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Massa Presidente

Muñequea en el muy kirchnerista bloque de Todos en tándem con Máximo K y eterniza jornadas de seducción con la oposición. Las claves de su equipo y el espejo CFK. Los planes de un obsesivo del tiempo.
Por 25/01/2020 11:19
Cristina presidenta
ADNéstor

Con el proyecto sobre “sostenibilidad” de la deuda, Sergio Massa se prepara para su segundo test como presidente de la Cámara de Diputados. La semana próxima, el ex intendente de Tigre buscará afirmar su liderazgo: el martes en el plenario de las comisiones de Presupuesto y Finanzas y el miércoles, cuando el Frente de Todos espera sesionar y aprobar la ley que envió Martín Guzmán. Hiperactivo y acostumbrado al ritmo del Poder Ejecutivo, Massa se instaló en el Congreso, piensa dar de baja las oficinas de Libertador que usó en la campaña y ya comenzó a imponer su estilo. Quiere resultados rápidos para darle lustre a una nueva etapa en la que nada sobra. 

 

Máximo diálogo. Massa le imprime ritmo ejecutivo a la rosca: no quiere ser menos que Monzó.

En línea permanente con Alberto Fernández y en tándem con Máximo Kirchner, Massa arrancó con la prioridad de tejer un buen vínculo con los jefes de los bloques opositores, Cristian Ritondo, Mario Negri y Maximiliano Ferraro. Lo mismo hace el hijo de CFK, que llama de manera permanente al ex ministro de María Eugenia Vidal y al radical de Córdoba. Es un comienzo mucho más amable que el que marcó el inicio de la relación entre macrismo y kirchnerismo en 2015.

Además, Massa busca atraer a los parias de bancadas menores que están a la deriva o huyen del barco del macrismo, como lo hizo en la sesión del paquete de emergencia con el interbloque que orienta el mendocino José Luis Ramón. Sabe que, después de la gestión de Emilio Monzó, le queda una vara alta en materia de consensos. Quiere ganarse el respeto de toda la oposición, con un especial énfasis en las minorías.

 

Nos sorprenden trabajando. Massa con sus massitas, con camisa afuera que refuerza look de fajina parlamentaria.

 

PODER REPARTIDO. En el equipo de colaboradores de Massa, se destaca Eduardo Cergnul como secretario parlamentario de la Cámara. Histórico apoderado del Frente Renovador, lo asiste en las sesiones, conoce a Massa desde hace 31 años y lo acompaña en política desde hace dos décadas. Fue seis años su secretario de gobierno en Tigre y tuvo un rol importante en la Legislatura bonaerense como director legislativo, prosecretario y secretario parlamentario.

El secretario general es Juan Manuel Cheppi, que está cargo del funcionamiento operativo y de la coordinación. De 33 años, ex diputado provincial, tiene a su cargo desde la prensa y el departamento de Legales hasta el reparto de cocheras y despachos. Es el nombre que eligió Massa para avanzar en la modernización: despapelización de los expedientes, streaming, firma digital y hasta reconocimiento facial en las bancas. Con ese anzuelo, el ex intendente aprovechará más adelante para llevar el modelo a legislaturas provinciales y concejos deliberantes.

El límite mayor al poder de Massa está en la Secretaría Administrativa, que quedó para Rodrigo “Rodra” Rodríguez, de La Cámpora.

En un espacio amplio y con predominio kirchnerista en el Congreso, el límite mayor al poder de Massa está en la Secretaría Administrativa, que quedó para Rodrigo “Rodra” Rodríguez, de La Cámpora: maneja el presupuesto, las compras y los contratos. La oposición afirma que eso convierte a Massa en un presidente “sin chequera” -que no tiene resuelto el poder interno- y comparan la situación con la de un Monzó que tenía en el cargo a Florencia Romano, una persona de su confianza, impermeable a la influencia de Marcos Peña. En el Frente de Todos, niegan cualquier diferencia y hablan de un bloque unificado a partir del vínculo Sergio-Máximo.

En la política pura, Massa tiene como jefe de asesores a Raúl “Cabezón” Pérez, que fue clave en el cierre de listas, se convirtió en su mano derecha y cultiva el vínculo con intendentes, diputados y dirigentes de todo el país. Dentro del bloque de lo que fue el massismo, se destacan la ascendente Cecilia Moreau, José Ignacio de Mendiguren y Carlos Selva.

 

 

DEBUT CALIENTE. El mega paquete de emergencia fue una prueba difícil. Desde el oficialismo y desde Juntos por el Cambio coinciden en que Massa sacó adelante bien una ley complicada y en apenas 48 horas. Elogian su muñeca política en una sesión tensa que estuvo a punto de irse de cauce y podría haber marcado un muy mal inicio entre gobierno y oposición. Pesaron ahí los lazos del ex intendente con Monzó, Gerardo Morales y Horacio Rodríguez Larreta. El reconocimiento opositor es doble, si se tiene en cuenta que Massa les había prometido que la actividad parlamentaria se iniciaría con un Presupuesto sencillo y una emergencia acotada: terminaron siendo nueve leyes pesadas, una “bomba atómica”, de acuerdo a la clasificación que un diputado de JxC le dio a Letra P.

Responsabilidad suya, artilugio oficialista o producto de la improvisación más general dentro del Gobierno, entre los jefes de los bloques opositores todavía dicen que el presidente de la Cámara estaba mal informado. Al lado de Massa, admiten que no imaginaba un paquete tan grande para el arranque y buscan mayor presencia de los ministros en Diputados para dar explicaciones. Como sea, para la opo, Massa es claramente el interlocutor más afín y todo indica que la semana próxima habrá apoyo a la ley sobre la deuda.

 

 

MODO SERGIO. Massa firmó dos resoluciones junto a Cristina Fernández de Kirchner, su par en el Senado. La primera fue el gesto político de congelar por 180 días los sueldos de los diputados y el personal político, a tono con el modo austeridad y el aumento de impuestos. La segunda determinó que el personal de gabinete que entra al Congreso con la gestión de un diputado no gozará de estabilidad y terminará sus funciones con él. Se corta con los empleados de un político que se camuflan después en planta permanente, con una categoría menor. “Se acabaron las capas geológicas”, repiten al lado de Massa.

Noctámbulo incorregible, el presidente de la Cámara llega al Congreso todos los días alrededor de las 10 de la mañana, agenda reuniones cada media hora y se va alrededor de las 9 de la noche. Suele invitar a diputados propios y ajenos a tomar un café alrededor de las 8 de la tarde, cuando -en días habituales- casi todos están lejos de sus despachos. “Sergio destroza los relojes. Te dice cinco minutos y son dos horas”, cuenta uno de los colaboradores que más lo conoce. Pero no se limita a la esfera de la política: además, sorprende a los empleados de la Casa con visitas imprevistas a la confitería, a los talleres o la imprenta.

Noctámbulo incorregible, el presidente de la Cámara llega al Congreso todos los días alrededor de las 10 de la mañana, agenda reuniones cada media hora y se va alrededor de las 9 de la noche.

CAMBIEMOS. Ambicioso, el ex intendente quiere cambiar la dinámica de un ámbito que funciona igual desde hace décadas. Quiere mostrar la actividad en Diputados, agilizar los tiempos, facilitar las votaciones y terminar con las sesiones que se extienden hasta el día siguiente.

Su primera misión es lograr el consenso de todos los bloques para reducir el tiempo máximo de los discursos de los diputados. Si el reglamento habla de siete minutos como límite y hoy el tope de hecho está en cinco minutos, Massa quiere reducir esa extensión a tres minutos. La idea, repiten a su lado, no es limitar el uso de la palabra ni coartar la libertad de expresión, sino evitar las arengas infinitas.

El segundo cambio es el de arrancar las sesiones al mediodía, cortar a las 10 de la noche y continuar al día siguiente en un horario fijo, sin necesidad de nuevo quorum. Instaurada por el macrismo en la Ciudad, la iniciativa choca con la rutina histórica de legisladores que vuelven a su provincia los jueves y parece destinada a enfrentar resistencia: obligaría a revisar vuelos disponibles y a alargar la semana en Buenos Aires. El presidente de la Cámara ya tiene un argumento para la discusión: sesiones de 36 horas como la de la ley de emergencia no sólo dificultan el seguimiento de la población, sino que significan un sacrificio inhumano para las diputadas que están embarazadas, tres sin ir más lejos en el FTD. Por último, Massa quiere patear el tratamiento de las cuestiones de privilegio del comienzo al final de las sesiones, para impedir que se hable de los temas más diversos durante horas. Para todo eso, necesita una reforma del reglamento y el apoyo de todos los bloques.

A partir de la discusión por lo que Luciano Laspina bautizó como el artículo fantasma -el 34, sobre la eliminación del impuesto a la renta financiera-, Massa quiere adaptar las bancas del recinto y reemplazar la notebook que tienen los diputados por una tablet para que cada uno vea lo que se está votando.