Primer alumno en la clase de Donald Trump, el argentino busca transnacionalizar su liderazgo. El lado correcto de la mecha. Tres elecciones clave. Alerta, cisne negro.
Javier Milei la vio. Mucho antes que otros. Cuando en Estados Unidos ni siquiera se habían celebrado las elecciones presidenciales, el libertario ya se había apuntado como mejor alumno de Donald Trump en la región. Tuvo que esperar para que las urnas delinearan la realidad tal como la había imaginado.
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El momento llegó. Ahora que el estadounidense está dispuesto a poner al hemisferio occidental bajo su dominio, el libertario quiere ver los frutos de ese alineamiento prematuro.
La foto lo muestra en el bando de los vencedores, pero la serie está en pleno desarrollo y todavía le faltan varios episodios clave. Este año habrá tres: las elecciones en Colombia, el 8 de marzo; las de Brasil, el 4 de octubre, y las de medio término en Estados Unidos, que se celebrarán el martes 3 de noviembre, y dirán cuán definitivo es el nuevo orden mundial que busca imponer Trump.
Un incondicional de Donald Trump
Mientras, en el Gobierno hacen esfuerzos denodados por mostrar que el trumpismo de Milei no tiene medias tintas. Como contó Letra P, “Alineamiento incondicional” es la fórmula que utilizan los funcionarios para explicar el posicionamiento respecto de Trump. Y agregan un detalle que no es menor: “Somos los únicos en la región que apoyamos de manera incondicional”. ¿Otros titubean? Paraguay, por caso, cuyo presidente, Santiago Peña, es ideológicamente afín a Trump, osó reafirmar su “compromiso histórico con la resolución pacífica de las controversias”, antes de expresar su apoyo al accionar de Estados Unidos.
MÁXIMA TENSIÓN EN LA REGIÓN El presidente Milei marcó el respaldo absoluto al accionar de EE.UU. en Venezuela y piensa en el nuevo armado del grupo de países de derecha
Con los deberes hechos, Milei quiere que su lealtad quede coronada en el armado de un bloque regional que lo tenga como líder. En la Casa Rosada aseguran que el movimiento recién comenzó a gestarse. El Presidente cuenta en ese supuesto armado “contra el socialismo” a una decena de países. Algo de eso –aunque más moderado y menos alineado de Estados Unidos– intentaron hacer los países que armaron el Grupo de Lima durante el gobierno de Mauricio Macri. Ahora, resta mucho por definir, en medio de la confusión que provocan los movimientos de Estados Unidos en Venezuela.
Petróleo sí, democracia no
La decisión de Trump de sostener al madurismo sin Nicolás Maduro tiene desconcertados a los aliados locales y también a los antiguos aliados del chavismo. ¿Maduro hizo un acuerdo con Estados Unidos? ¿El pacto lo hizo Delcy Rodríguez? En el devenir de los acontecimientos hay muchas cosas que “no cierran”, dicen incluso en el peronismo.
La lectura más o menos común indica que algo empezó a gestarse en Caracas después del 28 de julio de 2024, cuando Maduro se negó a mostrar las actas de las elecciones que lo habían dado, supuestamente, por ganador. Los socios de la región, incluido Brasil, lo abandonaron. La situación se hizo insostenible. Seis meses después, en enero de 2025, Maduro se reunió con el enviado especial de Trump, Richard Grenel. Dirigentes con llegada al régimen venezolano consultados por Letra P aseguran que así se gestaron algunos acuerdos que incluyeron la extensión de la licencia a Chevron y la liberación de más de un centenar de presos políticos, en Navidad. Ahora, la salida poco traumática de Maduro y el diálogo fluido con Rodríguez alimentaron las sospechas sobre la existencia de un acuerdo.
El gobierno de Milei, al parecer, esperaba otra cosa. El lunes, la Casa Rosada tuvo que salir a desmentir que el libertario hubiera impulsado la asunción como presidente de Edmundo González Urrutia, el candidato que compitió contra Maduro en las elecciones de 2024. Ya era tarde. “González Urrutia debería asumir. Él ganó las elecciones, es el presidente electo, Maduro era un usurpador del poder”, dijo el Presidente el sábado en LN+, apenas se conoció la noticia de la “extracción” de Maduro por parte de Estados Unidos. Después, la Cancillería salió a destacar el “liderazgo” de María Corina Machado.
Todo quedó en ridículo cuando el propio Trump decidió dejar el poder en manos de la chavista Rodríguez tras descalificar a Machado y ningunear a González Urrutia. “Confiamos en la transición dispuesta por Trump. No hay que adelantarse a los hechos”, volantearon en la Casa Rosada. Para sumar más desconcierto, este jueves Milei recibió en Balcarce 50 a Elisa Trotta, dirigente antichavista que se refirió a Rodríguez como “la carcelera”.
Si la idea era sumar a González Urrutia y Machado al club de presidentes alineados con la derecha, el plan deberá esperar. “Vamos a tomar petróleo”, afirmó Trump en una entrevista que le concedió a The New York Times. De González Urrutia no habló. De Machado dijo que era “una mujer agradable” que “no tiene ni el apoyo ni el respeto” del país. De la democracia y las elecciones, ni noticias. ¿Cuánto tiempo puede durar el control de Venezuela por parte de Estados Unidos? ¿Tres meses, seis meses, un año? “Yo diría mucho más tiempo”, respondió, brutal.
Javier Milei y la política exterior de Estados Unidos
Que Milei quedó en el bando de los ganadores hoy no tiene discusión. Trump le mostró en los últimos días al mundo que está dispuesto a romper con todo el andamiaje internacional que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial y a hacer uso de la fuerza, si fuera necesario, para acotar la presencia de China en la región.
Precisamente, tras la ocupación estadounidense, Venezuela suspendió el envío de petróleo a China, que era su principal comprador. Ahora todo lo manejará Estados Unidos. “No creo. Tengo una muy buena relación con Xi (Jinping)”, dijo Trump el lunes, cuando le preguntaron si la operación en territorio venezolano afectaría el vínculo con China.
Luego, anunció que viajará a Beijing en abril. El estadounidense busca delimitar zonas de acción entre Estados Unidos, China y Vladimir Putin. Con liderazgos en crisis, Europa parece fuera de toda conversación relevante. Esta semana, los medios del Viejo Continente reflejaron el pánico por haber quedado atrapados entre las ambiciones de Trump, que amenaza con tomar Groenlandia, y Putin.
El gobierno de Milei parece haber decodificado bien esa línea. Desistió de las menciones a Ucrania y llevó a Europa a la irrelevancia, a pesar de que el Presidente haya conversado esta semana con el francés Emmanuel Macron. Lo padecen los embajadores en Buenos Aires, que repiten por lo bajo que “a Milei solo le importa Estados Unidos” y que Argentina ya no tiene política internacional propia. Por lo pronto, el alineamiento automático le dio buenos frutos a Milei. La ayuda financiera de Trump le salvó las elecciones.
La relación con China también sigue el ritmo que marca la embajada estadounidense. El avance de las represas de Santa Cruz está congelado. Los pliegos para la licitación de la Hidrovía fueron confeccionados de forma tal que dejaran afuera a cualquier oferente del gigante asiático. El intercambio comercial, sin embargo, se mantiene. Estados Unidos no pone objeciones en ese aspecto.
La foto de hoy, la duda de mañana
Si después de los acontecimientos de Venezuela, Trump planeaba sacar a Gustavo Petro de Colombia, sobre el final de esta semana parece haber puesto el plan en pausa. Tiene razones prácticas: Colombia irá a elecciones el 8 de marzo y la derecha tiene chances de volver a gobernar el país por las urnas, con el candidato Abelardo de la Espriella, quien se perfila como favorito. La izquierda llevará a Iván Cepeda.
Por lo pronto, las últimas elecciones dejaron un mapa regional en el que la derecha alineada con Trump gobernará once países: Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y República Dominicana. Trump apuesta a que Colombia siga el mismo camino y que la caída de Venezuela sea el fin del régimen en Cuba. Es el objetivo principal del secretario de Estado, Marco Rubio.
No forman parte de ese club los dos países más importantes de Latinoamérica, México y Brasil, cuyos presidentes gozan de una alta popularidad. En Brasil, Lula buscará ser reelecto en las elecciones del 4 de octubre. El presidente Luiz Inácio Lula Da Silva acaba de anunciar que la pobreza llegó al número más bajo en 14 años. Llega a un 23% de la población.
Un mes después de las elecciones de Brasil, se celebrarán los comicios de medio término en Estados Unidos. Allí está el verdadero desafío de Trump. El estadounidense enfrenta un escenario complejo, con una inflación que terminará el año en torno al 3% y el aumento de la tasa de desempleo, que está en 4,6%, y problemas en el mercado de alquileres. Las elecciones de 2025 ya dieron malas señales para él. Los republicanos perdieron en Nueva York –donde floreció la figura de Zohran Mamdani –, Virginia, Nueva Jersey, California y hasta en Miami.
Trump apuesta todo a que el control del petróleo de Venezuela genere una baja en el precio de los combustibles y eso desacelere la inflación. La contracara es mala para su socio argentino, que tiene todas las expectativas puestas en el desarrollo del petróleo en Vaca Muerta. A los problemas económicos se suman los desaguisados que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) está haciendo a la vista de todo el mundo.
Este miércoles, un agente de ICE baleó a una mujer en Mineápolis, en medio de una redada contra inmigrantes. La víctima era una estadounidense blanca, de 37 años, madre de tres hijos. Su asesinato provocó una reacción popular contra Trump, que defendió el accionar de la fuerza, y caldeó aún más los ánimos en la previa de las elecciones.
Un día después, recibió un golpe sorpresivo, cuando el Senado votó una resolución que le impuso límites en el accionar en Venezuela. Le dieron la espalda cinco senadores republicanos. Trump llamó a los republicanos a ganar las elecciones de medio término para evitar un juicio político. En Argentina se encendieron las alarmas.