Cinco claves para leer los resultados de las elecciones en Buenos Aires
Uno, ocho o 135: cuántos comicios hay el 7 de septiembre. Por qué el interior pesa más que el conurbano y la UCR ya perdió. El relato triunfal en la derrota.
La Legislatura de Buenos Aires se renueva con las elecciones del 7 de septiembre.
En las elecciones en la provincia de Buenos Aires del 7 de septiembre se pondrá en juego mucho más que los 1.567 cargos repartidos entre el Senado (23), la Cámara de Diputados (46), los concejos deliberantes (1.097) y los consejos escolares (401).
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¿Gana quien saca más votos en general o quien cosecha más bancas? ¿Por qué el interior pesa más que el conurbano de los millones de votos? ¿Qué inquieta a los intendentes? ¿Qué se juegan Axel Kicillof y CFK? ¿Por qué 2027 se mete dentro de 2025? ¿Por qué el radicalismo ya perdió? ¿Por qué la tercera vía inquieta a LLA y a Fuerza Patria?
A continuación, cinco ejes para sopesar los alcances de las elecciones mamushkas y dimensionar una jornada inédita en el distrito que concentra el 40 por ciento del padrón nacional.
La pelea por las bancas de la Legislatura tiene este año algunas particularidades, pero antes de pasar al análisis es necesario reparar en dos aspectos que le suman espesor a este turno electoral:
Será la primera vez que la provincia vote separada de la contienda nacional. Por el hecho de que en el cuarto oscuro no habrá figuras que unifiquen voluntades partidarias en todo el territorio, serán ocho las elecciones a disputarse, una por cada sección, cada una de las cuales tendrá rostros distintos al tope de la boleta. Es inédito. La organización del acto comicial es un desafío para el Ejecutivo y el resultado, incierto.
El Parlamento que resulte de la elección será el que acompañe los próximos dos años a un gobernador que no tiene chances de ir por la reelección. La pelea por la silla de Kicillof ya arrancó y entre quienes competirán el domingo hay aspirantes a ocupar su lugar. La Legislatura podría transformarse en ámbito central de la disputa de 2027.
Conurbano e interior es una división imposible de esquivar en la provincia. Las fuerzas políticas diseñan campañas distintas según esas dos regiones. Es lógico que las miradas se posen en el gran Buenos Aires, ese conglomerado de 24 distritos en el que vive el 25% de la población del país. Pero ojo, esta vez hay que mirar tierra adentro.
Números que desvían la atención: hay 14.376.592 personas habilitadas para votar y de ese total, 10.233.038 se reparten entre la Primera sección (5.131.861) y la Tercera (5.101.177), que conforman el conurbano. Es el 71% del padrón bonaerense. Suena ilógico, pero la clave de la elección parece estar en el 29% restante.
El interior existe. Cifras: de las 69 bancas en juego (46 de la cámara baja y 23 del Senado), sólo 26 corresponden al conurbano. Es decir, el territorio que concentra el 29 por ciento del padrón electoral provincial elegirá el 63% de las bancas. Eso se debe a la subrrepresentación de las dos secciones más grandes, algo de lo que la política debería ocuparse más temprano que tarde.
Para muestra sobra un botón: la Primera sección tiene un padrón de 5,1 millones de personas y pone en juego ocho senadurías, mientras que en la Cuarta hay 547.677 personas habilitadas para votar y está representada por siete bancas.
Si, como marcan los sondeos y reconocen en Fuerza Patria y La Libertad Avanza, el peronismo le saca unos 12 puntos de ventaja al mileísmo en la Tercera y en la Primera el resultado es más ajustado, pero en favor de Javier Milei, la verdadera pelea por el número total de bancas obtenidas estará en el interior.
Dirigentes de uno y otro campamento con los que habló Letra P describen un panorama similar: en la Quinta y la Sexta, el resultado es violeta. Se ponen en juego cinco senadurías y 11 diputaciones, respectivamente. La Segunda y la Cuarta son una incógnita debido a las opciones de tercera vía y la Octava está peleada, igual que la Séptima.
2) Tercera vía en la Segunda sección y la Cuarta
La lógica bipolar Fuerza Patria vs. LLA que se extiende a casi todo el territorio bonaerense podría romperse en la Segunda y Cuarta secciones, ubicadas en el norte y noroeste bonaerense, respectivamente.
Que finalmente suceda o no dependerá del éxito o el fracaso de las terceras vías, emergentes de las internas del PRO y LLA. En la región del norte dieron la nota los Passaglia, quienes gobiernan San Nicolás y junto al intendente Javier Martínez, de Pergamino, lanzaron Espacio abierto para el desarrollo y la integración social, la alianza conocida como Hechos.
Como contó Letra P, la potencia del armado radica en que estos intendentes gobiernan los distritos más grandes. Juntos, San Nicolás y Pergamino representan el 34% del padrón seccional. Si logran capitalizar ese poder territorial, podrían cosechar algunas de las 11 bancas de Diputados en juego y condicionar el mapa de la Legislatura. El piso para ganar una butaca es de 9,09%.
Algo similar sucede en la Cuarta, donde el intendente de Junín, el ¿ex? jorgemacrista Pablo Petrecca, encabeza la boleta de Somos Buenos Aires que en tercer lugar lleva al jefe comunal de Chivilcoy, Guillermo Britos. Juega en el mismo equipo la intendenta de 9 de Julio, María José Gentile, del PRO díscolo que le dio la espalda al acuerdismo con LLA.
Esos tres municipios suman el 35% del padrón de la sección, que pone en juego siete bancas del Senado, tres de las cuales están en manos del peronismo y las cuatro restantes pertenecen a sectores del extinto Juntos por el Cambio. Para acceder a una banca se necesita el 14,2% de los votos.
¿Pueden las terceras vías, nacidas en tiempo de descuento y al calor de internas malparidas y peor gestionadas, ingresar a la Legislatura y condicionar el resultado del mano a mano entre las dos grandes coaliciones? Sí, pueden. Tienen el ayudín del Gobierno nacional, que dispara una balacera sobre sus pies, y del peronismo, que sigue encarnizado en una interna indisimulable.
El resultado del domingo también será leído en clave interna peronista. Es un error pensar que Kicillof desdobló las elecciones para provincializar la discusión. Lo hizo para axelizar la campaña y adueñarse del turno electoral.
Decidió hacerlo a riesgo de convertirse en padre de una derrota, pero a sabiendas de que era la única manera de tener chances de fortalecerse frente a CFK, con quien -sabe el gobernador, sabe Cristina y sabe Máximo Kirchner- nunca nada será como fue.
Si el peronismo gana en el conteo general de votos, Kicillof será el triunfador y sumará argumentos en la pelea con el cristinismo. Al mismo tiempo, los comicios de octubre, para los que según las encuestas Javier Milei tiene más chances de levantar la copa -como contó Letra P, el Gobierno da por perdido septiembre y juega un pleno a la elección nacional-, quedaron bajo la órbita de la expresidenta y su aliado Sergio Massa. Alcanza con repasar “la lista de CFK” o recordar la batalla que dio el gobernador para poner a las cabezas de lista de las principales secciones electorales. La elección provincial es de Axel, la nacional es de Cristina.
La UCR es la otra fuerza que tiene una disputa hacia adentro. Pelea contra sí misma, busca no irse al descenso. En términos numéricos está casi condenada. Tiene 13 bancas en Diputados, de las cuales arriesga nueve y cree tener chances de retener una, a lo sumo dos. Cuenta con seis en el Senado, de las cuales pone en juego cinco y sólo retendría una. De 19 pasaría a tener 11. Demoledor.
Más alertas: el radicalismo basa su potencia en el interior de la provincia, donde gobierna 27 municipios. Sólo diez intendentes pueden ir por la reelección en 2027. El peronismo y La Libertad Avanza acechan.
4) Elecciones municipales
“Los piedrazos nos pasan por arriba. Hasta el 7 de septiembre, tengo la cabeza puesta acá. Después veremos”. Lo dice un jefe comunal peronista del conurbano jugado a un lado de la grieta que está “harto” de las peleas, pero podría salir de boca de un radical, un vecinalista o uno del PRO. Los intendentes están encerrados en sus municipios, montados a campañas hiperlocalistas.
¿Qué los empuja a implementar esa estrategia? En parte, el desdoblamiento electoral, que les impide descansar en un candidato o candidata conocida que arrastre votos; en parte, el temor a una ola violeta; pero, fundamentalmente, en el horizonte 2027, cuando 81 de los 135 que gobiernan no tengan posibilidad de buscar otro mandato.
Cada quien necesita hacer una buena elección para cuidar la composición del Concejo Deliberante, trinchera de la oposición para horadar al oficialismo. Así como en la Legislatura estarán los contendientes de la pelea por la sucesión de Kicillof, los deliberativos locales serán semillero de futuros candidatos para el sillón municipal.
Nadie abandona ese sillón sin intentar poner a alguien propio y, se sabe, la construcción de un sucesor o sucesora resulta más fácil con un Concejo controlado. Además, la salida obligatoria del cargo sin posibilidad de buscar otra reelección alimenta la guerra interna en los oficialismos.
5) La suma de todos los votos
Ganar en las secciones electorales sirve para obtener bancas en la Legislatura y ganar en los municipios, lo que permite adquirir butacas en los concejos deliberantes. ¿Para qué sirve ganar en la suma total de votos?
La respuesta tiene más que ver con la campaña para el 26 de octubre que con la elección del 7 de septiembre. Esta sí es una competencia entre dos (Fuerza Patria vs. La Libertad Avanza) y quien pueda levantar ese trofeo avanzará unos metros en la carrera por los cargos para el Congreso.
Golpeado por el escándalo de las coimas que involucra a Karina Milei y a los Menem, el Gobierno avisa que se concentrará en la elección nacional, mientras ensaya cómo vender un triunfo en la derrota. No le será tan difícil, podrá decir que obtuvo más bancas que en 2021, que sigue creciendo. El peronismo, por su parte, dirá que sacó más votos que Milei, cuerpo y voz de la campaña libertaria, y que mantiene la provincia a salvo de la motosierra.
La disputa por la construcción del relato para explicar unas elecciones tan complejas como son las bonaerenses seguirá al conteo de los votos. Todos dirán que ganaron algo y probablemente así sea, pero a fin de cuentas ganará quien coseche más bancas en el parlamento.