Toto Caputo y la pulsión por la deuda: ¿qué está haciendo en su segundo tiempo?
Cambia compromisos viejos, repactados y baratos por otros nuevos, condicionados y caros. Javier Milei y el atajo de la emergencia: ¿hasta cuándo? Adiós al swap.
En el inicio del año, el gobierno de Javier Milei debió esforzarse para comenzar a responder a un exigente calendario de vencimientos de deuda que tendrá pronto nuevas paradas bravas. Toto Caputo, el sospechoso de siempre en la materia, responde al desafío con endeudamiento nuevo. ¿Mejora la situación, hace lo que puede o vuelve a las andadas que presagian crisis?
Registrate para continuar leyendo y disfrutando de más contenidos de LETRA P.
El vencimiento del viernes –como se esperaba, cumplido con esfuerzo– resulta ilustrativo de una estrategia que, en el contexto de un mercado que mantiene serias dudas sobre la sustentabilidad del plan económico y la solidez de la mileinomía, por ahora incrementa la deuda pública, a tasas mayores y a plazos mucho más cortos. En síntesis, el ministro de Economía patea la pelota para adelante, pero generando condiciones de mayor fragilidad para el país, en buena medida en función de las dudas que despierta el futuro del dólar.
Dos años de emergencia con Javier Milei
Para no perder la perspectiva ni el sentido de justicia, hay que reconocer que Caputo hace lo que puede en un contexto adverso, acaso único modo de evitar lo que sería el colmo para un gobierno paleolibertario: un nuevo default de la deuda soberana.
Ese extremo, además, arrastraría a empresas que han aprovechado ventanas financieras recientes para tomar recursos en dólares, restringiría todavía más el crédito interno y afectaría ulteriormente un nivel de actividad que crece algo en las estadísticas generales, pero de modo fragmentado, de espaldas a sectores cruciales como la industria, la construcción y el comercio y que, en términos de empleo de calidad, ingresos populares, jubilaciones y consumo, sólo augura olas sucesivas de frío polar.
Sin embargo, hay que advertir que el dúo Milei-Caputo lleva ya algo más de dos años al frente de la economía, que una política dócil o impotente –o las dos cosas– no le ha entorpecido los planes precisamente y que el gran problema que explica la desconfianza del mercado, el atraso cambiario inducido, la falta de reservas en el Banco Central (BCRA) y de dólares en el Tesoro, es producto de una política deliberada y maltrecha de usar el tipo de cambio contra una inflación que, al menos hasta diciembre, dio más indicios de rebeldía que de moderación.
Año nuevo, deuda nueva
La cuestión de la política en torno a la deuda es relevante por varios motivos.
Obliga a poner la lupa sobre Caputo, un hombre que carga con el antecedente de haber perpetrado un verdadero desmán entre 2016 y 2018 bajo el ala de Mauricio Macri.
Lo que viene en la materia es my desafiante, con vencimientos previstos por unos 15.000 millones de dólares de capital e intereses en lo que queda del año. Parte de eso se lo debería llevar el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuya "ayuda" –más bien un aporte de campaña adicional al de 2018 siempre en favor de la derecha argentina– que se llevará del país 13.500 millones de dólares sólo en concepto de intereses en los próximos cinco años.
El mercado internacional no da señales de terminar de abrirse para refinanciar esos compromisos, lo que se expresa en un riesgo soberano que sigue sin perforar el piso de los 500 puntos básicos, un mínimo indispensable para que cualquier emisión no sea una demostración de desesperación e imprudencia grave. Como sea, tras el bajón de las promesas de Bessent, que fueron mucho más lejos que las efectividades conducentes, el indicador se estancó: el problema no era el "riesgo kuka", sino el riesgo Caputo, quien demuestra que sus políticas no logran, tras un bienio de aplicación, consolidar la normalización financiera.
Captura de pantalla 2026-01-09 a la(s) 3.25.59p. m.
Javier Milei y Toto Caputo no consiguen aún que el riesgo país perfore a la baja el umbral estratégico de los 500 puntos básicos. (Fuente: Ámbito).
La desconfianza se sostiene en la medida en que el Gobierno no termina de dejar claro que esta vez, tras al menos dos anuncios incumplidos, sí comenzará a acumular reservas. Su insistencia en forzar, a través de un ancla cambiaria cada vez más ineficaz y perniciosa, la desinflación y la cercanía del tipo de cambio actual respecto del tope indexado frente a la inflación pasada invitan, más bien, a la cautela.
El pago del viernes correspondió a capital e intereses de bonos renegociados en 2020 por Martín Guzmán cuando el de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner todavía se parecía a un gobierno. La deuda original, vale recordar, correspondía en parte a la tomada aluvionalmente por el propio Caputo en su primer tiempo.
A los dólares adquiridos con anterioridad por el Tesoro y a la recepción de pagos por privatizaciones sumó, para terminar de juntar la plata, un repo con un pool de bancos internacionales, entre los que se cuentan algunos que en menos de un año ya le habían sacado dos veces al ministro las papas del fuego.
Esto deja dos conclusiones: pagar vencimientos descapitalizando al Estado mediante la venta de activos importantes es una mala política que, es de esperarse, no vuelva a repetirse; y los 20.000 millones de dólares del sector privado prometidos hace meses por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, nunca llegaron porque la Argentina de Milei no inspira confianza entre los inversores.
El repo expresa la gran debilidad de la operación y su carácter perjudicial para el país, con la excusa de la precariedad del momento y con la salvedad de que la excepción no debería devenir en modus operandi.
Cuando gobernaba el peronismo se sabía que pagar lo renegociado por Guzmán requeriría orden político y suerte; no hubo ni una cosa ni la otra. ¿Hoy?
Toto Caputo abulta la deuda
De los más de 4200 millones de dólares abonados, unos 2.700 millones correspondieron a capital y –atención– aproximadamente 1.500 millones a intereses.
Idealmente, habría sido conveniente pagar los intereses con ahorro fiscal y divisas propias –lo primero, precario, existe; lo segundo, no–. Actuar en contrario, como hizo Caputo, implica capitalizar esos cupones y, de ese modo, sumarlos a la deuda futura. Eso es volver a endeudar a la Argentina.
Por otro lado, el ministro reemplazó bonos renegociados que pagaban tasas bajas por deuda nueva, el repo, que supone un costo mucho mayor, además de muy corto plazo (un año) y la entrega de una garantía, títulos de deuda, que, dada su baja cotización actual, implicaría una cesión de capital nominal desmesurada en caso de que no se consiguieran, llegado el momento, recursos para su recompra.
Resumiendo: Caputo reemplaza deuda barata por deuda nueva, mayor, más cara y más condicionada.
Doctrina Toto Caputo: pagar para deber más
La consultora de Guzmán, Suramericana Visión, defendió la renegociación de 2020 y contrastó sus resultados con la operación de marras.
Aquella, dijo en un informe, "bajó significativamente la carga de intereses que afrontaba el país –de una tasa promedio en dólares de 7% a 3%–, extendió los vencimientos y redujo levemente –1,9%– el capital adeudado, implicando en su conjunto una reducción de los pagos programados de 34.800 millones de dólares en el período 2020-2030".
"Para dimensionar las consecuencias de la reestructuración, el sector público argentino paga 3000 millones de dólares menos por año que lo que estaba programado previo a la reestructuración de los títulos emitidos principalmente durante el gobierno de Macri-Caputo. En el corriente año en particular, se habrían enfrentado vencimientos entre capital e intereses por 11.000 millones de dólares, frente a los 7300 millones de USD que se enfrentan luego de la reestructuración", añadió. Sigamos.
El repo, "el tercero desde 2025 por un total de 6000 millones de dólares", se tomó "por 3000 millones a un plazo de 372 días y a una tasa de interés variable, vinculada a la tasa SOFR –tasa overnight por operaciones garantizadas en dólares con títulos del Tesoro estadounidense en Nueva York– más un spread promedio de 400 puntos básicos", explica. Eso arroja "una tasa equivalente en dólares del 7,41% anual", desmesuradamente superior a la que pagaban los títulos viejos.
Vale una acotación antes de concluir este desarrollo: la tasa de 7,41% anual en dólares es, en sí misma, una enormidad y decir que es menor que la que el país obtendría en el mercado voluntario –sin entregar garantías– constituye una zoncera dado que esa fuente de financiamiento sigue estando vedada.
"Luego de estas operaciones, el Tesoro se garantizó el pago del servicio de deuda del viernes, pero el monto total se elevó desde los 4213 millones a los 4401 millones", completó Suramericana.
Captura de pantalla 2026-01-09 a la(s) 3.24.06p. m.
Deuda nueva, mayor –por capitalización de intereses–, más corta, más cara –costo futuro– y más condicionada –por la entrega de garantías–. Así, 2027, cuando venza el repo y haya que recomprar lo entregado en garantía, será más desafiante que antes de haber realizado el último pago. ¿Maldito tercer año?
Lo que se dice un negocio cuadrado. Basta, ministro, ¿no?
Adiós al swap del virrey Scott Bessent
La otra novedad del último viernes fue el pago del monto activado del swap por 20.000 millones de dólares extendido por el Tesoro norteamericano.
El BCRA canceló las operaciones con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) comunica que en diciembre de 2025 canceló las operaciones realizadas durante el cuarto trimestre de 2025 con el Departamento del Tesoro de los…
¿Quién habrá puesto la plata, unos 2500 millones de dólares sólo informados por la hiperpotencia? ¿Un organismo internacional, acaso? ¿O se usó el oro esfumado del Central, cosa sobre la que nadie en el Gobierno se siente obligado a rendir cuentas? En la Argentina de Milei manda el secreto.
El Tío Scotty estaba teniendo muchas objeciones por su salvataje a la Argentina, por eso fue necesario dar a conocer el cierre del swap. El que puso los dólares ahora no quiere que se sepa públicamente quién es, por lo menos por ahora.-
Aunque la tasa tampoco se informó nunca, se supone que es menor que la que asume hoy el país. Con todo, si lo financiero pareciera negativo, es bueno que el país se libere de una carga que es mucho más gravosa en términos políticos y de cesión de soberanía en medio del huracán Donald (Trump).
Ahora bien, ¿Argentina pagó porque quiso o porque tiene los recursos para hacerlo?
No pareciera lo último, dado el rojo furioso de las reservas netas del Banco Central.
Así, el hecho parece responder, más bien, a las resistencias crecientes del Capitolio a la asistencia a la ultraderecha argentina y a una necesidad del propio Tesoro, que siembra el mundo de promesas de inversión –como acá, siempre en los mismos sectores: energía, tierras raras, inteligencia artificial...– y se alista a poner a un costado los recursos que demandaría la reconstrucción económica de la virtualmente ocupada Venezuela.
Eso sí, el virrey Bessent mantiene el apoyo retórico. Algo es algo.