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Con halcones y sin palomas, Macri cerró con la foto de la grieta interna

El acto de Córdoba fue dominado por el ala dura del macrismo. Los moderados, ausentes. "El Gato no se va", avisó el Presidente.
Por 24/10/2019 21:19

CÓRDOBA (Enviado especial) Una imagen (foto) vale más que mil palabras. Esa especie de proverbio popular, repetido culturalmente en la Argentina hasta el hartazgo, cobra un valor trascendental cuando se observa en detalle el final del acto de cierre de campaña del presidente Mauricio Macri en esta ciudad capital de la provincia que es tierra santa amarilla. Hasta este jueves, el Presidente logró correr de los flashes su fractura interna en un plan casi sin fisuras: sólo falló en el último y más importante día. La grieta interna de Cambiemos, contenida en buena parte de la carrera proselitista hacia el 27-O, quedó al descubierto. La grieta que germinó en la crisis económica de 2018, con un proceso de fotosíntesis inusitado durante la temporada electoral, llegó al clímax en la última parada del #SíSePuede Tour.

 

 

En una especie de tráiler-escenario, el Presidente con los brazos en alto, flanqueado por su jefe de Gabinete y campaña, Marcos Peña; parte de su equipo de ministros, su compañero de fórmula, Miguel Ángel Pichetto, y los radicales más fieles a su liderazgo: los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes) junto al jefe del interbloque Cambiemos en Diputados, el cordobés Mario Negri. No estarán en esa foto María Eugenia Vidal ni Horacio Rodríguez Larreta, concentrados en sus distritos. Tampoco, el ministro Rogelio Frigerio (Interior) ni el titular de la Cámara baja, Emilio Monzó, que en 2015 fue su principal armardo político y quien coordinó toda la logística del acto del cierre de campaña de hace cuatro años, también en esta capital provincial pero en un contexto muy distinto en lo político y, fundamentalmente, en lo económico.

En Córdoba estuvieron dirigentes y funcionarios de peso del PRO, pero hubo una ausencia –anunciada- de los animadores recurrentes de la “mesa política” del oficialismo. Aquellos referentes que mezclan votos con territorio y que, por estas horas y al calor de los resultados de las PASO del 11 de agosto, empezaron a tantear el terreno –aún pantanoso- del posmacrismo sin Macri. Una idea, una concepción (¿también un deseo?) que, al mismo tiempo que crece, el Presidente busca derrumbar. El hit de la juventud PRO –núcleo duro del peñismo- “hay gato para rato” se escuchó cada vez con más intensidad desde la avanzada, siempre subterránea, del sector “moderado”.

 

 

Volvió a corearse en la previa del cierre en la Plaza de la Libertad (pegada al Patio Olmos) de esta ciudad capital. Por esos momentos, a más de 600 kilómetros de Córdoba, Vidal cerraba su campaña con la tropa bonaerense en Vicente López. Minutos antes, Rodríguez Larreta hacía lo propio con su vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, y el radical Martín Lousteau en Belgrano. Al culminar ese acto, viajaron hacia Platense para acompañar a Vidal, que destacó en público su presencia. Una diferencia con el Presidente, que esquivó su protagonismo militante en la "marcha del millón" para dejar en claro que, como repite Peña, los votos "son de Mauricio" y las movilizaciones del #SíSePuede convocan a su electorado fiel.

El primer capítulo de esta marcada de cancha, al menos en público, ocurrió ese sábado 19 de octubre en la Avenida 9 de Julio. Estaba por arrancar la marcha – junto a Córdoba, la escala más motivacional para Macri dentro de la hoja de ruta del #SíSePuede Tour- y la gobernadora bonaerense saltaba y gritaba junto a sus ministros y funcionarios del círculo íntimo, el “vidalismo”, como dice Peña con desdén. Parecía un acto en soledad, aparte del que protagonizaba el Presidente en exclusiva delante del Obelisco. Hubo cánticos en favor de Vidal, pero Macri, líder del PRO, los obvió y no la nombró.

 

 

El Presidente no llegó solo a Córdoba. Como contó Letra P, buena parte del gabinete se anotó en el cierre de campaña. Estuvieron los ministros Oscar Aguad (Defensa), Patricia Bullrich (Seguridad), Jorge Faurie (Relaciones Exteriores y Culto) y Guillermo Dietrich (Transporte). En la nómina oficialista también figuran el secretario general de la Presidencia, Fernando De Andreis, y el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi. También, el presidente del PRO, Humberto Schiavoni, y el secretario general del partido, Francisco Quintana.

Si a estos funcionarios se les hubiese preguntado hace cuatro años si se definirían como "macristas", la mayoría hubiera optado por responder "no". Otros lo dirían a rabiar, pero muchos se habrían limitado a destacar la figura del postulante a la presidencia, entonces líder opositor y candidato de Cambiemos, pero volverían sobre sus orígenes o terminales políticas para presentarse.

Las PASO generaron una división tal que, actualmente, todo ese arco de dirigentes del oficialismo comulga con el núcleo duro que, históricamente, capitaneó Peña. Son quienes, con matices, defendieron a ultranza el Plan M y se abroquelaron -desde su lugar y condición- para frenar cualquier intentona de reemplazo, como pudo ser el Plan V, que pretendía ungir a Vidal como la candidata presidencial de Cambiemos . Son, también, quienes dependen -salvo excepciones- del Presidente para continuar en el redil político.

 

 

Pese al cruce de agendas, la ausencia de la mesa política en la foto final de la campaña muestra esa interna oficial. En paralelo, Rodríguez Larreta alambró la Ciudad y buscó alejarla de la discusión nacional y Vidal hizo lo propio en Buenos Aires, hasta avalando el corte de boleta de sus propios intendentes. Así sea para correrla a ella o al propio Macri.