Maximiliano Pullaro y Javier Milei, la tensión sin fin
El vínculo sigue plagado de idas y vueltas. La autonomía económica, límite al juego independiente de Santa Fe. Deuda previsional y electorado compartido.
Maximiliano Pullaro y Javier Milei no logran encauzar su vínculo.
No hay caso. Maximiliano Pullaro y Javier Milei no logran encauzar su vínculo. Como en el juego de la oca, cada paso adelante implica dos subsiguientes para atrás. Reclamos, promesas incumplidas y dardos en los medios plagan una relación que cada día luce un poco más compleja, pero que no termina nunca de explotar.
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No es necesario retroceder mucho en el tiempo para repasar los últimos momentos de tensión en el vínculo entre la Casa Rosada y la Casa Gris. Solo esta semana una redistribución de agentes en el marco del Plan Bandera despertó suspicacias; los pastos crecidos de avenida Circunvalación en Rosario -una traza nacional- valieron críticas furiosas desde Santa Fe; y el gobernador avisó que banca la reducción del Impuesto a las Ganancias, lo que implicaría aún menos coparticipación, pero sólo si le pagan la deuda previsional, que hoy supera los $1,5 billones. No hay paz.
Flota la sensación de que, como esos boxeadores contra las cuerdas que en vez de buscar una vía de escape se plantan en el golpe por golpe, Pullaro decidió pararse como opositor a Milei. Es un riesgo: la provincia que gobierna le dio una victoria holgada a La Libertad Avanza en las últimas elecciones. Además, la filosofía pullarista de poner el capital político en juego para motorizar “las reformas que son necesarias” le significaron, lógicamente, una merma en el apoyo electoral. Para la Casa Gris fue un costo calculado. No hay luces de alarma encendidas por ello.
En la mesa chica del gobernador niegan que haya habido un cambio de discurso a partir de la última campaña electoral. Reconocen, sí, que quizás el tono haya sido “menos nítido” hasta ese mojón, pero no más. Lo que hay, explican, es cansancio. “Cambian los jugadores, pero el resultado es siempre el mismo: te pido y no te cumplo nada”, expresan con un dejo de hartazgo sobre la relación con el Gobierno. Es un problema estructural. Pullaro tuvo buen vínculo con todos los interlocutores que puso la Casa Rosada -GuillermoFrancos, Diego Santilli o Santiago Caputo-, pero “los mandan a negociar con chauchas y palitos”.
El límite al juego libre de Santa Fe
“No somos irracionales, solo pedimos que se cumpla la ley”, repite una y otra vez Pullaro en cada entrevista. Así, deja ver uno de los principales activos de su independencia: no necesita del apoyo de la Casa Rosada para llevar adelante su administración. Políticamente, además, es un dirigente difícil de enfrentar para La Libertad Avanza. No sólo porque no es un peronista irreductible como Axel Kicillof, sino también porque el santafesino se ha manifestado a favor de varias de las iniciativas del gobierno libertario y, dice, sin pedir nada a cambio. El último ejemplo es la reforma laboral.
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La Casa Gris se jacta de ello. Entre los atributos de la independencia que creen les permite jugar al fleje figuran una gestión ordenada y la situación de la seguridad en Rosario bajo control. Unidos, el frente político que lidera Pullaro, por ahora funciona. “Hay matices, pero si el gobernador necesita una ley, la ley está y no tiene que andar renegando, como le pasa a Kicillof”. Hay, además, una cuenta en la sucursal New York del Banco Santander con U$S 800 millones otorgados por Wall Street, listos para ser usados en obras y fuera del alcance de las necesidades de Toto Caputo. “Tenemos espalda”, dicen.
En la situación financiera está el asterisco. Pullaro podrá jugar con libertad en tanto y en cuánto Santa Fe se mantenga sin necesidad de depender de los recursos nacionales. El año pasado, las cuentas santafesinas cerraron con un “equilibrio fiscal finito”. ¿Cuánto se podrá mantener? Allí radica la génesis del reclamo del gobernador por la deuda que la Nación mantiene con Santa Fe. “La Caja de Jubilaciones es la clave”, dicen a su lado. Saben que la reforma previsional santafesina de hace algo más de un año fue un parche y que el problema de su déficit, tarde o temprano, volverá a aparecer.
El riesgo del electorado compartido
“Ya pagamos demasiado por adelantado, no lo hacemos más. Si nos necesitan, que cumplan con lo que nos corresponde”, dicen en la Casa Gris. El gobierno de Santa Fe, en ese escenario, juega. Las figuras relevantes de su gabinete suman declaraciones cada vez más picantes contra el gobierno de Milei. El ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, y su par de Economía, Pablo Olivares, son quienes más se destacan en ese tópico. Pullaro mantiene las formas, pero desliza frases como la de este viernes: “Cuando el Estado no roba ni se borra, las soluciones están”.
¿No es un riesgo obligar a elegir entre el gobernador y el Presidente a aquellas personas que votaron a ambos y que son la mayoría? Las encuestas que se consumen a diario en la mesa chica de Pullaro arrojan una forma de que no lo sea. Por un lado, detectaron que en casi el 80% de quienes votan a ambos hay un reclamo de “defender a Santa Fe”, incluso en aquellos que mantienen su apoyo a Milei. No implica un costo político enfrentar a la Casa Rosada, aseguran, siempre que se haga “con respeto, argumentos, explicaciones, sin virulencia ni chicanas”.
Por otro lado, en la Casa Gris detectan que la esperanza que sostiene a Milei puede resquebrajarse. Al Presidente lo bancan las personas con altos ingresos y los jóvenes varones blancos y heterosexuales, aunque en ese sector el apoyo ya no es tan fuerte como antes, porque lo vienen retaceando aquellos con peores ingresos. Lo mismo sucede con la clase media baja, cuyo endorsement al Gobierno está sostenido con pinzas. En la tercera edad, por su parte, fue donde la imagen presidencial registró la mayor pérdida. Así y todo, la valoración de Milei en Santa Fe está en su mejor momento.