, ese episodio contrasta con el buen vínculo que cosechó con los alumnos durante el primer año de su gestión. Buena parte del 2016 la reservó para invitar a miembros de los centros de estudiantes de escuelas públicas y dialogar sobre sus problemáticas. De allí salió una especie de acuerdo para avanzar con el programa noviazgos sin violencia en las escuelas, por ejemplo.

Por momentos, en esos encuentros reinaba la tensión, en especial cuando un grupo de alumnos ponía como condición debatir y exigir que el Gobierno nacional activara la paritaria nacional, en tiempos en que el conflicto entre docentes y Cambiemos atravesaba su peor momento.

Este reclamo insistente logró que, en la intimidad, Acuña repita una frase que se convirtió en un mantra que repite y aplica para su gestión: “No negociamos con los chicos, los escuchamos”. Su intransigencia también se palpó en la pelea con los docentes por la paritaria, que aún es desconocida por dos gremios locales. En esos ásperos encuentros con dirigentes gremiales,algunos funcionarios del Gobierno que querían “acompañarla” para colaborar en la negociación desistían de hacerlo al minuto de comenzar la reunión. “No lo necesita. Maneja la situación sola y sin ningún problema”, apuntó un secretario de Estado.

 

 

JOVEN PRO. Acuña ingresó al PRO desde muy joven. Cuando aún se llamaba Compromiso para el Cambio (CPC). Mientras finalizaba la carrera de Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires (UBA), fue “detectada” por una especie de comitiva del Grupo Sophia, el think tank que comandó Rodríguez Larreta, y funcionó como principal usina de líderes y dirigentes cuando el espacio amarillo tomó las riendas de la Ciudad de Buenos Aires, en diciembre de 2007, con Mauricio Macri a la cabeza.

Los delegados del hoy jefe de Gobierno estaban en la búsqueda de estudiantes de ciencias políticas para embarcarse en un informe sobre políticas sociales patagónicas y uno de los requisitos para formar el equipo era ser oriundo del sur de la República Argentina. Acuña, rionegrina de Río Colorado, encajaba a la perfección con el perfil buscado y comenzó realizando pasantías en el Grupo Sophia.

La ministra de Educación de la Ciudad es larretista paladar negro. Acompaña al jefe de Gobierno desde hace casi 20 años y dio sus primeros pasos en política junto a referentes nacionales del espacio, como, justamente, la gobernadora María Eugenia Vidal o la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. Además, por esos años conoció a compañeros del gabinete actual de la Ciudad, como Guadalupe Tagliaferri (Desarrollo Humano y Hábitat) y Fernando Straface (secretario general), con quienes mantiene una excelente relación, además del secretario de Transporte, Juan José Méndez, su compañero de la rutina matinal de running por Palermo.

 

 

Nació en la provincia de Río Negro y vivió en Bariloche, pero desde hace años vive y trabaja en la Ciudad de Buenos Aires. En 2003 ingresó como legisladora porteña y conoció a Diego Kravetz, por entonces jefe del bloque kirchnerista del Parlamento local. Fruto de esa relación, la joven PRO y el actual secretario de Seguridad de Lanús, que conduce el macrista Néstor Grindetti, tuvieron un hijo. Al terminar su mandato, asumió como subsecretaria de Promoción Social en el Ministerio de Desarrollo Social, siempre respaldada por Rodríguez Larreta. Tras un conflicto jamás esclarecido, dejó su espacio en manos de Tagliaferri, actual ministra de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad.

Las negociaciones entre Larreta y Esteban Bullrich lograron su desembarco al Ministerio de Educación, como subsecretaria de Equidad Educativa. Transitó el paso por ese ministerio con muchas diferencias con el actual candidato a senador por Cambiemos, aunque se quedó en su cargo hasta el último día de su gestión. En su primer paso por la cartera educativa logró la creación del proyecto Familias a la Escuela y del programa Termina la Secundaria. El primero apuntaba a que los padres finalizaran sus estudios y el segundo a que se pudiera culminar el secundario de manera online. Además, Acuña conduce la secretaria de la Mujer del PRO a nivel nacional.

 

 

Rodríguez Larreta ganó el ballotage de 2015 y asumió como reemplazante de Macri en la Ciudad, tras sufrir con Martín Lousteau en la definición final. El nombre de Acuña estaba escrito en el nuevo gabinete porteño desde hacía meses y así lo confirmó el nuevo mandamás local. Fue premiada con un cargo sensible, la cartera educativa.

Su debut no fue el mejor y en el primer año de su gestión tuvo un traspié impensado: por primera vez en años, el PRO no pudo dar inicio en tiempo y forma a las clases, en el marco de una tensa negociación con los gremios docentes que, como siempre explicaron voceros porteños, se correspondía con el reclamo de paritaria nacional que produjo cimbronazos entre los sindicatos tanto con la Nación como con el gobierno de María Eugenia Vidal.