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Con traje de jefe, las 48 horas de Larreta a pura rosca

Pasó buena parte del martes en el Congreso encabezando reuniones. Llamados febriles, mensajes y algunos cruces con referentes de la tropa amarilla. El miércoles, sesión por celular.
Pasó buena parte del martes en el Congreso encabezando reuniones. Llamados febriles, mensajes y algunos cruces con referentes de la tropa amarilla. El miércoles, sesión por celular.
Por 31/01/2020 10:59

Le pidieron que reaccionara y tomó nota. Uno de los legisladores nacionales del sector díscolo del PRO lo encaró en una oficina de la Cámara de Diputados y lo confrontó para que confesara si el partido amarillo tenía una posición clara y unívoca sobre el Pacto Fiscal y el proyecto que propuso el gobierno de Alberto Fernández para reestructurar la deuda. Otro, de una provincia del norte argentino, le escribió más temprano por WhatsApp con un reclamo tajante: “Ordená esto”. Entre el martes y el miércoles de esta semana, Horacio Rodríguez Larreta debió poner en segundo plano la Ciudad de Buenos Aires y atender las demandas de los distintos sectores que cohabitan el PRO dentro de la convulsionada coalición Juntos por el Cambio. En 48 horas de pura fricción legislativa, el alcalde tuvo su primer test para vestirse de líder del partido que fundó el expresidente Mauricio Macri.

A lo largo de la tarde del martes y durante la sesión del miércoles, el alcalde porteño activó llamadas y mensajes para comunicar de primera mano la “necesidad” de la Ciudad de frenar la rebaja de impuestos para aumentar la recaudación y paliar “un poco” el recorte de la coparticipación. Habló con una quincena de diputados, la mayoría de distritos que no gobierna la oposición y ponían reparos a un nuevo acuerdo fiscal que permitiría que las provincias aumenten tributos. También, estuvo en contacto con aliados radicales y lilitos, pero se concentró en el PRO, en tándem con los jefes parlamentarios Álvaro González y Cristian Ritondo, quien, pese a no estar en el Congreso, estuvo operativo y pegado al teléfono.

 

 

En esos diálogos, mezcló su interés particular por las cuentas de la gestión porteña para transitar su segundo mandato y la vocación de mantener la unidad en la coalición opositora. Bajo este último punto, se calzó el traje de jefe y fatigó los teléfonos de los legisladores independientes y los cercanos a Emilio Monzó y Rogelio Frigerio para que votaran a favor de la iniciativa en la sesión del miércoles. De todas formas, no alcanzó para suturar heridas, porque ocho legisladores del PRO rechazaron el Pacto Fiscal de Alberto. Además de la unidad de Juntos por el Cambio, el larretismo tiene como desafío solidificar al PRO en la Cámara baja, que hoy es un archipiélago compuesto por referentes con distintas terminales políticas.

Pese a la complejidad de la negociación, Rodríguez Larreta pudo concatenar intereses y llevarle al Gobierno, en señal de buena voluntad en el medio de la riña por la poda de la coparticipación, el voto afirmativo de más de 40 legisladores del PRO. Para tomar el pedido explícito de Larreta, colaboró que el alcalde llamara directamente a cada uno de esos legisladores y evitara comunicar sus pedidos por medio de intermediarios, una falencia que se le achacó, salvo excepciones, a Macri durante su paso por la Casa Rosada.

 

 

Rodríguez Larreta había propuesto que la reunión de la Mesa Cambiemos, la primera de 2020, fuera en Bolívar 1, la antigua sede de la Jefatura de Gobierno, ubicada a 100 metros de Balcarce 50. Después, se barajó mudar el encuentro a la sede que el PRO tiene sobre la calle Balcarce. No hubo caso: la negociación política estaba dentro de las paredes del Congreso y el alcalde pasó buena parte del martes 28 de enero en el Palacio Legislativo. Los que conocen al jefe de Gobierno saben que su rutina incluye siempre actividades fuera de la sede gubernamental y no suele estar más de tres horas en un mismo inmueble, incluso haciendo reuniones en el auto oficial que lo traslada por la Ciudad, pero debió planchar su agenda y suspender lo pactado.

Por la mañana estuvo en la reunión de gobernadores y jefes parlamentarios de Juntos por el Cambio en el despacho del presidente del bloque de la Unión Cívica Radical (UCR), Mario Negri. Más tarde, todos se trasladaron a la oficina del titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Durante la jornada, Larreta comprobó in situ que el horno no estaba para bollos en el bloque PRO y que había una amenaza de ruptura latente, exacerbada por las diferencias en torno a cómo votar el fin del Consenso Fiscal de la gestión Macri.

 

 

En el PRO, había menos controversia con el proyecto de refinanciamiento de la deuda que con el Consenso Fiscal. No obstante, los gobernadores opositores presionaron al oficialismo para que la iniciativa considerara a las provincias y sus compromisos financieros. El Frente de Todos no avaló la idea de sumar ese reclamo al proyecto que giró el ministro de Economía, Martín Guzmán.

“Tampoco vamos a mezclar fideos con dulce de leche”, espetó Massa, risueño, pero finalmente abrió la posibilidad de formar una mesa de trabajo para atender las deudas provinciales con la Nación. "Y también la Ciudad", acotó Rodríguez Larreta. La solución había sido propuesta por la diputada Silvia Lospennato y la oposición pidió que el compromiso estuviera por escrito. Más tarde, la Casa Rosada, en una reunión nocturna en la que también estuvieron el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el ministro del Interior, Eduardo de Pedro, avaló el pedido y Juntos por el Cambio presentó el proyecto de resolución para sellar el acuerdo entre el peronismo y la nueva oposición.