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El balcón, la grieta y el modelo: crisis interna en el zénit del default

La agitación de Macri ante la multitud, a días de la derrota en las PASO, confundió objetivos en la tropa propia y revolucionó a CEOs que querían calma. Halcones y palomas de la supervivencia PRO.

Por 30/08/2019 12:24

El presidente Mauricio Macri y el candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, hablaron dos veces en el último mes. Pero sus equipos técnicos tienen más contacto de lo que se comunica. Desde que desembarcó Hernán Lacunza en Hacienda, en esa cartera hay vínculo fluido, al igual que con los ministerios más políticos. Cuentan los que frecuentan a ambos que el quiebre de la paz -paz que parece haber regresado- se dio cuando cambió el semblante del Presidente en el balconazo del sábado ante una Plaza de Mayo colmada por una multitud que se congregó a darle apoyo tras la derrota amplia que sufrió en las PASO. Fue de la depresión y la angustia a un entusiasmo total. “Tiene ganas de pelear, de competir”, relatan los consustanciados con la remontada histórica. Admiten, también, que forzó a la oposición a que jugara cartas en favor del acuerdo con el Fondo Monetario (FMI), algo que nadie aceptó por cuestiones lógicas.

 

Vidal, consciente de que el modelo no reditúa y que la derrota fue producto de errores propios. 

 

El gesto del balcón generó reacciones adversas en la tropa propia y el Círculo Rojo. Los empresarios, incluso los que apoyan a Cambiemos, dicen por lo bajo que “una cosa es la convocatoria de la gente y otra, Mauricio yendo un día no laborable a la Casa Rosada”. Justo cuando esperaban una transición ordenada, la apuesta simbólica detonó cualquier posibilidad de normalidad. El resto lo hizo Fernández y el explosivo comunicado emitido tras la reunión con el organismo internacional.

¿Qué vieron en el Círculo Rojo en los últimos días? Que, para Cambiemos, remontar el resultado, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, es más que complejo y que la virulencia de entrar en una campaña de golpe por golpe con el partido cuesta arriba sólo empeora las posibilidades de caminar hacia la normalidad.

José Urtubey, el salteño que es vice de la Unión Industrial (UIA), fue uno de los que lo puso en palabras al decir que “el Macri desorbitado del sábado no colabora”. A Urtubey muchos lo ven jugando a la oposición, pero no fue el único. A su modo, el cafetero Martín Cabrales observó algo similar al reclamar “el fin de la grieta”.

 

Urtubey, uno de los CEOs que alertó sobre el peligro del balcón de Macri. 

 

No es que el establishment tenga con Macri un tema ideológico y hasta volverá a ser votado por la mayoría empresaria, sino que muchos miran ya la segunda jugada. El modelo económico y político del próximo gobierno, sea de Macri o de Fernández. Se verá ese clima el lunes, cuando Macri asista al brindis que organiza la UIA en su sede de Avenida de Mayo para celebrar (¿?) el Día de la Industria.

El balconazo que sacudió a los CEOs tuvo adherentes y opositores también en el Gobierno. Allí, el tema es más delicado, porque los cultores del trazo grueso de campaña parecen haber vuelto a tomar un lugar preponderante en la cabeza del Presidente. En el entorno de la gobernadora María Eugenia Vidal y del alcalde Horacio Rodríguez Larreta observan que la derrota en las PASO obliga a Cambiemos a reformularse, no para ganar, sino para que la supervivencia del partido esté atada a una comprensión real del resultado de las PASO. Ninguno de los dos le rehúye a la pelea de cara a octubre, pero tratan de alejarse de los fuegos de artificio.

Lo de Vidal es una construcción silenciosa en la calle, con la gente. Lo de Larreta, el único que ganó en agosto, aún más concreto: un paquete de medidas inédito que incluye financiamiento a pymes a tasas inéditas de poco más del 20%, consumo y economía doméstica. Sin guardarse nada, Vidal pegó el faltazo a la cena del comedor Los Piletones en La Rural, gesto extraño justo cuando reaparece la tensión con el jefe de Gabinete, Marcos Peña.

No son pocos los rebeldes de la remontada histórica. Rogelio Frigerio, ministro del Interior, es cauto. Emilio Monzó ya avisó que no hará peripecias en el Congreso para “rosquear” el acuerdo de “reperfilamiento” con el FMI.

La bronca del ala política no sólo es con Macri, sino, también, con el ministro de Transporte y nuevo coordinador de campaña, Guillermo Dietrich, con la diputada Elisa Carrió y con el vocero peronista en tiempos de default, el ex K Miguel Ángel Pichetto. “Siguen con lo de Venezuela, con eso perdimos la elección; se ve que algunos no lo entienden”, relató uno de los alzados silenciosamente en armas.

Casi que lo dijo on the récord la mano derecha de Vidal, Federico Salvai, cuando admitió fallas en la construcción del mensaje de campaña. La última queja del ala política fue el discurso de Macri en Tandanor, en el que volvió a remitir a la equivocación de los votantes en las PASO, una muestra del regreso de Peña, el artífice del balconazo.

LOS RADICALES, EL FONDO Y EL CEPO. El Fondo Monetario suele sugerir a los países con crisis importantes la implementación de algún tipo de control de capitales. Pero cuentan que Lacunza, el elegido por Macri para comandar la crisis, es renuente a la herramienta por pedido político. No quiere afectar la base sólida de votantes, un núcleo duro de entre 25 y 30 puntos. “Sería como volver al kirchnerismo; antes que eso, nos vamos”, dijo un alto funcionario de Balcarce 50.

Pero Alejandro Werner, el titular del Fondo para el Cono Sur, no es el único que cree que con patear la deuda y "reperfilar" no alcanza. Los caciques de la UCR sugieren poner límites a los movimientos de capitales. “Al menos a la chilena”, dijo un ladero del gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, en charla con un economista oficial.

En Chile hay encajes y porcentajes de tenencia que se mantiene por un tiempo. En Brasil, otro caso donde hay controles, no se permite, por caso, tener cuentas bimonetarias. Los más anti campo pidieron que el agro ponga el hombro y los dólares que faltan salgan de allí, también rechazado por el Gobierno. La sangría de dólares de las reservas es un problema serio y tiene responsables, más allá de los errores de tres años de política económica.

 

 

Macri suele apelar al viernes previo a las PASO como un oasis de normalidad y al lunes siguiente como tierra arrasada. Un espejismo. El viernes y días antes, el JP Morgan recomendaba a inversores comprar títulos de Argentina a U$S 80. Hoy valen U$S 35 y en horas caerán a U$S 30. El big data oficial disparó las primeras falacias de una elección “pareja”, consultoras como Elypsis daban ganador a Macri por escaso margen. El mercado, una ficción de poca gente, poco dinero y mucha aversión al riesgo, compró. “El Gobierno no puso controles por un tema claramente electoral”, dijo a Letra P Santiago López Alfaro, director de Delphos.

 

Operaciones sobre los dichos de Nielsen ante Barclays. 

 

Mientras en la City paladeaban el triunfo de Cambiemos, en los cuarteles generales de esa consultora no hacían química aplicada, sólo sumaban. Calcularon qué impacto en votos tendría la suma del Frente Renovador de Sergio Massa, del progresismo porteño, de una parte del randazzismo y del kirchnerismo a la fórmula del peronismo unido. Mientras el Gobierno vendía a propios y extraños que la elección sería similar a la de 2015, les aclararon a sus clientes que el escenario era distinto: Fernández y Axel Kicillof no eran Daniel Scioli y Aníbal Fernández. Y que esta vez Cambiemos era gobierno y no la esperanza de un mundo mejor. Compararon, además, todas las elecciones en las que el peronismo fue unido con los resultados que obtuvo cuando fue separado. Sin ciencia, concluyeron que Macri perdería, al menos, por seis o siete puntos.

En las últimas horas, el Gobierno volvió a filtrar información falsa y agitó más a los mercados. Aseguró que el economista de Fernández Guillermo Nielsen le había dicho al Barclays que era conveniente que no hubiera desembolso del FMI. Esas call conference estaban grabadas y con testigos que negaron los hechos. Lo sabían Lacunza y hasta el secretario general de la Presidencia, Fernando De Andreis, pero dejaron correr el rumor. A la luz de los hechos, la sorpresa no debió ser sorpresa, sino, más bien, un error de los que eligieron creer.