07|8|2022

El eslogan de la obstinación peñista para la campaña más difícil

28 de marzo de 2019

28 de marzo de 2019

El jefe de Gabinete moldea el discurso y baja la línea madre del discurso: "Seguimos haciendo lo que hay que hacer". Si no hay plan B ni plan V para la candidatura, tampoco lo habrá para el relato. 

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, luce cómodo el traje de jefe de campaña. Lo fue en 2015 y lo volverá a ser en el operativo reelección de Mauricio Macri, enrevesado esta vez por el contexto económico. De hecho, comenzó ese trabajo el año pasado, cuando, luego de la reestructuración del plantel de ministros, decidió pasar al ostracismo y concentrarse en el armado electoral y el cierre de las candidaturas de Cambiemos en las provincias. El Presidente lo ratifica día a día en esa función, mal que les pese a los popes de la Unión Cívica Radical (UCR) y a la propia ala política del PRO.

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

Tras haber obtenido el guiño de Peña, guardián incólume del discurso oficial, funcionarios de la Jefatura de Gabinete empezaron a diseminar en las últimas semanas el bosquejo del relato de campaña en las distintas oficinas gubernamentales. En la lógica oficial, la palabra clave es "bases". El relato transitará distintos ejes, pero siempre con el énfasis puesto, según la visión gubernamental, en que se están sentando las bases en áreas como justicia, administración de recursos del Estado, "saneamiento" de la economía, licitaciones de obra pública, libertad de expresión y transparencia de gestión.

 

 

Por esa razón, el eslogan propuesto es “Seguimos haciendo lo que hay que hacer”. Este reemplazará al “Estamos haciendo lo que hay que hacer” que reinó durante las legislativas de 2017. Un lema que va en línea con el leitmotiv del Gobierno desde que la tormenta cambiaria devino en un tardío reconocimiento público de la crisis económica: “no hay otro camino”. Al mismo tiempo, se dividen los “logros de gestión” en “tangibles” e “intangibles”: las obras públicas, el combate al narcotráfico y la agenda internacional integran el primer grupo, mientras que el “saneamiento” de las cuentas públicas y, en voz del Presidente, “recupero de la calidad democrática”, se inscriben en el segundo.

 

La gestión del área de seguridad tiene un capítulo aparte, que se escuchará mucho en la carrera electoral: el peñismo sostiene que "sentar las bases" implica un "cambio cultural". Según voceros gubernamentales, el macrismo “devolvió” la institucionalidad a las fuerzas de seguridad y, en palabras de la ministra del área, Patricia Bullrich, terminó con la “situación de inferioridad” que había promovido el gobierno kirchnerista.

 

 

 

Lo mismo ocurre con la “gestión transparente”: “Este es un gobierno que da la cara. Nadie niega que hay un mal momento económico y se reconocen la inflación y los números de pobreza. Antes se los escondía”, sostiene un funcionario con despacho en Balcarce 50. La transparencia será otra de las vigas maestras en las que se moverá el discurso oficial de campaña, siempre buscando una tensión con el kirchnerismo y, según marcan en el Gobierno, bajo la idea de un cambio en la cultura y en la forma de hacer política. “Que el jefe de Gabinete responda más de 21 mil preguntas en el Congreso es un cambio cultural”, defiende el secretario de Cultura, Pablo Avelluto, en charlas privadas.

 

Habrá golpes de efecto, como el enojo de Macri en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. En la Casa Rosada no descartan futuros demostraciones públicas de furor del jefe de Estado. Un artilugio discursivo revestido de épica que busca solidificar el vínculo con el voto duro macrista.

 

 

Mauricio Macri en reunión con el gabinete del Ministerio de Seguridad (FOTO: PRENSA PRESIDENCIA)

 

 

La campaña estará teñida por la disputa con el kirchnerismo, pero también habrá un trabajo fino para contener a la capa de la clase media que se identificó con el discurso anti K de 2015 y 2017 pero que empieza a esquivar la polarización cuando mira la billetera. Un electorado que, según los cálculos del Gobierno, empieza a mirar hacia otras costas. Esto no implica descuidar la base propia ni quebrar la lógica de la polarización, alentada por el asesor Jaime Durán Barba, pero sí redireccionar los esfuerzos. Para algunos será “poner la mejilla”. Para otros, leer el libreto del gabinete económico, que explica por qué la Casa Rosada no puede controlar la inflación y decide, en acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aumentar las tarifas de gas, agua, transporte público y electricidad, mientras bajan los salarios y, consecuentemente, el consumo. Para Macri, según describió, eso implica “hacerse cargo”, recorrer casa por casa, explicar y perseguir al votante de Cambiemos que acompañó el proceso y hoy se siente "defraudado" por la gestión económica. 

 

El Gobierno sabe que el contexto difiere del de 2015 y 2017. El discurso de campaña para la economía correrá por la línea presidencial: “Hay que aguantar”, sostuvo Macri en diálogo con Cadena 3. Al mismo tiempo, el lema “Seguimos haciendo lo que hay que hacer” implica, amén de la difícil situación social en los barrios, mantener la capa de subsidios para contener el descontento social ante una economía que no repunta.

 

 

Marcos Peña durante su informe de gestión ante el Senado. Atrás, el vicejefe Ibarra, quien tomará su lugar en la gestión durante la campaña. (FOTO: PRENSA PRESIDENCIA)

 

 

Sin embargo, el Gobierno repetirá una receta: los diseñadores de la campaña aseguran que Cambiemos aún expresa la “única opción distinta” ante la góndola de candidaturas de la oposición. La Casa Rosada presenta a Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa y el peronismo federal como “más de lo mismo” y cree que la coalición oficialista cuenta todavía con un aspecto novedoso que la diferencia ante el electorado. Una idea que defiende a capa y espada el jefe de Gabinete, que hablará poco durante la carrera proselitista de Macri. Peña se concentrará al máximo en la reelección y se desligará, al menos durante la campaña, de la gestión cotidiana, que abordará el vicejefe de Gabinete, Andrés Ibarra.

 

Si no hay plan B ni plan V para la candidatura presidencial, tampoco lo hay para el rumbo, ni para el mensaje de campaña: el Gobierno sostiene que está en la dirección correcta, que no hay otro camino posible y, como remarcó el Presidente, que no existen "soluciones mágicas".

 

“Se están poniendo las bases para salir del estancamiento de tantos años”, destacó Peña durante su informe de gestión ante el Senado. Una frase que se escuchará una y otra vez en los próximos meses.