07|8|2022

Con Insaurralde y Kicillof, el subcomandante Máximo alambra Buenos Aires

08 de abril de 2022

08 de abril de 2022

Tras disparar a discreción en Merlo, convirtió un acto institucional en La Plata en una demostración de poder territorial en la madre de todas las batallas.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) Con dos apariciones públicas de alto impacto en menos de 24 horas y una serie de mensajes belicosos dirigidos al corazón de la interna del Frente de Todos (FdT), el subcomandante Máximo Kirchner dejó claro esta semana la decisión de replegarse sobre su armado territorial en la provincia de Buenos Aires, sustentado en su alianza estratégica con los intendentes del conurbano.

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Cada vez más confrontativo contra Alberto Fernández y los ministros nacionales que responden al Presidente, el líder de La Cámpora se subió el jueves a la noche al escenario de un gimnasio municipal en Merlo, en el oeste del Gran Buenos Aires, para levantarle la mano al intendente (en uso de licencia) y ganador en la interna del PJ local, Gustavo Menéndez.

 

Pocas horas después, en la mañana de este viernes, desembarcó en La Plata, donde su figura se robó todas las miradas del acto de lanzamiento de gestión de la ministra de Ambiente, la camporista Daniela Vilar, que cerró el gobernador Axel Kicillof. En Merlo y en La Plata, Kirchner se mostró muy cerca del jefe de Gabinete provincial y su principal socio político en Buenos Aires, el lomense Martín Insaurralde.

 

Con esos dos movimientos, el presidente del PJ bonaerense envió señales claras a propios y extraños. Pase lo que pase con la interna del Frente de Todos (FdT) y el futuro del vínculo con AF, Kirchner se repliega sobre el distrito del 37% del padrón electoral nacional, donde se libra la madre de todas las batallas y sobrevuela el fantasma de un Plan V kirchnerista; donde refuerza su alianza política con los dueños de los votos y consolida su influencia en buena parte del gabinete provincial.

 

Desde su salida de la jefatura del bloque de Diputados del FdT y la profundización de la ruptura con Alberto Fernández, usa cada aparición pública para enviar mensajes al gobierno nacional. Después de consolidar su liderazgo en las elecciones de los PJ locales -logró lista de unidad en 124 de los 135 distritos y se quedó con el triunfo en los 11 restantes donde hubo internas-, el jueves por la noche viajó hasta Merlo para subirse al escenario junto a Menéndez, su antecesor en el sillón de mando del partido y uno de los jefes territoriales del oeste del conurbano.

 

En un mensaje directo a Fernández, pero que también impacta en el ministro de Desarrollo Social Juan Zabaleta, dijo que hay que “hacerse cargo de la gestión”, reclamó “dejar de quejarse si cortan una calle” y terminar “con las pendejadas de la televisión”.

 

“Yo quiero que a nuestro gobierno le vaya bien porque eso significa que le va a ir bien a nuestra gente. Yo no quiero ni juego a las divisiones, pero tampoco soy de los que piensa que hay que amontonarse por amontonarse, porque si los dirigentes se amontonan en una unidad que no busca dar todas las peleas, trabajar lo que hay que trabajar para que nuestra sociedad salga adelante, será una mera acumulación de dirigentes en un lugar y con la gente en otro lugar. Eso en la Argentina no puede volver a pasar”, disparó en Merlo, una frase llena de mensajes hacia los sectores del Frente de Todos, donde dejó en claro que la guerra es total y el futuro de la coalición oficialista pende de un hilo.

 

En otro tramo de su exposición, recordó que “la semana que viene se va a conocer la inflación” de marzo y vaticinó que el índice “será muy duro”, por lo que -sin nombrarlo- le aconsejó al Presidente “tener la inteligencia y la voluntad suficiente para defender al pueblo” y “poner límites a los que abusan con los precios y juegan con el hambre de la gente gracias al amparo mediático”.

 

Lo de Merlo tuvo todo el color y el folclore pejotero, un perfil que Máximo K. aspira a profundizar tras emerger como el vencedor en las internas del partido que, en algunos casos, fueron reflejo de la grieta grande. Como contó Letra P, San Isidro es un ejemplo concreto de ello: en tándem con el massismo y otros sectores y el empuje de la senadora Teresa García, referente kirchnerista de la Primera sección, desbancó al oficialismo apadrinado por el canciller Santiago Cafiero, el más albertista de los albertistas. Kirchner también obtuvo triunfos resonantes en General Pueyrredón y Tres de Febrero, vía los camporistas Fernanda Raverta y Juan Debandi, respectivamente. Con esos resultados, acumuló más poder político en la madre de todas las batallas y emerge como el principal referente del peronismo provincial.

 

Junto a Kirchner estuvieron intendentes, ministros y el presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, Federico Otermín, alineado a través de la alianza con su jefe político, Insaurralde.

 

Con ellos, también, el líder de La Cámpora desembarcó en La Plata este viernes por la mañana para participar del acto que ofició como presentación de los programas de gestión del Ministerio de Ambiente, creado a fines del año pasado y que conduce Vilar, una dirigente de la cantera camporista que, junto a su esposo, Otermín, conforman un tándem político de peso que tiene un pie en cada poder del Estado, el ejecutivo y el legislativo.

 

En el Estadio Único Diego Armando Maradona de La Plata, junto a Kirchner estuvieron, además de Kicillof, Vilar e Insaurralde, un importante número de intendentes del conurbano, ministros, legisladores y el dirigente social Juan Grabois, que había elogiado la intervención del líder de La Cámpora para que no se persiga la protesta social.

 

Kirchner llegó hasta el escenario caminando codo a codo con Kicillof, con quien mantuvo una larga charla en voz baja, seguidos de cerca por Insaurralde. La foto volvió a mostrarlo junto al gobernador del 52% que ya avisó que irá por la reelección, con quien mantiene una relación tirante y a quien le colonizó por goteo el gabinete tras la derrota en las PASO del año pasado.

 

Después del duro mensaje del jueves en Merlo, Kirchner se mantuvo en silencio en La Plata, donde no habló con la prensa ni desde el escenario. Pero su sola presencia fue una clara señal para reafirmar la salud de su alianza con los intendentes y “levantar” a los ministros bonaerenses que le reportan políticamente (como Vilar).

 

El acto en La Plata fue, en definitiva, un despliegue de convocatoria del insaurraldismo. La mayoría de los asistentes provenían de Lomas de Zamora y el jefe de Gabinete fue, por lejos, el más aplaudido en las menciones de la locutora oficial, incluso por sobre Kirchner y Kicillof.