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Operativo blindaje

Con el Presidente bajo fuego de artillería pesada, el oficialismo reacciona para reempoderarlo. Calor político, más medios y apuesta a la reactivación.

Por 25/09/2020 18:51

Alberto Fernández entró a la Casa Rosada de buen humor. En la puerta, apenas pasadas las 16 del jueves 24, le tomaron la temperatura y recibió los saludos de rigor. Antes de subir la escalera de honor que lo lleva a su despacho, donde lo esperaban Gustavo Beliz y Matías Kulfas, agitó la mano y saludó con una sonrisa hacia el Patio de las Palmeras. Hacía un par de horas que había llegado desde San Antonio de Areco, donde entregó viviendas del Plan Procrear y, por primera vez en meses, volvió a sentir algunos gritos de aliento de la militancia. Sintió el primer alivio, después de semanas de presión política intensa y días de tormenta financiera.

La del jueves fue la segunda vez en la semana que el Presidente pisó la Casa de Gobierno como parte de una rutina que empezará a repetir cada vez con más frecuencia y que lo sacará del encierro en la Quinta de Olivos, donde, debido a la pandemia, pasó la mayor parte de los últimos seis meses. La agenda volverá a mudarse a Balcarce 50 y el Presidente activará recorridas por municipios y provincias, adonde viajará para anunciar lo que el Gobierno quiere mostrar en tiempos de tormenta: gestión y medidas de reactivación económica.

 

 

“Vino bien sentir el aliento, cambia mucho el aire”, le contó a Letra P un asesor presidencial que estuvo con Fernández en San Antonio de Areco. El aire se siente denso. Lejos del clima de unidad nacional y concordia que bañó al país en los primeros meses de la pandemia, que venía acompañado por encuestas que mostraban una imagen presidencial por las nubes, hace meses que el Gobierno empezó a sentir el fin de la brevísima luna de miel, tanto en el diálogo con la oposición como con los medios hegemónicos, en particular, con el Grupo Clarín.

La ubicación del punto de quiebre varía según el interlocutor oficial, pero en general oscila entre el anuncio de intervención de Vicentín, a principios de junio, y la presentación de la reforma judicial, un mes después, hechos que luego se vieron potenciados por el decreto 690/2020, sobre telecomunicaciones, el impulso del proyecto de aporte extraordinario a las grandes fortunas y la filtración, más cercana en el tiempo, de que el Gobierno quiere crear una empresa de telefonía móvil.  

 

 

“Lo de Vicentín fue un error nuestro, no forzado, que hizo que los ultras de la oposición, que estaban agazapados, les dijeran a los moderados o dialoguistas '¿vieron que es como Cristina?'. Y que empezaran a agitar el fantasma de la 125 y Venezuela. Les dimos una herramienta a los ultras”, reflexiona un ministro de diálogo permanente con Fernández.

Lo que vino después fue el despertar de la militancia opositora, que, alentada por el ala más dura de Juntos por el Cambio (JxC), tomó la calle semana a semana con las consignas más variadas, mezclada entre movimientos anticuarentena, antivacunas y hasta detractores de Bill Gates o la masonería. A eso se sumó una sublevación policial que rodeó la Quinta de Olivos. Todo, según entiende el Gobierno, fogoneado por los grandes medios de comunicación, en particular por Clarín, pero también por La Nación.

Los puentes de diálogo están detonados. “Considerando la historia de Alberto, pensamos que iba a ser todo más razonable. Nadie esperaba tener una oposición tan encarnizada ni pensaba que los medios iban a posicionarse así”, apunta un miembro del gabinete. En la Casa Rosada, aseguran que el Presidente está “decepcionado” con grandes plumas periodísticas con las que mantuvo años de amistad personal, de las que ahora recibe críticas impiadosas y que, considera, se dedican a horadar al Gobierno de manera permanente, muchas veces “faltando a la verdad”. Fernández lo expresó hace pocos días, en diálogo con radio El Destape. “Estamos siendo asediados”, dijo.   

 

 

La actitud opositora también preocupa. En el Gobierno, ven un hilo conductor entre la carta que el expresidente Mauricio Macri publicó en La Nación, en la que afirmó que “es elecciones libres o no habrá transparencia en los resultados”, y las declaraciones de Esteban Bullrich, cuando denunció un supuesto fraude en las elecciones de 2019. ¿Casualidad? “Empiezan a instalar un clima destituyente”, apunta un ministro.

“¿Cómo salimos de acá? Con gestión, mirando hacia adelante. El rumbo es el correcto”, asegura un ministro identificado con el “albertismo”. Desde hace días, ese mensaje baja vía Santiago Cafiero, en las reuniones periódicas que mantiene con las figuras del gabinete, según su área de influencia. Les pide, además, que salgan “a militar el Gobierno” y a bancar al Presidente donde sea necesario, en terreno amable u hostil. 

 

 

En ese punto, el Frente de Todos (FdT) remarca la diferencia en materia de comunicación que tiene con el kirchnerismo y, en particular, con el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La idea rectora es “tener buena relación con todos los medios” y no armar un sistema propio, aunque haya algunos grupos más afines, como el que encabeza Víctor Santa María, Octubre, que ahora presentará IP, un nuevo canal periodístico.

“La agenda de los medios no es la agenda la gente. Esto ya nos pasó en la campaña y después ganamos”, confían en el equipo del FdT, donde creen que el Gobierno está atravesando la parte más fuerte de la crisis, con una población agotada tras seis meses de pandemia y caída económica, a lo que se sumaron las restricciones al dólar, factor sensible de la gran histeria argentina.

 

 

El Gobierno cree que el horizonte despejará, aunque todavía falta. El Presidente confía en que llegará a las elecciones de 2021 con recuperación económica, que irá directo al corazón de la clase media ahora desencantada. Será clave, en ese proceso de cambio del humor social y económico, la pronta adquisición de la vacuna, una vez que aparezca. Fernández ya puso a disposición del Ministerio de Salud todos los recursos que se necesiten para comprarla.

Mientras tanto, será aguantar, a pura unidad peronista -con las internas congeladas por orden del propio Presidente y la conciencia colectiva de que nadie sobrevivirá a una eventual caída en desgracia del Gobierno- y un acto del 17 de octubre que muestre potencia y respaldo para proteger al Presidente hasta que pase la tormenta.