07|5|2021

El cerebro impositivo de Massa

03 de abril de 2021

03 de abril de 2021

Es el autor de la reforma de Ganancias que reconcilia al tigrense con el voto del medio. De Echegaray y Pichetto al útero K, una parábola bien massista.

Guillermo Michel muestra que su carnet de afiliado peronista data de 2003, el año del comienzo del kirchnerismo tal y como lo conocemos. El contador y abogado graduado en la UBA que asesora a Sergio Massa es un técnico que, desde el más cuidado perfil bajo, logró atravesar la era de las divisiones y acusaciones entre las distintas corrientes del PJ. Michel es el cerebro impositivo del proyecto que fue aprobado el domingo en la Cámara de Diputados y se convertirá en ley la semana próxima en el Senado. Si prospera tal como fue diseñado, el universo que hoy paga Ganancias -2,3 millones de personas- se reducirá a menos de la mitad y serán beneficiados 1.267.000 contribuyentes: un millón son trabajadores y el resto, jubilados; 569 mil viven y votan en la provincia de Buenos Aires. 

 

Después de los cambios que tuvo en el proceso previo de discusión con los sindicatos y con el beneficio adicional para 350 mil monotributistas, la iniciativa le demandará al Estado resignar una recaudación que ascenderá finalmente a los 47.000 millones de pesos anuales. El objetivo de Massa aparece nítido en el año electoral: busca tanto promover el consumo como recuperar su vínculo con una franja de la población que lo vio como alternativa en 2013. Hombre fuerte de la AFIP durante los años del cristinista Ricardo Echegaray, Michel fue el encargado del diseño que se aprobó en la maratón de Diputados. “La idea fue de la política, que es la que siempre define. Lo que importa para cualquier reforma es conseguir los votos”, dice el asesor de Massa en diálogo con Letra P y agrega que las modificaciones en el mínimo no imponible aliviarán a los operarios de las automotrices, no a los gerentes de los bancos, como sucedió durante los años de Mauricio Macri como presidente.  

 

La reforma de Ganancias corrió paralela por dos senderos. A nivel de la política, Massa buscó el apoyo de Máximo Kirchner, Alberto Fernández y Martín Guzmán para después acordar detalles con los diputados Carlos Heller y Vanesa Siley. A nivel de la línea técnica, Michel participó de la elaboración del proyecto junto al secretario de Política Tributaria de Guzmán, Roberto Arias, los funcionarios de la ANSES designados por Fernanda Raverta y el subdirector de Fiscalización de la AFIP, Julián Ruiz. A Massa le sirvió para afianzar su relación con la liga de sindicalistas de mejores sueldos, entre los que están Hugo y Pablo Moyano, de Camioneros; Ricardo Pignanelli, del SMATA; Pablo Biró, de la Asociación de Pilotos, y Juan Carlos Schmid, de Dragado y Balizamiento. 

 

Del cristinismo a Pichetto

Nacido en Gualeguaychú, Michel ingresó a la escena política nacional en el Senado, en diciembre de 2007, cuando Cristina Fernández de Kirchner inició su primer mandato y él aterrizó en la Cámara alta como asesor del entrerriano Pedro Guastavino. Era el tiempo de un kirchnerismo arrollador que tenía al peronismo unido y casi no enfrentaba oposición. En el Senado, Miguel Ángel Pichetto ejecutaba la partitura que escribían CFK y Néstor Kirchner. De relación directa con el cristinista Sergio Uribarri, un día de 2010 Michel participó de una reunión con el entonces gobernador de Entre Ríos, la cámara del citrus y Echegaray. Un rato de reunión alcanzó para que Echegaray hiciera una excepción y decidiera convocarlo como asesor externo para ser parte de su equipo.

 

La AFIP estaba entonces dominada por gente de línea que reportaba al peronismo y Echegaray contaba con un equipo de técnicos de confianza que tenía un mínimo de 12 años de carrera administrativa, pero el funcionario advirtió en Michel una formación y una capacidad de trabajo que podían servir a sus objetivos. Así fue que el ahora asesor de Massa partió hacia París como delegado argentino en acuerdos de intercambio de información tributaria y transparencia fiscal: firmó convenios de transparencia fiscal internacional con 129 países entre entre octubre de 2010 y noviembre de 2011. Ya en 2012, de regreso en Buenos Aires, Echegaray lo designó primero como subdirector general de Coordinación Técnico Institucional de la AFIP y lo habilitó para que comenzara a interactuar con la plana mayor de la política en reuniones con gobernadores, jefes de gabinete como Aníbal Fernández y Jorge Capitanich y funcionarios del Ministerio de Economía como Emmanuel Álvarez Agis. En marzo de 2015, finalmente Michel se convirtió en director general de Aduanas. Trabajaba oficina de por medio con Echegaray sin pensar que el agotamiento del cristinismo puro y la derrota de Daniel Scioli ante Macri los llevaría a caminar por veredas enfrentadas. 

 

Antes de la separación, Echegaray y Michel tuvieron una oportunidad de seguir trabajando juntos, aunque a las órdenes del gobierno de Cambiemos. Como mano derecha de Echegaray, el asesor de Massa participó de las reuniones de 2015 con Macri en las que el entonces presidente electo le ofrecía al funcionario todopoderoso de Cristina dar el salto y pasar a formar parte del elenco amarillo. El primer encuentro fue en Dashi, de Figueroa Alcorta, y el último fue en las oficinas de un empresario de medios y relacionista público ligado a Massa. Estaban, además del anfitrión, Macri, Echegaray, Michel y el dueño de América, Daniel Vila. Faltaban 48 horas para que el egresado del Cardenal Newman se calzara la banda presidencial y afuera soplaba el viento de una nueva era, pero Echegaray dijo que no y prefirió no acoplarse a la temporada de pases que pretendía inaugurar el empresario Macri en su primer tiempo de gobierno.  

 

Quienes conocen al exjefe de la AFIP dicen que el modo en que hablaba el ingeniero le confirmó que cualquier convivencia con el cristinismo iba a ser inviable. Michel pasó a ser muy poco después asesor de Pichetto y parte del peronismo colaboracionista que pretendía superar rápido el mal trago del kirchnerismo. Echegaray tuvo que defenderse de 22 causas penales con asesoramiento de León Arslanian y quedó al margen del poder. Hoy se dedica a contar tuercas, bulones y cajas de cambio en la Ford de Pacheco como empleo raso de la Aduana.

 

Entre 2016 y 2019, el cerebro de la reforma de Ganancias se refugió en el Senado con el -Asís dixit- dador principal de gobernabilidad que tuvo Macri. El objetivo, según se decía durante esos años, era otro: ejercitar el músculo del peronismo del medio para ser alternativa a Cambiemos en el momento en que se agotara el experimento amarillo. En un eje imaginario que unía a los gobernadores del PJ y a la cúpula de la CGT, Pichetto y el espacio de Massa trabajaban en línea con el Bloque Justicialista que orientaban en Diputados el hoy gobernador pampeano Sergio Zilliotto, el salteño Pablo Kosiner y el bonaerense Diego Bossio. Michel era abonado en las reuniones con los gobernadores que se llevaban adelante en el Consejo Federal de Inversiones, algunas incluso con la presencia del ministro de Interior, Rogelio Frigerio. Era parte de una remake clase B de aquella liga noventista que reunía a Kirchner, Eduardo Duhalde, el pampeano Ruben Marin, el entrerriano Jorge Busti y el santafesino Jorge Obeid. Sin embargo, el cerebro impositivo del exintendente de Tigre defiende el trabajo de esos años y dice que, gracias a ese esfuerzo de coordinación del peronismo no kirchnerista, 17 provincias terminaron con superávit fiscal el traumático período de inflación récord, ajuste, recesión y devaluación que marcó la aventura de Macri en el poder. 

 

Ruptura y regreso

La rebaja de Ganancias en 2016 y el acuerdo que incluía a Eduardo De Pedro y Graciela Camaño en el Consejo de la Magistratura -a fines de 2018- con el respaldo de Pichetto y Schiaretti eran indicios de que existía una posibilidad de unidad grande del PJ, pero los bandos caminaban en direcciones opuestas. La esperanza flotó para Michel hasta mayo de 2019, cuando Cristina eligió a Alberto para encabezar la fórmula presidencial y los hechos se precipitaron en cadena. El 11 de junio, el señor gobernabilidad dio un paso más en su cercanía con Macri y sorprendió a todos, incluso a parte de sus colaboradores. Cuando Pichetto aceptó ser candidato a vicepresidente en la fórmula con el jefe del PRO, Mitchell consideró que ya era demasiado. El 1 de julio, renunció a su trabajo como asesor del bloque del PJ en el Senado y renunció también a su puesto de planta permanente en la AFIP. De regreso al útero cristinista bajo el paraguas grande de la unidad, Massa lo rescató para el proyecto del Frente de Todos. Con la reforma de Ganancias, un motivo para festejar en el mar de la escasez, Mitchell acaba de demostrar que el exintendente de Tigre, esta vez, no se equivocó.