19|6|2022

Sangría de dólares y clase trabajadora pobre, las dos obsesiones de Cristina

19 de junio de 2022

19 de junio de 2022

El cristinismo valora el proceso de cambios del Gobierno, pero cree que "no es suficiente". CFK volverá a la carga en Avellaneda. El acuerdo por la Aduana. 

“¿Hay correcciones? Sí, hay correcciones. ¿Son suficientes? No, estamos en medio del proceso”.

 

El acto compartido por los 100 años de YPF, el rápido reemplazo de Matías Kulfas por Daniel Scioli, el discurso de Alberto Fernández en la Cumbre de las Américas, los alivios fiscales, el proyecto de renta inesperada y otras “correcciones” que la Casa Rosada hizo en las últimas semanas ayudaron a aliviar las tensiones internas del Frente de Todos (FdT), pero el cristinismo no cierra la cuenta. Cristina Fernández de Kirchner desespera, en privado y en público, por la sangría de reservas del Banco Central y por la pérdida del poder adquisitivo de la clase trabajadora. Y lo dejará en claro este lunes, cuando vuelva a hablar desde un escenario, en Avellaneda.

 

“Estado, mercado y precios: producción, trabajo y política social en una Argentina bimonetaria” es el amplio lema de la convocatoria del plenario de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA), que Cristina usará como disparador para su discurso. La vicepresidenta recibió en los últimos días un informe elaborado por el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) con datos precisos sobre la realidad del mercado laboral. El texto señala que, en el marco de la creciente inflación, tener un trabajo no alcanza para no caer en la pobreza. Cristina hablará frente 1800 delegados, legisladores invitados por el secretario general, Hugo Yasky. Estará junto al ministro Jorge Ferraresi, ya definitivamente de regreso en las huestes del Instituto Patria. 

 

El mismo informe de CIFRA remarca que el salario promedio de quienes tienen un trabajo registrado tuvo en marzo de 2022 un poder de compra 20% menor al de diciembre de 2015, cuando Cristina dejó el gobierno ante una multitud en Plaza de Mayo. Una catástrofe en términos salariales para la sociedad y, un fracaso político para el FdT, que en la campaña 2019 prometió que los argentinos iban a “volver a ser felices”. El trabajo formal no lo garantiza. Teléfono para el ministro Claudio Moroni, hombre de confianza del Presidente a quien el cristinismo acusa de pensar que las paritarias al alza “son inflacionarias”. 

 

La segmentación de tarifas que Martín Guzmán anunció esta semana no ayuda en ese sentido. Entre los 330 mil pesos de ingreso y las tres propiedades, yates y autos último modelo, varios dirigentes cristinistas creen que hay un abismo y que el aumento “está afectando el poder adquisitivo de la clase media”, ya golpeado.

 

En ese contexto se inscriben, en términos cristinistas, algunos aciertos de la Casa Rosada. El aumento del salario mínimo, vital y móvil, que le agradeció Máximo Kirchner a Fernández, la suba del piso del Impuesto a las Ganancias, la actualización de las escalas del monotributo – dos cucardas de “alivio fiscal” que se cuelga Sergio Massa-  la presentación del proyecto de impuesto a la renta inesperada. “Eso va hacia un lugar, en un mismo sentido. Y es todo positivo”, apunta un dirigente que tiene acceso directo al despacho de la vicepresidenta.

 

Todo eso no alcanza, en tanto los salarios sigan corriendo desde atrás mientras los balances de las empresas dan muestran cada vez más ganancias. Y, entienden en el Instituto Patria, “hay que acelerar”.

 

El segundo punto son las reservas del Banco Central. Miguel Pesce, está en la mira. Cristina lo dijo hace más de un mes, en Chaco, cuando remarcó la escasez de reservas, a pesar de los 30 mil millones de dólares de superávit comercial. “Hay que revisar algunas cosas porque algo está fallando", apuntó la vicepresidenta.

 

Algunos nombres de primera línea cercanos a Cristina se comunicaron en las últimas semanas con el presidente del Banco Central para pedir explicaciones por la salida de reservas. Guzmán tampoco se salva. “Obviamente Pesce es el responsable de la política monetaria. No se sienta arriba de la cuenta capital. ¿Pero no era que Guzmán cerrada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se terminaba todo el problema?”, dicen en el entorno de la exmandataria.

 

Aunque forma parte del grupo de amigos históricos del Presidente, Pesce tampoco se salva en el albertismo. En medio de la tormenta, ironizan sobre el origen radical del Pesce. Nerviosos, todos buscan respuestas urgentes. También el Ministerio de Economía. A pesar de todos los intentos por dar otra imagen, la relación entre Guzmán y Pesce es tensa desde el inicio de la gestión. 

 

En la tensión por los dólares se inscribe el desembarco de Guillermo Michel,  cerebro impositivo de Massa, en la Dirección General de Aduanas. Reemplazará a Silvia Traverso, que responde a la jefa de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, alineada con el Presidente. El nombramiento de Michel fue acordado por Fernández y Massa, y tiene el aval explícito de Cristina.  

 

Michel fue asesor de Ricardo Echegaray en la AFIP durante el gobierno de la vicepresidenta y ocupó el mismo puesto en la Aduana durante el último tramo, en 2015. Desde allí volvió al Senado, donde lo reclutó Echegaray. Trabajó con Miguel Pichetto y luego, a fines de 2019, desembarcó en Diputados junto a Massa, con quien lo une una relación de larga data. Es el referente del massismo en temas impositivos y lleva todas las medidas de “alivio fiscal” que propone el líder del Frente Renovador.

 

En Aduana, trabajará para controlar la sobrefacturación de importaciones y la subfacturación de exportaciones, maniobras que forman “un colador de dólares”. Será una revisión “caso por caso”, que Michel hará con personal de carrera de la Aduana, que ya tuvo la misma tarea en el pasado, por lo que entiende que le podrá imprimir velocidad a la gestión. Un informe de la consultora PxQ, del ex viceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis, habla de unos 10 mil millones de dólares mensuales en importaciones “especulativas”. Michel espera asumir para ver el número preciso.

 

Su llegada muestra, básicamente, la preocupación de Cristina, Massa y el Presidente por la sangría de dólares. La velocidad de Fernández sigue enervando los nervios del cristinismo, que siente al presidente de la Cámara de Diputados mucho más cerca de su mirada sobre la necesidad de hacer cambios de organización en el Gobierno. Con todo, no coinciden en la satisfacción por el nombramiento de Scioli al frente del Ministerio de Desarrollo Productivo. Massa no aprobó la llegada del excandidato a presidente del Frente para la Victoria.

 

Para el cristinismo, “Daniel” es parte de su espacio, pese a los accidentes de la historia. Cristina aprobó su llegada al Gabinete. Hablaron vía telefónica antes de la jura. Hace poco más de un mes se habían visto en el Senado, donde compartieron té y pastafrola. Scioli le recordó: “Hace más de 20 años que nos conocemos, Cristina. Vos y yo siempre estuvimos en el mismo lugar”.

 

“El Gobierno se activó. Estamos en el medio de ese proceso de reorganización, pero todavía no tiene envergadura, le falta potencia”, apunta un dirigente que dialoga con la vicepresidenta. A esta altura, dicen, la eventual charla entre el Presidente y la vice dejó de ser tan trascendente: lo que importa es enderezar y acelerar la gestión.

 

Para meterle presión al proceso de cambios nacional es que el peronismo empezó a moverse en los distritos con una sucesión de encuentros que marcan el camino “desde abajo hacia arriba”. “En vez de una bajada de línea, hay una subida”, concede un dirigente que trabajó en las últimas semanas para acercar partes entre distintas tribus del FdT.

 

Los movimientos incluyen las reuniones ya periódicas de los gobernadores en el Consejo Federal de Inversiones (CFI) que terminó en el armado de una liga formal y encuentros del FdT en los distritos, como la institucionalización de Chaco, a la que asistió el propio Fernández. En esa oportunidad, el Presidente le dijo al gobernador Jorge Capitanich que vería con buenos ojos que la iniciativa se replicara en otras provincias.

 

Algo similar se intentó con la mesa bonaerense, que convocó Axel Kicillof, y adquirió volumen con el armado que propició Kirchner en el PJ Bonaerense, donde invitó a los ministros Gabriel Katopodis y Juan Zabaleta y la diputada Victoria Tolosa Paz, cercanos al Presidente. “Se están acomodando los melones”, se entusiasmó un intendente de peso en el conurbano.  

 

En la misma sintonía se movió el FdT de la Ciudad, donde el presidente del PJ, Mariano Recalde, acordó un encuentro plural del que participaron dirigentes cercanos al Presidente, como el jefe de asesores, Juan Manuel Olmos, el legislador Claudio Ferreño, el ministro Matías Lammens, la vocera Gabriela Cerruti y el diputado Leandro Santoro, entre otros. Fue un movimiento local, que también encerró un mensaje nacional.

 

Los melones se acomodan, pero Cristina todavía no vislumbra el final del proceso. Lo dejará en claro este lunes, en Avellaneda.