02|12|2021

Parricidio blando: el voto de silencio de Larreta para que Macri caiga solo

21 de octubre de 2020

21 de octubre de 2020

Los dardos teledirigidos del expresidente agitan la interna PRO, pero la orden es callar. La apuesta por la ley de la gravedad. El abrazo a Monzó y Frigerio.

"Más allá de las críticas, yo estoy acá por Mauricio (Macri) y ustedes también", abrió Horacio Rodríguez Larreta el momento de reflexión con sus ministros y secretarios del Gobierno porteño. Fue hace casi un mes, en el marco de un retiro de gabinete en el Centro Cultural Recoleta. Por entonces, el expresidente rompía el silencio y castigaba a la gestión de la pandemia de Alberto Fernández y al jefe de Gobierno porteño por la cercanía y el acompañamiento a la Casa Rosada. Días después, vino la crítica a los "filoperonistas" Emilio Monzó y Rogelio Frigerio. El martes envió un mensaje para la interna PRO y habló de "parricidio". A pesar del raid mediático de Macri con las balas que pican cerca del despacho de Rodríguez Larreta y sus alianzas, la estrategia es la misma: silencio absoluto y apelar a que las declaraciones furiosas del fundador del PRO, como su peso hacia dentro de la coalición opositora, se diluyan con el tiempo.

 

Rodríguez Larreta no imagina un futuro sin Macri. Lo que anhela y para lo que trabaja es para una renovación de caras dentro de Juntos por el Cambio (JxC) que sostengan su plan de ampliarse hacia el centro. El Macri enérgico y polarizador con el Frente de Todos (FdT) se convierte en un obstáculo para transitar ese sendero y para construir otro relato de lo que quiere ofrecer la coalición opositora en la competencia electoral. En ese marco, el único parricidio posible será el negociado. Monzó lo bautizó "jubilación", pero Rodríguez Larreta exagera el cuidado de las formas y prefiere catalogarlo como una "sucesión conversada".

 

 

El jefe de Gobierno definió hace meses que no responderá críticas ni entrará en cruces con dirigentes del oficialismo ni aliados. La decisión bajó como línea discursiva hacia su gabinete. Por más que ministros y ministras quieren responder, la oreden -disfrazada de recomendación- es callar. Este miércoles, renovó los votos de silencio en la reunión semanal de gabinete a la que sus funcionarios y funcionarias asistieron para escuchar una lectura de las declaraciones de Macri y solo encontraron directrices de gestión.

 

"Que sepan que no es necesario hacer parricidio; yo no estoy queriendo ocupar ningún lugar", soltó Macri durante la entrevista con Jonathan Viale en A24. El mensaje del expresidente no se procesó en la videoconferencia de este miércoles, pero Rodríguez Larreta analizó junto a su mesa chica, una por una, las intervenciones del titular de la Fundación FIFA.

 

La decisión del jefe de Gobierno de mantener el silencio es fruto de horas de debate con sus colaboradores y una conclusión: responder implicaría darle entidad a las críticas de Macri y quebraría el plan de apostar a que la figura del expresidente caiga por su propio peso. En el gabinete hay unanimidad en la idea de no devolver discursivamente, pero hay integrantes del bloque PRO en la Cámara de Diputados y la Legislatura porteña esperan quitarse el bozal. El jefe de Gobierno no modifica la receta y repite la frase "moderación hasta el absurdo" para darle fundamento a su estrategia.

 

 

 

Macri dijo que no se ve como candidato y que no busca "ocupar ningún lugar". En el larretismo, esas declaraciones se leen con escepticismo, no tanto por la vocación o no de medirse en elecciones, sino por su voluntad de moldear las caras y el formato de la oposición. Así como empoderó a Patricia Bullrich hasta el extremo de imponerla en la jefatura del PRO, Macri está dispuesto a pelear por los suyos para la listas de 2021.

 

Rodríguez Larreta da la batalla en el terreno político: calla en público, pero en privado pide "abrazar" a Monzó y Frigerio, que están más o menos enojados con Macri pero a ambos los une el plan de renovación de caras del que el jefe de Gobierno es promotor directo y, quizás, beneficiario exclusivo. El alcalde sabe que, tarde o temprano, el enfrentamiento con Macri llegará, pero trabaja para que sea bajo el manto de una negociación de dos socios políticos y con la premisa de salvaguardar la coalición.

 

El jefe de Gobierno se vanagloria de su amplitud y su visión coalicionista. Con ese espíritu, moldea su plan presidencial, que incluye a Macri como aliado aunque en segundo plano; un repliegue que busca negociar para aceitar puentes con dirigentes opositores que no integran JxC, como Pablo Javkin y Miguel Lifschitz, que hoy le plantean que con el expresidente en la boleta no hay posibilidad de acuerdo.