23|10|2021

06 de junio de 2021

06 de junio de 2021

Aunque después pasaron cosas, la reelección del Presidente ya estaba en la mesa política del FdT, como adelantó Letra P en esta nota del 6 de junio.

“Nuestro objetivo político es Alberto 2023”. Un funcionario de primera línea que no pertenece al riñón del Presidente pone la reelección en el horizonte en una charla con Letra P. Lo hace después de un año y medio de gobierno agitado del Frente de Todos, marcado por la pandemia, la crisis económica y, también, por varias turbulencias internas.

 

Si en 2019 la candidatura de Alberto Fernández fue clave para el armado de la coalición y su nombre fue capaz de alinear a las distintas tribus del peronismo detrás de una misma oferta electoral y de sostener su existencia en el gobierno esquivando tensiones, articulando y componiendo entre distintos actores, ¿por qué no sería, otra vez, el Presidente el elegido para 2023? “Equipo que gana no se toca. Hay que repetir Alberto en la Nación y Axel (Kicillof) en la provincia”, insiste el ministro.

 

La idea sobrevuela la Casa Rosada, aunque la mayoría de la dirigencia prefiera evitar el tema de conversación. La hipótesis de reelección es el primer motivo de sobrevida política de cualquier presidente y constituye su fortaleza. La debilidad aflora cuando desaparece la posibilidad de repetir. En el caso de Fernández, además, se suma su rol como garante de unidad y equilibrio interno.

 

Las diferentes patas del Frente de Todos lo tienen claro. “Somos todos albertistas”, repiten en un despacho de un área de gobierno que le corresponde a La Cámpora. Si le va bien al Presidente, entienden, entonces le irá bien a toda la coalición. Si Fernández fracasa, el fracaso será colectivo y arrastrará también a Cristina Fernández de Kirchner, la arquitecta del triunfo en 2019. Hoy, la vicepresidenta, el Presidente y todos los socios de la coalición trabajan para que las evidentes diferencias internas y tensiones no se lleven puesto ese armado exitoso.

 

“Cualquier frente electoral trabaja para que quienes tienen la posibilidad de hacerlo en términos constitucionales tengan una reelección. Se trabaja para eso todos los días. No hay dudas”, apuntan desde el cristinismo. Al final de la Avenida de Mayo, lo mismo cree Sergio Massa. Por fuera del Frente de Todos, el presidente de la Cámara de Diputados no tiene posibilidad de sobrevivida, analizan en el Frente Renovador. La suerte de todos está atada entre sí. Nadie se salva solo, dice Fernández para referirse a la pandemia de coronavirus. Lo mismo aplica para la política.

 

Primero, desafío 2021

“No estamos pensando en 2023 todavía. Estamos concentrados en que el Gobierno salga entero y bien parado de esta elección”, asegura otro miembro del gabinete nacional, más cercano al Presidente, que ya está trabajando en la incipiente campaña electoral. En otra oficina de la Casa Rosada agregan que el objetivo 2023 “es válido en el escritorio", pero advierten que "en 2020 se quemaron todos los papeles” de la política.

 

La pandemia arrasó con todo y arrastró al gobierno del Frente de Todos a un lodazal impensado. Ocurrió apenas tres meses después de que Fernández asumiera como presidente convertido en la esperanza de la mayoría peronista y del 48% de la sociedad. Sin embargo, en la Casa Rosada creen que, en noviembre, el Frente de Todos se alzará con un triunfo nacional, a fuerza de vacunación y síntomas de recuperación económica que hoy se sienten en algunas actividades, como la industria y la construcción.

 

El desafío es grande. En el diálogo con los diferentes actores que trabajan en la campaña, se repite un mismo dato: el peronismo, estando a cargo de Balcarce 50, no gana una elección legislativa en la provincia de Buenos Aires desde 2005, cuando Cristina derrotó como candidata a senadora a Chiche Duhalde y se terminó de consolidar el divorcio entre el kirchnerismo y el padrino de Néstor Kirchner, el expresidente Eduardo Duhalde.

 

Aunque, en rigor, tanto en 2009 como en 2013, el Frente para la Victoria ganó las elecciones legislativas a nivel nacional, las derrotas en la provincia de Buenos Aires mostraron un escenario de fracaso. En 2009, Francisco de Narváez fue el verdugo de Kirchner. En 2013, la derrota del kirchnerismo fue frente al Frente Renovador, de Massa. 

 

En 2017 también hubo derrota para Cristina, aunque como oposición. Fue cuando la expresidenta compitió con la boleta de Unidad Ciudadana como candidata a senadora y perdió frente a Cambiemos, que llevó a Esteban Bullrich como cabeza de lista.

 

Por eso, el Frente de Todos concentra todos los cañones en la madre de todas las batallas. Allí, desde hace dos meses, los encuentros de la mesa electoral de la que participan Kicillof, Massa, Máximo Kirchner, el ministro del Interior, Eduardo de Pedro, el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, como comensales fijos, a los que ahora se suma el jefe de Gabinete, Santiago Cafierotrabaja sobre ejes que buscarán transmitir en la campaña, como la unidad en la diversidad y la idea de que el Gobierno supo cuidar a la población del coronavirus, con la llegada masiva de vacunas, y que ahora empezará a notar lo mismo en el bolsillo. 

 

A eso se suma otro factor en contra: la tendencia que indica que los oficialismos de todo el mundo sucumben en las urnas del mundo pospandemia. Le pasó hasta a Donald Trump en Estados Unidos, cuando tenía todo listo para su reelección. La elección intermedia es siempre un plebiscito del gobierno nacional y esta vez a Fernández le tocará enfrentarlo tras la pandemia. El comando electoral del Frente de Todos apunta todos los cañones a sacarse, en noviembre, los dos fantasmas de encima.