29|9|2021

Votó Argentina: fuerte sensación de fin de ciclo con herencia pesada y urgente

26 de octubre de 2019

26 de octubre de 2019

Todo indica que las urnas sacarán de la Casa Rosada a Macri y a su gobierno de Ceos, que apagarán la estrella fugaz de Vidal. Fernández asciende fuertemente empoderado para sentarse sobre un polvorín.

Mauricio Macri la había soñado como su instancia de consagración. Los inquilinos de la Casa Rosada la pensaron como la consolidación de un país que superaba el populismo y se abría a una etapa de ajuste prolongado con anuencia social. Los intelectuales que se ilusionaron con su gobierno la creyeron como la vuelta de página para dejar atrás la larga agonía de la Argentina peronista. Con las expectativas consumidas en tiempo récord y una crisis que mete miedo, la elección presidencial de este domingo asoma como algo muy distinto. Encuestadores, analistas, la oposición entera y una parte del oficialismo la ven como el reverso de las legislativas de 2017, como la partida de defunción del macrismo puro y como la oportunidad de rápido regreso al poder para un frente panperonista.

 

Macri lo hizo. O por lo menos así lo piensan las 12.202.770 personas que fueron a votar en su contra y a favor de Alberto Fernández en las PASO del 11 de agosto. Setenta y cinco días después, con una avalancha de nuevos indicadores negativos, nada hace pensar que pueda revertirse el resultado. Ni la economía real, ni el humor de los mercados. Sin embargo, las manifestaciones de apoyo y el tour del optimismo que terminó con una movilización sorprendente en la avenida 9 de julio ilusionan a los creyentes del macrismo puro y al núcleo de incondicionales que siguen girando en torno a Macri: Marcos Peña y sus seguidores, Elisa Carrió, Patricia Bullrich y el recién llegado Miguel Angel Pichetto. La meta es llegar a la segunda vuelta, pese a que el Presidente aparece impotente ante la crisis y vacío de poder, con la distancia del Fondo y la indiferencia de Donald Trump.

 

 

VOTEN BIEN. Los resultados de los comicios, el número de personas que vayan a votar, la diferencia entre el ganador y el segundo, la posibilidad de que haya o no ballotage en la Nación y la Ciudad; todo eso define el tablero político que empezará a reconfigurarse el próximo lunes.

 

Si se confirma lo que indica la casi totalidad de las encuestas, la mayor parte de la sociedad argentina habrá desautorizado el intento de un partido político nuevo, mezcla de políticos y empresarios, por reeducarla en el ajuste

Están habilitados para votar 33.841.837 personas en todo el país. Macri no sólo debe superar el número de votantes que obtuvo en las PASO (8.121.416): además, debe rezar para que Fernández pierda adhesiones de manera significativa. 

 

Si esta vez se confirma lo que indica la casi totalidad de las encuestas, la mayor parte de la sociedad argentina habrá desautorizado el intento de un partido político nuevo, mezcla de políticos y empresarios, por reeducarla en el ajuste y atarla a las recetas de una ortodoxia que se quedó sin anestesia. Será un cimbronazo con impacto en la disputa política interna y con eco en una región inestable como pocas veces.

 

Ahí vienen otra vez los peronistas, según The Washington Post, para reparar el fracaso de un gobierno liberal atado al Fondo, pero en un contexto mucho más difícil, con una deuda monumental, una avalancha de vencimientos que hay que pagar en el cortísimo plazo y una economía que no sólo no crece, sino que cae en una recesión sin fecha de vencimiento. La esperanza de millones de argentinos que van a votar al Frente de Todos y la autocrítica silenciosa de los que vuelven después de quemarse con Macri se verá en las urnas y es posible que defina la elección. Pero todos lo intuyen: los festejos y la ilusión no garantizan que la crisis se revierta con rapidez. No será fácil y no habrá tiempo para luna de miel.

 

 

 

CONTRASTES. Con el antecedente de los largos años kirchneristas y de los inicios del macrismo, es probable que el ganador de la elección logre cohesionar a sus aliados y sumar nuevos adherentes gracias al acceso al poder. Al revés, el que caiga derrotado puede ver disgregarse la amalgama de su alianza.

 

El peronismo entendió que dividido facilitaba el reinado de una minoría y sufría la intemperie. Lo entendió Fernández cuando acercó a Cristina y lo entendió CFK cuando diseñó una jugada impensada.

La actual oposición se apuró a la unidad cuando el avión de Macri entró en zona de turbulencia y terminó de conformar un espacio amplio cuando Cristina Fernández de Kirchner hizo un movimiento inesperado: de sus votos, de su dedo y de su paso al costado sin resignar el poder, surgió el Frente de Todos.

 

El peronismo entendió que dividido facilitaba el reinado de una minoría y sufría la intemperie. Lo entendió Fernández, cuando acercó a Cristina y lo entendió la ex presidenta cuando diseñó una jugada impensada, subestimada por el Círculo Rojo pero aprobada en masivamente por los votantes. Después, lo entendió el resto de la dirigencia, los gobernadores, el sindicalismo colaboracionista y el Frente Renovador, de Sergio Massa.

 

Con un calendario anticipado en el que la mayor parte de los gobernadores eligió despegarse de una referencia nacional, sólo cuatro distritos eligen mañana mandatario provincia: dos peronistas, Catamarca y La Rioja; dos macristas, Buenos Aires y la Ciudad Autónoma.

 

 

 

CAPITAL Y PROVINCIA. Si los resultados abultados de las PASO se repiten y los 12.515.361 bonaerenses vuelven a plebiscitar a Axel Kicillof, en el equipo de María Eugenia Vidal podrán apelar al menos a un consuelo: no había forma de levantar la mochila de  plomo. Ni con adelantamiento, ni con desdoblamiento, ni con boleta corta, ni con colectoras. La suerte estaba echada, después de años de un modelo que trajo caída del poder adquisitivo, cierre de industrias, aumento del desempleo y crecimiento de la pobreza. El ensañamiento de Macri y Peña con la gobernadora no se concentró en el rechazo a sus intentos de despegar, sino en la política económica que la arrastró a la derrota. Por acción o por omisión, Vidal es responsable.

 

Como en sus experiencias anteriores junto a Domingo Cavallo, Carlos Ruckauf, Ramón “Palito” Ortega y la alianza UCR-Frepaso, una vez más, Horacio Rodríguez Larreta se reperfila como el sobreviviente de un ensayo político que fracasa. Con una diferencia: por primera vez con un distrito propio y con votos que puede considerar producto de su mérito. Dependerá de los 2.563.749 millones de porteños que están habilitados para votar y de las chances de un Matías Lammens, que espera ser arrastrado hacia arriba por los Fernández.

 

 

 

Después del susto supremo que le dio Martín Lousteau en 2015, ahora cerca del alcalde apuestan a beneficiarse del #SíSePuede y ganar en primera vuelta. Pero también consideran que en un eventual ballotage porteño pueden imponerse, con el beneficio que podría significar competir sin Macri en la boleta el 24 de noviembre y que la cuna del macrismo aparezca como bastión de resistencia ante un peronismo que vuelve enviagrado.

 

Si se da lo que marcan los sondeos, a Macri le será dificil sostenerse como líder del espacio ante las críticas de los aliados que no lograron, no supieron o no quisieron incidir en sus cuatro años de gobierno. Lo insinuó Vidal con la escenografía de su cierre en la cancha de Platense, con la nueva marca “Ahora Nosotros” y con el color rojo que busca dejar atrás el amarillo PRO. Pero lo piensan todos los postergados de la vieja alianza Cambiemos, incluidos los radicales.

 

 

 

ENTRE EL PODER Y EL DEFAULT. Si es electo en primera vuelta con los números que pretende, Fernández concentrará un enorme poder político. Se quedará con una parte de las 130 bancas de diputados y de las 24 de senadores que se ponen en juego. Según publicó El Cronista, si el Frente de Todos repite este domingo el resultado de agosto, estará cerca de lograr el quorum propio en ambas cámaras, con entre 35 y 38 senadores y entre 119 y 123 diputados.

 

A ese poderío legislativo se sumará el respaldo de la gran mayoría de los movimientos sociales y del sindicalismo: la CGT, los Gordos, el moyanismo, las dos CTA, la Corriente Federal y los gremios industriales. También, los empresarios de la UIA, la cúpula de la Iglesia Católica y gran parte de los medios de comunicación harán sus plegarias para que a Fernández le vaya bien. Sin embargo, el presidente electo encontrará una situación límite, con el dólar otra vez disparado, caída de reservas, la economía al borde del default, la asfixia de los vencimientos de deuda y el Fondo en una postura más exigente. De cómo se resuelva ese acertijo envenenado, se tendrá que ocupar el ganador de las presidenciales desde el lunes a primera hora.