02|9|2021

24 de julio de 2021

24 de julio de 2021

El cierre de listas, banco de pruebas de un presidente en modo Jefe. ¿Habemus albertismo? La nueva etapa, el espejo de mi amigo Horacio y la hora del centro.

El cierre de listas y la ausencia de figuras candidateables del cristinismo le dieron a Alberto Fernández la oportunidad que estaba buscando. Eso es, al menos, lo que piensan en la residencia de Olivos. El Presidente resistió hasta último momento la ofensiva para entregar a Santiago Cafiero y avanzó por su cuenta en la difusión de una lista que encabezan Victoria Tolosa Paz y Daniel Gollán en la provincia de Buenos Aires. Si en la noche de este sábado se confirma lo que Fernández viene anunciando, el profesor de Derecho Penal habrá logrado imponer su criterio y no ceder ante el reclamo de los socios principales del Frente de Todos.

 

Cristina Fernández, Máximo Kirchner y Sergio Massa promovieron la salida decorosa de Cafiero del gabinete y promocionaron su candidatura en la provincia, como forma de relanzar el Gobierno de cara a la próxima etapa, los dos años de mandato que le quedan por delante al Presidente, pero Fernández quería aprovechar la instancia del cierre de listas no para ceder espacios de su gabinete sino para recuperar la centralidad que perdió entre la crisis, la pandemia, las contradicciones internas de la alianza oficialista y la falta de resultados en la gestión.

 

A diferencia del mensaje de recambio que promovían cerca de la vicepresidenta en las semanas previas al cierre del Frente de Todos, el Presidente no sólo se propuso retener a sus funcionarios más leales, como Cafiero y Gabriel Katopodis, sino que, además, anticipó su intención de reconstruir el equilibrio perdido en los dos años que lleva de gestión. Tal vez como nunca en lo que va de su mandato, apareció por primera vez con la iniciativa dentro de la alianza de gobierno y se plantó cuando sus aliados menos lo esperaban. Todavía falta para saber cómo le va, pero hay un indicio que le devolvió el animo a los inquilinos de la Casa Rosada. Después de vetar la construcción del albertismo, Fernández parece insinuar que le llegó la hora de construir poder propio o, por lo menos, de ponerle un freno a quienes se lo quieren recortar. 

 

Ahora, Dylan

Alberto pretende volver a ocupar el rol que la vorágine le hizo perder y reaparecer ahora como mediador entre La Cámpora y los gobernadores. Además, piensa que los 80 días de campaña que faltan hasta el 14 de noviembre van a permitirle aparecer como el dueño de los anuncios del Gobierno en favor de los sectores mas perjudicados.

 

Pasó la semana pasada, en Lomas de Zamora, con el anuncio del bono a jubilados, y pasará con el paquete paliativo que el Gobierno irá entregando en cuotas durante la campaña con el anhelo de rescatar al consumo del pozo en medio del permanente aumento de precios. El Presidente ya no quiere que otros se adueñen de las iniciativas oficiales, como sucedió con la rebaja de Ganancias o los cambios en el monotributo: ahora, todo intenta facturarlo él. 

 

Las dificultades del primer año de gestión provocaron las tempranas advertencias de CFK, pero Fernández resistió a su manera y, nueve meses después, no todos los "funcionarios que no funcionan" dejaron sus puestos. Ahora, el Presidente da indicios de haberse cansado del rol de administrador del Gobierno y responsable principal de una actuación que es cuestionada en público y en privado desde las distintas alas de la coalición.

 

Fernández quiere volver a mostrarse al mando de la toma de decisiones. Por eso, a su lado, afirman que estas elecciones van a “plebiscitar” su gestión y defienden la tesis de que Fernández sigue expresando, dos años después, el plus que necesita el cristinismo. Cuando ve promediar su mandato, AF necesita renovar expectativas y obtener un buen resultado en los comicios para, después, resucitar la idea marchita de que tiene derecho a ir en busca de su reelección. Nada más lejano de lo que promueven hoy cerca de la vicepresidenta y del presidente de la Cámara de Diputados. Sin embargo, una victoria como la que sugieren algunas encuestas que mira el Gobierno abriría un escenario nuevo. 

 

Qué nueva etapa

Si en algo hay coincidencia entre las distintas alas del Frente de Todos es en que hace falta iniciar una nueva etapa, después de las PASO y con miras a 2023. Pero, claro, las miradas son muy distintas y no hay acuerdos tan claros sobre cómo y hacia dónde avanzar. Como parte de una alianza inimaginable dos años atrás, Massa y Máximo postulan un recambio de gabinete y pugnan por ganar posiciones en el Ejecutivo. Consideran que el esquema que les dio resultados en el Congreso puede trasladarse a la Casa Rosada.

 

El exintendente de Tigre y el líder de La Cámpora figuran entre los más preocupados por la situación social y temen que el impacto conjunto de la pandemia y la inflación conspire contra las chances del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires. La diferencia de perspectiva con los números que miran en Olivos es fuerte. En el gabinete de Fernández destacan el rebote fuerte en la construcción y la industria, dos sectores que muestran los brotes verdes que espera el Gobierno. Eses optimismo que venía atada a la vacunación y a la reapertura progresiva de actividades acaba de ser alterado por la renovada presión sobre el dólar y el nuevo aumento de la brecha cambiaria.

 

Otra vez, el resultado electoral será el que defina ese choque de miradas entre quienes temen una mala performance en la provincia de Buenos Aires, el distrito en el que el peronismo debería sacar la mayor diferencia posible para compensar lo que puede perder en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza. Una derrota en los comicios haría resurgir la tesis de quienes ahora parecen ceder ante la ofensiva de Fernández por armar las listas y ponerse al frente de la campaña. Un triunfo le daría entidad a la tesis albertista del vamos bien y, todo indica, dificultaría más el intento de hacer cambios de fondo que promueve el cristinismo. 

 

La oportunidad del centro

Del otro lado de la polarización, Horacio Rodríguez Larreta emerge como claro ganador en la interna del PRO. En un curioso enroque, el jefe de Gobierno porteño impuso a Diego Santilli como su candidato en la provincia de Buenos Aires y le abrió la puerta de regreso a María Eugenia Vidal en la Ciudad. Mauricio Macri y su bloque irreductible de adhesiones perdieron la pulseada en tiempo récord y ahora parecen expectantes.

 

Larreta necesita un triunfo de Santilli ante Facundo Manes para comenzar a recibirse de jefe y por eso hay quienes cerca del alcalde sostienen que Macri apuesta por el neurocirujano radical en las primarias de Juntos. ¿El expresidente apoya la sucesión que avanza en el PRO contra su voluntad o se sienta a esperar el fracaso de quienes quieren jubilarlo?

 

Es sintomático. El desastre económico de la gestión Macri no impidió que Juntos por el Cambio obtuviera en 2019 casi el 41% de los votos ni que los halcones le gobernaran la coyuntura a Larreta en el primer año y medio de gestión de Fernández. Sin embargo, a la hora de armar las listas, pesaron las encuestas y el macrismo hard se rindió sin tirar un solo tiro. Es probable que, pese al desgaste acelerado que le provoca la gestión, Fernández advierta un fenómeno similar y crea que las listas lo habilitan para recuperar poder como representante peronista que más voluntades de centro puede captar. Así, más allá de sus diferencias, el Presidente y el jefe de Gobierno lograrían plasmar en la campaña electoral una ventaja que tienen en el reino de la polarización y que los hermanó en el inicio de la pandemia. Pero, para que esas fantasías se conviertan en realidad, los dos necesitan obtener un buen resultado en las elecciones. Es un largo camino que están a punto de empezar, cada uno por su lado.