17|9|2021

El exilio de Mauricio

17 de julio de 2021

17 de julio de 2021

Bomba ninja en la derrota (¿parcial? ¿final?) con Larreta. Pato renga. Ni Pichetto le quedó. Peña, consejero y puente. Pleno a Manes y plan Copycat CFK.

“Yo estoy varado sí, acá en Suiza, en mi oficina en Suiza. Viendo a tanta gente que, con sus últimos ahorros, fue a vacunarse y no puede volver, lo mío no es tan dramático”, dijo Mauricio Macri, emocionado por volver a tomar contacto con la audiencia de Radio Mitre. No es tan dramático, es cierto. Unas horas más tarde, el expresidente daría la segunda y última entrevista, en su canal favorito, LN+. Después de su paso por España, Macri utiliza la beca que su amigo Gianni Infantino le concedió y opera por estas horas desde las oficinas de la Fundación FIFA en Zurich. Desde allí, atiende a los medios amigos, que le profesan una lealtad admirable aún después de su aventura en el poder, y afirma que el kirchnerismo lo persigue a través de distintas vías y distintas causas, desde la del Correo, donde su familia acaba de obtener la suspensión de la quiebra, hasta el envío de armas a Bolivia en coincidencia con el golpe de Estado contra Evo Morales. 

 

El expresidente está varado junto a su esposa, Juliana Awada, y a su hija Antonia, a la espera de un vuelo de regreso. En su entorno afirman que apenas pueda volverá a la Argentina. Su reaparición, esta semana, coincidió con el triunfo aplastante de Horacio Rodríguez Larreta sobre el ala dura del macrismo

 

El jefe de Gobierno porteño, que ya había logrado apagar la rebeldía de Patricia Bullrich en la Ciudad, abrochó el jueves a Jorge Macri en la provincia de Buenos Aires y terminó de desterrar a su oposición interna. El primo Jorge cedió al poderío porteño que tanto lo horrorizaba, aunque alcanzó a rescatar un lugar para que la diputada nacional Natalia Villa retenga su banca y consiguió espacio en la lista para la Legislatura provincial en todas las secciones. Con Macri en pose de batalla, la historia quizás hubiera sido diferente, pero el ingeniero se rindió sin tirar un solo tiro en la interna de Juntos por el Cambio. Así, se ahorró una derrota personal en el terreno electoral. Seguirá con vida mientras exista la polarización, esa es su coartada.

 

¿Prescindencia o debilidad?

En su regreso público, el turista varado en Zurich buscó eludir su creciente debilidad política y presentar la rendición de sus aliados como parte de una competencia en la que decidió declararse prescindente. Fue después de que su deseo principal, que María Eugenia Vidal volviera a competir en la provincia de Buenos Aires, como le dijo a Eduardo Feinmann hace dos semanas, cayera en el mar de la intrascendencia.

 

En ese punto está Macri, guste o no: lo que en otro momento hubiera sido una orden inapelable que la exgobernadora hubiera acatada sin remedio, ahora entra directo al galpón de las frustraciones amarillas made in Mauricio. Tal vez, para cuidarse, le convenga no blanquear sus pretensiones en público. 

 

Ni Pichetto le quedará: el excompañero de fórmula, con Larreta y Santilli.

Según le dijo a Letra P uno de sus colaboradores habituales, Macri decidió dar un paso al costado después de escuchar al sector del macrismo que le recomendaba pararse por encima de la disputa interna que libraba Larreta. Eso generó malestar en Bullrich, que había especulado con un respaldo explícito del ingeniero a su candidatura en la Ciudad y se encontró pedaleando sola al llegar a Dandy, el restaurante de Avenida Libertador que el alcalde porteño utiliza como sede de su operación política.

 

También Miguel Ángel Pichetto, el supuesto dueño del peronismo no kirchnerista, acaba de fichar con foto y todo para la campaña del porteñismo en la provincia. 

 

“Mauricio se corrió. Con los resultados de noviembre, se verá si hizo bien o no”. Tras un año y medio en que los sectores duros identificados con Macri le gobernaron la agenda a Larreta, el jefe de Gobierno se impuso en tiempo récord con la línea de las palomas y MM prefirió sumarse al éxodo que tanto dice lamentar. Ahora depende de un dirigente al que desprecia, Alberto Fernández, para volver al país y de la -mala- suerte electoral de Larreta para volver a ser jefe. ¿Quién convenció a Macri de que debía ausentarse en pleno cierre de listas y evitar la confrontación con HRL? Existen distintas opiniones, pero en el corazón del PRO afirman que el expresidente escuchó la palabra de Marcos Peña, el exjefe de Gabinete que hoy aparece aliado al alcalde y volvió a hablar en las últimas semanas con Macri. Al lado del expresidente, aseguran que el diálogo nunca se interrumpió. 

 

Peña, que fue la mano derecha del ingeniero durante los últimos 15 años, venía sosteniendo desde hacía tiempo en privado que Macri no podía rebajarse en esta etapa y debía encontrar una salida decorosa ante la ofensiva de Larreta. Es una de las personas que puede fomentar el acuerdo entre los dos sectores para que Macri se retire a su manera y Larreta asuma la jefatura del espacio hacia 2023. 

 

¡Vamos Manes!

Pese a todo, quienes conocen al egresado del Cardenal Newman afirman que no hay que apurarse a sacar conclusiones y sostienen que Macri solo decidió correrse en este turno electoral. Después de las elecciones, empezará otro partido hacia las presidenciales y no está claro que el histórico team leader del PRO haya abandonado la ilusión de jugar su segundo tiempo. 

 

Más allá de los buenos modales, la interna entre Macri y Larreta combina la diplomacia con la desconfianza mutua.

 

Cerca del expresidente hay quienes sospechan de que el jefe de Gobierno promueve algunas de las causas que lo complican en el terreno judicial. Al lado de Larreta, en cambio, están quienes recuerdan que el espionaje amarillo tuvo como blanco también al ala política del macrismo y deslizan con malicia que Macri apuesta al triunfo de Facundo Manes en la interna de Juntos por el Cambio. Una derrota en primarias del delegado de Larreta en la provincia, Diego Santilli, elevaría la cotización de Macri como jefe del PRO, justo lo que ahora se le escurre entre las manos de manera irremediable. Por eso, muchos suponen, a Macri no le disgustaría un triunfo del radicalismo en la inmensidad bonaerense.

 

 Macri y Manes se conocen desde hace muchos años, pero el neurocirujano que acaba de sumarse al radicalismo electoral cerró mal su aproximación al armado de Vidal en 2017 y tomó distancia.

 

Quienes tienen trato habitual con el expresidente insisten en compararlo con Cristina Fernández. En el reino de la polarización, Macri sueña con una resurrección como la que logró CFK después de haber quedado -entre 2015 y 2017- como una figura marginal de un sistema político que se ordenaba a pedir del macrismo. Cuando lo sube al centro del ring y le dedica gran parte de la energía a cuestionarlo, el Gobierno parece ayudarlo.

 

Sin embargo, las diferencias existen: en el momento de mayor soledad, cuando el PJ no kirchnerista votaba las leyes de Macri, la actual vicepresidenta decidió ir a poner el cuerpo para pelear y perder en la provincia de Buenos Aires. La historia que vino después es conocida.

 

Guiado por sus asesores, Macri sueña con su vamos a volver: quiere creer que con él no alcanza y sin él no se puede. Por eso, hasta fantasea con un segundo tiempo o se imagina capaz de destrabar la paridad electoral con un movimiento o un candidato que nazca de su dedo. A tono con los deseos de un establishment que quiere redimirse ahora de su apuesta frustrada por el egresado del Cardenal Newman, Larreta avanza a la velocidad de la luz y parece tener en mente otro esquema. Después de las elecciones, se verá quién de los dos tiene razón.