LA QUINTA PATA

La era Javier Milei y los límites del Círculo Rojo

Los cuellos de botella del plan económico y las violaciones al dogma del libre mercado. Ajuste y clase media, dilema para la ultraderecha. La clave de 2025.

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Más allá de declaraciones de ocasión, el gobierno de Javier Milei acusó el impacto de la huelga general del último jueves.

Más allá de declaraciones de ocasión, el gobierno de Javier Milei acusó el impacto de la huelga general del último jueves.

El paro general del jueves, el segundo que realiza el movimiento sindical, puso un nuevo hito en lo que podría considerarse un incipiente cambio de clima político y generó reacciones dispares en la Casa Rosada: según a quién se consulte, si "talibanes" o "palomas", las promesas van de ir a fondo, sobre todo contra la CGT, a reabrir algún canal de diálogo que impida que la próxima medida de fuerza sea una huelga por 36 horas.

Las declaraciones on the record de algunos referentes oficiales dan cuenta de una escasa capacidad de comprensión de lo que ocurre y de una voluntad de aferrarse a lo que aún arrojan algunas encuestas y, sobre todo, al confuso ruido de la cámara de eco de la trolera oficial.

Javier Milei, en tensión con el Círculo Rojo

Sin embargo, no hay que tomarse demasiado en serio esas manifestaciones porque abundan los indicios de que el Gobierno registra que ya tocó nervios que harían de difícil retorno su relación con capas amplias de la sociedad.

El día después de la marcha contra el ahogo presupuestario de las universidades públicas, verdadera piedra de toque de ese conato de divorcio, delineó el mismo tipo de reacciones, pero tampoco eso debe confundir.

En el plano de las conductas concretas, la primera fue el desconcertante ida y vuelta con las empresas de medicina prepaga, a las que primero les desreguló totalmente la capacidad de imponer aumentos abusivos y luego les hizo chas chas con una limitación más dolorosa en lo simbólico que en el lucro.

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Otro hecho discordante con el dogma paleolibertario es el enfrentamiento con las compañías generadoras de energía, a las que se pretende entregar un bono a 2038 e imponer, en consecuencia, una quita del 50% para saldar la mitad de la deuda producida en lo que va de la actual administración, árbol del que crece el principal fruto mítico del "superávit fiscal".

El tema genera un interesante e inédito contrapunto entre La Libertad Avanza (LLA) y el PRO, lo que demuestra la sensibilidad de los lobbies que se están tocando.

El Club de la Energía y el alineamiento con Estados Unidos

Entre las empresas perjudicadas se cuentan capitales nacionales y extranjeros, los que amenazan con resistir en tribunales internacionales. El descalce entre la vocación proempresa de Milei, que no se detiene ante la frontera del monopolio, y esta realidad es enorme.

Para su mayor inquietud, al menos una de las firmas mencionadas, la estadounidense AES, elevó su queja al gobierno de su país y al Fondo Monetario Internacional (FMI), que no ignora la contabilidad creativa que ha llevado a la Casa Rosada a festejar un superávit financiero en el primer trimestre. En el Fondo, con el que habría que renegociar para evitar la realización de pagos netos fuertes a partir del año próximo, crece el debate sobre la tolerancia ante esa mentirita blanca.

La sorda queja del campo

Milei deliró en la campaña con un levantamiento inmediato del cepo cambiario. Luego, confrontado desde la silla eléctrica del poder con las consecuencias de semejante aventura, imaginó abril.

Ese mes pasó y la esperanza se depositó en junio, principio del fin de la temporada alta de los dólares de la soja. Ahora, con el nudo del cepo bien apretado, funcionarios y analistas comienzan a mirar a 2025.

Sin apertura cambiaria no habrá una recuperación relevante de la actividad ni –regímenes especiales por crearse aparte– boom inversor. Tampoco habrá algo que no desaparece de las esperanzas de Milei, cierto camino a la dolarización, condición necesaria de una restauración de expectativas que comienza a hacer falta.

Sin los 15.000 millones de dólares que se necesitarían para encarar esa tarea con garantías mínimas contra una corrida cambiaria, los que Milei y Caputo prometieron que llegarían de fondos de inversión, del FMI o hasta de democracias del mundo libre como las monarquías sunitas de la península Arábiga, cunde la desesperación. ¿Qué pueden esperar del complejo sojero, su último recurso?

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La temporada alta de las exportaciones de soja arrimará divisas fundamentales al Banco Central, pero insuficientes por sí mismas para permitir la liberación del cepo cambiario.

La temporada alta de las exportaciones de soja arrimará divisas fundamentales al Banco Central, pero insuficientes por sí mismas para permitir la liberación del cepo cambiario.

En este punto vuelve a hacer ruido la relación del Gobierno con un segmento clave del Círculo Rojo. Ese ruido está hecho de retenciones que no se pueden bajar porque la carga del Caputazo sobre las capas medias y bajas de la sociedad no da para más. También, de un persistente atraso del dólar frente a la inflación, destinado a anclar los precios aunque sea de modo precario para mantener la escalerita descendente del IPC –elemento nodal de la narrativa oficial– y no deteriorar más el poder de compra.

El exceso de lluvias está demorando la cosecha de la soja de segunda, aunque eso no debería impedir que se llegara a los 50 millones de toneladas esperados.

En materia de exportaciones, las inundaciones que se registran en Brasil las están estimulando por generar mejoras de precio, pero crece la insatisfacción del sector con el tipo de cambio que, cepo y retenciones mediante, impone el Gobierno.

El blend vigente para liquidar –80% al tipo de cambio oficial y 20% en el mercado paralelo del contado con liquidación (CCL)– ya causa roces fuertes.

Tras la megadevaluación de diciembre, que incrementó la cotización oficial del dólar en 118%, esa paridad se ha actualizado en algo más del 9% y la del CCL, menos del 12%, mientras que la inflación acumulada a fines de abril rozaría el 65%. Parte de los costos de los productores son en dólares –que se han abaratado–, pero otros son en pesos.

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Así las cosas, analistas esperan que, más allá de la alta necesidad de pesos, la especulación sobre un blend más favorable o directamente una segunda devaluación limitará la liquidación al 50 o el 60% de la cosecha, en línea con el promedio histórico, o incluso algo menos. En plata, eso equivale a no más de 11.000 millones de dólares, los que, en función de las divisas que se necesitarán para importar y realizar pagos de deuda, impiden soñar con que una cosecha salvadora ponga fin a las restricciones cambiarias.

Las limitaciones del plan de Toto Caputo

Poco a poco, conforme avanza el calendario, se van descubriendo los límites del plan de Caputo y, dicen algunas lenguas interesadas, de su propia relación con el Presidente.

El hiperajuste es la razón de ser del mileísmo. El año próximo hay vencimientos por 12.000 millones de dólares, cifra que podría crecer si se consumara la ruptura con China, a la que se le deben 4.900 millones por los tramos activados del swap cambiario y a la que funcionarios como Diana Mondino no dejan de provocar.

¿Se sostendrá el acuerdo con el Fondo? ¿Podrá Argentina seguir bajando el riesgo país para acceder al mercado y refinanciar esos vencimientos o se encaminará a otra renegociación/default? Ese indicador ha bajado fuerte en la era Milei, pero ahora se ha estabilizado por encima de los 1.200 puntos básicos, algo que mantiene al Tesoro fuera del mercado voluntario porque supondría el imposible de tomar deuda en divisas duras a más del 16% anual.

Algo crucial, entre los motivos que explican el amesetamiento del riesgo soberano se cuentan los dilemas del plan económico que se describen y, sobre todo, el ruido severo con el segmento energético del Círculo Rojo.

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Los límites sociales a la mileinomía

El problema es que el ajuste ya explica hasta choques de trenes y está tocando el hueso de la sociedad y, en especial, de los sectores medios, que fueron fundamentales para que esta aventura política tuviera lugar. Para Milei, la elección legislativa del año que viene es mucho más que la chance de engrosar sus magras bancadas en el Congreso; también será una señal sobre si la segunda mitad de su mandato transcurrirá con luna en cuarto creciente o menguante.

Vinculado con el apretón del gasto está el problema de la inflación, que se pretende demoler a hachazos. La depresión económica que genera esa estrategia tampoco da para más, algo que se nota en la insistencia con la que el jefe de Estado imagina brotes verdes en cada entrevista que concede.

Para que la inflación no tenga una segunda vuelta destructiva del modelo, es imprescindible que el ancla del dólar resista, otro desafío en el que se juega la suerte de salarios y jubilaciones sometidos a una tensión extrema.

Un dato interesante: la última colocación de 1.900 millones de dólares en Bopreal, inédita deuda en dólares del Banco Central, fue presentada por el organismo como un éxito, pero supuso un precio implícito del billete verde de 1.350 pesos que prefirieron asumir las empresas necesitadas de girar utilidades.

¿Le quedará al Gobierno el recurso de la fuga hacia adelante? Hasta eso se le ha complicado en los últimos días, dado el empantanamiento del proyecto ómnibus XS en el Senado y, con ello el blanqueo impositivo, la restauración de Ganancias sobre los salarios y, sobre todo, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), desmesuradamente favorable a la gran inversión extranjera, lesivo para la industria local y el sector pyme y de beneficios muy modestos en términos de ingreso de divisas. Según Guillermo Francos, el RIGI se flexibilizará; según Manuel Adorni, eso no ocurrirá.

Cómo estará de complicado el Gobierno que, además de entrar en choque con actores clave del Círculo Rojo, ha entrado en cortocircuito consigo mismo.

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