X

Cafiero, el heredero de la renovación: "Aislar al kirchnerismo fue un error"

Conoció a Alberto Fernández en la campaña de Randazzo, en 2017. Hoy es su mano derecha y suena para los rangos más altos del gabinete. El proceso de unidad, cruzado por la "vara alta" del candidato.
Por 04/09/2019 16:12

La noche anterior al sábado 18 de mayo, Santiago Cafiero casi no durmió. "Sos la cuarta persona que lo sabe. No se lo podés decir ni a tu mujer", le dijo Alberto Fernández el viernes, cuando volvían juntos de un asado y le contó que, en pocas horas, Cristina Fernández de Kirchner anunciaría públicamente que el candidato a presidente del peronismo sería él. La historia de cómo la fórmula Fernández–Fernández cambió después todo el escenario político es conocida.

Para entonces, el nieto del histórico Antonio Cafiero, impulsor y protagonista de la renovación peronista de los años 80 y ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, llevaba poco más de un año trabajado con Fernández, a quien conoció durante la campaña bonaerense de 2017, en el equipo de Florencio Randazzo.

Cafiero había llegado a la campaña randazzista por intermedio de Gabriel Katopodis, su amigo e intendente de San Martín. En ese sector se agrupaba por entonces un sector del peronismo que militaba la renovación, versión post kirchnerista. Para Cafiero, la idea central de ese movimiento estaba más vinculada al debate político y al planteo de una nueva instancia de construcción que a la voluntad de terminar con el liderazgo de Cristina.

 

 

BIO. Nació el 30 de agosto de 1979. Es nieto del histórico Antonio Cafiero, ex ministro de Economía de Juan Domingo Perón y ex gobernador bonaerense, e hijo de Juan Pablo Cafiero, ex ministro de Desarrollo Social y ex embajador ante el Vaticano. Comenzó a militar en la Juventud Peronista (JP) a los 15 años en San Isidro, hizo tarea social en la villa La Cava. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires y cursó la maestría en Políticas Públicas de la Universidad Di Tella. Durante la gobernación de Daniel Scioli fue asesor se la Subsecretaría de Asuntos Municipales, subsecretario de Industria, Comercio y Minería, subsecretario de Políticas Sociales del Ministerio de Desarrollo Social y subsecretario de Modernización. En 2008 fue electo presidente del PJ de San Isidro. Fue concejal y candidato a intendente en 2011 y 2015, enfrentando a Gustavo Posse.

 

Antes de desembarcar en el randazzismo, durante el gobierno de Daniel Scioli, Cafiero había sido director de Industria, subsecretario de Industria, Comercio y Minería, viceministro de Desarrollo Social y subsecretario de Modernización de la provincia de Buenos Aires. Cuando el peronismo perdió la elección, en 2015, puso una librería en su barrio, San Isidro. Nunca dejó de militar.

Se comenzó a especular sobre cuál podría ser su lugar en un futuro gabinete. Las apuestas lo ubican entre la Jefatura de Gabinete y la Secretaría General de la Presidencia.

A principios de 2018, Fernández lo convocó para que lo ayudara a trabajar “con la articulación de puentes entre los archipiélagos del peronismo”. Después de la dura derrota de 2017, tanto el sector que había impulsado una renovación, con Randazzo a la cabeza, como la propia Cristina habían comprendido que solo la unidad salvaría al movimiento. “Lo que se había intentado hasta el momento, de aislar al kirchnerismo y no reconocerlo, había sido un error”, dice.  

Después de su reencuentro con Cristina, Fernández dio inicio a la tarea de reconstrucción de las relaciones con los gobernadores, hasta entonces agrupados en el peronismo federal. Cafiero empezó a acompañarlo a las provincias y a cumplir con la tarea de “aflojar tensiones y poner el eje en la construcción política” de la síntesis.

Ya instalado en una oficina en el comando de campaña albertista ubicado en la calle México, Cafiero recuerda ese tiempo como “una tarea militante”. “Yo iba con Alberto porque me daba gusto trabajar con él. Me pagaba los pasajes de mi bolsillo. Todo lo hicimos como militantes”, cuenta.

En paralelo a la construcción de los puentes con los gobernadores, Fernández se propuso armar un espacio político formado por cuadros técnicos jóvenes, con experiencia en la gestión pública, que empezaran a trabajar para cerrar las grietas internas del peronismo que, decía el candidato, habían sido las responsables de las sucesivas derrotas del campo popular. “Alberto me dijo: ‘Armemos un grupo pero que no sea solo de debate intelectual, vamos a darle contenido a la unidad´. Ahí nos empezamos a juntar y armamos el Grupo Callao”, cuenta Cafiero.

 

 

El Grupo Callao empezó, entonces, a interactuar con otros universos parecidos del peronismo, técnicos e intelectuales, como el Grupo Fragata, la Usina de Pensamiento Nacional y Popular, nucleados en Agenda Argentina, que fueron empujando la unidad, desde abajo hacia arriba. Cafiero fue tomando protagonismo y se convirtió en uno de los dirigentes de mayor confianza de Fernández.

Cuando el ex jefe de Gabinete se convirtió en candidato presidencial se puso a trabajar rápidamente para la campaña. Lo acompañó en todos sus viajes al interior y reuniones de trabajo. Tuvo que cerrar su librería. Enseguida, se comenzó a especular sobre cuál podría ser su lugar en un futuro gabinete albertista. Las apuestas lo ubican entre la Jefatura de Gabinete y la Secretaría General de la Presidencia.

Por lo pronto, el nieto del ex gobernador e hijo del ex ministro de Desarrollo Social y ex embajador ante el Vaticano, Juan Pablo Cafiero, es el mayor exponente de la generación política emergente, a la que Fernández empezó a cederle lugares de protagonismo en la campaña y cuyos nombres ya suenan para el futuro gobierno.

Ese grupo de dirigentes, que tienen entre 40 y 50 años, con experiencia de gestión, contiene a Cafiero y al grupo Callao, pero también, por rango etario, a los integrantes de La Cámpora, con los que el albertismo se sorprendió trabajando codo a codo mucho mejor de lo que esperaban. “Fueron los que más lugares cedieron por la unidad”, suele decir el candidato presidencial, que elogia en público y en privado el trabajo de la organización que lidera Máximo Kirchner. En efecto, como contó Letra P, el cierre de listas mostró un retroceso de La Cámpora en la Cámara de Diputados, a contramano de la creencia de que “coparían” las listas nacionales. “Los demonizaron mucho y hoy son los más alineados. Y son muy trabajadores”, agrega un dirigente que conoce a Fernández desde hace décadas.   

 

 

En esa tarea de cerrar la unidad trabajaron tanto Máximo como Eduardo “Wado” de Pedro, el dirigente camporista de estrecha confianza de Cristina, su principal delegado ante el peronismo y desde hace semanas un asiduo visitante de las oficinas de Fernández, a quien conoció recién después de la reconciliación con la ex presidenta y con quien construyó una relación más que fluida. Allí lo encontró el CEO de Mercado Libre, Marcos Galperín, cuando corrió a ver al candidato del Frente de Todos después del triunfo arrollador en las primarias. De Pedro es otro de los que tiene el nombre puesto en el gabinete, aunque todavía no está claro cuál será su lugar. Otra camporista de línea directa con el ex jefe de Gabinete es la ex senadora santacruceña Virginia García, coordinadora junto de los equipos político técnicos del espacio junto al albertista Nicolás Trotta.

En los planes del candidato presidencial, la renovación de los Cafiero, Trotta, De Pedro y demás integrantes de la generación emergente, como Matías Kulfas, Miguel Cuberos, Cecilia Todesca, Fernando Peirano y Guillermo Chaves, entre otros, se entrelaza y balancea con la presencia de los dirigentes de mayor trayectoria que suenan para el Gabinete, como los economistas Guillermo Nielsen y Martín Redrado, o los históricos compañeros de militancia de Fernández en el PJ porteño, Julio Vitobello, Claudio Ferreño, Juan Manuel Olmos, Jorge Argüello y Eduardo Valdés, entre otros. Ferreño, Olmos y Cafiero son los únicos que tienen oficina propia en el edificio de la calle México, donde Fernández tiene su base de operaciones.

Junto con el vocero Juan Pablo Biondi, Cafiero es quien más tiempo pasa con Fernández, cuyo método de trabajo sus ex compañeros de gabinete kirchnerista describen como “muy a lo Néstor Kirchner”: llama personalmente, pone plazos, pide resultados concretos y está encima de todos los temas. “Es muy exigente consigo mismo, así que nos pone la vara alta a todos”, dice Cafiero, con apellido histórico y protagonismo reservado en los tiempos que vendrán.