León XIV, más cerca de Argentina: señales cruzadas entre el Vaticano y Javier Milei
Roma exige prudencia sobre fechas e itinerario. Ruido por el "anticipo" del canciller Pablo Quirno sin confirmación oficial. Pasos diplomáticos, cumplidos.
La visita apostólica de León XIV a la Argentina ingresó en etapa de definiciones tras meses de gestiones entre el Vaticano y el gobierno de Javier Milei. Aunque la Santa Sede aún evita confirmaciones oficiales, en Roma admiten que la gira sudamericana prevista para fines de octubre o comienzos de noviembre aparece como una posibilidad cada vez más concreta.
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El escenario comenzó a ordenarse en silencio durante las últimas semanas. Las conversaciones reservadas entre funcionarios argentinos, diplomáticos vaticanos y autoridades de la Iglesia local avanzaron hasta un punto que, tanto en Buenos Aires como en Roma, describen como “muy avanzado”, aunque todavía sujeto a la confirmación formal del Vaticano.
“Más temprano que tarde”, deslizan en ámbitos eclesiásticos cercanos a la Santa Sede cuando se les consulta si existen certezas suficientes para confirmar la llegada del sucesor de Pedro al país donde nació el Francisco, el papa que jamás regresó a la Argentina durante sus 12 años de pontificado.
Tal como viene adelantando Letra P, la ventana temporal más probable se ubica entre fines de octubre y comienzos de noviembre. La gira incluiría además Uruguay y Perú, dos escalas que León XIV considera prioritarias por motivos distintos: el vínculo histórico con la Iglesia uruguaya y, en el caso peruano, la dimensión personal y pastoral que Robert Prevost construyó durante décadas en Chiclayo.
Los destinos que sobreviven al filtro del Vaticano
En el esquema preliminar aparecen Buenos Aires, Luján, Córdoba y algún punto patagónico como las sedes con mayores posibilidades de integrar el recorrido argentino. La capital concentra el peso institucional y político de la visita; Luján representa el corazón mariano del país; Córdoba, además de su centralidad federal, suma la presencia del cardenal Ángel Rossi, uno de los dirigentes eclesiásticos más cercanos al universo jesuita que rodeó a Jorge Bergoglio.
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León XIV incluiría a Argentina en su gira sudamericana
Vatican Media
Santiago del Estero, mencionada inicialmente por sectores eclesiásticos por su condición de sede primada, fue perdiendo fuerza en las últimas semanas. La dificultad logística y la complejidad operativa de una gira papal de alto impacto internacional terminaron inclinando el análisis hacia un esquema más acotado y funcional.
Nada, sin embargo, aparece cerrado. Y esa es precisamente la idea que Rossi buscó transmitir públicamente. “Quien da la palabra definitiva es el Vaticano”, insistió el cardenal cordobés, que además recordó que León XIV ya expresó su deseo de visitar Argentina, aunque aclaró que ninguna definición puede darse por confirmada hasta que Roma haga el anuncio oficial.
La aclaración no fue casual. En la Iglesia existe preocupación por el nivel de especulación política y mediática que rodea la posible gira. Mucho más después de que el gobierno libertario decidiera anticiparse públicamente a tiempos y procedimientos que el Vaticano suele manejar con extrema reserva.
El malestar por el “anuncio” de Pablo Quirno
La secuencia generó incomodidad en Roma. El canciller Pablo Quirno publicó un mensaje en X insinuando que llevaba al Presidente “la buena noticia que hará feliz a todo el pueblo argentino” y agregó una frase que terminó de disparar las interpretaciones: “Sólo resta definir la fecha”.
Vine a reunirme con el Presidente @JMilei para darle “la Buena Noticia” que hará feliz a todo el pueblo argentino. Solo resta definir la fecha… qué linda Primavera…!
Dios bendiga a los argentinos, que las Fuerzas del Cielo nos acompañen y VLLC. pic.twitter.com/gMCXZvPYvP
La publicación fue acompañada luego por un reposteo de Milei con la frase “se viene” y emojis de leones, en alusión tanto al símbolo libertario como al nombre elegido por el papa estadounidense-peruano.
En el Vaticano interpretaron el episodio como un movimiento impropio para una negociación de este tipo. La tradición diplomática de la Santa Sede reserva exclusivamente al papa y a la estructura vaticana la comunicación oficial de los viajes pontificios. Primero se anuncia la decisión y luego, días después, el itinerario y el programa pastoral.
La molestia tuvo además un componente político adicional. El gesto del Gobierno ocurrió en la previa del tedeum del 25 de mayo en la catedral metropolitana, ceremonia en la que el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pronunció una homilía con tono crítico sobre la violencia política, el deterioro social y la agresividad creciente en el debate público.
En sectores eclesiásticos interpretaron que la Casa Rosada buscó instalar una noticia positiva de fuerte impacto emocional antes de una ceremonia religiosa que se preveía incómoda para el oficialismo.
Diplomacia, Iglesia y señales cruzadas
Detrás de la eventual visita comenzó a desplegarse un movimiento diplomático mucho más amplio. Uno de los pasos más relevantes fue la designación del estadounidense Michael Wallace Banach como nuevo nuncio apostólico en Buenos Aires.
León XIV nombró nuncio apostólico en Buenos Aires a Michael Wallace Banach
Banach llegará además con experiencia en escenarios complejos y con una misión delicada: reconstruir puentes entre la Santa Sede, el gobierno libertario y la Iglesia local en un contexto de fuertes tensiones sociales.
En paralelo, el Gobierno terminó de normalizar otra pieza clave del vínculo bilateral: la Secretaría de Culto y Civilización. La designación de Agustín Caulo buscó darle volumen político a un área central para coordinar cualquier visita papal.
Caulo, dirigente vinculado al espacio libertario Las Fuerzas del Cielo, venía participando de las conversaciones con el Episcopado y acumuló interlocución con distintos sectores de la Iglesia. En la Casa Rosada consideran que su perfil puede facilitar el diálogo institucional con Roma en la etapa final de las definiciones.
León XIV, Milei y la herencia de Francisco
La posible llegada de León XIV arrastra inevitablemente la sombra de Francisco. Durante más de una década, el papa argentino evitó regresar a su país en medio de la polarización política, las tensiones con distintos gobiernos y la convicción de que cualquier visita terminaría absorbida por la grieta local.
El nuevo pontífice comparte con Bergoglio buena parte de su mirada pastoral y social. No es casual: Prevost fue uno de los dirigentes eclesiásticos promovidos personalmente por Francisco, quien lo llevó al Vaticano, lo convirtió en cardenal y terminó colocándolo en el centro de la sucesión pontificia.
Aunque León XIV posee un estilo más moderado y menos confrontativo en las formas, en Roma descuentan que una eventual visita incluirá mensajes sobre pobreza, exclusión social, inteligencia artificial, violencia verbal y necesidad de diálogo político.
Ese punto genera atención especial en el oficialismo. Milei logró recomponer parcialmente el vínculo institucional con la Iglesia después de los agravios que años atrás dirigió contra Bergoglio, pero persisten diferencias profundas sobre el impacto social del ajuste económico y el clima de confrontación política.
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Robert Prevost y Jorge Bergoglio, papas
Por eso, alrededor de la visita conviven entusiasmo y cautela. Para el Gobierno, concretarla significaría exhibir una relación estabilizada con el Vaticano y mostrar una foto internacional de enorme peso simbólico. Para la Iglesia, en cambio, representa la posibilidad de que el sucesor de Francisco llegue finalmente a un país atravesado por tensiones sociales, crisis económicas y una fractura política persistente.
En Roma, mientras tanto, mantienen la prudencia habitual. Nadie quiere repetir errores ni acelerar anuncios prematuros. Pero la maquinaria diplomática ya está en marcha.
Sólo falta que el Vaticano diga la última palabra.