25|11|2021

Seis claves del mejor momento de Kicillof

14 de marzo de 2021

14 de marzo de 2021

Aferrado a su tabla, surfea la peor ola. Diferencias con Fernández y Larreta. Alto el fuego con la oposición y los intendentes. Vacuna y penal sin arquero.

Si de repente congeláramos su marcha, encontraríamos a Kicillof bien sentado en su butaca, con la camisa limpia y sus bártulos ordenados pese al camino explotado de baches por el que transita el carromato de la política argentina. El futuro es incierto, sí, pero este es un buen momento para el gobernador del 52 por ciento, porque –al menos– mantiene su arco en cero jugando en una cancha inclinada por la pandemia desde el amanecer de su gestión. La goleada que sufren las potencias al otro lado del mundo y, acá nomás, el clásico rival conducido por el negacionista Bolsonaro, realzan su empate. Y este cobra aun más valor al calor de los traspiés que sufren el Presidente y Rodríguez Larreta, la figura más destacada de la oposición con cargo ejecutivo.

 

Mientras a Alberto F. se le deshoja el gabinete por funcionarios que no funcionan o se sienten agobiados, el de Buenos Aires, ese grupo de técnicos con incrustaciones salido de la cantera kicillofista, tildado de falto de política y resistido por intendentes que juegan para el mismo equipo, continúa intacto. La única salida fue para asistir al gobierno nacional en su búsqueda de reemplazante de Alejandro Vanoli para la ANSES. Rápido de reflejos y con la certeza de que le sacaban a los capitanes con los que juega el partido más chivo, Kicillof clausuró el libro de pases cuando echaron a Ginés por el escándalo de las vacunas VIP y todos miraban al dúo dinámico Gollán-Kreplak. Estos siguen ahí, cotizando en alza en la bolsa de valores sanitaria.

 

Rey de la moderación y el equilibrismo, Rodríguez Larreta también suma tropiezos. Primero, el viaje familiar a Brasil en medio de la pandemia, que lo obligó a inaugurar desde su casa el período de sesiones en la Legislatura porteña. Fue la primera vez en la historia que un jefe de Gobierno lo hace de manera remota. Luego, el lunaparkazo, que desnudó la imprevisión total del sistema de vacunación de los mayores en la Ciudad. Las imágenes fueron elocuentes: centenares de viejos, algunos con andador o en sillas de ruedas, arrumbados por horas y sin la mínima asistencia o distanciamiento en la puerta del estadio de Avenida Madero. Fue un tiro autoinflingido que dio en la línea de flotación de Juntos por el Cambio y expuso a uno de sus mayores activos, el funcionario (¿candidato?) estrella Fernán Quirós, que no es Ginés. El Gollán porteño.

 

No suenan los cañones en la guerra de trinchera que el gobernador mantiene con la oposición vernácula. Al menos no con la asiduidad y virulencia de otros momentos. El alto el fuego temporario acaso se deba a que la alianza con predominio amarillo está enfrascada en su reacomodamiento e internas mamushkas: la sorda disputa PRO entre el intendentismo y el porteñismo, la batalla radical por el control del partido, el TEG que juegan los socios y autoexiliados que golpean la puerta por volver a entrar. Sumó algo de paz -y descolocó a sus adversarios- el tinte dialoguista del discurso inaugural en la Legislatura del más peleador en tiempos de la triple alianza del AMBA. Comparado con Fernández, aquel lunes, Kicillof fue Gandhi.

 

Con los intendentes peronistas del conurbano que cortan el bacalao, esos que le hicieron sentir el frío de la soledad en tiempos de levantamiento policial, el mandatario mantiene una convivencia pacífica de familia ensamblada. Están ocupados en la gestión de sus distritos, tranquilos por el flujo constante de recursos, concentrados en la rosca prematura del armado de las listas seccionales y las negociaciones por la entrega del PJ al subcomandante Máximo.

 

El alineamiento de los gremios que no cuestionan, la aparente y extraña calma de una vuelta a clases de la que casi no se habla, una economía malherida pero con algún signo de reactivación y siempre bajo el paraguas de la macro que manejan otros hacen el resto.

Y ahí va, Kicillof, transitando el mes 16 de su gestión, sin correrse un milímetro de su discurso sobre el papel socialmente integrador del Estado, trayendo al presente la herencia del pasado, relanzando la reactivación que aún no supo conseguir pero con el atenuante de la crisis sanitaria, montado a su “año de vacunación”, el que, si le sale bien, se convertirá, sin dudas, en insumo central de su campaña para las elecciones de medio término.

 

Esta semana, la grieta le regaló un penal sin arquero. El Sarlo-gate parecía empujarlo al barro del vacunatorio VIP, pero la sospecha solo duró unas horas, lo que tardó la propia ensayista en salir del edificio al que entró a testificar ante el juez. Servida en bandeja le quedó a Kicillof y a su esposa la fallida operación en su contra.

 

Pese a la porfía u obediencia (in)debida de los editores de turno de los grandes medios jugados en el negocio de la grieta, que muñequearon hasta el límite de lo insólito e hicieron trizas –una vez más– cualquier principio de ética periodística definiendo portadas contra el gobierno bonaerense pese, incluso, al recule de la propia Sarlo en aquello de un ofrecimiento “por debajo de la mesa”, el titular “Kicillof, finalmente salpicado por el escándalo del vacunatorio VIP” sigue durmiendo en la bandeja de salida del periodismo sobreviviente a la tiranía del minuto a minuto.

 

El ascenso de las acciones de la vacuna rusa empujado por la legitimidad que le dio The Lancet es una trompada retroactiva al mentón de la oposición más dura, que llegó al extremo de denunciar envenenamiento, y es –o debe serlo, mal que les pese a algunos–, al mismo tiempo, un reconocimiento tardío a la política de anticipación del gobierno, del nacional y también del bonaerense que encabeza el soviético Kicillof.

 

Sin embargo, estimado lector, como te digo una “co” te digo la “o”. La dosis de optimismo de un futuro venturoso no garantiza inmunidad. La de esta columna es solo una foto de hoy, sin ínfulas de perennidad. La anunciada segunda ola en combinación con una vacunación mancada puede resultar letal. En ese caso, habrá comida para las fieras. Se sabe: de este lado del mundo, la política es más House of Cards que Borgen.