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El consiglieri de Lousteau

Se define consejero de Guga. Clave en la tragedia delarruísta, creó un imperio económico sobre las ruinas de 2001. Tan anti K como anti M, no discrimina en los negocios. Comparte sombras con El Coti.
Por 22/07/2017 10:36

Al lado de la casona reciclada donde vive y trabaja, conviven las oficinas de su empresa Havanna Holding con las del último proyecto político por el que todavía apuesta, Martín Lousteau.  Su cercanía y compromiso con el candidato que le dio al macrismo el susto más grande de su vida en la Ciudad está a la vista. Sin embargo, Chrystian Colombo prefiere no aparecer.

El ex jefe de Gabinete de Fernando De la Rúa es el hombre clave detrás del proyecto que el 13 de agosto intentará desafiar otra vez el poderío de Horacio Rodríguez Larreta. Presente el miércoles último en el lanzamiento de Lousteau en el NH Tango, a Colombo le gusta definirse como “asesor y consejero” del ex embajador en Estados Unidos y minimizar su rol en la campaña, pero lo cierto es que está siempre en las instancias y decisiones fundamentales. “Lo veo cuando él quiere verme. Martín es muy independiente”, le dice a Letra P.

Alejado de la política, después de un fracaso mortal en el gobierno nacional, concentrado en sus negocios y en sus empresas, fue hace dos años vértice del proyecto ECO y permanece ahora -en un contexto más complicado- detrás de la alianza en la que manda el radicalismo porteño de Emiliano Yacobitti.

Con 64 años, Colombo se destaca hoy por ser dueño de un conglomerado de empresas que tiene por lo menos tres mil empleados. A la presidencia del directorio de Havanna Holding, se suma su capital accionario en la estratégica Camuzzi Gas Pampeana, la impresora contable ICSA y la original DGI. Inversiones en energía, emprendimientos agropecuarios, proyectos inmobiliarios: nada de lo rentable le es ajeno. Pero este economista que nació en Neuquén y se formó en la UCA prefiere distinguir entre las sociedades que lo tienen como accionista y las que maneja personalmente, como Havanna, con presencia en América Latina y Estados Unidos.

Su apodo de “Vikingo” lo acompaña desde muy joven y se explica en parte por su aspecto físico y en parte por sus antepasados Muller, que habitaron hace más de diez siglos en la zona de Escandinavia.

Aunque defiende su interés por los asuntos públicos, la suerte que probó en la gestión se limitó a ocho años repartidos entre los mandatos de Raúl Alfonsín y De la Rúa, primero como titular del Banade, después en el Banco Nación y finalmente como piloto de la tormenta que se llevó puesto al último presidente radical. “Yo nunca pertenecí al ámbito de la política. No manejo el oficio del político”, afirma y no queda claro si lo considera entres sus limitaciones o sus méritos.

Colombo prefiere no rememorar el estallido de 2001, la crisis institucional y la represión que dejó 39 muertos en todo el país. Sólo aclara que no fue imputado en ninguna causa. En diciembre de 2015, declaró por última vez como testigo en la causa: deslindó responsabilidades pero negó que haya existido un complot del peronismo para voltear a De la Rúa, el ex senador con el que aún mantiene un diálogo espaciado.

 

 

EL SOCIO DE TODOS. En 2002, con el país todavía humeante y el helicóptero presidencial sobrevolando su cabeza, Colombo comenzó a edificar el emporio que hoy conduce. Se asoció con dos ex Citibank, Guillermo Stanley –el padre de la ministra Carolina- y Carlos Giovanelli, y dos viejos conocidos, el ex jefe de la SIDE delarruista Fernando De Santibáñez y Delfín Ezequiel Carballo, el cuñado del banquero Jorge Brito, definido como el cerebro económico del Banco Macro. Stanley y Carballo son una dupla audaz de larga trayectoria que recobró protagonismo con la derrota del kirchnerismo: este año, desembarcaron en Vaca Muerta con la firma Aspro y en 2016 volvieron a la conducción del Macro junto a Brito. En la década del noventa y en los tempranos 2000, Colombo fue además socio de Brito, ese amigo incondicional de Sergio Massa. Parte de los vasos comunicantes que ligan al macrismo, el massismo y el “evolucionismo”.

También Colombo y Lousteau se conocieron en los días posteriores a la caída de la Alianza UCR-Frepaso, cuando el futuro ministro de Economía de Cristina Kirchner fue a consultar al ex jefe de Gabinete para su primer libro sobre coparticipación. Aunque de entrada hubo sintonía fina, habría que aguardar casi diez años para que confluyeran en un espacio político.

En 2011, un grupo de sobrevivientes de la Franja Morada encabezado por Emiliano Yacobitti decidió acudir a Colombo y al incombustible monje negro del radicalismo, Enrique “Coti” Nosiglia. El objetivo: volver a pelear en la ciudad de Buenos Aires con un proyecto competitivo. El nombre de “Martín” apareció en cuestión de segundos para ordenar, detrás de su candidatura, a los resabios de la Franja con un sector del socialismo. Primero UNEN, después ECO y ahora Evolución, la base se mantiene intacta aunque esta vez todo les juega en contra: deberán enfrentar a Elisa Carrió con la camiseta y la estructura del Gobierno porteño y no contarán con la ayuda del kirchnerismo, que se tapó la nariz para votarlo en masa en el ballotage de 2015. ¿Usarán la universidad pública para eso, como denuncian sus detractores?

 

Enrique "El Coti" Nosiglia, monje negro ignífugo del radicalismo. De añejos vínculos con Colombo, es el otro de los cerebros detrás del producto Lousteau.

 

Lejos de las cámaras y los medios, “El Coti” y “El Vikingo” están unidos desde hace décadas por un vinculo que incluyó el de ser cuñados: Colombo estuvo casado con Catalina, una de las hermanas del ex ministro del Interior de Alfonsín.

Nosiglia desde lo político y Colombo desde lo económico apuntalaron el regreso de Lousteau y la riesgosa jugada de reincidir en este turno electoral. El ex embajador no niega sus influencias pero las ubica en planos distintos. Dice que los escucha a los dos pero también los diferencia. “Chrystian es mi amigo: lo consulto y respeto su visión”, le dijo el candidato a Letra P.

No sólo comparten oficinas. El vínculo incluye el afecto entre sus familias y en 2006 crearon juntos la Fundación “País Porvenir”, ahora rebautizada “Argentina Porvenir”. Desde allí, garabatean las políticas de largo plazo que –según entienden- ni el macrismo ni el kirchnerismo están dispuestos a poner en marcha.

Al lado de Lousteau afirman que el orfebre radical del Pacto de Olivos lo ve menos que Colombo. Pero tiene a su hijo Juan Francisco asignado en su estructura política, como secretario de la UCR porteña y parte del bloque de SUMA + en la Legislatura.

 

Al frente, para las fotos, las caras nuevas: Lousteau con su último invento, la periodista Débora Perez Volpin. Detrás, fuera de cuadro, están los crónicos del poder.

 

MACRISMO INVIABLE. Pese a que podría ser considerado un aliado de la actual administración, el diagnóstico de Colombo sobre la economía de Cambiemos es tanto o más duro que el discurso de Lousteau con la gestión de Larreta. “Este gobierno hace lo mismo que el kirchnerismo pero es más educado. Es prender fuego al país con emisión o prender fuego al país con endeudamiento”, suele graficar en el amplio living en el que recibe a sus visitantes.

La distancia con Macri no es nueva. En las últimas elecciones presidenciales, Colombo dice haber aportado a la campaña de todos los candidatos a través de sus empresas o de manera personal. Compró una tarjeta para cada una de las cenas que organizaron Daniel Scioli, Mauricio Macri, Ernesto Sanz, Margarita Stolbizer y Sergio Massa. “La más cara fue la de Macri, de 50 mil pesos”, recuerda. Sin embargo, en la instancia decisiva de la segunda vuelta y a la hora de elegir entre Scioli y el actual presidente, “El Vikingo” también dio su veredicto: se levantó temprano, decidido a cumplir con su deber cívico, y –como si fuera un izquierdista de lo más escéptico- votó en blanco.

Crítico implacable del kirchnerismo, Colombo dice que la derrota de 2015 no significó una vuelta de página porque “el populismo infectó a todo el sistema político”. Afirma que –en función de prolongar su proyecto- Cambiemos se gastó la plata del blanqueo y se va a gastar incluso la plata del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses. Como si fuera poco, sostiene que la tasa de interés que paga la Argentina de Cambiemos es una fiesta para los mercados y que la lluvia de inversiones no viene ni va a venir porque no hay rentabilidad empresaria. “Lo único que se ve son fusiones y adquisiciones, pero no inversión”, dice.

Es que, quizás con un tono menos estridente, Colombo coincide con la liga de economistas que reclama al gobierno de Macri un ajuste fiscal más profundo y constante. “Así como van las cosas, el modelo es inviable”, le dijo a Letra P el dueño de Havanna, que –en noviembre de 2016- inauguró con el Presidente una planta de su cadena de alfajores en Mar del Plata y anunció inversiones por 100 millones de dólares.

Según Colombo, la administración M enfrenta un corto plazo muy complicado y debe hacer frente a la restricción presupuestaria con, por lo menos, tres reformas: una tributaria, una en el sistema previsional y una en el sistema de salud. Parte de sus razonamientos salen a la superficie a través de las columnas que publica en “El Cronista” y de los periodistas de su confianza que hacen análisis político en los grandes diarios.

Consultado por los restos de su partido, Colombo considera que el radicalismo está haciendo “una larga digestión” y no tiene capacidad de decidir dentro del esquema de gobierno. Desde su memoria traumática en la gestión, valora que la violenta transición simbólica entre el kirchnerismo y el macrismo no haya terminado en crisis ni en naufragio. Pero los iguala en un juicio que difícilmente agrade a los oídos de la Casa Rosada. “Acá, el tema es quién se adueña del Estado para financiar la política. No se diferencian. Por eso hace falta otro modelo de cómo administrar las cosas”, dice en tono proselitista.

Colombo no se arrepiente de haber sido parte fundamental en la experiencia delaurrista y sólo se cuida de no vapulear al Gobierno en público. Pero aporta lo que tiene para la más temeraria de las apuestas: cortarle las piernas al PRO en la cuna desde la que escaló hacia el poder central.

El consiglieri de Lousteau

Se define consejero de Guga. Clave en la tragedia delarruísta, creó un imperio económico sobre las ruinas de 2001. Tan anti K como anti M, no discrimina en los negocios. Comparte sombras con El Coti.

Al lado de la casona reciclada donde vive y trabaja, conviven las oficinas de su empresa Havanna Holding con las del último proyecto político por el que todavía apuesta, Martín Lousteau.  Su cercanía y compromiso con el candidato que le dio al macrismo el susto más grande de su vida en la Ciudad está a la vista. Sin embargo, Chrystian Colombo prefiere no aparecer.

El ex jefe de Gabinete de Fernando De la Rúa es el hombre clave detrás del proyecto que el 13 de agosto intentará desafiar otra vez el poderío de Horacio Rodríguez Larreta. Presente el miércoles último en el lanzamiento de Lousteau en el NH Tango, a Colombo le gusta definirse como “asesor y consejero” del ex embajador en Estados Unidos y minimizar su rol en la campaña, pero lo cierto es que está siempre en las instancias y decisiones fundamentales. “Lo veo cuando él quiere verme. Martín es muy independiente”, le dice a Letra P.

Alejado de la política, después de un fracaso mortal en el gobierno nacional, concentrado en sus negocios y en sus empresas, fue hace dos años vértice del proyecto ECO y permanece ahora -en un contexto más complicado- detrás de la alianza en la que manda el radicalismo porteño de Emiliano Yacobitti.

Con 64 años, Colombo se destaca hoy por ser dueño de un conglomerado de empresas que tiene por lo menos tres mil empleados. A la presidencia del directorio de Havanna Holding, se suma su capital accionario en la estratégica Camuzzi Gas Pampeana, la impresora contable ICSA y la original DGI. Inversiones en energía, emprendimientos agropecuarios, proyectos inmobiliarios: nada de lo rentable le es ajeno. Pero este economista que nació en Neuquén y se formó en la UCA prefiere distinguir entre las sociedades que lo tienen como accionista y las que maneja personalmente, como Havanna, con presencia en América Latina y Estados Unidos.

Su apodo de “Vikingo” lo acompaña desde muy joven y se explica en parte por su aspecto físico y en parte por sus antepasados Muller, que habitaron hace más de diez siglos en la zona de Escandinavia.

Aunque defiende su interés por los asuntos públicos, la suerte que probó en la gestión se limitó a ocho años repartidos entre los mandatos de Raúl Alfonsín y De la Rúa, primero como titular del Banade, después en el Banco Nación y finalmente como piloto de la tormenta que se llevó puesto al último presidente radical. “Yo nunca pertenecí al ámbito de la política. No manejo el oficio del político”, afirma y no queda claro si lo considera entres sus limitaciones o sus méritos.

Colombo prefiere no rememorar el estallido de 2001, la crisis institucional y la represión que dejó 39 muertos en todo el país. Sólo aclara que no fue imputado en ninguna causa. En diciembre de 2015, declaró por última vez como testigo en la causa: deslindó responsabilidades pero negó que haya existido un complot del peronismo para voltear a De la Rúa, el ex senador con el que aún mantiene un diálogo espaciado.

 

 

EL SOCIO DE TODOS. En 2002, con el país todavía humeante y el helicóptero presidencial sobrevolando su cabeza, Colombo comenzó a edificar el emporio que hoy conduce. Se asoció con dos ex Citibank, Guillermo Stanley –el padre de la ministra Carolina- y Carlos Giovanelli, y dos viejos conocidos, el ex jefe de la SIDE delarruista Fernando De Santibáñez y Delfín Ezequiel Carballo, el cuñado del banquero Jorge Brito, definido como el cerebro económico del Banco Macro. Stanley y Carballo son una dupla audaz de larga trayectoria que recobró protagonismo con la derrota del kirchnerismo: este año, desembarcaron en Vaca Muerta con la firma Aspro y en 2016 volvieron a la conducción del Macro junto a Brito. En la década del noventa y en los tempranos 2000, Colombo fue además socio de Brito, ese amigo incondicional de Sergio Massa. Parte de los vasos comunicantes que ligan al macrismo, el massismo y el “evolucionismo”.

También Colombo y Lousteau se conocieron en los días posteriores a la caída de la Alianza UCR-Frepaso, cuando el futuro ministro de Economía de Cristina Kirchner fue a consultar al ex jefe de Gabinete para su primer libro sobre coparticipación. Aunque de entrada hubo sintonía fina, habría que aguardar casi diez años para que confluyeran en un espacio político.

En 2011, un grupo de sobrevivientes de la Franja Morada encabezado por Emiliano Yacobitti decidió acudir a Colombo y al incombustible monje negro del radicalismo, Enrique “Coti” Nosiglia. El objetivo: volver a pelear en la ciudad de Buenos Aires con un proyecto competitivo. El nombre de “Martín” apareció en cuestión de segundos para ordenar, detrás de su candidatura, a los resabios de la Franja con un sector del socialismo. Primero UNEN, después ECO y ahora Evolución, la base se mantiene intacta aunque esta vez todo les juega en contra: deberán enfrentar a Elisa Carrió con la camiseta y la estructura del Gobierno porteño y no contarán con la ayuda del kirchnerismo, que se tapó la nariz para votarlo en masa en el ballotage de 2015. ¿Usarán la universidad pública para eso, como denuncian sus detractores?

 

Enrique "El Coti" Nosiglia, monje negro ignífugo del radicalismo. De añejos vínculos con Colombo, es el otro de los cerebros detrás del producto Lousteau.

 

Lejos de las cámaras y los medios, “El Coti” y “El Vikingo” están unidos desde hace décadas por un vinculo que incluyó el de ser cuñados: Colombo estuvo casado con Catalina, una de las hermanas del ex ministro del Interior de Alfonsín.

Nosiglia desde lo político y Colombo desde lo económico apuntalaron el regreso de Lousteau y la riesgosa jugada de reincidir en este turno electoral. El ex embajador no niega sus influencias pero las ubica en planos distintos. Dice que los escucha a los dos pero también los diferencia. “Chrystian es mi amigo: lo consulto y respeto su visión”, le dijo el candidato a Letra P.

No sólo comparten oficinas. El vínculo incluye el afecto entre sus familias y en 2006 crearon juntos la Fundación “País Porvenir”, ahora rebautizada “Argentina Porvenir”. Desde allí, garabatean las políticas de largo plazo que –según entienden- ni el macrismo ni el kirchnerismo están dispuestos a poner en marcha.

Al lado de Lousteau afirman que el orfebre radical del Pacto de Olivos lo ve menos que Colombo. Pero tiene a su hijo Juan Francisco asignado en su estructura política, como secretario de la UCR porteña y parte del bloque de SUMA + en la Legislatura.

 

Al frente, para las fotos, las caras nuevas: Lousteau con su último invento, la periodista Débora Perez Volpin. Detrás, fuera de cuadro, están los crónicos del poder.

 

MACRISMO INVIABLE. Pese a que podría ser considerado un aliado de la actual administración, el diagnóstico de Colombo sobre la economía de Cambiemos es tanto o más duro que el discurso de Lousteau con la gestión de Larreta. “Este gobierno hace lo mismo que el kirchnerismo pero es más educado. Es prender fuego al país con emisión o prender fuego al país con endeudamiento”, suele graficar en el amplio living en el que recibe a sus visitantes.

La distancia con Macri no es nueva. En las últimas elecciones presidenciales, Colombo dice haber aportado a la campaña de todos los candidatos a través de sus empresas o de manera personal. Compró una tarjeta para cada una de las cenas que organizaron Daniel Scioli, Mauricio Macri, Ernesto Sanz, Margarita Stolbizer y Sergio Massa. “La más cara fue la de Macri, de 50 mil pesos”, recuerda. Sin embargo, en la instancia decisiva de la segunda vuelta y a la hora de elegir entre Scioli y el actual presidente, “El Vikingo” también dio su veredicto: se levantó temprano, decidido a cumplir con su deber cívico, y –como si fuera un izquierdista de lo más escéptico- votó en blanco.

Crítico implacable del kirchnerismo, Colombo dice que la derrota de 2015 no significó una vuelta de página porque “el populismo infectó a todo el sistema político”. Afirma que –en función de prolongar su proyecto- Cambiemos se gastó la plata del blanqueo y se va a gastar incluso la plata del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses. Como si fuera poco, sostiene que la tasa de interés que paga la Argentina de Cambiemos es una fiesta para los mercados y que la lluvia de inversiones no viene ni va a venir porque no hay rentabilidad empresaria. “Lo único que se ve son fusiones y adquisiciones, pero no inversión”, dice.

Es que, quizás con un tono menos estridente, Colombo coincide con la liga de economistas que reclama al gobierno de Macri un ajuste fiscal más profundo y constante. “Así como van las cosas, el modelo es inviable”, le dijo a Letra P el dueño de Havanna, que –en noviembre de 2016- inauguró con el Presidente una planta de su cadena de alfajores en Mar del Plata y anunció inversiones por 100 millones de dólares.

Según Colombo, la administración M enfrenta un corto plazo muy complicado y debe hacer frente a la restricción presupuestaria con, por lo menos, tres reformas: una tributaria, una en el sistema previsional y una en el sistema de salud. Parte de sus razonamientos salen a la superficie a través de las columnas que publica en “El Cronista” y de los periodistas de su confianza que hacen análisis político en los grandes diarios.

Consultado por los restos de su partido, Colombo considera que el radicalismo está haciendo “una larga digestión” y no tiene capacidad de decidir dentro del esquema de gobierno. Desde su memoria traumática en la gestión, valora que la violenta transición simbólica entre el kirchnerismo y el macrismo no haya terminado en crisis ni en naufragio. Pero los iguala en un juicio que difícilmente agrade a los oídos de la Casa Rosada. “Acá, el tema es quién se adueña del Estado para financiar la política. No se diferencian. Por eso hace falta otro modelo de cómo administrar las cosas”, dice en tono proselitista.

Colombo no se arrepiente de haber sido parte fundamental en la experiencia delaurrista y sólo se cuida de no vapulear al Gobierno en público. Pero aporta lo que tiene para la más temeraria de las apuestas: cortarle las piernas al PRO en la cuna desde la que escaló hacia el poder central.