28|1|2021

Las tropas que alistan Macri y Larreta en la guerra fría de JxC

04 de noviembre de 2020

04 de noviembre de 2020

Mientras el expresidente y el gobernador porteño chocan en cámara lenta, las tribus de la alianza empiezan a fichar para uno y para otro. La foto de hoy. 

Por subsistencia, por afinidad o por convencimiento, la dirigencia de Juntos por el Cambio (JxC) empieza a inclinarse por Mauricio Macri o por Horacio Rodríguez Larreta. La división flota en el aire y no se hará pública por ahora, pero el universo PRO la conoce en detalle. Detrás del telón de los cruces entre el expresidente y Elisa Carrió, enmascarados en el debate por el pliego de Daniel Rafecas como jefe de los fiscales, está la interna por la sucesión opositora. En este escenario de guerra fría, Macri y Larreta ya alistan tropa.

 

La relación es la de dos socios políticos. No fueron ni serán amigos y enfrascan su vínculo bajo el manto de una relación laboral. En rigor, así nació el vínculo político, mezcla de convicción y necesidad mutua. Larreta, con experiencia en gestiones del justicialismo y la Alianza, vio ante sus ojos la crisis de 2001 y mudó su equipo (Grupo Sophia) a la entonces flamante estructura de Macri (Propuesta Republicana). Tras una derrota en 2003, la épica de “lo nuevo” y la “pasión por hacer” del relato macrista gana la Jefatura de Gobierno en 2007 y Rodríguez Larreta asume como piloto de tormentas y se adueña del tablero de control de la gestión porteña.

 

 

 

Macri delegó buena parte de la gestión en su jefe de Gabinete, que usufructuó esa oportunidad para estrechar lazos con el equipo de gobierno, las estructuras satélites de la administración (dominadas por la oposición) y la política porteña. Tiempo después, el ingeniero empezaba a medirse a nivel nacional y Rodríguez Larreta, que jamás ocultó su sueño presidencial, se anotaba en el lote de sucesores del pago chico PRO.

 

Desde ese entonces, aunque más profundamente luego de la derrota nacional de 2019, los equipos de cada uno quedaron a la vista. Cuando den la orden de formar filas, habrá una división clara en el Congreso, en la interna PRO y en las distintas tribus que habitan Juntos por el Cambio (JxC).

 

Al dejar la Casa Rosada, Macri se replegó y contuvo a su equipo íntimo en sus oficinas de Vicente López: el exsecretario general de la Presidencia Fernando De Andreis, el exsecretario privado Darío Nieto, la “sombra” del expresidente durante su paso por la Casa Rosada, y hasta su histórica secretaria, Ana Moschini. A ese grupo se suman el exsecretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo, la exdirectora General de Discurso Julieta Herrero y el exsubsecretario de Comunicación Estratégica Hernán Iglesias Illa

 

La jefa del PRO, Patricia Bullrich; el exsenador Miguel Ángel Pichetto y Hernán Lombardi cierran el círculo del macrismo duro que acompaña a sol y a sombra al expresidente. En Diputados, siguen esa línea Pablo Torello, Omar de MarchiWaldo WolffPablo Tonelli Fernando Iglesias. En un bloque en el que conviven macristas puros y muchos neutrales, el único larretista paladar negro es el vicepresidente de la Cámara, Álvaro González. Ante la irrupción de Macri, hay legisladoras y legisladores que prefieren aguardar para definir un posicionamiento. Sin embargo, en momentos en que suena el teléfono rojo, salvo los ultras macristas, el resto acompañó los pedidos de Rodríguez Larreta en votaciones como el Presupuesto 2021 y la emergencia económica.

 

En el Senado hay un empate: Laura Rodríguez Machado, Humberto Schiavoni Alfredo De Angeli juran lealtad al expresidente, pero Esteban Bullrich, Guadalupe Tagliaferri y Gladys González trabajan para el jefe porteño. El resto de los ediles PRO de la Cámara alta aprovecha el tiempo que falta para las elecciones para declararse prescindente. Por otra parte, en su mayoría, los senadores y las senadoras de la UCR no se involucran en la interna amarilla, a excepción de Martín Lousteau, que ya tomó partido por Rodríguez Larreta bajo la propuesta de la renovación de caras de JxC.

 

Rodríguez Larreta mantuvo la Ciudad en 2019 con un gabinete enteramente propio y una alianza con Carrió, Lousteau y Graciela Ocaña. Con ese esquema de poder, cimentado al calor de la política porteña, encara su proyecto presidencial y enfrenta a Macri, que da señales confusas sobre su futuro.

 

En la Ciudad, el dominio de Rodríguez Larreta es total en el gobierno, la Legislatura e incluso en la estructura porteña del PRO, que, como contó Letra P, se definió en un reparto entre el jefe de Gobierno y su vicejefe, Diego Santilli. A este bloque interno de JxC hay que sumar a María Eugenia Vidal, que juega en tándem con Rodríguez Larreta y estuvo en la foto con Carrió que sulfuró a Macri.

 

 

 

Por otra parte, Rodríguez Larreta aceita el vínculo con Emilio Monzó y Rogelio Frigerio, paladines del diálogo en la gestión Macri y desairados por el expresidente. En 15 días, el alcalde mostró las cartas dos veces: respaldó a Monzó y Frigerio e hizo circular la foto con Carrió, que horas antes había dicho que “Macri ya fue”.

 

El expresidente de Boca desconocía la reunión y se enteró una vez publicada la foto. Ni Rodríguez Larreta piensa que debe comunicar cada movimiento ni Macri esperaba una especie de aviso. En Letra P, el periodista Diego Genoud lo calificó como un choque en cámara lenta, un enfrentamiento inevitable que el propio Macri denominó “parricidio” al remarcar que no era “necesario” que sus seguidores cometieran ese acto político. Puede ser leído como un acto fallido o como un mensaje en código. Larreta también juega con cifrados al publicar la foto con Carrió para blanquear una negociación con el Gobierno por la postulación de Rafecas, que Macri resiste a rabiar.

 

 

 

Rodríguez Larreta no imagina un futuro sin Macri. Lo que anhela y para lo que trabaja es para una renovación de caras dentro de Juntos por el Cambio (JxC) que sostengan su plan de ampliarse hacia el centro.

 

PINGOS EN LA CANCHA. La guerra fría tiene un escenario de batalla en las provincias. Aprovechando el repliegue natural de Macri, Rodríguez Larreta movió rápido y estrechó lazos con intendentes y gobernadores de JxC. Pese a la sintonía del jefe porteño con los radicales Gerardo Morales (Jujuy), Gustavo Valdés (Corrientes) y Rodolfo Suárez (Mendoza), estos mandatarios se mueven dentro de la estructura propia y no se inclinarán gratuitamente por un candidato PRO hasta que no se definan candidaturas o se resuelvan mediante internas.

 

En la provincia de Buenos Aires, los intendentes PRO se mueven en bloque y hacen culto a la moderación. Macri los llama seguido, pero Rodríguez Larreta los invita a Uspallata 3160 y los visita en sus municipios. Tuvieron un tironeo con el jefe porteño por las andanzas de Santilli por el conurbano, pero el vicejefe recompuso y aceitaron el vínculo con Larreta.

 

 

 

Córdoba, la panacea amarilla, sigue siendo un bastión mauricista. Sin embargo, la interna de JxC allí es un polvorín: se cruzan los radicales de Mario Negri con los de Ramón Mestre y los referentes de Monzó y de Héctor Baldassi. Mientras tanto, Rodríguez Larreta acerca posiciones con el diputado nacional Luis Juez y levanta en las encuestas en la provincia mediterránea. En la vecina Santa Fe, el PRO hace equilibrio: toman a Macri como referente, pero apuestan por la "renovación" con Rodríguez Larreta a la cabeza.

 

En silencio y bajo la búsqueda de un acuerdo político como base para un futuro entendimiento electoral, Rodríguez Larreta acerca posiciones con dirigentes del progresismo que hoy se encuentran sin referencias nacionales. Subsumidos por la grieta entre el Frente de Todos (FdT) y Juntos por el Cambio (JxC), dirigentes como Margarita Stolbizer, Miguel Lifschitz y Pablo Javkin integran el lote de referentes del progresismo con los que el jefe de Gobierno busca materializar su repetida “ampliación” de la coalición opositora para enfrentar al peronismo.